Cada 1 de marzo se celebra a San Albino, quien salvó a un grupo de adolescentes de una muerte segura

Cada 1 de marzo se celebra a San Albino, quien salvó a un grupo de adolescentes de una muerte segura

Hombre de oración

Albino nació en el año 496 en Vannes (Bretaña, Francia). Noble de cuna, renunció a su título y herencia para vivir enteramente para Dios como monje. Ingresó al monasterio de Tincillac, que se regía de acuerdo a la Regla de San Agustín. Allí, a los 35 años, se convirtió en abad (superior del monasterio), permaneciendo en el cargo hasta el año 529, cuando fue elegido obispo de Angers.

Hombre de acción

San Albino ocupó la sede de Angers entre los años 529 y 550.

Como un buen pastor, guió con celo a su grey, siempre a la guarda de las buenas costumbres y la virtud. Quizás esto le granjeó cierta fama de severo o rígido, pero de ninguna manera de obispo carente de humanidad; todo lo contrario.

San Albino se preocupó mucho por ser el primero en dar el ejemplo y exigir a las autoridades o a los poderosos que hicieran lo mismo. Desde su sede impulsó la caridad y la ayuda a los más necesitados. Por otro lado, trabajó por el restablecimiento de la disciplina eclesiástica y fue uno de los principales impulsores de la realización del III Concilio de Orleans.

En dicho Concilio, San Albino abogó, por ejemplo, por el restablecimiento de las condiciones canónicas relativas al matrimonio que prohibían a los contrayentes tener vínculos cercanos de parentesco; condición que se había relajado en favor de los intereses de la nobleza o por motivos relacionados a la institución de la herencia.

Hombre de Dios

La tradición lo señala como alguien que realizó muchos milagros en vida. Cuenta una famosa historia que, a través de su intercesión, un joven llamado Albaldo fue devuelto a la vida. Otra fuente refiere que, después de que el santo hubo intercedido sin éxito por la vida de un grupo de ladronzuelos condenados a muerte, una parte del muro de la prisión en la que estaban se derrumbó durante la noche y éstos pudieron escapar.

Aquellos jóvenes entendieron que Dios les había dado una nueva oportunidad y regresaron a ver al santo, prometiendo cambiar de vida. Se sabe que también curó a varias personas que padecían ceguera, especialmente niños.

La devoción a San Albino hoy está bastante extendida en países europeos como Italia, España, Alemania y Polonia. Muchos templos y parroquias están dedicadas a su memoria en Francia, su tierra natal.

 

 

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Fuente: ACI Prensa

Hoy 28 de febrero recordamos a la Beata Antonia de Florencia, quien después de enviudar se hizo religiosa

Hoy 28 de febrero recordamos a la Beata Antonia de Florencia, quien después de enviudar se hizo religiosa

Buenos Aires, 28 de febrero (PR/26) .- .Cada 28 de febrero recordamos a la Beata Antonia de Florencia, religiosa italiana del siglo XV, una mujer que enviudó dos veces y que Dios llamó a la vida religiosa en la etapa final de su vida. Él la convocaría a ser protagonista de una importante reforma al interior de su familia espiritual

Esposa y madre

Se sabe poco de la infancia de Antonia, salvo que nació en Florencia (Italia) en 1401. Por contraste, se conoce bastante sobre su vida adulta: según la costumbre, contrajo matrimonio a los 15 años y llegó a tener un hijo. Lamentablemente enviudó muy joven. La misma suerte corrió con su segundo esposo, quien también falleció. Esta segunda pérdida le produjo una fuerte crisis espiritual y existencial, probablemente más dura que la primera. Antonia entonces se aferra a Dios, quizás, como nunca antes lo había hecho.

Ese segundo golpe la llevó pronto a considerar, con seriedad, si el Señor tenía un plan especial para ella, lejos del matrimonio y de la vida mundana. Fue así que, cuando su hijo ya pudo ocuparse de sus propios asuntos, Antonia tomó la decisión de ser religiosa. Sin proponérselo ella se convertiría más adelante en una de las primeras mujeres en ser consagradas en el convento de las Hermanas Terciarias Regulares de San Francisco de Asís, en Florencia; pese a la férrea oposición de su familia, que pretendía casarla de nuevo.

Madre espiritual

En 1430, un año después de entrar al claustro, fue nombrada superiora del convento de Santa Ana en Foligno y, después de tres años allí, fue enviada al convento de Santa Isabel en Aquila. Allí tuvo como director espiritual a San Juan de Capistrano, quien, junto con San Bernardino de Siena, promovía por aquel tiempo la llamada “Observancia”; es decir, la reforma estricta de la Orden de San Francisco de Asís.

