San Patiens, Obispo de Lyon Día festivo lo celebramos el 11 septiembre

San Patiens, Obispo de Lyon Día festivo lo celebramos el 11 septiembre

La devastadora incursión de los Godos en Borgoña provocó una época de hambre, durante la cual, San Patiens, por cuenta propia, alimentó a millares, gracias a la providencia, que siembre le daba ciento por uno, multiplicando sus caudales maravillosamente a fin de que siempre hubiera lo suficiente con qué construir iglesias, repararlas y socorrer a los pobres, «en cualquier rincón de las Galias que estuvieran».

El santo era calificado como un hombre virtuoso y justo, activo, ascético y misericordioso y era muy admirado por su celo apostólico y su gran caridad hacia los pobres. Gracias a su solicitud pastoral y a sus sermones, numerosos herejes se convirtieron, sobre todo amos y señores de Lyon que por aquel entonces, favorecían decididamente la herejía de los arrianos y aún había algunos obispos en las diócesis que no estaban libres de aquellos errores.

Cuando la diócesis de Chalon-sur-Saòne quedó envuelta en la confusión y la discordia por la muerte de su Obispo, San Eufronio de Autun invitó a San Patiens para que le ayudase en la pacificación de la comarca y en la terminación del escándalo. Por orden de San Patiens, uno de los sacerdotes de su clero, llamado Constancio, escribió la «Vida de San Germano de Auxerre», la que el autor dedicó a su obispo. Se desconoce la fecha exacta de su deceso pero al parecer, ocurrió alrededor del año 480.

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Fuente: aciprensa

Hoy celebramos a San Nicolás de Tolentino, intercesor de las almas del purgatorio

Hoy celebramos a San Nicolás de Tolentino, intercesor de las almas del purgatorio

Buenos Aires, miércoles 10 septiembre (PR/25) — Cada 10 de septiembre la Iglesia Católica celebra a San Nicolás de Tolentino (1245-1305), fraile, sacerdote y místico italiano; el primer miembro de la Orden de San Agustín (agustinos) en ser canonizado.

Con la protección de San Nicolás de Bari

Nicolás nació en 1245, en San Angelo, Pontano (Italia). Se dice que su madre, habiendo llegado a cierta edad, no había podido concebir. Por ese motivo, junto a su esposo, salió en peregrinación al Santuario de San Nicolás de Bari, para pedir la gracia de salir encinta.

Llegado el tiempo, nacería un robusto niño al que bautizaron con el nombre de ‘Nicolás’, en honor a su santo patrono. Los años pasaron y mientras Nicolás crecía corporalmente, también iba creciendo en él una singular afinidad a las cosas de Dios y a los temas espirituales. A pesar de su juventud, el jovencito aprendería a dedicarle más tiempo a la oración del que podría esperarse de cualquier niño de su edad.

Un pequeño de corazón inmenso

A Nicolás le gustaba pasar el tiempo hablando con Jesús, algo que fue alentado siempre por sus padres. El niño escuchaba con entusiasmo la Palabra de Dios y se deleitaba con las buenas lecturas. Además, despertó en él una sensibilidad peculiar frente al que sufre. Una de las cosas que más disfrutaba era llevar a su casa a alguna persona en necesidad que encontraba en el camino y compartir la mesa familiar con ella.

Ya de adolescente, después de escuchar el sermón de un fraile ermitaño de la Orden de San Agustín, Nicolás decidió renunciar al mundo y hacerse agustino. Pronto sería aceptado en el convento de los ermitaños del pequeño pueblo de Tolentino. Realizaría su profesión religiosa antes de cumplir los 18 años; y, en 1271, sería ordenado sacerdote en el convento de Cingoli.

Tolentino

Nicolás permanecería en Tolentino los siguientes 30 años de su vida, hasta que Dios lo llamó a su presencia.

A San Nicolás se le atribuyen muchísimos milagros, tanto en vida como post mortem. Cuando por gracia de Dios obraba alguno, pedía a quienes lo habían presenciado que guardaran reserva y no comenten nada a nadie: “Denle las gracias a Dios, no a mí», solía decir.

