Buenos Aires, jueves 26 junio (PR/25) — La carne vacuna está mostrando dos ejes tendenciales, coincidentes tanto en la Argentina como a nivel mundial: vale más pero el consumo está estancado o en baja.
El precio internacional aumentó peor la demanda registró una merma. En comparación con mayo de 2024, los volúmenes exportados fueron un 3,8% inferiores. No obstante, el valor obtenido fue un 30% superior, lo que refleja un repunte en los precios promedio. De hecho, el valor por tonelada exportada en mayo de este año fue de 5.459 dólares, un 7,9% más que en abril y un 35,1% más que en el mismo mes del año pasado.
En ese contexto, los valores en dólares de los novillos argentinos están en niveles históricos altos, pese a lo cual no se percibe un repunte de la producción bovina.
Así las cosas, el primer negocio nacional, vehiculizados con los primeros barcos frigoríficos a fines del siglo XIX, pasó de su promedio histórico de 60 millones de cabezas a 54,2 millones en 2022 y se aspira a llegar a 63,7 millones en el stock de cabezas en 2032, según proyecciones del economista David Miazzo.
Según referentes de la Mesa de las Carnes, donde se congregan las diversas organizaciones, incluyendo a las avícolas y los porcinos, desde el campo a los frigoríficos, el despegue llegaría cuando se vea una consolidación del contexto macroeconómico, con reglas claras y sostenibles. «en Argentina el mercado interno, que promedia el 70%, no está dinamizado por falta de poder adquisitivo de la población».
El consultor especializado Ignacio Iriarte expuso que “la relación entre salarios (Ripte) y el precio de la carne al mostrador (cinco cortes medidos por el Indec), que promedió un poder adquisitivo de 169 kilos en el período 2012-2019, cayó a 132 kilos promedio en los años 2020-2024, y en abril último fue de sólo 117 kilos.
Buenos Aires, martes 24 junio (PR/25) — La marcha de la coyuntura también ha sido alcanzada por una “grieta” de interpretación, dependiendo del énfasis que se coloque en la inflación por un lado, y en el empleo, el riesgo país y las reservas, por el otro.
El gobierno ha elegido darle prioridad a la consolidación de la estabilidad. Con el lanzamiento del programa del 11 de abril se puso en evidencia la resistencia oficial a emitir pesos, aún con contrapartida de dólares, pese a efectos colaterales como el endurecimiento de las condiciones crediticias y, por esa vía, algún freno adicional en el nivel de actividad.
De ese modo, recuperar reservas propias del BCRA y lograr bajas adicionales de riesgo país pasó a ser un flanco débil del programa y ahora se evalúa el alcance que pueda tener la captura de divisas a través de la emisión de deuda en pesos.
Con el riesgo país en torno a los 680 puntos, los contornos de la economía de cara a 2026 y 2027 seguirán plateando interrogantes pero, desde el punto de vista oficial, lo que vale es que la inflación de mayo haya marcado el 1,5 % mensual y en junio pueda ubicarse en torno al 2,0 %, pensando en el resultado de las elecciones.
En función del mediano plazo, se necesita llevar la prima de riesgo país por debajo de los 500 puntos y, si con los resultados electorales de setiembre y octubre no alcanza, habrá que pensar en un “Plan B”. La “grieta” en la lectura de los indicadores económicos no es tan amplia como para destruir puentes que la atraviesen. Por un lado, el incumplimiento parcial de metas comprometidas con el FMI no está haciendo descarrilar el programa; por otro lado, cuando algunos supuestos no se cumplen, aparece cierto pragmatismo en la gestión oficial. Se corrige sobre la marcha, aunque cueste reconocerlo.