En ese monasterio la beata se retiró junto a once de sus religiosas en 1447, con el propósito de practicar la regla original de Santa Clara de Asís, en todo su rigor. San Juan de Capistrano le encomendó la dirección del monasterio y le pidió explícitamente que fuera modelo del nuevo espíritu “observante”.

Legado

Falleció a los 71 años, el 28 de febrero de 1472. La ciudad de Aquila la veneró como santa desde su muerte y su culto fue confirmado en 1847.

Si quieres saber más sobre la historia de los franciscanos y sus reformas a lo largo de la historia, puedes consultar la Enciclopedia Católica los siguientes artículos de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Orden_Franciscanahttps://ec.aciprensa.com/wiki/San_Juan_de_Capistrano.

 

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Fuente: aciprensa

Hoy se celebra a San Gabriel de la Dolorosa, patrono de la juventud

Hoy se celebra a San Gabriel de la Dolorosa, patrono de la juventud

Gabriel fue un joven ejemplar que supo renunciar a las vanidades del mundo y poner toda su confianza en la Virgen María, Madre de todos. Además, como lo atestiguan sus últimas palabras, expresadas con su último aliento, Gabriel fue fiel devoto de la Sagrada Familia. El joven santo se despidió de este mundo diciendo: “Jesús, José y María, expire en paz, con vosotros, el alma mía”.

Hijo de Asís, hijo de San Francisco

El nombre de pila de San Gabriel fue Francisco Possenti. Fueron sus padres quienes eligieron ponerle “Francesco” en honor a San Francisco de Asís, ya que su hijo había nacido en la misma ciudad que el célebre santo italiano. Al momento del alumbramiento, los Possenti se encontraban de paso por Asís debido a las actividades del padre de Francesco, solvente comerciante que fungía al mismo tiempo de embajador de los Estados Pontificios.

El pequeño ‘Francesco’ arribó a este mundo el 1 de marzo de 1838. Fue bautizado días después en la misma pila bautismal en la que fueron bautizados San Francisco y Santa Clara. El pequeño Possenti era el undécimo de trece hermanos. Penosamente, quedaría huérfano de madre a los cuatro años, por lo que su crianza quedó en manos de su padre y sus hermanos mayores.

Un chico como cualquier otro

A Francisco Possenti lo caracterizaba su buen talante y un corazón afectuoso. A medida que iba creciendo, crecía también su sensibilidad y la conciencia del sufrimiento de tanta gente a su alrededor. Si algo le apretaba el corazón era ver gente abatida por la pobreza o el abandono.

No obstante, como le sucede a muchos, Francisco se las arregló para enfriar la llama de la compasión que ardía en su interior. Durante la adolescencia se convirtió en un jovencito bastante frívolo y vanidoso, de esos que les encanta vestirse a la moda y gastar dinero en finos atuendos y cosas superfluas.

A la par, gustaba mucho del teatro -al que asistía con frecuencia-, las novelas románticas y el baile, quizás su pasión más grande. Claro, habría que tomar en cuenta que, en muchos sentidos, no había mucho de extraordinario en su forma de vivir. Francisco era, si se quiere, como cualquier otro joven acomodado.

Quién sabe si estas formas de trato con Dios y la Virgen eran las maneras como Francisco había aprendido a acallar las voces del compromiso, o de sentirse ‘un chico bueno’. Había sido, primero, alumno de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Los Hermanos de La Salle) y después pasó al colegio de los jesuitas, con quienes hizo el liceo clásico. Francisco fue un buen estudiante y destacó siempre por su liderazgo y personalidad.

La llamada

A los 17 años se le pasó por la cabeza, por primera vez, la idea de ser sacerdote, pero no lo consideró con seriedad hasta el día que enfermó gravemente. Creyendo que moriría, prometió al Señor hacerse religioso si se salvaba. Dios hizo su parte, y el chico se recuperó, pero olvidó su promesa casi de inmediato.

Al tiempo, Francisco cayó nuevamente enfermo aunque, en esta oportunidad, se encomendó al entonces beato jesuita Andrés Bobola. Al recobrar la salud, consideró nuevamente ser religioso, pero otra vez se dejó llevar por las distracciones de la vida mundana, postergando sus inquietudes espirituales.