Las almas del purgatorio

Los fieles, impresionados por las conversiones que se producían gracias al testimonio de vida del santo, le pedían constantemente que orara por las almas de quienes habían muerto sin estar listos para participar de la gloria de Dios. Esta tarea fue algo que Nicolás siempre hizo con diligencia y responsabilidad. Nicolás sabía que quienes morían sin haber purgado sus pecados no podían ingresar al cielo, y por ello necesitan la ayuda y solidaridad de quienes, permaneciendo aún en esta vida, pueden rezar e interceder por ellos.

No en vano le valió, muchos años después de su muerte, que la gente empiece a llamarlo “patrón de las santas almas” o “protector de las ánimas del purgatorio».

Según cuentan los agustinos, una noche, Nicolás estaba durmiendo en su celda cuando oyó la voz de uno de sus compañeros frailes, fallecido recientemente. El fraile le dijo a Nicolás que estaba en el purgatorio y le pidió que celebrara la Eucaristía por él y por otras almas que estaban allí, para que fueran liberadas por la misericordia de Cristo. Después de que Nicolás celebrara la santa misa por esta intención durante siete días, el fraile volvió a hablarle, esta vez para darle las gracias y asegurarle que muchas almas, incluyendo la suya, ahora estaban con Dios.

Los panecillos milagrosos

A San Nicolás de Tolentino también le tocó soportar dolores y situaciones muy duras. El fraile padeció por varios años de fuertes dolores de estómago, y por algunos períodos su salud se quebró completamente. Un día, estando gravemente enfermo, se le apareció la Virgen María y le dio ciertas instrucciones, con las que al final se obraría un milagro. La Madre de Dios le dijo que se hiciera de un trozo de pan, lo mojara en agua y se lo comiera, y que si lo hacía obedientemente, ella curaría sus dolencias -existe otra versión del relato que señala que fue la misma Virgen quien le dio de comer trocitos de pan-.

Así, Dios curó a San Nicolás gracias a la intervención de la Virgen. A partir de estas experiencias, el santo empezó a bendecir trozos de pan y dárselos a los enfermos. A través de este sencillo gesto, muchos quedaron curados.

Como recuerdo de aquellos milagros, el día de la festividad de San Nicolás se preparan los “panecillos de San Nicolás” los cuales son compartidos entre los devotos.

Los brazos de San Nicolás

San Nicolás murió el 10 de septiembre de 1305 y fue enterrado en la iglesia del convento de Tolentino, su hogar por más de tres décadas.

En 1345, sus restos fueron exhumados y su cuerpo fue hallado incorrupto. Este fue expuesto públicamente y se decidió que le fueran amputados los brazos para que sirvan como reliquias. Se asegura que en el momento de la amputación los brazos del santo sangraron profusamente, tal y como si estuvieran siendo separados de una persona viva.

Un siglo después de aquel acontecimiento se produjo otro milagro con los restos del fraile: los relicarios que contenían sus brazos fueron abiertos, siendo que estos aparecían en perfecto estado de conservación y empapados en sangre.

Si deseas profundizar en la vida de San Nicolás de Tolentino, te recomendamos leer el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Nicol%C3%A1s_de_Tolentino.

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Fuente: ACI Prensa

Hoy se celebra a San Pedro Claver, hecho “esclavo de los esclavos” por amor a Cristo

Hoy se celebra a San Pedro Claver, hecho “esclavo de los esclavos” por amor a Cristo

Ego Petrus Claver, aethiopum semper servus” (Yo, Pedro Claver, esclavo de los negros para siempre), escribió el santo en el acta de sus votos perpetuos. Así lo hizo porque su tiempo y circunstancias fueron las de la esclavitud y la trata de seres humanos provenientes de África. Pedro se consagró a ellos porque aprendió a ver a Cristo en cada uno de ellos.

De Cataluña a Cartagena de Indias

Claver fue un jesuita de origen catalán -su nombre de pila fue Pere Claver Corberó- quien, como misionero en Cartagena (Colombia), se convirtió en el protector de la población negra esclavizada y de todos los sometidos a la servidumbre injusta o a los maltratos. Vivió en el puerto de Cartagena de Indias (en ese momento el Nuevo Reino de Granada), tristemente célebre por haberse convertido en el centro negrero más grande del Nuevo Mundo.