Desde la firma del acuerdo con el FMI, la trayectoria de las reservas brutas y netas del Central ha sido divergente. Las primeras ya superaron los 40,0 mil millones de dólares, pero las netas registran todavía un rojo de 7,3 mil millones. Esa asimetría fue un nuevo llamado al pragmatismo, con medidas que se anunciaron en la segunda semana de junio. Ya no se espera llegar al piso de la banda para comprar dólares, y el manejo de la liquidez ya no será una función de operaciones cambiarias a ambos extremos de las bandas. Se hizo explícito que el manejo de la liquidez pasará por operaciones de mercado abierto realizadas por el Tesoro, lo cual ya se expresa en mayor volatilidad para la Reservas internacionales del Banco Central y nivel de Encajes de los depósitos S. Priv en dólares En Miles de Millones de USD 11-abr-25 17-jun-25 Reservas Brutas Encajes Reservas Netas Metodología IMF Fuente: IERAL en base a BCRA y IMF 24,7 12,3-8,5 40,4 12,5-7,3tasa de interés.
Se profundizó en el “modelo Bontes” para acumular reservas emitiendo bonos de deuda en pesos a ser suscriptos con dólares, con el propósito de colocar el equivalente a 1000 millones por mes, una dinámica que será monitoreada por el mercado, tanto en montos como en el nivel de la tasa de interés en pesos (26,65 % anual, último dato). Entre esos anuncios, se confirmó la firma de un crédito con garantía de títulos del BCRA (REPO) por 2,0 mil millones de dólares y se abrió una ventanilla de “operaciones especiales” en el mercado cambiario, destinada a ingresar dólares que formen parte de créditos y/o inversiones por números que superen un determinado piso.
Pasando en limpio los poco más de dos meses transcurridos desde la salida del cepo para personas físicas, se tiene que el gobierno recuperó el “centro del ring”: de la inflación de 3,7 % de marzo se pasó al 1,5 % en mayo, y de operaciones concertadas a 1475 pesos por dólar en el mercado de futuros para fin de año, en el presente esos contratos se pactan a 1334 pesos por dólar. Sin embargo, pese al cambio de régimen y las “bandas de flotación”, subsisten indicios de la preferencia oficial por el “ancla cambiaria”: para una inflación que en el primer semestre de 2025 habrá acumulado 15,5 %, se corresponde una variación del tipo de cambio de exportación del orden del 11,0 % (partiendo del “blend” de fin de 2024).
Las operaciones en los mercados de futuros y la astringencia de pesos son los instrumentos para este combo de políticas. Recaudación de Impuestos ligados a la actividad * Base 100 = Ago-23 (variables desest. Prom 3 meses) 105 100 100,0 98,0 97,1 92,9 96,2 Si la “agenda política” puede llegar a ser “monotemática”, concentrando el gobierno energías en la baja de la inflación, la “agenda económica” necesita más horizonte temporal. El resultado de las elecciones legislativas importa, pero también el evitar que se acumulen desequilibrios y que, si éstos aparecen, las correcciones sean lo menos traumáticas posibles.
Aún con un segundo semestre de moderación en las importaciones de bienes, en servicios la inercia ascendente puede extenderse. El mensaje de los flujos asociados al comercio exterior sigue siendo claro: para sostenerse en equilibrio, la economía habrá de necesitar de crecientes ingresos de capital. Con un superávit comercial que este año apunta a achicarse a La pérdida de fuerza en la evolución del nivel de actividad es consistente con la menor tasa de inflación, pero recién empezó a frenar al aumento de las importaciones entre abril y mayo, de acuerdo a la serie desestacionalizada del INDEC.
La inercia era muy fuerte, al punto que las importaciones no energéticas en el último trimestre habían registrado un aumento interanual de 37%, una variación de 6 puntos porcentuales por cada punto de variación del PIB en igual período. Y si bien en el desagregado de las importaciones se advierte una mayor participación de bienes de capital, que pasaron de 15,0 a 19,2 % del total, los ítems de bienes de consumo más automóviles se incrementaron en 6,5 puntos porcentuales en la ponderación del total de importaciones, desde un share de 14,8 % el año pasado al 21,3 % en los últimos datos. ¿Amesetamiento del nivel de actividad?
Ya se advirtió que la pérdida de productividad de la economía, cercana al 15 % en la medición PIB/empleo desde que se inaugurara la era de los cepos, allá por 2011, estaría imponiendo un “techo de cristal” a la dinámica de la rentabilidad empresarial y del salario real, y hay muchos indicios de que este fenómeno ha pasado a ser operativo en este segundo trimestre de 2025.
