La producción orgánica está definida por la ley 25.127/99 como: “se entiende por
ecológico, biológico u orgánico a todo sistema de producción agropecuario, su
correspondiente agroindustria, como así también a los sistemas de recolección,
captura y caza, sustentables en el tiempo y que mediante el manejo racional de
los recursos naturales y evitando el uso de los productos de
síntesis química y otros de efecto tóxico real o potencial
para la salud humana, brinde productos sanos,
mantenga o incremente la fertilidad de los suelos y la diversidad biológica, conserve los recursos
hídricos y presente o intensifique los ciclosLa producción orgánica está definida por la ley 25.127/99 como: “se entiende por
ecológico, biológico u orgánico a todo sistema de producción agropecuario, su
correspondiente agroindustria, como así también a los sistemas de recolección,
captura y caza, sustentables en el tiempo y que mediante el manejo racional de
los recursos naturales y evitando el uso de los productos de síntesis química y otros de efecto tóxico real o potencial para la salud humana, brinde productos sanos, mantenga o incremente la fertilidad de los suelos y la diversidad biológica, conserve los recursos hídricos y presente o intensifique los ciclos biológicos del suelo para suministrar los nutrientes destinados a la vida vegetal y animal, proporcionando a los sistemas naturales, cultivos vegetales y al ganado
condiciones tales que les permitan expresar las características básicas de su comportamiento
innato, cubriendo las necesidades fisiológicas y ecológicas”.
Esta definición biológicos del suelo para suministrar los
nutrientes destinados a la vida vegetal y animal, proporcionando a los sistemas naturales, cultivos vegetales y al ganado condiciones tales que les permitan expresar las
características básicas de su comportamiento innato, cubriendo las necesidades fisiológicas y
ecológicas”.
Esta definición nos revela las dimensiones más evidentes
de lo que se conoce como “producción orgánica”. Entre
ellas, el cuidado de la salud del productor, sus colaboradores y del consumidor; el cuidado del medioambiente a través de fomentar la biodiversidad; y el cuidado y mejora
del suelo.
Pero esta definición no saca a la luz las importantes
dimensiones que la convierten en un modelo de desarrollo
alternativo al actual. Dichas dimensiones están
relacionadas con el cuidado del territorio a través del
mantenimiento de las poblaciones rurales; la generación
de redes de pequeños productores, sólo viables gracias al
asociativismo; el fomento del consumo local; el cuidado
del entramado social y la revitalización de las comunidades
rurales. Hay otras dimensiones sobre las que actualmente
se está explorando su impacto, de las cuales
destacaremos dos. En primer lugar, quizás la más
relevante, la Agricultura Regenerativa, uno de los
umbrales más elevados de la Producción Orgánica que
está impactando en todos los sistemas productivos. Y, en
segundo término, la indagación de tecnologías amigables
con el medio ambiente, hoy también en uso en la
agricultura convencional.
La producción orgánica es un sistema o modelo productivo
con características específicas, que bien puede analizarse
como otras cadenas agroalimentarias, similar en sus
componentes, pero de eslabones más cortos. Así es que
la cadena está integrada por productores primarios
transformadores, distribuidores, comercializadores,
exportadores, supermercados, tiendas especializadas,
transportistas y, a diferencia de otras cadenas, también
posee sistemas de distribución domiciliaria, ferias y
diversos puntos de venta. La diferencia fundamental de la
cadena orgánica con otras cadenas tradicionales es que
los alimentos se gestionan considerando los impactos de
cada uno de sus eslabones, y eso es lo que premia un
consumidor orgánico.
Al considerar cómo la producción orgánica se ve impactada
actualmente por el COVID-19 nos encontramos con
situaciones similares a las del sector convencional,
definiendo a éste como el que utiliza productos de síntesis
química en la gestión productiva y también permite los
organismos genéticamente modificados. Los problemas
en común que los afectan son muy diversos: falta de
cosecheros, ruptura de la cadena de pagos y falta de
acceso a insumos, entre otros.
Ante la situación particular de la pandemia es posible
diferenciar reacciones distintas en el ámbito urbano y el
rural: el campo con un desempeño casi normal y
trabajando al ritmo habitual y la ciudad con un gran riesgo
de contagio, actuando de manera temerosa y, por
momentos, con conductas irracionales, que algunos
califican como propias de una psicosis colectiva.
Pero si consideramos este término con especialistas
podemos entender que éste tiene muchas más
implicancias, por lo que sólo entenderemos esas
conductas irracionales como consecuencia de una grave
distorsión de las percepciones. Esto puede atribuirse en
gran parte a los miedos alimentados por las redes sociales
y los medios de comunicación.
Esta situación determina conductas claramente diferenciadas: en el campo la naturaleza sigue su ritmo normal, nada ha cambiado demasiado, todos los sistemas actúan
casi sin enterarse que existe una pandemia.
En consecuencia, los productores siguen trabajando de
manera normal, con excepción de algunas modificaciones
debidas a factores externos a los sistemas biológicos
productivos, como ser el transporte, la mano de obra, el
acceso a circuitos financieros o la alteración de la cadena
de pago, entre otras.
