San Expedito: el santo de las causas urgentes es venerado por multitud de fieles que lo recuerdan cada 19 de abril

San Expedito: el santo de las causas urgentes es venerado por multitud de fieles que lo recuerdan cada 19 de abril

Cada 19 de abril, miles de fieles celebran a San Expedito, patrono de las causas justas y urgentes. La devoción crece año a año y tiene uno de sus principales puntos de encuentro argentinos en Buenos Aires. Su figura simboliza la fe inmediata y la acción sin postergaciones.

 

 


Buenos Aires, domingo 19 abril (PR) — Cada 19 de abril, la Iglesia católica conmemora a San Expedito, reconocido como el patrono de las causas justas y urgentes. Su figura despierta una profunda devoción en distintos países, especialmente en Argentina, donde miles de fieles se acercan a templos para pedir ayuda en situaciones difíciles o agradecer favores concedidos.

Uno de los epicentros de esta celebración es la Parroquia Nuestra Señora de Balvanera, ubicada en la Ciudad de Buenos Aires. Allí, cada año se congregan multitudes que llevan velas, estampitas y ofrendas, en una muestra de fe que crece con el tiempo y reúne a personas de todo el país.

La historia de San Expedito se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Según la tradición, fue un comandante del ejército romano que decidió convertirse a la fe cristiana. En ese momento, un cuervo —símbolo de la tentación— intentó persuadirlo para que postergara su decisión diciendo “mañana”. Sin embargo, Expedito respondió “hoy”, reafirmando su determinación inmediata. Ese gesto marcó su identidad como símbolo de acción sin demora.

Tras su conversión, se dedicó a proteger a los cristianos perseguidos, lo que le valió su martirio durante las persecuciones del Imperio Romano. Su muerte, ocurrida un 19 de abril, consolidó su figura como ejemplo de valentía y compromiso con la fe.

Con el paso del tiempo, su culto se expandió por Europa y América Latina, convirtiéndose en un referente espiritual para quienes atraviesan situaciones urgentes. Su imagen suele representarlo como un soldado que pisa a un cuervo, recordando su decisión de no postergar lo importante.

En la actualidad, la devoción a San Expedito sigue vigente y en crecimiento. Fieles de distintas edades recurren a él en busca de soluciones rápidas, consuelo o fortaleza, manteniendo viva una tradición que combina historia, fe y cultura popular.

Oración a San Expedito:

“Mi San Expedito de las causas justas y urgentes, intercede por mí ante nuestro Señor.
Concédeme fuerza, coraje y serenidad en esta dificultad.
Atiende mi pedido con prontitud y protégeme junto a mi familia.
Prometo difundir tu nombre y agradecer siempre tu ayuda. Amén.”

Primicias Rurales

Hoy recordamos al Beato José Moreau mártir, asesinado durante la Revolución Francesa

Hoy recordamos al Beato José Moreau mártir, asesinado durante la Revolución Francesa

Buenos Aires, sábado 18 abril (PR/26) — Cada 18 de abril la Iglesia Católica recuerda al Beato José Moreau, presbítero y mártir francés, quien murió guillotinado por odio a la fe durante la Revolución Francesa. Como él, muchísimos católicos padecieron la persecución y el martirio.

José Moreau nació en Saint-Laurent-de-la-Plaine (Francia) en 1763. Fue ordenado sacerdote y llegó a ser párroco de la ciudad donde nació, en la diócesis de Angers. Instaurada la Primera República tras la Revolución Francesa, se sucedieron varias olas de violencia, incluyendo las dirigidas contra los católicos.