En términos más coyunturales, luego del pico de la recuperación posrecesión alcanzado en el primer trimestre de este año, se advierte una especie de “serrucho” en indicadores de actividad, y un amesetamiento en el promedio móvil de tres meses. Refuerza esta dinámica el endurecimiento de condiciones crediticias, con una tasa de interés que, por ejemplo, para préstamos personales, pasó a promediar el 4,0 % mensual por encima de la inflación en el transcurso de este segundo trimestre.
Y en el plano de la deuda, aunque los compromisos de 2025 están cubiertos, hay que contemplar una necesidad de financiamiento del orden de los 12,5 mil millones de dólares/año para 2026 y 2027, sólo por vencimientos de capital. De allí que el objetivo de acumular reservar y bajar riesgo país puede ser temporalmente resignado, pero será tema central de la agenda después de. Y la mochila debe ser cargada en un contexto global en las antípodas de la distensión. Producto de las idas y venidas de la política arancelaria de Trump, se espera una marcada desaceleración del ritmo de crecimiento mundial en este segundo semestre, una tendencia que podía ser parcialmente compensada por la caída del precio del petróleo….hasta que se desató el conflicto de medio oriente.
Dado el rol de Irán como exportador de hidrocarburos, habrá una prima de riesgo en la cotización del barril hasta un desenlace cierto del conflicto; mientras, en el plano financiero, la tasa de interés de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, en el andarivel del 4,4 % anual, le sigue poniendo un piso altísimo al financiamiento de países como la Argentina.
Esta publicación es propiedad del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL).
Los aranceles de Estados Unidos siguen siendo un freno para el comercio internacional, y también la volatilidad asociada a la figura de Trump.
Por José Calero
Los mercados siguen afectados por la alta volatilidad.
Buenos Aires, sábado 21 junio (PR/25) — Los aranceles siguen siendo un freno importante para el comercio internacional, y la volatilidad asociada a la figura de Donald Trump representa un desafío adicional para los mercados en el corto plazo, según analistas de mercado.
A esto se suma la escalada del conflicto en Medio Oriente, que contribuye a un clima de incertidumbre, donde la política empieza a marcar el pulso de la economía.
En este contexto, “mantenerse invertido -espetando el perfil de riesgo de cada inversor- sigue siendo la mejor estrategia”, señala Flavio E. Castro, analista de asset management de la empresa de servicios financieros Criteria.
Desde el llamado “Día de la Liberación” -cuando Trump viró otra vez en su política comercial-, ocurrieron varios eventos de alto impacto: se redujeron los aranceles al 10% para la mayoría de los países, se retomaron negociaciones de alivio con China, y la política exterior volvió a ocupar el centro de la escena, explica Castro.
Un inversor que, hacia fines de 2024, definió con claridad su estrategia de inversión para 2025 y recién ahora revisa su cartera, podría pensar que todo marcha según lo planeado, explica.
Incluso, podría imaginar que no ha ocurrido nada demasiado relevante en el mercado en lo que va del año. Pero en realidad, pasó de todo.
A fines de 2024, el S&P 500 se ubicaba cerca de los 5.900 puntos. Al cierre del 16 de junio, se encuentra por encima de los 6.000, acumulando una suba superior al 2% en dólares. Sin embargo, en ese mismo período el índice llegó a ubicarse en terreno negativo un -17%, tomando precios de cierre y ofreció dos de los mayores retornos diarios de los últimos cinco años.
Frente a este escenario volátil y cargado de eventos, desde Criteria siguen sosteniendo la visión de largo plazo: evitar decisiones impulsivas.
“El verdadero impacto de la política proteccionista y de los cambios en el comercio global sobre las ganancias empresariales solo podrá evaluarse con mayor claridad en los próximos trimestres”, explican.
Por eso, la estrategia continúa siendo no entrar en pánico, y se mantiene la convicción de que el segmento de acciones de gran capitalización y crecimiento tecnológico seguirá liderando el impulso alcista de los mercados, como lo ha hecho hasta ahora.