Por el contrario, en la ciudad, la conducta de todos ha sido
notablemente modificada y regida, ciertamente, por los
diferentes niveles de miedo que afectan a la población,
reaccionando ésta de manera anormal frente a lo
desconocido.
A pesar de estas distorsiones que pudieran presentarse,
los alimentos orgánicos siguen llegando al consumidor, la
cadena funciona prácticamente con normalidad, abasteciendo a quienes esperan cada día un alimento diferente
para su dieta. En la exportación todo funciona casi
normalmente, el flujo de productos orgánicos es el
habitual, sólo alterado por los factores externos que
afectan el flujo del comercio a nivel global.
Los mercados, a su vez, siguen en un nivel de abastecimiento
y consumo normales. Como sucedió con todos los
productos alimenticios al principio de la pandemia, los
consumidores de alimentos orgánicos acumularon
productos, especialmente los no perecederos, previendo
potenciales problemas de abastecimiento.
Era de esperar y resultó ser la situación de diversos
productos, incluidos los alimentos que, debido a esa
acumulación inicial, el consumo bajara hasta reducir los
stocks generados por las compras realizadas al inicio de la
pandemia. Pero para sorpresa de muchos procesadores y
comercializadores orgánicos esta situación no sucedió con
los productos orgánicos. Por el contrario, el consumo se
mantuvo en niveles normales pre-pandemia o en algunos
casos superiores. Esto se atribuye a una reacción positiva
del consumidor que, frente a una situación de incertidumbre
general, se volcó en mayor medida a la compra de
productos orgánicos, como una opción más saludable,
cubriendo de esta manera sus inquietudes acerca del
origen de los alimentos, su gestión ligada a los procesos
naturales y la transparencia de esta cadena que le permite
monitorear fácilmente al origen productivo de las materias
primas.
Ahora bien, cuando se trata de imaginar cómo estaremos
dentro de un año respecto a la producción orgánica, se
hace muy difícil poder predecirlo. Lo que sabemos con
certeza es que la producción orgánica no depende de una
publicidad masiva para convencer a los consumidores
sobre sus virtudes, ya que es el propio consumidor quien
lidera el aumento de su consumo, debido a que él mismo,
en su imaginario, tiene claro que la Producción Orgánica
significa: cuidado medioambiental, cuidado del entramado
social y equidad. Y, sobre todo, representa un alimento
seguro y de calidad, dos atributos que aseguran todos los
integrantes de la cadena, desde la producción hasta la
llegada para el consumo.
El consumidor actual está experimentando un cambio de
percepciones y prioridades, inclinándose por un alimento
seguro que responda a sus expectativas. Estas
expectativas no están sólo relacionadas con la seguridad
intrínseca del alimento, sino también con los impactos y el
grado de seguridad generado por la gestión de los
alimentos, desde la producción de sus materias primas
hasta que éstos llega a su mesa.
Un consumidor, que, con más tiempo para pensar, busca
acercarse cada vez más a la naturaleza. En el reordenamiento
de sus prioridades decide a qué redestina sus
recursos, dónde considera positivo depositar su energía
económica, votando con su billetera y favoreciendo así a
modelos sustentables por sobre otros. Asume de esta
manera un papel de corresponsable de las consecuencias
directas e indirectas de los modelos de gestión que
beneficia con sus elecciones.
Cuánto durará este fenómeno de cambio y qué intensidad
tendrá nadie lo sabe con certeza. Sí es posible afirmar que
cuanto más intensa y prolongada sea la situación actual,
más profundos y duraderos serán los cambios en el
consumidor. Queda a la vista una vez más, que está en las
manos de los consumidores de las ciudades la fuerza que
dará forma a la nueva realidad, no sólo porque ellos
representan un altísimo porcentaje de la población, sino
porque son los que están sufriendo con más intensidad la
pandemia y quienes más buscan seguridad en lo que
consumen frente a esta situación.
La pandemia ha acelerado la toma de conciencia en el
proceso de elección, factor que siempre estuvo presente.
El consumidor elige sus alimentos cada vez más
considerando dónde se produjeron, cómo se produjeron,
qué se utilizó en su gestión, quiénes se benefician con su
elección, esto conlleva una trazabilidad que le permita
rastrearlos y una certificación que sustente toda apelación
de calidad esgrimida para inclinar su decisión favorable. De
esa manera, pretende lograr transparencia y garantías de
seguridad e inocuidad alimentaria, sumándole impacto
social y medioambiental.
Qué necesita hoy el productor orgánico para evolucionar
en el contexto actual¬: simplemente que lo dejen trabajar
en armonía con la naturaleza, resolviéndole problemas
externos a su gestión productiva. Mitigándole, en lo
posible, todas las distorsiones relacionadas con
transporte, mano de obra y, sobre todo, la incertidumbre
que genera la falta de políticas claras y estables.
A largo plazo, el crecimiento de los mercados estará
relacionado con el privilegio de los factores hasta aquí
descriptos, ya que el hombre está actuando liderado
alternativamente por su comportamiento animal y su
conducta de ser racional. Su comportamiento básico,
regido en gran parte por sus miedos relacionados con la
inocuidad de los alimentos, está resuelto con los
productos orgánicos, por las garantías y confianza que
éstos le generan.