Un día, practicando cacería, Francisco se tropieza y se dispara accidentalmente un tiro que le roza la frente. El suceso lo dejó perplejo. Entonces entra de nuevo en un periodo de reflexión y decide darle un giro definitivo a su vida. Está convencido de que lo que pasó fue un aviso del cielo y una oportunidad más -quizás la última- de vivir intensa y plenamente la vida, no a su manera, sino a la de Dios.

Al poco tiempo, el joven retomó su discernimiento formalmente y llega a pensar que Dios lo estaba llamando efectivamente al sacerdocio. Entonces le comunica a su padre cuáles eran sus intenciones: quiere ingresar a una orden religiosa y entregarse a Dios. Su padre muestra su desacuerdo y rechaza de plano tal posibilidad.

Cuando renunciar es ganar

El 22 de agosto de 1856, durante la procesión de la “Santa Icone” (imagen mariana venerada en Spoleto, donde residía la familia Possenti en ese momento), Francisco fija la mirada en los ojos de la Virgen, y escucha en su corazón que la Madre de Dios le dice: «Tú no estás llamado a seguir en el mundo. ¿Qué haces, pues, en él? Entra en la vida religiosa».

Francisco tomó muy en serio lo dicho por la Virgen. Entonces, decide alejarse de su novia, María, e ingresa al noviciado pasionista ¡Quién podría presagiar en ese momento que aquella jovencita estaría años después presente en la ceremonia de beatificación de quien había sido su novio!

Incorporado a la Orden, Francisco recibe el hábito y toma por nombre “Gabriel de la Virgen Dolorosa”. La vida nueva que Dios le estaba regalando en ese momento fue lo que lo impulsó a escribir alguna vez: «La alegría y el gozo que disfruto dentro de estas paredes son indecibles».

A San Gabriel se le ocurrió reservar un pedacito del jardín para sembrar y cuidar flores expresamente para el altar. Aquel sencillo acto de amor constante, curaba muchas heridas e iba fortaleciendo su buen corazón.

Un tuberculoso en brazos de María

Gabriel fue enviado al convento pasionista de Isola del Gran Sasso. Allí, a sus 23 años, empezó a padecer de malestares continuos: se sentía cansado, sin fuerzas y tuvo su primera hemoptisis (expectoración de sangre proveniente de las vías respiratorias), a causa de la tuberculosis que había contraído. Sus hermanos pasionistas le dieron los cuidados debidos, sin embargo, el santo empeoró, aunque no perdió ni la serenidad ni el temple.

El 27 de febrero de 1862 solicitó su última confesión. Recibida la absolución, con los ojos dirigidos al cielo dijo: “Pronto, Mamá mía. María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndeme del enemigo y acógeme en la hora de la muerte”. Aquel día Gabriel partió de este mundo al encuentro de Dios Padre. Tenía solo 23 años.

Si deseas conocer más sobre la vida de San Gabriel de la Dolorosa, te sugerimos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Gabriel_Possenti.

Cada 27 de febrero la Iglesia celebra a San Gabriel de la Dolorosa, joven pasionista italiano y patrono de la juventud, cuya vida pasó de la frivolidad mundana a una entrega total a Dios y a la Virgen María.

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Fuente: ACI Prensa


19 de febrero: Hoy se celebra a San Auxibio, Obispo

19 de febrero: Hoy se celebra a San Auxibio, Obispo

Auxibio, nacido en Roma y convertido al cristianismo en Chipre, impulsado por San Pablo inició una intensa misión evangelizadora en Soles y consolidó una comunidad floreciente tras 50 años de episcopado.

Buenos Aires, jueves 19 febrero (PR/26) — Auxibio nació en Roma, de padres idólatras y tenía carácter dulce y honesto. Para asegurarle un puesto en el desempeño de los cargos públicos, su padre quiso que contrajera un matrimonio ventajoso, pero el santo tenía otros propósitos y pensaba en hacerse cristiano, huyendo de la ciudad y embarcándose en secreto hacia la isla de Chipre.

En dicho lugar, Auxibio encontró a Juan Marcos, pariente de San Bernabé quien lo bautizó, confirmó y lo instruyó sobre como predicar para luego ordenarlo sacerdote y obispo. Juan Marco le confió también la misión de predicar en la ciudad de Soles, donde fue acogido favorablemente por un sacerdote de Júpiter, a quien lo edificó con su vida santa, hasta llegar a convertirlo.

El Apóstol Pablo supo por Juan Marcos los progresos que hacía la fe en Chipre y le confió a Heracles el poder de instituir más obispo y de construir una nueva Iglesia. Auxibio empezó a predicar la fe en pleno día y luego de la construcción y consagración del nuevo edificio, comenzó su obra de apostolado a la vista de todos.