Más allá del debate estructural sobre la excepcionalidad de la economía estadounidense y su desempeño relativo frente a otras economías desarrolladas, el negocio asociado a las grandes tecnológicas sigue vigente.
“Por ejemplo, Nvidia, UnitedHealth y Alphabet son compañías que no solo destacan por su sólida generación de flujos de caja y abultadas posiciones de liquidez, sino también por sus bajos niveles de endeudamiento y su continua expansión en inversión en bienes de capital, lo que fortalece aún más su posición estratégica de largo plazo”, explicó Castro.
La inercia inflacionaria cede terreno, apuntando a perforar el 2% mensual. Desde el 11 de abril se pasó a un esquema de bandas, pero el tipo de cambio sigue pautado a través de los futuros, aportando al escenario de desinflación, pero manteniendo abiertos los interrogantes vinculados con la acumulación de reservas y bajas adicionales de riesgo país. El Tesoro volvió a colocar deuda en el exterior, pero deberían bajar los costos para nuevas emisiones, que se utilizarían como sustituto de la compra directa de divisas en el mercado para reducir la brecha entre la evolución de las reservas netas del BCRA y la meta comprometida en el acuerdo con el FMI. En cuanto al nivel de actividad, se advierte amesetamiento en la evolución trimestre a trimestre,confirmando que el crecimiento pasa a depender cada vez más de productividad e inversiones, lo que requiere avanzar en el otro frente: las reformas estructurales pendientes. Mientras tanto, el fuerte dinamismo de importaciones de bienes y servicios reales, incluido turismo, está llevando el resultado de la cuenta corriente del balance de pagos de un superávit de 1% del PIB en 2024 a un déficit que podría acercarse a los 2 puntos del PIB en 2025.
Buenos Aires, jueves 12 junio (PR/25) — Un “libro abierto” sobre las peculiaridades de la economía argentina. Ese apunta a ser el segundo trimestre del año en curso. Por un lado, la posibilidad cierta de perforar el piso del 2% mensual para la inflación, por el otro, las dificultades para mantener el ritmo de recuperación del nivel de actividad, que según el IGA del Estudio Ferreres rebotó un 6,6% interanual en el primer cuatrimestre respecto a igual período de 2024, pero ahora parece chocar contra el “techo de cristal” impuesto por la pérdida de productividad de la economía a lo largo de más de una década, que deja insatisfechas por igual las expectativas de rentabilidad empresarial y de mejoras adicionales del salario real.
Informes sectoriales reflejan escasa rentabilidad en la actividad agrícola y en el sector construcciones, mientras los balances del primer trimestre de las empresas que cotizan en bolsa parecen haber defraudado expectativas de los inversores, tanto de firmas industriales como del segmento bancario. Pese al abandono del crawl y el paso al esquema de bandas, el índice Merval en dólares ha caído 13,6% entre el 26 de mayo y principios de junio, acumulando un retroceso de 26% respecto del pico de principios de año. Hay quienes adjudican este comportamiento a las incertidumbres políticas, pero éstas no han cambiado demasiado en lo que va del año. En todo caso, el precio de las acciones podría estar sintetizando el hecho de que, por un lado, la economía parece perder dinamismo y, al mismo tiempo, reformas urgentes (laboral, impositiva, entre ellas), necesarias para pasar a crecer sobre nuevas bases, todavía no tienen fecha cierta de materialización. La cuestión política importa, pero esto no tiene que ver sólo con el grado de acompañamiento de los votantes a los dirigentes identificados con los cepos; también son relevantes las alianzas y el programa que el oficialismo sea capaz de forjar.
Hay un hilo conductor entre los avances del plan de estabilización y las dificultades para empalmar la recuperación del nivel de actividad con el crecimiento, y es la morfología del mercado de trabajo. Los asalariados privados formales en la Argentina representan actualmente apenas el 29% del total del empleo, siendo el resto trabajadores informales, cuentapropistas y estatales. Con esta desagregación, la firmeza fiscal del gobierno, por un lado, y la pérdida de representatividad del mundo sindical por el otro, hicieron que la llamada “inercia inflacionaria” ofreciera menos resistencia.