Pedro nació en Verdú (España) el 26 de junio de 1580. A los 19 años fue aceptado en la Compañía de Jesús y años más tarde, con los estudios y la formación avanzada, fue enviado como misionero a Nueva Granada (hoy República de Colombia) y ordenado sacerdote en Cartagena en 1616.

Defensor de los derechos humanos

En América, Claver se opuso a la injusticia de la esclavitud institucionalizada, por la que se comerciaba sin escrúpulos con seres humanos, destinados al trabajo forzado. Conceptualmente rechazó las teorías que no reconocían la humanidad de los negros traídos del Africa y condenó toda forma de maltrato hacia los denominados “etíopes” (nombre genérico con el que se denominaba a los africanos). Asimismo tomó parte activa en la defensa de los indígenas, a quienes evangelizó con igual dedicación.

El ciclo forzoso por el que pasaban los hombres y mujeres provenientes de África implicaba una estadía en el puerto de Cartagena, a la espera de ser vendidos y trasladados. Mientras los nuevos esclavos se encontraban retenidos a la espera de su amargo destino, Claver los atendía, en especial a los que llegaban enfermos, hambrientos o heridos. Llegó incluso a organizarse en los días previos a la llegada de los barcos negreros, almacenando provisiones que él mismo recaudaba para los que habrían de arribar.

Una vez anclada alguna nave, San Pedro descendía a las cámaras inferiores de la embarcación para repartir agua y algo de comer; atendía a los que presentaban signos de enfermedad y auxiliaba a los moribundos -era muy común que al menos la mitad del “cargamento” muriera en el trayecto-.

Esclavo de los esclavos

Pedro Claver se definió como “esclavo de los esclavos”, algo que le acarreó innumerables problemas. Se ganó enemistades entre las autoridades españolas y, evidentemente, entre los comerciantes de esclavos. Al mismo tiempo, no fueron pocos los fieles que cuestionaron su conducta, ni pocas las incomprensiones entre sus superiores y hermanos jesuitas.

Cargó su propia cruz y ayudó a otros a cargar la suya. Con sus actos interpeló a toda una sociedad y su sistema perverso al devolverle el rostro humano a quienes se les había arrebatado -incluyendo a los reos de las cárceles-. A estos sirvió como se debe servir al mismo Dios: sin que el odio, el rechazo o la enfermedad pudieran detenerlo. En tiempos de prácticas inhumanas, San Pedro Claver impuso empatía y santidad.

Pedro Claver partió a la Casa del Padre el 9 de septiembre de 1654, después de haber pasado sus últimos años casi en el olvido, muy enfermo. El día de su muerte, la población de Cartagena salió a las calles conmovida para encontrarse con su santo por última vez y rendirle los honores debidos.

El santo de la libertad

Y es que San Pedro Claver es un santo que, precisamente por servir, evoca el sentido de la libertad verdadera, y se convierte en voz que denuncia todo tipo de esclavitud, incluidas las nuevas formas que se presentan en el mundo contemporáneo.

Si deseas conocer más sobre San Pedro Claver, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Pedro_Claver.

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Fuente: ACI Prensa

Papa San Sergio I se festeja el 8 de septiembre

Papa San Sergio I se festeja el 8 de septiembre

Buenos Aires, 8 de septiembre (PR/25) .- (Reinó del 687-701), fecha de nacimiento desconocida; fue probablemente consagrado el 15 de diciembre del 687; murió el 8 de septiembre del 701.

Mientras el papa Conon yacía moribundo, Pascal —el arcediano— le ofreció al exarca una gran cantidad de dinero para ocasionar su elección como sucesor en el papado.

Por influencia del exarca, el arcediano fue, en consecuencia, elegido por un número de personas; casi al mismo tiempo, otra facción eligió al archisacerdote Teodoro.

El grueso del clero y la gente, sin embargo, los hizo a un lado a los dos y escogió a Sergio, quien fue debidamente consagrado. Sergio, el hijo de Tiberio, era nativo de Antioquía; fue educado en Sicilia, y ordenado por [san] León II. El nuevo papa tuvo numerosas relaciones con Inglaterra y los ingleses. Recibió a [san] Caedwalla, rey de los sajones del oeste, y lo bautizó (689); y, como murió en Roma, hizo que lo enterraran en la basílica de San Pedro.