La gracia de Dios lo sostuvo y los milagros corroboraron su predicación de modo que llegó a formar en Soles una comunidad cristiana floreciente. Después de un episcopado de 50 años, Auxibio sintió que se aproximaba su fin y reunió a su clero y los exhortó a permanecer firme en la fe.

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Santoral de hoy: San Eladio y todos los onomásticos que se celebran este miércoles 18 de febrero

Santoral de hoy: San Eladio y todos los onomásticos que se celebran este miércoles 18 de febrero

Consulta el listado para que no se te olvide ninguna felicitación en este día. Ni de rezarles.

Buenos Aires, miércoles 18 febrero (PR/26) — Hace décadas, incluso podría hablarse de siglos, los padres solían asignar el nombre de pila a sus hijos acorde a la festividad de los santos de ese día, incluso entre católicos y ortodoxos aún se conserva la costumbre de felicitar a las personas en el día de su santo. No en vano en las famosas “Mañanitas” hay una estrofa que dice: “Hoy por ser día de tu santo te las cantamos aquí…”.

 

San Eladio fue conocido porSan Eladio fue conocido por su generosidad excepcional hacia los pobres. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este es el santoral del miércoles 18 de febrero

Celebración del día: San Eladio

San Eladio, nacido en Toledo hacia 566, destacó como servidor público en la corte visigoda bajo el reinado de Sisebuto y posteriormente fue elegido arzobispo, cargo que aceptó a regañadientes en 615 tras el fallecimiento de Aurasio.

La fama de su entrega a la vida monástica creció cuando ingresó en el monasterio de Agali y fue nombrado abad en 605, después de dejar atrás su carrera en la administración real. Según el relato de San Ildefonso en Viris IllustribusEladio asistía con frecuencia al monasterio, ayudando a los hermanos legos con trabajos agrícolas y transportando sacos de semillas.

Durante su etapa en la corte, representó al rey en el Concilio de Toledo de 589 y firmó las actas del encuentro, consolidando su reputación como diplomático y erudito. Su generosidad hacia los pobres fue reconocida como extraordinaria.

El reconocimiento a su santidad se produjo poco después de su muerte en 633.

¿Qué otros santos se conmemoran el 18 de febrero?

Junto a este personaje hay otros santos y mártires a los que también se les celebra este miércoles 18 de febrero como los siguientes:

  • San Francisco Régis Clet (s. XIX)
  • Beato Juan de Fiésole Angélico (s. XV)
  • Beata Gertrudis (Catalina) Comensoli (s. XX)
  • Beato Juan Pibush (s. XVII)
  • San Teotonio (s. XII)
  • San Sadoth y compañeros (s. IV)
  • San Tarasio (s. IX)
  • Beato Guillermo Harrington (s. XVI)
  • Beato Jorge Kaszyra (s. XX)
  • San Juan Pedro Néel y compañeros (s. XIX)

Beatificación y canonización

 

Canonización del cura José GabrielCanonización del cura José Gabriel Brochero. (Reuters/Tony Gentile)

El santoral es el conjunto de personas (mujeres y hombres) que son veneradas por la Iglesia al ser proclamados como santos o beatos en una fecha determinada en el calendario.

En el trayecto hacia la canonización hay cuatro pasos: el primero es ser nombrado como siervo de Dios, el segundo es ser venerable; el tercer paso es ser beato y, finalmente, el cuarto paso es ser santo.

La beatificación sólo la pueden lograr los fieles que hayan fallecido con fama de ser santos en diversos sitios y este proceso se puede llevar a cabo de dos formas: a través de una causa de virtudes heroicas y la segunda es el martirio, es decir, si la persona murió a causa de su fe.

Por otro lado, el proceso para convertirse en santo implica sumar el nombre de la persona santificada en el canon (lista de santos reconocidos) y con ello se permite que la comunidad creyente le rinda culto público y universal, en tanto, se le asigna una fiesta litúrgica, se le dedican altares, capillas y se reconoce su poder para interceder ante Dios.

Aunque la Iglesia no ha dado una cifra exacta, se cree que actualmente habría hasta nueve mil santos reconocidos. De acuerdo con el Martirologio Romano, actualizado en el 2005, la Iglesia Católica cuenta con al menos siete mil santos, aunque no se cuenta a los mártires, por lo que muchos piensan que incluso la cifra podría llegar a las 20 mil personas.

En la historia reciente, el Papa Juan Pablo II logró canonizar a 388 santos, mientras que el papa Francisco ha batido todos los récords luego de que al día de hoy ha canonizado a 898 santos, 800 de ellos al mismo tiempo.

