Hoy 24 de agosto celebramos la fiesta de San Bartolomé, apóstol de Cristo

Hoy 24 de agosto celebramos la fiesta de San Bartolomé, apóstol de Cristo

Buenos Aires, lunes 24 de agosto (PR/26) .- Cada 24 de agosto la Iglesia Católica celebra a San Bartolomé, uno de los doce apóstoles de Jesucristo.

Después de la ascensión del Señor a los cielos y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, Bartolomé se enrumbó, como la mayoría de apóstoles, hacia tierras lejanas. Igual que ellos, llevaba en el corazón el ferviente deseo de anunciar a Cristo a las naciones.

Sobre Bartolomé dice el Martirologio romano: “Nacido en Caná de Galilea, fue presentado por Felipe a Cristo Jesús en las cercanías del Jordán, donde el Señor le invitó a seguirle y lo agregó a los Doce… es tradición que predicó el Evangelio en la India y que allí fue coronado con el martirio (s. I)”.

De acuerdo a una antiquísima tradición, Bartolomé efectivamente se enrumbó hacia la India, estuvo en Medio Oriente y también en Armenia, y hay fuentes que señalan que su martirio tuvo lugar allí. Lamentablemente no hay seguridad absoluta sobre el final de sus días.

Patronazgo

San Bartolomé tiene múltiples patronazgos, todos relacionados a la manera como murió de acuerdo a la tradición: se le arrancó la piel para torturarlo y luego fue decapitado. Por eso es el patrono de los carniceros, fabricantes de libros, guantes, pieles, zapateros y sastres.

Asimismo, y más recientemente, hay quienes piden su intercesión en las situaciones límite o para controlar los desórdenes nerviosos y ataques de pánico, en virtud al temple extraordinario que el apóstol mostró al morir.

¿Bartolomé o Natanael?

En la Escritura, San Bartolomé aparece en los tres Evangelios sinópticos (Mt 10, 3; Mc 3, 18; Lc 6, 14), siempre en compañía de Felipe. También es mencionado en los Hechos de los Apóstoles (1, 13): Bartolomé es uno de los que estuvieron reunidos en torno a la Madre de Dios el día de Pentecostés.

De acuerdo a la gran mayoría de estudiosos de la Tradición y la Escritura, Bartolomé aparece también en el Evangelio de Juan, pero no con el nombre que se usa en los sinópticos, sino con el de ‘Natanael’ (que significa «regalo de Dios»). Es altamente probable que esta interpretación sea la correcta dado que “Natanael” es quien está al lado de Felipe en las mismas ocasiones del “Bartolomé” de los sinópticos.

Un “israelita de verdad” predicando en Asia

Bartolomé nació en Caná de Galilea y fue convocado por Jesús a ser apóstol a través de Felipe (cfr. Jn 1, 45-51). Fue uno de los discípulos a quienes Jesús se apareció de noche junto al mar de Galilea, después de su resurrección (Jn 21, 2).

De acuerdo a Eusebio de Cesarea, a quien se considera el padre de la historia de la Iglesia, Bartolomé marchó a predicar hacia la India, donde dejó una copia del Evangelio de Mateo escrita en arameo.

Por otro lado, el pueblo armenio considera a San Bartolomé como el santo patrono de la Iglesia Apostólica Armenia, junto a San Judas Tadeo. Ambos apóstoles llegaron a la zona del Cáucaso en la que se ubica Armenia para anunciar por primera vez el Evangelio. Por esta razón se les llama también “cofundadores”.

Muerte: desollado en Armenia

Se cree que Bartolomé murió martirizado en Abanópolis (Armenia), ciudad ubicada en la costa occidental del Mar Caspio, después de haber predicado en lugares como Mesopotamia, Persia y Egipto. Habría sido en Abanópolis donde el rey Astyages de Derbent lo condenó a ser torturado y a morir. El castigo consistía en arrancarle la piel en vida y luego decapitarlo si sobrevivía a la tortura.

Bartolomé ha sido muchas veces representado en el arte desollado y sosteniendo su piel con sus propias manos -dando la apariencia de llevar algún ropaje en las manos-; sin embargo, es más común verlo en la iconografía de pie, con barba, con un libro y un cuchillo en las manos.

Sus reliquias están conservadas en la iglesia de San Bartolomé, en la Isla Tiberina, en Roma.

“¿De qué me conoces?”