Superados sus miedos, su comportamiento racional lo
lleva a favorecer aspectos sociales y medioambientales,
ya que percibe que el cambio climático seguirá
evolucionando de manera negativa y que las inequidades
son cada vez mayores. Es consciente de la evolución de las
tecnologías sostenibles y su incorporación a los sistemas
de gestión, tanto al orgánico como al de productos
convencionales.
Se vislumbran, en consecuencia, escenarios futuros que
impactarán positivamente el consumo local. Hoy el
consumo de cercanía se está fortaleciendo y el consumidor
tenderá a favorecerlo aún más, ya que esta modalidad da
respuesta a sus necesidades y seguirá haciéndolo, además
de satisfacer la necesidad de respuesta a las inquietudes
de demanda social y medioambiental.
Todo lo expuesto determinará, sin duda, un cambio
profundo en el modelo de desarrollo, ya que está claro que
el modelo actual nos llevó donde estamos, que no es
donde queremos estar.
Buenos Aires, 11 de diciembre (PR/20) .- Si nos detenemos a calcular la cantidad de estiércol que se obtiene a lo largo de un año en un establecimiento lechero, veremos que, de acuerdo con el tipo de sistema productivo analizado, esta variará bastante, ya que si solo consideramos una sala de ordeñe que reúne a las vacas para hacer un par de ordeños diarios, del total de estiércol excretado por esos animales, alrededor de un 8 al 12% queda depositado en los pisos de las instalaciones de ordeño.
Estas cantidades deben ser removidas en las actividades de limpieza, ya sea con decantadores, separadores de sólidos livianos (tamices, tambores o tornillos), canales, piletas, etc. Estas remociones de material tendrán elevados niveles de materia orgánica (entre 20-50%) y alrededor de dos por ciento será nitrógeno y el uno por ciento fósforo, además de una cantidad significativa de otros macro y micronutrientes. Esto puede constatarse a través de un simple análisis de laboratorio, que mínimamente deberá incluir valores de humedad, pH, conductividad eléctrica, materia orgánica, nitrógeno y fósforo. También será de mucho interés conocer la dotación de calcio, magnesio, potasio, sodio y otros nutrientes. Imaginemos el desafío al que nos enfrentamos, por un lado, no hay discusión de las propiedades mejoradoras de suelo de las enmiendas orgánicas desde la antigüedad, pero por otro, la magnitud de material a manejar en explotaciones modernas es tan elevada que se requiere una capacidad logística no menor. Una vaca produce a lo largo del año unas dieciséis toneladas de estiércol fresco, lo que en volumen es alrededor de veinte metros cúbicos.
En el caso de tener cien vacas el volumen total de deyecciones ascenderá a dos mil metros cúbicos, lo que puede verse en la siguiente figura, comparado a la vaca y un camión cisterna de leche.
En galpones con grandes cantidades de animales el desafío es aún mayor. La buena noticia es que esos enormes volúmenes de estiércol, cuando pierden humedad y son debidamente estabilizados se reducen significativamente y transforman en una fuente de materia orgánica única. Normalmente un 40% del volumen inicial es el que quedará transformado en enmienda orgánica.
Uso seguro propuesto del estiércol y purines a través de un Plan
Un uso seguro del estiércol y los efluentes (purines), sustentable desde el punto de vista productivo y ambiental se concreta a través de un Plan de uso agronómico adecuado para cada establecimiento y debe contemplar la entrada y salida de nutrientes del sistema dual residuos/agricultura de acuerdo con la rotación de cultivos, el clima, los suelos, cantidad de animales, tipo de explotación, etc. Dicho plan incluye al menos seis puntos que no deberíamos pasar por alto:
– Análisis del estiércol o efluente a aplicar.
– Análisis de suelos de los lotes que van a ser tratados, es decir conocer la dotación de nutrientes al momento de aplicación y su historial previo.
– Identificación de lugares donde es riesgosa la aplicación (excesiva permeabilidad, napas cercanas a la superficie, riesgo de salinidad, etc.).
– Rendimiento objetivo (no siempre se pretende tener una respuesta en el rendimiento de un cultivo en particular, se puede apuntar a una rotación o simplemente a la mejora de los niveles de un parámetro en particular en el suelo)
– Cantidad de fertilizante inorgánico que complementa la aplicación, manteniendo o disminuyendo los niveles de aplicación de fertilizantes de acuerdo con el plan y al balance de nutrientes exportados.
– Seguimiento y evolución de los parámetros edáficos y productivos.
Valorización del estiércol
A continuación, podemos visualizar una valorización del estiércol recolectado anualmente en una sala con 200 vacas en ordeñe:
La valorización realizada anteriormente cobra importancia cuando ponemos foco en la verdadera potencia que tiene este tipo de enmienda, que es la materia orgánica. Si bien estas 200 vacas ordeñadas tienen la capacidad de producir unas 190 toneladas de estiércol (si solo pensamos en lo que queda en la sala de ordeñe), nos alcanzará para enmendar, y no digo fertilizar, unas diez hectáreas anuales, satisfaciendo no solo necesidades químicas sino también físicas y de salud del suelo.