Imágenes durante la beatificación delImágenes durante la beatificación del papa Juan Pablo II. (REUTERS)

La Iglesia católica

El catolicismo es una de las religiones que más se practican en el mundo. Los datos más recientes del Vaticano -particularmente de su Anuario Estadístico Eclesial- señalan que hay más de mil 360 millones de católicos en el orbe.

El continente americano es donde más católicos prevalecen, con casi la mitad de los registrados por el Vaticano, siendo más de una cuarta parte ubicados en Sudamérica.

En los últimos años, el Vaticano ha dado cuenta que la presencia de católicos ha aumentado de forma importante en dos continentes: Asia -particularmente el Medio Oriente- y África.

En contraste, los religiosos en Europa han ido a la baja, mientras que en Oceanía se han mantenido estables.

 

 

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Fuente: Infobae

Hoy se celebra a los Siete Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de María

Hoy se celebra a los Siete Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de María

En el siglo XIII, un grupo de siete jóvenes originarios del reino de Florencia (hoy parte de Italia) decidieron renunciar a su vida como mercaderes y a sus riquezas para dedicarse a la penitencia y a la contemplación

. Los siete amigos, probablemente inspirados en las Órdenes mendicantes, iniciaron un camino de servicio a la Virgen María, a Cristo y a su Evangelio.

Para poder dar ese gran paso, los siete se encomendaron fervientemente a la Madre de Dios con el deseo de que sea Ella su protectora y guía. Con el tiempo, el grupo daría lugar a lo que se conoce como la ‘Orden de los Siervos de María’.

Hermanos de Cristo, hijos de una misma Madre

Todo empezó cuando el 15 de agosto de 1233 (fiesta de la Asunción de María) la Virgen se apareció a los siete. La Madre de Dios les pidió que renuncien al mundo y se consagren al servicio de Cristo y los más necesitados. En ese entonces, ya eran parte de una cofradía o asociación de fieles laicos llamada los ‘Laudesi’, o Laudenses, en la que habían aprendido la piedad filial. Ahora, la Madre de Dios en persona les pedía que asumieran un reto mayor.

Así, Buonfiglio dei Monaldi (Bonfiglio), Giovanni di Buonagiunta (Bonagiunta), Bartolomeo degli Amidei (Amadeo), Ricovero dei Lippi-Ugguccioni (Hugo), Benedetto dell’Antella (Maneto), Gherardino di Sostegno (Sosteño) y Alesio de Falconieri (Alejo) repartieron todo su dinero entre los pobres y se retiraron al Monte Senario, cerca de la ciudad de Florencia. Allí construyeron una Iglesia y una ermita, en la que vivieron austeramente por años.

Hijos de María, siervos de Dios

El Sumo Pontífice, tras haber tomado noticia del buen obrar de los jóvenes, los convocó y les solicitó que fueran ordenados sacerdotes. Todos, excepto San Alejo Falconieri, el menor del grupo, aceptaron el pedido papal. Falconieri, por humildad, prefirió permanecer en condición de “hermano”.

En 1239, ‘los siete’ fundaron la Orden de los Siervos de María, conocidos también como “servitas”, después de que la Virgen se les apareciese pidiéndoles que acojan las reglas de San Agustín para la vida en común. La Virgen les mostró también el hábito que habrían de usar, de color gris oscuro, recomendándoles que lo llevasen en memoria de la Pasión de su Hijo.

Para el año siguiente, 1240, los servitas ya se habían hecho conocidos en toda Florencia e iban extendiendo rápidamente su obra, llegando a fundar otros conventos e iglesias.

La característica de esta congregación es la devoción y dedicación a la Santísima Virgen, la vida en soledad y el retiro. Los servitas solían recibir a mucha gente angustiada o sufriente a quienes daban consejo y consuelo. Su fama de santidad se extendió en gran parte porque sus miembros habían dejado atrás prestigio y riqueza para secundar a María en su misión de hacer crecer a la Iglesia en oración y fortalecer su unidad.

Los Siervos de María fueron reconocidos por la Santa Sede recién en el año 1304, por obra del Papa Benedicto XI. Su memoria se conmemora el 17 de febrero, día en el que murió el último de sus miembros, San Alejo Falconieri, el año 1310. En 1888, el Papa León XIII canonizó juntos a los siete padres fundadores.

Si quieres saber más sobre San Alejo Falconieri, lee este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Alexis_Falconieri.

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Fuente: ACI Prensa