Hace ya varios años, el Papa Benedicto XVI se refirió a la personalidad y vocación de este apóstol: «El evangelista nos dice que, cuando Jesús ve que Natanael se acerca, exclama: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño” (Jn 1,47). Se trata de un elogio que recuerda al texto de un Salmo: “Dichoso el hombre […] en cuyo espíritu no hay fraude” (Sal 32, 2), pero que suscita la curiosidad de Natanael, quien replica sorprendido: “¿De qué me conoces?” (Jn 1, 48a). La respuesta de Jesús no se entiende en un primer momento. Le dice: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi” (Juan 1, 48b)».

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Si deseas saber más sobre San Bartolomé, te sugerimos el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Bartolomé.

Más información:

 

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Fuente: Aciprensa
Hoy se celebra a San Felipe Benizi, quien luchó por la santidad de su Orden religiosa

Hoy se celebra a San Felipe Benizi, quien luchó por la santidad de su Orden religiosa

Cada 23 de agosto la Iglesia celebra a San Felipe Benizi, el santo del siglo XIII que lideró la expansión de la Orden de los Siervos de María y rechazó el papado por humildad.

 

 

 

 

Buenos Aires, domingo 23 agosto (PR/26) — Cada 23 de agosto la Iglesia celebra a San Felipe Benizi (Filippo Benizzi), santo del siglo XIII, superior general de la Orden de los Siervos de María (Ordo Servorum Mariae), cuyos miembros son conocidos como “servitas”.

San Felipe Benizi de Damiani fue el responsable de la expansión y fortalecimiento de la Orden, fundada en Florencia en 1233 por los “siete santos fundadores”. Los servitas son una de las cinco órdenes mendicantes originales de la Iglesia Católica.

Filippo Benizzi nació en el seno de una familia noble del reino de Florencia (Italia) el 15 de agosto de 1233.

En busca de su “lugar”

 

Siendo muy joven -se dice que con tan sólo 13 años- se mudó a París a estudiar Medicina. De París pasó a Padua, donde a los 19 años obtuvo el grado de Doctor en Medicina y Filosofía. A los 20 años regresó a su ciudad natal y ejerció allí su profesión por un año.

Durante ese tiempo, se dedicó a estudiar las Sagradas Escrituras y a rezar con asiduidad.  Solía hacerlo frente a un crucifijo del templo abacial de Fiésole. De cara a Cristo crucificado, Felipe le pedía al Señor la luz necesaria para descubrir su vocación.

Sus oraciones dieron fruto, y estando un día rezando en el templo de Fiésole, escuchó una voz que venía del crucifijo y que lo invitaba a ponerse bajo la protección de la Santísima Virgen en la Orden de los Servitas.

Siervo de María

Felipe pidió ser admitido en Monte Senario -monasterio servita- y recibió de manos de San Bonfilio el hábito de hermano lego. Los superiores le ordenaron trabajar en el huerto, pedir limosna y realizar algunas tareas duras y difíciles del campo. El santo se entregó por completo a dichas labores, orando incesantemente mientras las realizaba.

En 1258 fue enviado junto a otros servitas al convento de Siena. El largo viaje se convirtió en ocasión propicia para algunas discusiones en torno a la fe. Curiosamente, aun entre hombres de Dios, no siempre hay claridad y certidumbre en torno a las profundidades de la teología.

Fraile y presbítero

 

Ese fue el inicio del itinerario que lo llevaría a entregarse a Dios en 1262 de manera definitiva. Poco después, Felipe sería nombrado maestro de novicios del convento de Siena y Vicario asistente del prior general.

En 1267, por voto unánime, Felipe fue elegido prior general de los servitas. Como primera labor, visitó los conventos de la Orden ubicados en el norte de Italia, invitando a todos a convertirse y someterse a la protección de la Madre de Dios. Tiempo después, San Felipe iniciaría otra ronda de visitas a los conventos de Alemania y Francia.

 

Negativa al papado y suspensión de su Orden

 

En 1269, durante el cónclave de Viterbo, reunido para elegir al sucesor del Papa Clemente IV, el nombre de Benizi circuló con fuerza como probable Papa. Felipe, quien sabía de sus fragilidades, no se consideraba digno de semejante cargo, por lo que huyó de la ciudad y se refugió en una cueva (la famosa Grotta di San Filippo Benizi) en el Monte Amiata.