La materia orgánica
Si hay algo que es difícil de valorizar, es justamente la materia orgánica contenida en las enmiendas orgánicas. ¿Cómo es posible tratar de darle valor a algo que me devuelve salud al suelo o me permite acumular agua en el perfil? Acostumbro a decir que la materia orgánica es como el slogan de una conocida tarjeta de crédito, ya que “no tiene precio”. Aquellas cosas que no tienen un mercado no pueden formar un precio. Es más fácil pensar en darle valor al nitrógeno o al fósforo, incluso a otros nutrientes, porque podemos transformarlos en unidades de fertilizante y buscar la correspondencia con el precio de la urea o el fosfato di amónico (DAP) en el mercado, pero nos encontramos aquí con una de las primeras trampas que debemos evitar y es la de caer en la comparación directa de un fertilizante con una enmienda.
Un fertilizante posee en general grandes cantidades de macro nutrientes, en cambio la enmienda no, los valores son menores, pero por otro lado posee mucha materia orgánica, que el primero no, entonces ¿Cómo comparo algo que es incomparable? La respuesta es obvia: es imposible. Entonces lo que podemos hacer es ver que atributos posee la enmienda orgánica y tratar de darle valor.
En este sentido, una de las primeras cosas que se destacan es que los suelos que reciben aplicaciones de enmiendas mejoran significativamente en términos productivos a diferencia de los suelos sin aplicaciones. En la siguiente figura se muestra las diferencias en acumulación de agua de un suelo que recibió aplicaciones de treinta toneladas de enmienda orgánica, comparándolo con otros que recibieron quince toneladas y sin aplicaciones.
Si observamos la cantidad de agua acumulada en un tiempo determinado, por ejemplo 80 minutos, el agua acumulada en milímetros se duplicó en comparación con aplicaciones de 30 toneladas de enmienda por hectárea y la situación donde no se usó enmienda orgánica. Es decir, lo primero que sucede es que el suelo gana una determinada capacidad de acumulación de lámina/agua con la aplicación de residuos orgánicos. En situaciones de campo, aplicaciones seriadas de 30 toneladas por hectárea cada tres años de barridos de corral estabilizados (enmiendas) en un período unos 10 años mostraron una mejora en la capacidad de acumulación de agua medida como la lámina de agua, cercana a los 37 mm/m. En la figura siguiente se muestran estos valores de lámina en milímetro por metro de suelo [mm/m]:
Comparando los dos suelos en producción, esta diferencia de 36.6 mm/m de lámina tal vez permita a un cultivo cualquiera, situado en aquella situación enmendada, superar con éxito la época de máxima demanda de agua, es decir, que podríamos pensar en valorizar la enmienda orgánica en términos de agua potencial acumulada.
Si a este valor de lámina incrementada lo transformamos en diferencial de rinde mediante la eficiencia de uso del agua de los cultivos, podemos obtener para un cultivo de Maíz unos 19,6 kg de grano más por cada milímetro ganado o en un cultivo de Soja unos 6,4 kg por cada milímetro, consecuencia de ese incremento de lámina, en definitiva, más toneladas de grano por hectárea. Esto último posee un precio de mercado que nos permitirá ponderar esa mejora en lámina.
Otros sistemas de valorización de los residuos pecuarios
Compostaje como proceso
El compost es el producto de un proceso biológico de oxidación, que ocurre naturalmente sobre la materia orgánica y da como resultado un material con aspecto de tierra, sin olor desagradable y libre de bacterias comúnmente patógenas. A esto se suma la capacidad de este proceso de eliminar semillas de malezas, huevos y larvas de parásitos, inactivar varias fitotoxinas y convertir un residuo potencialmente dañino en un material estabilizado, con nutrientes listos para ser utilizados por los vegetales, de composición estandarizable y medible para ser aplicado como enmienda orgánica sobre el suelo.
Playas de compostaje
Luego de barrer corrales, pistas o retirar los sólidos acumulados en canales, fondo de piletas o incluso de la separación de sólidos, ese material se dispone habitualmente en el campo sin ningún otro proceso intermedio. Sabemos ya que estabilizarlo, implicará una serie de beneficios desde el punto de vista sanitario y de calidad e incluso una sustancial reducción de los volúmenes generados y una disminución del esfuerzo logístico en su uso agronómico, es decir, en su disposición en el suelo. Una de las preguntas comunes que inicialmente se nos plantean es si la acumulación del estiércol se debe hacer cerca del origen, por ejemplo, al lado de la sala de ordeñe o del sistema de piletas, o si debemos llevar el material fresco a distintos puntos del establecimiento con el objetivo de tenerlo más cerca a la hora de su aplicación, como por ejemplo acumularlo en distintos esquineros de los lotes del campo. Por supuesto que esto dependerá de la magnitud del establecimiento, pero mover el estiércol fresco, con contenidos de agua que pueden alcanzar el 80 %, hace que, de cada diez traslados de material fresco, ocho de estos sean de agua, encareciendo enormemente la práctica. La respuesta más acertada entonces es dejar estabilizar el estiércol lo más cerca posible de su origen y moverlo cuando haya perdido al menos el 50% del volumen, cosa que ocurre a campo en general en unos tres o cuatro meses.