La actualización de los salarios basada en la “inflación pasada” ha requerido en otros programas de estabilización (Plan Austral, Real brasileño) mecanismos explícitos de desindexación; instrumentos que no fueron necesarios en la Argentina de fin de 2023. Esta peculiaridad ya había sido advertida, porque la tasa de inflación antes del último cambio de gobierno, si bien elevada, no era comparable con las situaciones previas del Austral y del Real. Asimismo, la importancia que necesitaba alcanzar el ajuste fiscal como verdadera ancla para el eventual plan de estabilización podía en ese caso ser complementada con algún tipo de “política de ingresos” que cuidara la consistencia de la política cambiaria y salarial. Las condiciones estructurales del mercado de trabajo (junto con una relación de fuerzas inédita en términos políticos) terminaron de armar el “rompecabezas” del proceso de estabilización, siempre sobre los cimientos del ancla fiscal.
Como se ha subrayado en informes anteriores, aun después del levantamiento parcial del cepo del 11 de abril, y la sustitución de la política cambiaria de deslizamiento preanunciado (el crawl al 1% mensual) por un esquema de bandas de intervención, el gobierno procura mantener una suerte de “ancla cambiaria” a través de las ventas en el mercado de futuros, con el objetivo inmediato de llegar a las fechas electorales con la inflación bajo control.
Esta política no puede evitar el costo de expectativas de inflación que no terminan de ser ancladas para el “día después” de los comicios de octubre, más cuando la tarea de desmontar los cepos no ha sido terminada. A su vez, la marcada diferencia de velocidad entre la evolución de las exportaciones e importaciones de bienes y servicios está llevando la economía a un escenario en el que, para mantenerse en equilibrio, habrá de requerir mayor nivel de reservas, menor riesgo país para el “rollover” de los vencimientos de capital de la deuda y mayor ingreso de capitales por inversión extranjera directa. Son tres requisitos que no se han completado.
Si la morfología descripta del mercado de trabajo contribuyó a desindexar la economía sin necesidad de utilizar algún tipo de “desagio” como el del “Plan Austral”, esa configuración del empleo es la imagen en espejo de una economía de baja productividad que, además, se ha deteriorado en los últimos 15 años. Este cuadro de situación es un obstáculo para el relanzamiento del país hacia un sendero de crecimiento sostenido. Tomando como referencia 2011, el año en el que se instalaron los “cepos” al cambio y al comercio exterior, la productividad laboral ha caído un 12% en la Argentina, un problema que no enfrentan países comparables de la región, y constituye un verdadero lastre para el crecimiento.
A su vez, los datos de recaudación de tributos ligados a la evolución del mercado interno hacen presumir amesetamiento del nivel de actividad después del pico de principios de año, fenómeno a confirmar por datos oficiales que salen con rezago. La posibilidad cierta de un segundo trimestre con variación marginal respecto del primero tiene que ver con la forma en la que se ha configurado la política macro, pero fundamentalmente con el hecho de que el empalme de la reactivación al crecimiento depende de reformas estructurales pendientes, que recreen condiciones propicias para la inversión y la productividad.
Las experiencias de la convertibilidad en los ‘90 y de la salida del “corralito” en los 2000 dejaron importantes lecciones que pueden ayudar a comprender mejor el devenir del actual programa libertario. Gabriel Rubinstein, exviceministro de Economía y director de YIER Consultora en Economía y Finanzas, compara estos tres procesos y ofrece su visión, en exclusiva para Newsweek Argentina. ¿Están garantizados la estabilidad y el crecimiento?
Por Gabriel Rubinstein
Buenos Aires, viernes 6 junio (PR/25) — El proceso económico actual “podría” llegar a ser tan o más exitoso que los dos procesos económicos exitosos más recientes de la Argentina: el de los ‘90, asociado a la convertibilidad, y el de los 2000, tras la ruptura generalizada de contratos de finales de 2001 y comienzos de 2002.