En 1274 intervino en el segundo Concilio de Lyón que, siguiendo las directrices del IV Concilio de Letrán, prohibía la fundación de nuevas órdenes religiosas y suprimía las órdenes mendicantes que aún no habían sido aprobadas por la Santa Sede.

En 1276 el Papa Inocencio V declaró suprimida su Orden. Felipe se dirigió entonces a Roma, pero antes de su llegada, el Papa Inocencio murió. El restablecimiento de la Orden recién llegaría con el Papa Juan XXI. A partir de entonces empezaría un renacer de los servitas.

 

El renacer de los servitas

 

En 1284, San Alejo puso bajo la dirección de San Felipe a su sobrina Santa Juliana, la cual fundó la Tercera Orden de las Siervas de María. El santo florentino se encargó también de enviar a los primeros misioneros servitas al Oriente. Algunos de ellos llegaron incluso a derramar su sangre en tierras lejanas por fidelidad a Cristo.

En 1285, San Felipe decidió retirarse de la vida pública, después de años de entrega generosa como apóstol de Cristo y servidor de la Iglesia. Sus últimos días los pasó en el convento de Todi, rezando postrado frente a la imagen de la Virgen Inmaculada.

Dios lo llamó a su presencia el 22 de agosto de 1285; fue canonizado en 1761 y su fiesta fue extendida a toda la Iglesia occidental en 1694.

Santa Rosa de Lima

 

Primera santa de América, patrona de Perú, de América y de las Filipinas. Su fiesta universal en el calendario litúrgico renovado se fijó el 23 de agosto, aunque en países como Perú y Argentinase conmemora tradicionalmente el 30 de agosto.

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Fuente: ACI Prensa
Hoy se celebran los santos mártires Timoteo, Sinforiano y Felipe Benizi, sacerdote

Hoy se celebran los santos mártires Timoteo, Sinforiano y Felipe Benizi, sacerdote

 

El santoral de hoy recuerda a san Timoteo, mártir romano en la vía Ostiense; a san Sinforiano, mártir de Autún; y a san Felipe Benizi, sacerdote y gran propagador de la orden de los Siervos de María.

 

 

 

Buenos Aires, sábado 22 agosto (PR/26) — El Santo del día es una reseña diaria de los santos guardados en la memoria de la Iglesia. Historias de maestros de vida cristiana de todas las épocas que como faros luminosos orientan nuestro camino.

 

s. Timoteo, mártir romano en la via Ostiense

Confundido con el homónimo y más conocido discípulo de S. Pablo, de Timoteo mártir en Roma en la vía Ostiense se tienen pocas pruebas históricas. Un relato tomado de los “Hechos de Silvestre Papa” lo describe como ferviente anunciador del Evangelio, a quien el prefecto Tarquinio mandó a matar.

s. Sinforiano, mártir de Autun

Hijo del noble Fausto, Sinforiano fue educado en la fe cristiana. Vivió en la ciudad de Autún, bajo la dominación de la Roma pagana. En una fiesta de Cibeles, en vez de rendir honor a la diosa de la Madre Tierra, prefirió confesar su fe en Cristo y por eso fue encarcelado. Murió como mártir en 257.

s. Felipe Benizi, sacerdote, de los Siervos de María

Felipe entró con las Siervos de María como laico y durante 5 años hizo los servicios mas humildes. Luego fue consagrado sacerdote y maestro de novicios. En 1267 fue Prior General y gran propagador de la Orden. Escribió su Constitución. Murió en Todi en 1285 y fue canonizado en 1671 por Clemente X.

 

Fuente: Vatican News

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Hoy se celebra al Papa San Pío X, quien nos llama a instaurarlo todo en Cristo

Hoy se celebra al Papa San Pío X, quien nos llama a instaurarlo todo en Cristo

Cada 21 de agosto se recuerda al Papa San Pío X, un pontífice guiado por el lema «Instaurar todo en Cristo», recordado por su impulso a la Eucaristía, la catequesis y la defensa de la doctrina.

Papa San Pío X, 21 de agosto / ACI Prensa

Buenos Aires, viernes 21 agosto (PR/26) — Cada 21 de agosto la Iglesia Católica celebra al Papa San Pio X, pontífice entre los años 1903 y 1914, en los albores del siglo XX. Gobernó en tiempos de profundos cambios que sirvieron, tristemente, de antesala de auténticos fracasos para la humanidad, como es el caso de la Revolución Rusa y la Primera Guerra Mundial.