En segundo lugar y ya definido el “donde acumularlo”, teniendo en cuenta la dirección del viento predominante y que los posibles olores emanados del proceso no vayan hacia salas de ordeñe o viviendas, se presenta la pregunta del “como”, es decir, la forma de las pilas y el sistema específico de compostaje. Aquí la cosa se pone un poco a gusto del productor y si bien para realizar un compostaje ideal se necesitan condiciones de aireación, humedad controlada, y otros factores, se puede ir en ese camino gradualmente tratando de mejorar progresivamente lo hoy se hace a campo: con pilas únicas, pilas largas y angostas, remoción parcial, remoción con volteadoras.
Generación de Biogás en el establecimiento lechero
El biogás es una fuente renovable utilizada para producir electricidad y calor o biometano a través del proceso de digestión anaeróbica de diversos sustratos provenientes de los residuos pecuarios, agrícolas y agroindustriales e implica la utilización de recursos que de otra manera serían considerados residuos.
Esta facilita la producción de una energía flexible y renovable con reducción de los impactos ambientales que se podrían generar por estos residuos liberados al ambiente en forma indiscriminada y la devolución al suelo de una gran cantidad de nutrientes orgánicos e inorgánicos. El potencial de generación de biogás en un establecimiento lechero estará dado principalmente por el estiércol generado y dependerá de su origen, si solo se generará en una sala de ordeñe o tenga asociado algún tipo de vivienda.
Por cada tonelada de estiércol se producen entre 20 y 40 m3 de biogás. Pensando solo en el potencial del estiércol, se necesitan un mínimo de 60.000 toneladas anuales de este para generar unos 450 m3 de biogás por hora, que de acuerdo con la eficiencia de funcionamiento de un motor podrían alcanzar para proporcionar 1 MW de energía. Para mostrarlo en una moneda de cambio habitual y convertible a varias fuentes energéticas, preferimos expresar la producción de gas en Kcal/día.
Los sistemas más difundidos, pero no únicos, se pueden distinguir en establecimientos lecheros por la escala y el clima de la región donde el proyecto se implemente, aunque también tendrán peso cuestiones financieras, de políticas de apoyo a las energías alternativas y otras consideraciones relacionadas con el impacto ambiental ocasionado por las producciones lecheras.
Por el Ing. Agr. Claudio Miguel Kvolek (Agroassay)
Buenos Aires, 3 de diciembre (PR/20) .- Argentina representa el segundo país a nivel mundial en cuanto a hectáreas certificadas en producción orgánica, seguido de Australia. Este sistema productivo cuenta con representatividad en todas las regiones del país.
El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca destacó que la producción orgánica en el país se extiende a unas 4 millones de hectáreas en todas las regiones del país, con un registro de 1269 operadores en el sector (entre productores primarios, elaboradores y comercializadores). En cuanto a la representatividad territorial, el 33% corresponde a Patagonia; 22% a la región pampeana; 19% a Cuyo; 14% al NOA y 11% al NEA.
«Trabajamos con el propósito de poner a disposición de todos los productores las herramientas con las que cuenta el ministerio en materia de certificaciones, asesoramiento y establecimiento de redes con otras instituciones públicas y privadas para seguir potenciando al sector», expresó el ministro Luis Basterra con motivo de conmemorarse el Día Nacional de la Producción Orgánica declarado en 2007 por la Ley 26.295.
«La producción orgánica entra plenamente dentro de los lineamientos de agregar valor y aumentar las exportaciones», destacó el titular de la cartera agropecuaria nacional. Vale destacar que nuestro país exporta productos orgánicos a 56 destinos, por un valor promedio de U$S 700 por tonelada. Los principales productos exportados son industrializados (azúcar de caña, harina de soja, vino y sidra); frutas (arándanos, peras y manzanas; cereales (trigo, arroz integral) y oleaginosas (soja y chía). Los principales destinos hoy son Estados Unidos y Unión Europea.
Sobre la producción orgánica
La producción de alimentos orgánicos es un sistema basado en un manejo holístico e integrado de los recursos, para producir de manera sostenible. En el caso del sector alimentario, brinda productos sin restos de agroquímicos ni organismos genéticamente modificados, dado que los excluye expresamente, tanto en su materia prima (campo) como en su procesamiento.
Este sistema productivo busca cuidar el ambiente y la salud de los consumidores, garantizando atributos de calidad a partir de la certificación y trazabilidad. En este sentido es importante que los productos lleven el logo de la certificadora y el isologo oficial «Orgánico Argentina», cuyo uso es obligatorio.
En Argentina están regulados por la Ley 25.127 (1999), sus Decretos reglamentarios y en especial la Resolución SENASA 374/2016. El sistema está homologado con UE, Suiza y Japón.
Términos como regenerativo, ecológico, natural están cada vez más presentes y surge otra opción bajo el nombre de Ganadería Regenerativa (GR).
Buenos Aires, 27 de octubre (PR/20) .- Para conocer más sobre este nuevo paradigma basado en el Manejo Holístico (MH), AgrofyNews dialogó con Juan Pedro Borrelli, coordinador de la Escuela de Regeneración (ER), un proyecto incubado por Ovis 21. Esta escuela nació en 2013 con el objetivo de enseñar y aprender actividades que promuevan la regeneración de los ecosistemas y las comunidades.