Ordenó que se reinstaurara a san Wilfrido en su sede, favoreció en gran manera a san Aldhelmo, abad de Malmesbury, y se le reconoce por haber intentado conseguir a Beda el Venerable como su consejero.

Finalmente consagró obispo al inglés [san] Willibrord, y lo envió a predicar el cristianismo a los frisones.

El cruel emperador Justiniano quizo que firmara los decretos del llamado Concilio Trullano o Quinisexto del 692, en el cual los griegos permitieron a los sacerdotes y a los diáconos quedarse con las mujeres que habían desposado antes de su ordenación, y que tenía como objetivo colocar al patriarca de Constantinopla en el mismo nivel que el papa de Roma.

Cuando Sergio se rehusó a reconocer este sínodo, el emperador envió a un oficial para que lo trajera a Constantinopla. Mas la gente protegió al papa, y Justiniano mismo fue destronado poco después (695).

Sergio tuvo éxito en la extinción de los últimos remanentes del cisma de los Tres Capítulos en Aquileya.

Reparó y adornó muchas basílicas, añadió el Agnus Dei a la misa, e instituyó procesiones a varias iglesias. 

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Fuente. ecWiki

Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati: “En los santos siempre hay algo sorprendente”, asegura cardenal

Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati: “En los santos siempre hay algo sorprendente”, asegura cardenal

El prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos en el Vaticano, Cardenal Marcello Semeraro, comenta la canonización hoy 7 de septiembre de 2025 de los jóvenes Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati y señala en “en los santos siempre hay algo sorprendente”.

Buenos Aires, domingo 7 de septiembre (PR/25) .-  Así lo indicó el purpurado en declaraciones a los medios vaticanos, en el marco de la canonización de ambos beatos el domingo 7 de septiembre en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

“En los santos siempre hay algo sorprendente. Muchos de ellos se parecen entre sí y, por otra parte, el ejercicio de las virtudes cristianas nunca es aislado: siempre está acompañado del ejercicio de muchas otras virtudes”, dijo el purpurado sobre Acutis, fallecido a los 15 años en 2006, y Frassati, que partió a la Casa del Padre en 1925, con 24 años.

“Pier Giorgio Frassati encarna el modelo de laico ofrecido por el Concilio Vaticano II. Es aquel que, plenamente comprometido con la vida, experimenta diversas realidades del mundo; eso que el Concilio llama la índole secular del fiel laico, vivida en plena sintonía con el Evangelio e integrada en cada aspecto de la existencia”, explica el prefecto.

«Santos de la calle» al servicio de los pobres

El Cardenal Semeraro, que acaba de publicar el libro Pier Giorgio Frassati, alpinista del espíritu (Ediciones Messaggero Padova 2025), resalta la discreción y el testimonio del joven italiano, especialmente en su servicio a los más necesitados.

“Frassati se acercó a los pobres porque antes se había encontrado con Cristo”, subrayó el cardenal.

Carlo Acutis también fue despedido por personas pobres, a quienes la familia no conocía: “Acutis fue también una sorpresa para sus padres; hizo lo que hizo con las posibilidades propias de un adolescente, con los medios de un joven”, señala Semeraro.

Carlo, dijo, es la expresión de “la santidad de un muchacho, abierto a la vida y con la Eucaristía como punto de referencia: su autopista hacia el cielo”.

Ambos, continuó, son de aquellos que el Papa Francisco llamó los santos “de la puerta de al lado”, figuras que ahora el Papa León XIV ha puesto como ejemplo para los jóvenes.

“Existen santos que, como decía la mística Madeleine Delbrêl, crecen en viveros, dentro de institutos religiosos o comunidades consagradas. Pero hay otros, como Acutis y Frassati, que vivieron en medio del mundo: son los santos de la calle”, concluyó.

Carlo Acutis (1991–2006) fue un adolescente italiano que falleció con sólo 15 años, a causa de una leucemia fulminante.

Ayudó a los pobres, promovió los milagros eucarísticos y ofreció su sufrimiento por el Papa, la Iglesia y la conversión de los pecadores.

Fue beatificado el 10 de octubre de 2020 en Asís, donde reposan ahora sus restos.