Precisamente, en este duro contexto Pio X supo enrumbar a la Iglesia dentro de los cauces de la fidelidad al Evangelio, de manera que esta pudiese afrontar con esperanza los grandes retos de los nuevos tiempos.

“Instaurar todo en Cristo”

Pio X asumió la sede de San Pedro tras la muerte del Papa León XIII en 1903. Inmediatamente se abocó a promover un compromiso mayor de los fieles con la Eucaristía. Animó a que estos se acerquen asiduamente a ella, si es posible que cultiven la costumbre de la misa diaria.

Por ahí empezó su “reforma”, muy acorde con el lema que escogió para su pontificado: “Instaurar todo en Cristo”; es decir, para transformar el mundo -cada vez más alejado de Dios- hay que construir sobre el más seguro de los cimientos: Cristo. Sin Él toda empresa humana está condenada a fracasar.

Un hijo de su tiempo

Giuseppe Melchor Sarto nació el 2 de junio de 1835, en Riese, Italia; hijo de un cartero e integrante de una familia humilde. Fue un niño que creció bajo las condiciones de la clase trabajadora italiana de fines del s. XIX. A pesar de las dificultades siempre fue un chico alegre, sensible e inteligente.

Mientras crecía, su inquieto espíritu lo fue moviendo a profundizar en su fe y vocación. Lo que más deseaba era amar a Dios y a los hermanos, así que llegó el momento más serio: se planteó ser sacerdote.

Años más tarde, a los 23, recibiría el orden sacerdotal en la provincia de Treviso, Venecia (Italia).

 

Vertiginosa carrera eclesiástica

En 1867 fue nombrado arcipreste de Salzano, un importante municipio de la diócesis de Treviso, donde restauró la iglesia y ayudó a la ampliación y mantenimiento del hospital. A la par, trabajó para que los estudiantes de las escuelas públicas pudieran recibir instrucción religiosa.

En noviembre de 1884 fue nombrado obispo de Mantua, una sede muy difícil. Al asumir el cargo, su principal preocupación era la formación del clero, por lo que empezó a trabajar en el seminario, encargándose personalmente de enseñar teología dogmática.

Más adelante, para su sorpresa, el Papa León XIII lo creó cardenal en consistorio secreto de junio de 1893, otorgándole el título de “San Bernardo de las Termas”. Tres días después, en consistorio público, fue preconizado “Patriarca de Venecia”, conservando el título de Administrador Apostólico de Mantua.

Sin embargo, el ahora Cardenal Sarto tuvo que esperar 18 meses para poder tomar posesión de su diócesis, ya que el gobierno italiano se negaba a concederle reconocimiento oficial. Una vez que pudo ser erigido como Patriarca de Venecia, concentró su atención nuevamente en el seminario, donde organizó la facultad de derecho canónico.

 

Espíritu renovador

Años después, ya como pontífice, hizo importantes reformas a tono con los tiempos y las necesidades de los fieles. Una de ellas fue publicada mediante decreto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, “Quam Singulari” (Cuán singular). El Papa recomendaba allí que la Primera Comunión sea administrada a los niños pequeños apenas tuviesen uso de razón.

Por el quincuagésimo aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, Pio X publicó la encíclica “Ad diem Illum laetissimum” (Hasta aquel alegre día) en el marco del congreso mariano en el que coronó la imagen de la Inmaculada Concepción que está ubicada en la Basílica de San Pedro. A través de esta encíclica, el Papa le dio un nuevo impulso a la devoción a María Madre de Dios.

En relación a la enseñanza de la doctrina cristiana publicó la encíclica “Acerbo nimis” (Demasiado amargo), en la que planteaba que la catequesis fuera dirigida también a los adultos. Además promovió la publicación de un nuevo catecismo para la diócesis de Roma.

Igual que cuando fue obispo, siempre preocupado de la formación de los sacerdotes, como Papa intervino a través del magisterio: publicó la encíclica «Pieni l’animo» (Lleno el ánimo), dirigida al Episcopado italiano (1906), en donde hacía énfasis en la necesidad de tener mayor cuidado en la ordenación de sacerdotes, llamando la atención de los obispos sobre el hecho de que, entre los clérigos más jóvenes, se manifestaba cada vez con mayor frecuencia un espíritu de independencia poco compatible con la disciplina eclesiástica.