El proceso actual tiene más similitudes con la convertibilidad, tanto por la impronta general -liberal y reformista-, como por un aspecto no menor asociado a la vigencia de un “dólar bajo” (peso apreciado). En los 2000, en cambio, prevaleció un dólar “alto” (peso depreciado), en un gobierno que no era estatista (ni con Duhalde ni con Néstor Kirchner, especialmente en su primera etapa), pero que tampoco era liberal.
¿Por qué considero que ambos procesos fueron exitosos? Sintéticamente, por lo siguiente:
–Crecimiento económico. Entre el primer trimestre de 1991 y el tercer trimestre de 1998 la economía creció un 49% (ritmo anual del 5,4%). Por su parte, entre el segundo trimestre de 2002 y el cuarto trimestre de 2005 (período Lavagna) la economía creció un 31% (ritmo anual del 7,6%). Y luego siguió creciendo hasta el cuarto trimestre de 2017, pero con altibajos y desequilibrios económicos crecientes.
–Inflación. Entre agosto de 1991 y diciembre de 1998 la inflación promedio mensual fue del 0,36% (promedio anual del 4,3%). Por su parte, entre octubre de 2002 y octubre de 2005, el promedio mensual fue de 0,54% (promedio anual del 6,7%).
–Resultado Fiscal. La convertibilidad empezó bien y tuvo su mejor performance durante 1993, con un Resultado Primario del 3%. Pero luego ni Cavallo ni Roque Fernández pudieron hacer frente a las presiones políticas, y el superávit primario desapareció. Lo grave fue que mientras esto sucedía la carga de intereses aumentaba persistentemente, ya que la nueva deuda que iba reemplazando a la vieja deuda pagaba cupones más altos (antes eran bajos por la restructuración previa). Por su parte, en los 2000, mientras Lavagna fue ministro, se logró la mejor performance fiscal de nuestra historia moderna, lográndose un promedio de Superávit Fiscal Primario promedio anual, entre 2002 y 2005, del 3,2% del PIB.
–Acumulación de Reservas. La convertibilidad permitía una permanente acumulación de reservas, al compás del aumento de la demanda de dinero. Esas reservas sirvieron para afrontar la crisis del Tequila (1995) y la de Asia/Rusia/Brasil (1998 y 1999). Pero no fueron suficientes ante la salida de depósitos que derivó en el “corralito” (noviembre de 2001) y la crisis posterior. En los 2000, la acumulación de reservas se hizo a un ritmo muy elevado. Aun pagando las deudas con el FMI (diciembre 2005), Cristina pudo asumir en 2007 con US$ 45.566 millones de Reservas Netas (que luego se dilapidaron en una de las peores -sino la peor- decisiones de política económica en décadas).
–Creación de empleo. La convertibilidad empezó con un buen ritmo de creación de empleo, al compás del ambiente de reforma económica imperante. Pero, tras la crisis del Tequila, la economía se mostró impotente para absorber el desempleo que había quedado de la reforma estatal (baja de empleo público, pero sobre todo de empresas privatizadas), y el dólar bajo erosionó también la creación neta de empleo privado. En los 2000, la creación de empleo fue persistente y muy significativa.
EL MODELO ACTUAL
En cuanto al modelo actual, hay una impronta reformista importante (eliminación y cambio de regulaciones) y más apertura externa que deberían, en el tiempo, generar un ambiente más competitivo y productivo.
También se ha hecho énfasis en buscar superávit fiscal. Aunque, en perspectiva, debería apuntarse a cifras que dupliquen las actuales (volver al 3% de superávit de la época de Lavagna), dado que volverá a suceder que la carga de intereses irá aumentando en la medida que se logre volver a los mercados para rollear la deuda externa (que hoy paga cupones muy bajos debido a la última restructuración de 2020).
Los logros en cuanto a la baja de las tasas de inflación lucen bastante más acotados respecto a los ‘90 y los 2000. Pero cabe esperar que con el correr de los meses los resultados vayan mejorando y acercándose a esas experiencias más exitosas.