Pier Giorgio Frassati nació en Turín (Italia) en 1901. Desde pequeño desarrolló un profundo amor a Cristo Eucaristía y a la Virgen.

En su juventud se entregó de lleno a servir a los más pobres y buscó evangelizar en la política. Escalaba montañas y llevaba a sus amigos a Misa.

Tras terminar la universidad, enfermó de poliomielitis y murió el 4 de julio de 1925 con sólo 24 años. Fue beatificado el 20 de mayo de 1990.

Fuente: Aciprensa
Hoy se celebra a San Eleuterio Papa

Hoy se celebra a San Eleuterio Papa

Papa San Eleuterio fue Papa desde aproximadamente 174 hasta el 189. El “Liber Pontificalis” dice que él era natural de Nicópolis, Grecia. De su contemporáneo Hegesipo sabemos que él era un diácono de la Iglesia Romana bajo el Papa Aniceto (c. 154-164), y evidentemente permaneció como tal bajo el San Sotero, el siguiente Papa, al cual sucedió cerca del año 174.

Buenos Aires, 6 de septiembre (PR/25) .- Mientras que la condición de los cristianos bajo Marco Aurelio era angustiosa en varias partes del Imperio, la persecución en Roma misma no parece haber sido violenta. De Rossi data el martirio de Santa Cecilia hacia finales del reinado de este emperador; esta fecha, sin embargo, no es cierta de ninguna manera. Durante el reinado de Cómodo (180-192) los cristianos disfrutaron de una paz inalterada, aunque el martirio de San Apolonio en Roma sucedió en ese tiempo (180-185).

La herejía montanista, que se originó en Asia Menor, se abrió paso hacia Roma y Galia en la segunda mitad del siglo II, más particularmente durante el papado de Eleuterio; su naturaleza peculiar hizo difícil tomar desde el principio una posición decisiva en su contra (vea MONTANISTAS. Durante la violenta persecución en Lyon en 177 los confesores locales escribieron desde la prisión sobre el nuevo movimiento a los hermanos asiáticos y frigios y también al Papa Eleuterio. El portador de su carta al Papa fue el presbítero Ireneo, muy poco después obispo de Lyon. Surge de las declaraciones de Eusebio respecto de estas cartas que los fieles de Lyon, aunque opuestos a los montanistas, abogaban por tolerancia y suplicaban que se conservara la unidad eclesiástica.

No se sabe con certeza en qué momento exacto la Iglesia Romana tomó su posición definitiva contra el montanismo. A partir de los relatos de Tertuliano (Contra Praxeas 1) que un obispo romano le dirigió alguna vez algunas cartas conciliatorias a los montanistas, pero estas cartas, dice Tertuliano, fueron revocadas. Él probablemente se refiere al Papa Eleuterio, quien vaciló mucho, pero después de un estudio cuidadoso y concienzudo de la situación, se supone que se declaró contra los montanistas. En Roma los heréticos gnósticos y marcionitas continuaron propagando sus falsas doctrinas. El “Liber Pontificalis” le atribuye al Papa Eleuterio el decreto de que los cristianos no debían despreciar ninguna clase de comida (Et hoc iterum firmavit ut nulla esca a Christianis repudiaretur, maxime fidelibus, quod Deus creavit, quæ tamen rationalis et humana est). Posiblemente él emitió este decreto contra los gnósticos y montanistas; es también posible que bajo su propia responsabilidad el escritor del “Liber Pontificalis” le atribuyera a este Papa un decreto similar en boga cerca del año 500.

El mismo escritor es responsable de una afirmación curiosa e interesante relativa a la actividad misionera temprana de la Iglesia Romana; ciertamente, el “Liber Pontificalis” no contiene otra declaración igualmente notable. El Papa Eleuterio, dice el escritor, recibió de Lucio, un rey británico, una carta en la cual este último declaraba que por su mandato él deseaba ser cristiano (Hic accepit epistula a Lucio Brittanio rege, ut Christianus efficerentur per ejus mandatum). Es imposible decir de dónde el autor del “Liber Pontificalis” obtuvo esta información. Históricamente hablando, el hecho es muy improbable, y es rechazado por todos los críticos modernos.