Por otra parte, ordenó que los seminarios italianos fueran visitados frecuentemente por los obispos.

Cristianismo y modernidad

Otra de sus grandes preocupaciones fue preservar la pureza de la fe, por eso, en 1907, publicó el decreto “Lamentabili” (llamado también el “Syllabus de Pío X”), en el que 65 proposiciones modernistas fueron condenadas. La mayor parte de ellas se referían a las Sagradas Escrituras y su inspiración, la doctrina de Jesús y los apóstoles; mientras que otras se relacionaban con el dogma, los sacramentos y la primacía del Obispo de Roma.

Poco después, el 8 de Septiembre de 1907, publicó la encíclica “Pascendi Dominici gregis” (Apacentar la grey del Señor), en donde exponía y condenaba el sistema del modernismo, destacando sus peligros en relación con la filosofía, apologética, exégesis, historia, liturgia y disciplina, y muestra la contradicción entre esa corriente de pensamiento y la fe.

El Papa teólogo

Durante toda su vida, San Pio X había sido un gran enamorado de la música sacra, por lo que siendo pontífice publicó un motu proprio para el empleo de la música sacra en las iglesias. Ordenó que el canto gregoriano se utilizara en todas partes y dispuso que los libros de cantos se imprimieran con el mismo tipo de fuente que se usa en el Vaticano, bajo la supervisión de una comisión especial.

Como el estudio de la Biblia es importantísimo para la teología, el Papa Pío X deseaba fundar en Roma un centro especial para dichos estudios, que diera garantía de ortodoxia y valor científico. Finalmente, con el apoyo de los jesuitas, fundó el Pontificio Instituto Bíblico de Roma.

Bajo su pontificado se actualizó y completó el Código de Derecho Canónico en el que colaboraron autoridades en la materia de todo el mundo. La característica del nuevo reglamento es la completa separación de los aspectos judiciales de los administrativos; mientras que las funciones de algunos departamentos fueron determinadas con mayor precisión y sus trabajos más equilibrados.

Hizo una serie de importantes cambios en la curia vaticana y publicó un motu proprio con 19 proposiciones -especialmente para la Iglesia en Italia- con las que buscó confrontar ciertas tendencias inclinadas hacia el socialismo, que promovían un espíritu de insubordinación a la autoridad eclesiástica.

Marcando la pauta a los futuros pontífices

En virtud de todos estos elementos, queda claro que Pío X fue un gran protector de la doctrina y disciplina católicas. La brillantez de su trabajo doctrinal fue reconocida incluso fuera de la Iglesia. A la vez, a San Pío X se le reconoce por su espíritu apostólico, la fortaleza de su carácter, la precisión de sus decisiones y el celo por la recta formación de los católicos.

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Si quieres saber más sobre este gran santo, te recomendamos leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Papa_San_Pío_X.

 

 

 

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Fuente: ACI Prensa
Hoy celebramos a San Bernardo de Claraval, el santo que convirtió a toda su familia, se hicieron religiosos, y también renovó la actividad monástica

Hoy celebramos a San Bernardo de Claraval, el santo que convirtió a toda su familia, se hicieron religiosos, y también renovó la actividad monástica

Cada 20 de agosto la Iglesia Católica celebra a San Bernardo de Claraval, monje francés que vivió entre los siglos XI y XII. Fue una de las figuras más relevantes de su tiempo

 

 

 

La tradición lo ha llamado ‘cazador de almas y vocaciones’ y ‘oráculo de la cristiandad’; y las razones para esto son múltiples, aunque generalmente concurren en torno a su fortaleza de carácter y su aguda inteligencia.

Una personalidad arrasadora

Bernardo fue el primer y más famoso abad del monasterio de Claraval, célebre abadía cisterciense por su influencia cultural y sus abundantes frutos de santidad. En ese sentido, Bernardo es reconocido como uno de los grandes impulsores del renacimiento de la vida monástica a inicios del segundo milenio.

Poseedor de un gran celo por la verdad y de una notable capacidad de persuasión, Bernardo fue también un hombre de voluntad férrea. Y es en este punto donde no se debe prescindir, si queremos conocer al santo, de la capacidad de su fe para encender su corazón apasionado: Bernardo fue fundamentalmente alguien que supo poner sus dones y habilidades al servicio del Evangelio. Fue un hombre de servicio y de entrega a los demás. Libró numerosas batallas intelectuales y convirtió a muchos a Cristo, incluyendo a varios miembros de su propia familia.