En cuanto al crecimiento, el primer desafío será, una vez lograda la recuperación cíclica, ver si entramos en una fase de crecimiento prolongado como en los ‘90 y los 2000. Y, más aún, si “esta vez será diferente” y logremos no interrumpir tal proceso con crisis o graves desajustes.
Las principales dudas que actualmente está generando el modelo económico están referidas a la capacidad de acumular reservas, bajar el riesgo país, crear empleo y lograr sustento político, de manera que, con independencia de quién gane elecciones (más liberales o más estatistas), el orden macroeconómico no se vea alterado.
En ese sentido, la experiencia de los 2000, con dólar alto y elevado superávit fiscal primario, se mostró más resiliente que las de los ‘90. El ahorro público (superávit fiscal) y el ahorro privado sustentan cuentas externas superavitarias y acumulación de reservas. El dólar alto ayuda en tal proceso.
El dólar bajo obliga a que todo lo demás vaya muy bien, incluyendo la necesidad de más elevados superávits fiscales.
Aun con el apoyo externo logrado (acuerdo FMI y otros), las reservas del BCRA son muy bajas. Luce improbable se pudieran enfrentar con éxito corridas virulentas como las del Tequila, ni shocks políticos como cuando Macri perdió las PASO en 2019.
Por eso, no puede darse por “garantizada” la estabilidad macroeconómica. Ni dar por sentado que el proceso actual podrá igual o superar las experiencias exitosas de los ‘90 y los 2000.
Europa está elevando la edad jubilatoria por la suba en la expectativa de vida y sistemas previsionales insostenibles. Pero cada vez hay más protestas.
Por
JOSÉ CALERO
Buenos Aires, martes 3 junio (PR/25) — Luego de que Dinamarca aprobara una ley que elevará la edad jubilatoria a los 70 años para 2040, el debate sobre qué hacer con los sistemas previsionales casi en quiebra se reactivó en Europa, mientras en la Argentina los cambios jubilatorios serán uno de los temas a abordar a partir del año próximo.
La suba en la expectativa de vida, pero sobre todo el deterioro presupuestario de los sistemas previsionales, explican la inquietud de los gobiernos por avanzar con una transformación de raíz en la cuestión jubilatoria.
Dinamarca hizo punta en la Unión Europea y aprobó la suba de la edad jubilatoria para todos los nacidos tras el 31 de diciembre de 1970, que comenzará a regir a pleno en el 2040.
Una de las habituales protestas de jubilados frente el Congreso para reclamar por sus haberes.
En la actualidad, la edad jubilatoria en Dinamarca es de 67 años. Cada cinco vuelve a subir: será de 68 en 2030 y de 69 en 2035.
En la Argentina aún se está lejos de avanzar en ese debate. Las protestas que se repiten cada miércoles por los haberes paupérrimos que perciben los jubilados, son solo la punta del iceberg de un sistema previsional que hace décadas se viene desmoronando.
Tal vez el golpe de gracia se lo dio la decisión de jubilar a millones de personas en muchos casos sin haber aportado nunca al sistema, lo que incrementó la presión presupuestaria y explicó buena parte del desequilibrio de las cuentas, la emisión monetaria sin freno y una inflación que viene galopando con fuerza desde hace tiempo.
El presidente Javie Milei ya aclaró que antes de avanzar con una reforma jubilatoria, es necesario poner sobre la mesa cambios en las leyes laborales, para crear incentivos destinados a que las empresas tomen gente.
La reforma laboral es la más reclamada por el sector empresarial. Las empresas advierten que la ley del Trabajo vigente fue pensada para estructuras productivas y modalidades de trabajo perimidas.
Consideran que se debe avanzar en una flexibilización en todos los niveles de la relación entre empresas y trabajadores.
Eso incluye horarios, tareas, modalidades de labores. Los informes que circulan hacen hincapié en la necesidad de que se flexibilice el mercado laboral para negociar salarios y las relaciones de trabajo.
Un proyecto del oficialismo propone modificar la Ley de Contrato de Trabajo (20.744) para reducir la intervención estatal en acuerdos privados, incluso eliminando la homologación obligatoria de paritarias.