En palabras de Borelli, se trata de una ganadería que aumenta el capital biológico y social. “Permite incrementar la tasa de infiltración de agua de los campos, la biodiversidad, secuestrar carbono en suelo y favorecer las especies perennes”.
¿Cómo? Según la ER, durante mucho tiempo se creyó que había un conflicto entre producir más y cuidar la tierra. Al respecto, señalan que el MH rompió esa falsa antinomia y permitió aumentar la rentabilidad de los predios al mismo tiempo que se regenera la tierra.
El MH fue desarrollado por el biólogo de Zimbabwe Allan Savory, a lo largo de más de 40 años de experiencia e implica una revolución en la manera en la que tomamos decisiones. Desde Ovis 21 sostienen que “fuimos educados para mirar siempre las partes y no el todo, lo cual nunca es una solución integral, sino meramente parches”. El MH brinda las herramientas y la visión para comprender la naturaleza y su complejidad, permitiendo considerar simultáneamente los aspectos sociales, ecológicos y económicos de las decisiones.
Aunque para más de un lector resulta difícil pensar en el todo para regenerar el ecosistema, desde la ER aseguraron que no es imposible.
Arraigo rural y mitigación del Cambio Climático
En relación a la rentabilidad de la GR, desde la Escuela sostienen que trabajando a favor de la naturaleza y usando mínimas o nulas cantidades de insumos, se puede mejorar sustancialmente los resultados económicos. La mayor producción implica más gente viviendo en el campo y en mejores condiciones, alimentación sana, mayor actividad en los pueblos rurales, y mayor aporte de materia prima a las industrias.
En este sentido, Borrelli agregó: “Si estamos mejorando el ambiente y el negocio, nos da otro horizonte para las personas que hoy no viven en el campo y que, en muchos casos, han tomado la decisión de migrar a la ciudad”.
De acuerdo a su visión, este nuevo paradigma podría convertirse en un medio para cambiar el rol de la ganadería en el futuro, dado que se encuentra en el banquillo de los acusados por la emisión de GEI, aunque muchos académicos sostienen que no es así.
Al respecto, formuló su idea: “Hablamos de regenerar ecosistemas, de convertir a los pastizales en “bombas de carbono” que secuestran toneladas de CO2 atmosférico, que el agua se quede en el paisaje. Son todas cuestiones que podrían revertir la ecuación y poner al productor ganadero como parte de la solución al Cambio Climático”.
Adrián Soler, ingeniero agrónomo de la Cuenca del Salado realizó el curso en 2018, y según su experiencia señaló: “Me cambió en muchos aspectos el modo en que venía trabajando. De fondo y de forma. Aprendí a mirar de manera diferente, a mirar más el suelo y el efecto que tenemos como decisores de manejo ganadero en el cambio climático”.
Resultados: ¿Comprobables y medibles?
Cualquier actividad ganadera podría verificarse en el tiempo mediante procesos como aumento de la cobertura del suelo (vegetación y/o por mantillo); estabilización de la superficie del suelo (erosión cero); aumento de la productividad primaria -Fotosíntesis; Aumento de la producción forrajera (receptividad); Aumento de la biodiversidad del suelo, plantas y fauna silvestre, y Aumento del carbono en suelo.
En la misma línea, Borelli aseguró: “No hablamos de romanticismo”, y explicó: “Tenemos un sistema de verificación ambiental que registra todos esos puntos, y los medimos objetivamente. Primero, para que el productor pueda constatar su manejo con datos e ir mejorando; y en segundo lugar, para llegar a estudios científicos que comprueben que la GR hace todo lo que estamos diciendo”.
Por ejemplo, el Estándar de Pastoreo Regenerativo y Sustentable (GRASS), desarrollado por Ovis 21 y The Nature Conservancy en la Patagonia, permite evaluar la regeneración de manera objetiva.
Según pudo averiguar AgrofyNews hay resultados inmediatos y otros, que requieren más tiempo. “Cuando hablamos de restaurar la biología del suelo, son procesos más lentos. Para que el mismo pastizal y el suelo pueda recuperar sus ciclos naturales, quizás le demande cinco años”, ejemplificó el coordinador de la ER.
En el caso de Buenos Aires y en Corrientes, hace siete años que se empezó a implementar el MH. Los primeros resultados sugieren que el MH permite reducir costos, mediante un menor uso de verdeos e insumos, y aumenta los ingresos, fundamentalmente a partir de una mayor carga animal, sustentada en una mayor producción de forraje. En tres años, aumentó 400% la receptividad invernal en Buenos Aires, y el margen bruto en Corrientes llevando la carga animal de 0,58 a 0,92 EV.
Buenos Aires, 25 de Setiembre (PR/20) .- Gran representatividad provincial en el encuentro del sector destinado al desarrollo y promoción de los productores de alimentos orgánicos del país.
El ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Luis Basterra, encabezó la reunión LXVII de la Comisión Asesora para la Producción Orgánica que estuvo centrada en analizar las oportunidades del sector a fin de fortalecer su desarrollo, de cara al Plan Estratégico específico para el 2030.
«Hay una política presente de compromiso con el sector que buscamos seguir profundizando a través de un proyecto estratégico», señaló el Ministro, y en este sentido manifestó la importancia de apuntalar el Proyecto de Ley de promoción de la Producción Orgánica, que data de 2013.