Fue consejero de reyes y papas, escribió varios libros y es el autor de una de las oraciones a la Virgen María más hermosas que existen.

Bernardo de Fontaine -por su nombre de pila- nació en 1090 en el castillo de Fontaine-les-Dijon, ubicado en la región de Borgoña (Francia). Su familia pertenecía a la nobleza gala. Su padre, Tescelino, fue uno de los caballeros del duque de Borgoña; y su madre, Alice, era hija de un poderoso señor feudal llamado Bernardo de Montbard. Bernardo fue el tercero de siete hermanos.

Desde niño tuvo una relación muy estrecha con su madre. Ella decía que, estando embarazada, había tenido una visión sobre la vida de su hijo como un santo. Bernardo era un niño sensible y habitualmente reservado. Recibió una esmerada educación, al igual que sus hermanos.

Cuando murió su madre, el pequeño Bernardo dirigió la mirada hacia la Virgen María, fuente de sus consuelos y por quien profesó una fuerte devoción toda su vida. Expresión de ese cariño especial a la Madre de Dios es el “Acordaos”, una de sus oraciones marianas más hermosas jamás escritas.

La “huída” del mundo

Durante su juventud forjó un temperamento vigoroso, pero también se dejó seducir por las cosas del mundo, entre amistades superficiales y la vanagloria. En el fondo, Bernardo se sentía vacío y hastiado.

La noche de Navidad del año 1111, Bernardo se quedó dormido. En sueños se le apareció la Virgen llevando al Niño Jesús en brazos y mirándolo se lo ofreció para que lo amara e hiciera que otros lo amen también. Después de aquel sueño decidió consagrarse a Dios y alcanzar la santidad.

“Cazador de vocaciones”

En 1112 Bernardo ingresó al monasterio cisterciense de Citeaux, fundado por tres grandes santos: San Roberto, San Alberico y San Esteban Harding. En aquel momento, el monasterio se había convertido en centro de un movimiento de renovación eclesial impulsada por la idea de ‘una vuelta a los orígenes’: allí se practicaba con rigor la regla de San Benito (regla instituida por San Benito de Nursia en el siglo VI). San Esteban Harding, que era el prior de Citeaux, aceptó con inusitada alegría a Bernardo y a todos quienes se presentaron con él a la puerta de la abadía: no habían recibido vocaciones por quince años.

El empeño que puso Bernardo para alcanzar la santidad a través del espíritu originario de la vida monacal hizo que sus superiores confiaran en él para liderar un proyecto ambicioso.  Con solo 25 años fue enviado a fundar, con otros doce monjes, un nuevo monasterio en Champagne, al que llamó “Clairvaux” -es decir, Claraval, que en francés significa “valle claro”-. El primer abad sería él.

Bernardo llevaba una vida rigurosa y exigente. Su oración constante y su preocupación por ser fiel a Cristo en todo atrajo a muchos a la vida monástica. Se ganó el apelativo de “el cazador de almas y vocaciones”. Se dice que las jovencitas temían que el santo hablara con sus novios porque terminaban pidiendo ser admitidos en la abadía.

Bernardo visitó y predicó en escuelas, universidades, pueblos y campos para hablar sobre las bondades de la vida religiosa.

Fundó cerca de 300 monasterios y consiguió que 900 hombres profesaran sus votos. Uno de sus discípulos, Bernardo de Pisa, llegó a ser papa, con el nombre de Eugenio III.

La familia que alcanzó a Cristo

Bernardo no solo fue parte de una familia noble. Bernardo perteneció a una familia santa.

Su madre, la Beata Alice de Montbard, fue una mujer caritativa y entregada a la voluntad de Dios. Formó en la fe cristiana a sus siete hijos y murió rezando el santo rosario. Su padre, el venerable Tescelino, le perdonó la vida a un caballero que lo retó a duelo. El buen hombre quiso así inculcar a sus dos hijos mayores -el Beato Gerardo y el Beato Guy- la importancia de la misericordia.

Sin embargo, todo proceso rumbo a la santidad tiene altos costos: cuando San Bernardo manifestó a su familia el deseo de hacerse monje, encontró una fuerte oposición. A pesar de esto, el santo consiguió que las cosas cambiaran. No sólo venció aquella oposición inicial, sino que terminó llevando consigo a sus cuatro hermanos mayores: Gerardo, Guy, Andrés y Bartolomé -todos ellos futuros beatos-; así como a uno de sus tíos y a 31 compañeros.