Para fines del siglo II la administración romana estaba tan seguramente establecida en Bretaña, que no pudo haber habido en la isla ningunos reyes nativos reales. Parece bastante improbable en ese período que algún jefe tribal, conocido como rey, pudiese haber solicitado al obispo romano instrucción sobre la fe cristiana. La infundada declaración del “Liber Pontificalis”, una compilación de biografías papales que en su forma más temprana no puede ser anterior al primer cuarto del siglo VI, no es base suficiente para la aceptación de esta aseveración. Algunos lo consideran una historia destinada a demostrar el origen romano de la Iglesia británica y, en consecuencia, la sujeción natural de esta última a Roma. Para hacer esto más claro ellos localizan el origen de la leyenda en el transcurso del siglo VII, durante las disensiones entre la primitiva Iglesia Británica y la Iglesia Anglosajona recientemente establecida desde Roma. Para hacer esto más claro ellos localizan el origen de la leyenda en el transcurso del siglo VII, durante las disensiones entre la primitiva Iglesia británica y la Iglesia anglosajona recientemente establecida desde Roma.

Pero esta hipótesis carece de toda prueba. Se cae ante el simple hecho de que la primera parte del “Liber Pontificalis” fue compilada mucho antes de dichas disensiones, más probablemente (Duchesne) por un clérigo romano durante el reinado del Papa Bonifacio II (530-532), o (Waits y Mommsen) temprano en el siglo VII. Además, durante todo el conflicto, que se centró alrededor de las costumbres peculiares de la Iglesia Británica antigua, nunca se hizo referencia al alegado rey Lucio. San Beda es el primer escritor inglés (673-735) que mencionó la historia repetidamente (Hist. Eccl., I, V; V, 24, De temporum ratione, ad an. 161), y la tomó, no de fuentes nativas, sino del “Liber Pontificalis”. Harnack sugiere una teoría más plausible (Sitzungsberichte der Berliner Akademie, 1904, I, 906-916). Él afirma que en el documento del cual el compilador del “Liber Pontificalis” obtuvo su información el nombre hallado no fue Britanio, sino Britio. Ahora ése es el nombre (Birtha- Britium) de la fortaleza de Edesa. El rey en cuestión es, por lo tanto, Lucius Ælius Septimus Megas Abgar IX, de Edesa, un rey cristiano, como se sabe muy bien. La declaración original del “Liber Pontificalis” en esta hipótesis no tenía nada que ver con Bretaña. La referencia era a Abgar IX de Edesa. Pero el compilador del “Liber Pontificalis” cambió Britio a Brittanio, y de este modo convirtió al rey sirio Lucio en un rey británico.

La “Historia Brittonum” del siglo IX ve en Lucio una traducción del nombre céltico Llever Maur (Gran Luz), dice que los enviados de Lucio eran Fagan y Wervan, y nos dice que junto con este rey fueron bautizados todos los demás reyes isleños (reguli Britanniæ) (Hist. Brittonum, XVIII). Hay crónicas del siglo XIII que añaden otros detalles. El “Liber Landavensis”, por ejemplo (ed. Rees, 26,65), da a conocer los nombres de Elfan y Medwy, los enviados de Lucio ante el Papa, y transfiere los dominios del rey a Gales. Un eco de esta leyenda penetró aun hasta Suiza. En una homilía predicada en Chur y conservada en un manuscrito del siglo VIII o IX, se representa a San Timoteo como un apóstol de Galia, de donde él vino a Bretaña y bautizó allí al llamado rey Lucio, quien se convirtió en misionero, fue a Galia, y finalmente se estableció en Chur, donde predicó el Evangelio con gran éxito. De este modo Lucio, el antiguo misionero del distrito suizo de Chur, se llegó a identificar con el alegado rey británico del “Liber Pontificalis”. Esta última obra es autoridad para la declaración de que Eleuterio murió el 24 de mayo, y fue enterrado en la Colina del Vaticano (in Vaticano) cerca del cuerpo de San Pedro. Su fiesta se celebra el 26 de mayo.

Fuente: Kirsch, Johann Peter. «Pope St. Eleutherius (Eleutheros).» The Catholic Encyclopedia. Vol. 5, págs. 378-379. New York: Robert Appleton Company, 1909. 1 sept. 2020 <http://www.newadvent.org/cathen/05378a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.

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Fuente: ECWiki