En esta línea, el secretario de Alimentos, Bioeconomía y Desarrollo Regional, Marcelo Alós, destacó la convocatoria en cantidad y representatividad federal, al tiempo que subrayó «el propósito de poner a disposición de todos los productores las herramientas con las que cuenta el Ministerio en materia de certificaciones, asesoramiento y establecimiento de redes con otras instituciones públicas y privadas para seguir potenciando al sector». Y agregó: «la producción orgánica entra plenamente dentro de los lineamientos de agregar valor y aumentar las exportaciones».
Durante la jornada se hizo mención a la necesidad de seguir trabajando interdisciplinariamente para potenciar el Convenio entre el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y el Movimiento Argentino de Producción Orgánica (MAPO). A la vez que se hizo foco sobre casos específicos de agregación de valor en orgánico, como prendas de diseño con lana en Chubut, acuicultura en Río Negro; té y yerba mate en Misiones; desarrollos de derivados de la colmena en Chaco; uvas verdes en Mendoza, entre otros.
Estuvieron presentes además, en representación del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, los directores de Agregado de Valor y Gestión de Calidad, Pablo Morón; de Alimentos, Juan Manuel Morón; el coordinador de la Producción Orgánica, Facundo Soria; el coordinador del Procal, Ambrosio Pons Lezica; el presidente del INASE, Joaquín Serrano; representantes del Senasa, y demás autoridades y técnicos.
Asimismo, participaron el titular del Movimiento Argentino de la Producción Orgánica (MAPO), Ricardo Parra; representantes de Cancillería, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación; del Instituto Nacional de Alimentos (INAL); el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA); autoridades y técnicos de las provincias de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santiago del Estero, Salta, San Luis, Catamarca, Neuquén, Misiones, Chaco y demás representantes.
Sobre la Comisión
La Comisión Asesora para la Producción Orgánica, creada por la Ley N° 25.127/99 y reglamentada mediante el Decreto 97/2001, es presidida por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, y cuenta con la participación de representantes de gobiernos provinciales, Senasa, CFI, INTA, INTI, INASE, Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional (AAICI), Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), universidades (FAUBA y Universidad Católica de Santiago del Estero), de diversos Ministerios Nacionales, Movimiento Argentino para la Producción Orgánica (MAPO) y la Cámara Argentina de Certificadoras de Alimentos, Productos Orgánicos y Afines (CACER).
Buenos Aires 08 julio (PR/20).- Existen muchos mitos alrededor de la agroecología, el más conocido es su incapacidad de ser extensivo y rentable. Ramón, Tobías, Ignacio y Lucas, primos y socios, se propusieron hace tres años romper con ese paradigma y crear un negocio basado en un nuevo modelo de hacer agricultura.
Lo novedoso del emprendimiento es que, además de promover la conservación ambiental, también genera valor agregado, industrializando la materia prima y potenciando así a las economías regionales que se encuentran fuera del sistema del mercado.
Semillas antiguas
Suena el teléfono y atiende Ramón. Con la tecnología es difícil adivinar que nos separan 12 mil kilómetros. “Estoy en Alemania”, dice y cuenta que se fue por dos años para conocer cómo se produce orgánico allá y poder traer esa experiencia a Argentina.
Ramón Merlo es ingeniero agrónomo y es oriundo de Tortuguitas, Buenos Aires. Con una voz apasionada contó que Épicos nació hace tres años por la idea de transformar el mundo, pero no con un concepto filantrópico e irreal, sino con un emprendimiento concreto, sustentable, que da trabajo a muchas personas.
“Yo estudiaba Agronomía y no me cerraba el modelo de agricultura tradicional. Empecé a interesarme por lo orgánico y veía que todo lo que se hacía estaba en Europa. Por eso, hace un año decidí irme para ver cómo trabajan allá y poder aplicarlo acá”, comenzó contando.
Los cuatro primos empezaron el proyecto alquilando un campo en Tandil y produciendo ellos mismos. Su enfoque son los alimentos con alta calidad nutricional, por eso se volcaron a otro tipo de cultivos que en Argentina no se producen.
“Sembramos semillas que no están en el país, las importamos, como por ejemplo, el lupino. Es una semilla que la comían los egipcios, se dejó de comer y ahora está volviendo”, contó.
Otra semilla que importan es el teff, originaria de Etiopía. Además, cultivan mijo, quinoa, amaranto y sorgo blanco.
Un modelo asociativo
A medida que empezaron a crecer tuvieron que cambiar su modelo de negocio. “Lo que empezó a pasar es que nos compraban mucho las harinas pero no teníamos capital para salir a alquilar campos, tuve que vender hasta el auto”, relató Ramón.
Por eso, surgió la idea de empezar a asociarse con productores: “Lo que hace Épicos es darle a un productor tradicional un negocio cerrado. El productor se asocia a nosotros para producir los cultivos que nosotros le damos, de manera agroecológica, y vender paquetes de harina”.
Épicos cuenta actualmente con más de 300 hectáreas asociadas en Tandil, Mar del Plata, San Antonio de Areco, Los Toldos, de las cuales, por cultivo, obtienen al año un promedio de 700 kgs por hectárea.