Cuando Bernardo y sus hermanos -cuenta la tradición- dejaron la casa familiar, Nivardo, el hermano menor -otro que sería beatificado-, les dijo: “¡Ajá! ¿Conque ustedes se van a ganarse el cielo y a mí me dejan aquí en la tierra? Esto no lo puedo aceptar”. Años más tarde, Nivardo seguiría los pasos de sus hermanos mayores.

Y ahí no terminaría la historia: el padre de Bernardo, Tescelino, ingresaría también, tiempo después, al monasterio de Citeaux.

El bien es difusivo

La esposa del Beato Guy, Isabel, también se hizo monja junto con sus dos hijas. La hermana del santo, la Beata Humbelina, llegó a un mutuo acuerdo con su esposo, Guy de Marcy, de que ambos se consagrarían a Dios. Humbelina fue fundadora de varios conventos. Su lema fue “amar es servir”.

Bernardo había sido quien desató el amor por Cristo en la familia, y la familia respondió con creces al llamado de Dios.

Siempre abad, siempre padre

San Bernardo se hizo consejero de príncipes y obispos, quienes le pedían luces sobre los asuntos más importantes gracias a su rectitud de pensamiento y sabiduría. Por eso, lo terminaron llamando «el oráculo de la cristiandad».

Bernardo murió el 21 de agosto de 1153, a los 73 años, tras haber sido abad durante casi cuatro décadas. Fue canonizado el 18 de enero de 1174 por el Papa Alejandro III y proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Pio VIII en 1830.

Entre las reflexiones sobre los Doctores de la Iglesia que realizó el Papa Benedicto XVI durante su pontificado destaca la dedicada a San Bernardo. En esta, el Papa resaltaba  hermosamente, de la mano del santo, el papel de la Virgen María en la obra de la salvación:

“Quiero concluir estas reflexiones sobre san Bernardo con las invocaciones a María que leemos en una bella homilía suya: «En los peligros, en las angustias, en las incertidumbres -dice- piensa en María, invoca a María. Que Ella no se aparte nunca de tus labios, que no se aparte nunca de tu corazón; y para que obtengas la ayuda de su oración, no olvides nunca el ejemplo de su vida. Si la sigues, no puedes desviarte; si la invocas, no puedes desesperar; si piensas en ella, no puedes equivocarte. Si ella te sostiene, no caes; si ella te protege, no tienes que temer; si ella te guía, no te cansas; si ella te es propicia, llegarás a la meta…» (Hom. ii super «Missus est», 17: PL 183, 70-71).

Patronazgos

San Bernardo es el patrono de los cistercienses. También lo es de diversos lugares como la región de Borgoña (Francia), Gibraltar, Algeciras. Es patrono del Queens’ College de la Universidad de Cambridge, de la Catedral de Speyer (Espira, Alemania) y de los apicultores y fabricantes de velas. En América Latina es patrono de la región del Salta (Argentina).

Si deseas saber más sobre este gran santo te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Bernardo_de_Claraval.

Más información:

 

 

 

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Fuente:Aciprensa
Cada 19 de agosto se celebra a San Juan Eudes, maestro de la vida espiritual y defensor de la mujer

Cada 19 de agosto se celebra a San Juan Eudes, maestro de la vida espiritual y defensor de la mujer

Es considerado uno de los grandes maestros de la llamada escuela francesa de espiritualidad que se desarrolló durante el siglo XVII. El Papa León XIII lo consideraba el «autor del culto litúrgico del Sagrado Corazón de Jesús y del Santo Corazón de María».

“La caridad exige que emplee sus grandes dones” (Card. Berulle)

Juan Eudes nació el 14 de noviembre de 1601, en Ri, Normandía (Francia), en el seno de una familia de granjeros. Se educó con los jesuitas en la ciudad portuaria de Caen y a los 21 años se unió al Oratorio de Jesús (Oratorio francés). En su búsqueda personal influyeron dos grandes maestros espirituales: en primer lugar, Pierre de Bérulle, fundador del Oratorio; y, en segundo, el asceta contemplativo Charles de Condren.

Fue ordenado sacerdote el 20 de diciembre de 1625. Poco después contrajo una enfermedad que lo mantuvo en cama por meses, hasta 1626.