También contempla volver optativo el pago de la cuota solidaria a los sindicatos, obligar a que elijan autoridades con elecciones periódicas y supervisadas, y aplicar convenios específicos por actividad.
Reforma previsional
Milei prometió al FMI presentar una propuesta de reforma previsional antes de diciembre de 2026, en el marco del acuerdo que le permitió conseguir USD 20.000 millones.
Para algunos analistas, el Gobierno debería acelerar con los cambios de fondo. El titular del instituto IDESA, Jorge Colina, recordó que estas transformaciones están incluidas en el acta de Mayo, firmada hace un año por casi todos los gobernadores.
«Allí se incluyó la reforma tributaria, la eliminación de la coparticipación, una reforma laboral y previsional, la apertura al mundo y la promoción de las provincias que desarrollen sus recursos naturales», señala Colina.
Laura Caullo, de Fundación Mediterránea, considera que algunas alternativas que podría incluir la reforma previsional serían las escalas progresivas en los beneficios de la PUAM, según los años de aporte, eliminación de regímenes especiales y revisión de pensiones duplicadas, entre otros temas centrales.
Una de las preguntas que empieza a sonar en círculos empresariales es si el sistema de reparto, al que se volvió en noviembre de 2008 tras el fracaso del sistema de AFJP -terminaron siendo acusadas de malversar la plata de los aportantes y cobraban comisiones siderales-, podría transformarse en un esquema mixto.
“El sistema de reparto está en crisis en la Argentina. La expectativa de vida ha crecido, pero tambien baja el ritmo de la natalidad. Esto es un modelo mundial que se replica aquí y genera mucha incertidumbre sobre el futuro de cada aportante”, explicó Jacqueline Maubré, directora de Pension & Benefits de la planificadora de fondos Criteria.
En declaraciones a Noticias Argentinas, señaló que «los sistemas de capitalización individual son insuficientes y trasladan su crisis a las personas. En este cambio de época, y ante un escenario insostenible, proponemos salir de un sistema actual de Beneficio definido a uno de Contribución definida”.
La especialista dijo que la Argentina tiene en una expectativa de vida de 77,5 años pero a la vez existe un promedio de natalidad muy bajo, de 1,4 por mujer, cuando debería estar en 2,1 para pensar en un sistema previsional más sostenible.
En la actualidad las personas que superan los 65 años ya representan el 12,4% de la población total, y su participación sigue creciendo.
En 1991, en el país, solo alcanzaba al 2% de la población los que superaban esa edad, lo cual refleja una enorme “envejecimiento poblacional”.
Maubré dijo que desde Criteria se propone que empresas y empleados apunten a un “plan de ahorro compartido, donde cada uno destine, por ejemplo, un porcentual de su salario para activar un efecto de ahorro que favorecería a los empleados y a las empresas”.
«Los trabajadores tendrían un acceso a una renta más segura a futuro, y las empresas podrían captar nuevos talentos y sostenerlos más tiempo. Hoy las compañías sufren una estadística que habla de que el 60% de los empleados busca cambiar de trabajo en los próximos 12 meses”, reveló.
El planteo es que este ahorro compartido “se coloque en inversiones productivas y se dispongan reglas de común acuerdo de porcentaje y tiempo de duración, que no impidan que el empleado pueda disponer del dinero cuando lo desee”.
El deterioro de los haberes previsionales
El haber medio de los jubilados sufrió una pérdida del poder adquisitivo del 25% entre diciembre de 2024 y el mismo mes del 2021, según la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP).
Además, los jubilados y pensionados que cobran la mínima perdieron 28% de poder adquisitivo entre 2017 y 2025.
Para el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), en 2024 el ingreso del jubilado con la mínima y bono registró una caída real del 5,4%.
La razón: el bono se mantuvo en un valor fijo de $70.000.
Esto llevó a que se desvalorice mes a mes, siendo más importante la pérdida por esta vía que la suba del componente haber.
La expectativa es que este deterioro empiece a ceder a partir de una inflación más estable.