“Nuestro modelo de negocio es seguir asociando a distintos productores, que en general ceden un pedazo de su campo, 20 o 30 hectáreas, 100 hectáreas el más grande, para ´poner una ficha´ en cultivos agroecológicos. Hacemos un contrato y todo lo producido lo vendemos con marca Épicos, le vamos pagando en función de paquetes y no de granel, ese es el margen”.
Un aspecto que resalta el ingeniero es que a los productores los visitan una vez por mes para control y para ayudarlos.”Nosotros le damos la semilla, y lo visitamos una vez por mes. Por un lado para intercambiar experiencias y además porque tenemos que estar seguros de que no aplicó ningún agroquímico”.
“Sumamos a todos los productores que vemos que están haciendo esto por una razón superadora, no solo por el negocio. No importa en qué lugar de Argentina esté, viajamos, vemos que trabajen bien y los invitamos a participar”, explicó Ramón.
Superalimentos: diversificar el consumo
Se denomina “superalimentos” a los alimentos que nutricionalmente aportan más que otro, como por ejemplo el kale y el lupino. El lupino es una legumbre que tiene tres veces más proteína que la quínoa, tres veces más fibra que la avena y tres veces más hierro que el kale.
“Cada vez son más los que están interesándose en diversificar su consumo. Se están empezando a dar cuenta que nuestra dieta occidental dependiente de tres o cuatro cultivos, no es buena para nuestra salud”, explicó el emprendedor.
“Algunos productos ultraprocesados que están en el mercado no tienen una buena calidad nutricional y que todo lo que tracciona también es malo para el ambiente y por ende para las personas. Si somos conscientes de eso, vamos a dejar de comprar esos productos y exigir otros”, continuó diciendo.
Comer orgánico es siempre más caro, y por eso muchos no lo eligen. Al respecto, Ramón expresó: “Hacer un lupino agroecológico me sale el doble que hacerlo normal porque me rinde la mitad. Pero la pregunta es qué parte del sueldo invertimos en alimentos que nos hacen bien. La mitad de la Argentina que no está en situación de subsistencia tiene que cambiar sus prioridades a la hora de consumir. Si te importa más lo que le metés a tu cuerpo o si querés cambiar el auto”.
Agroecológico: estrategias de manejo
Épicos es agroecológico y además certifican orgánico. “Agroecológico es una filosofía de producción con la cual se cultiva la tierra respetándola. Es un concepto más holístico que abarca todos los aspectos de la producción. Puedo certificar orgánico pero no ser agroecológico”, explicó el agrónomo.
Consultado acerca de qué estrategias de manejo aplican para la producción, Ramón contó: “Nos hicieron creer que es imposible aplicar un sistema agroecológico extensivo pero hay un montón de técnicas que son las que se usaban hasta 1950 que te permiten hacer agroecología a la misma escala de los cultivos convencionales».
“A nivel técnico lo que hacemos mucho nosotros es usar la hacienda. Hacer agricultura sin usar hacienda es hacer extractivismo. Estás siempre cosechando y no devolviendo nada. Si vos usás hacienda, lo que hacés es pastorear el lote, esa bosta se queda en el suelo, es nitrógeno, fósforo y el cultivo lo puede usar”, explicó.
Otra estrategia es la rotación. “Lo que no es compatible es hacer solo soja agroecológica. Con la agroecología hay que estar en el lote, tener muchos cultivos, diversificar, hacer por lo menos 10 cultivos diferentes. Necesitás un agrónomo que esté en el campo, no lo podés manejar desde una oficina como puede hacerse con el modelo tradicional”, continuó contando el ingeniero.
Con respecto al uso de insumos naturales, Ramón detalló que aplican lo mínimo e indispensable. “Nos atacó una tucura en el mijo el año pasado, entonces le tiramos tierra diatomea, que es un producto natural que la controla. Existen insumos, pero lo principal es que la agroecología es una tecnología que es de procesos, de pensar rotaciones, y no de pensar qué salir a comprar después”.
“Este modelo es más interesante y desafiante hasta del punto de vista intelectual. Yo estoy conociendo un montón de agrónomos buenísimos que hacen convencional y cuando conocen la agroecología les parece super divertido”, agregó.
Potenciar las economías regionales
Épicos produce harinas que luego vende y distribuye a todo el país: “Actualmente estamos procesando en molinos que son tercerizados. Es increíble haya tantos molinos con capacidad ociosa”, contó y siguió: “Del molino se va a una envasadora en big bags, y de la envasadora se pasa a paquetes de 400 gramos, de ahí a depósito en Gran Buenos Aires y de ahí se distribuye”.
El emprendedor resaltó la cantidad de trabajo que involucra este tipo de proyecto: “La única manera de hacer un negocio rentable con la agroecología es agregando valor: darle trabajo al molino, a la envasadora, a los fletes, a los diseñadores de packaging. Es mucho trabajo que de otra forma no tendrían”.
Por último, Ramón se pregunta “¿Por qué somos competitivos contra un maíz que rinde 20 mil kilos?”:”Porque vendemos productos muy diferenciados, no solo porque son orgánicos o porque los packagings no tienen plásticos, sino porque vendemos harinas de semillas exóticas, con alta calidad nutricional, lo cual es para un nicho pero que a la vez está creciendo un montón”.