En el transcurso de 1625 se había desatado en Normandía una terrible epidemia de peste y Juan, al año siguiente, ya recuperado, se ofreció para asistir a sus compatriotas. El Cardenal de Bérulle le envió al obispo de Séez con una carta de presentación, en la que decía: «La caridad exige que (Jean) emplee sus grandes dones al servicio de la provincia en la que recibió la vida, la gracia y las órdenes sagradas, y que su diócesis sea la primera en gozar de los frutos que se pueden esperar de su habilidad, bondad, prudencia, energía y vida».

Durante los siguientes diez años, Juan se dedicó a la prédica y a las misiones parroquiales, las que empezaban a organizarse en la forma como las conocemos hoy.

San Juan Eudes se distinguió entre los misioneros. En cuanto acababa de predicar, se sentaba a confesar, ya que, según él, «el predicador agita las ramas, pero el confesor es el que caza los pájaros».

Defensor de la dignidad de la mujer

Juan también fue un auténtico defensor de las mujeres. Dedicó muchos de sus esfuerzos pastorales a acoger a aquellas que habían caído en las garras de la prostitución y que deseaban cambiar de vida, o que simplemente se encontraban en situación de vulnerabilidad extrema.

Durante algún tiempo, el P. Eudes hacía que fueran alojadas en las casas de las familias piadosas, hasta que en 1671 abrió la primera casa albergue. Más adelante, el Eudes recurrió a la ayuda de religiosas (las visitandinas) para fortalecer la atención y recuperación de las mujeres en abandono.

Preocupación por el clero

Después de mucho orar, reflexionar y consultar, San Juan Eudes abandonó la Congregación del Oratorio en 1643. La experiencia le enseñó que el clero necesitaba reformarse antes que los fieles y que la congregación sólo podría conseguir su fin mediante la fundación de seminarios. Entonces el Juan decidió formar una asociación de sacerdotes diocesanos, cuyo fin principal sería la creación de seminarios para formar un clero parroquial mucho más cuidadoso.

La nueva asociación fue fundada el día de la Anunciación de 1643, en Caen, con el nombre de Congregación de Jesús y María. Sus miembros, como los del oratorio, eran sacerdotes diocesanos que no estaban obligados por ningún voto. El distintivo de la congregación era el Corazón de Jesús, en el que estaba incluido místicamente el de María.

En 1650, mientras se hallaba en misión, el P. Eudes recibió la noticia de que el obispo de Bayeux acababa de aprobar la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio, formada por las religiosas que atendían a las mujeres arrepentidas de Caen. En 1653, San Juan fundó en Lisieux un seminario, al que siguió otro en Rouen en 1659.

Entonces el santo se dirige a Roma a tratar de conseguir la aprobación pontificia para su congregación, pero fracasó. Un año después, una bula de Alejandro VII aprueba la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio.

Maestro de espiritualidad

Al año siguiente, San Juan Eudes publicó un libro titulado «La Devoción al Adorable Corazón de Jesús». La obra incluía el propio de una misa y un oficio dedicados al Sagrado Corazón de Jesús.

Ya antes, el santo había instituido para su congregación la fiesta del Santísimo Corazón de María, celebrada por primera vez el 31 de agosto de 1670 en la capilla del seminario de Rennes. Pronto la observancia de esta fiesta se extendió a las diócesis cercanas. Aunque San Juan Eudes no fue el primero en propagar la devoción al Sagrado Corazón, fue él «quien introdujo el culto (litúrgico) del Sagrado Corazón de Jesús y del Santo Corazón de María» (Papa León XIII, 1903).

Durante los últimos años de su vida, el P. Eudes escribió su tratado sobre la Virgen: «El Admirable Corazón de la Santísima Madre de Dios», obra que concluyó solo un mes antes de morir.

«Muy gustosamente gastaré y me desgastaré” (2 Cor 12, 15)

Su última misión fue la que predicó en Sain-Lo, en 1675, en plena plaza pública, con un frío glacial. La misión duró nueve semanas. El esfuerzo enorme acabó con su salud y a partir de entonces se retiró de la vida activa.

Su muerte se produjo el 19 de agosto de 1680.

San Juan Eudes fue canonizado en 1925 y su fiesta incluida en el calendario de la Iglesia Occidental en 1928.

Si quieres conocer un poco más sobre San Juan Eudes, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Juan_Eudes.

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Fuente : Aciprensa