Un Viernes Santo, a la espera del Domingo de Resurrección

Tanto a los clérigos como a los religiosos se les obligaba a jurar la denominada “Constitución Civil del Clero” y, con ello, someterse irrestrictamente al poder político anticlerical. Como el beato se negó a juramentar, fue arrestado. Un tiempo después pudo ser liberado gracias a la intervención del ‘Ejército católico y real de Vandea’ (Vendée, Loira, Francia), que aglutinaba a las diversas fuerzas antirrevolucionarias. Lamentablemente el P. Moreau volvió a ser detenido cuando retomaba su labor pastoral, y enviado nuevamente a prisión. Al cuestionar la proclama revolucionaria de “libertad e igualdad” y negarse por segunda vez a jurar la abusiva Constitución fue condenado a muerte.

El 18 de abril de 1794, día de Viernes Santo, el P. Moreau fue llevado a la plaza principal de Angers y fue guillotinado públicamente. En el Martirologio romano puede leerse en el propio del día: “En Anjou, en Francia, beato José Moreau, presbítero y mártir, que durante la Revolución Francesa fue degollado un Viernes Santo en odio a la fe cristiana (1794)”.

 

Cien mártires

José Moreau fue beatificado el 19 de febrero de 1984 por San Juan Pablo II, dentro del grupo de los ’99 mártires de la diócesis de Angers’. Ese día, después del rezo del Ángelus, el Santo Padre dijo:

«Hoy he tenido el gozo de elevar al honor de los altares a un numeroso grupo de nuevos Beatos, mártires: 99 de ellos pertenecen a la diócesis del Oeste de Francia y sufrieron el martirio en Angers: durante la Revolución Francesa aceptaron la muerte para conservar «su fe y su religión» y para manifestar su adhesión a la Iglesia católica romana; eran sacerdotes, religiosas, hombres y, en su mayor parte, mujeres. Supieron seguir a Cristo por el camino doloroso de la cruz».

El mártir que completó la centena aquel día fue Juan Bautista Mazzucconi, asesinado en Oceanía, en 1855.

“El Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras” (Mt 16, 27).

 

Cada 17 de abril se conmemora a la Beata Mariana de Jesús, mística mercedaria y copatrona de Madrid

Cada 17 de abril se conmemora a la Beata Mariana de Jesús, mística mercedaria y copatrona de Madrid

Su vida estuvo inicialmente marcada por la incomprensión y la hostilidad de su familia, aunque también por los abundantes consuelos que Dios y la Virgen le alcanzaron. Suele decirse que al cumplir los 33 años, el mismo Jesús la ciñó con una corona espiritual de espinas, queriéndola hacer partícipe de su Pasión.

Tomada de la mano del Señor

María Ana de Jesús Navarro nació en Madrid en 1565, en el seno de una familia noble. Cuando tenía nueve años, murió su madre y, poco tiempo después, su padre se volvió a casar. Su madrastra, lamentablemente, resultó ser una mujer insensible y cruel.

El dolor que siente una niña que extraña a su madre suele ser muy grande, como difícil la relación que surge cuando una madrastra maltrata a una hija adoptiva. Ambas cosas impulsaron a Mariana a acogerse al Señor en busca de fuerza y consuelo. Tomada de la mano de Cristo, la joven fue descubriendo que el amor es más grande que todas las vicisitudes o miserias humanas. En el crisol de esa experiencia se sintió llamada por Dios a su servicio.

Consagrada a su Merced

Ningún esfuerzo de Mariana para librarse del arreglo pareció dar resultado. Ni siquiera el haberse rapado el cabello con el propósito de suscitar el rechazo del pretendiente.

Fue tal la ira de su padre y su esposa que un día arremetieron contra ella, la golpearon y la llenaron de insultos. Desde entonces no se sintió más a gusto con ellos. En 1598 dejó el hogar paterno de manera definitiva y emprendió un camino distinto, con dirección a la consagración religiosa. Gracias a Dios contó con la ayuda espiritual del reformador de los mercedarios, Fray Juan Bautista del Santísimo Sacramento.

La Beata Mariana entonces se apartó del mundo para encontrarse plenamente con Jesús. Comenzó a vivir como penitente en la ermita de Santa Bárbara, cerca al convento de los mercedarios descalzos. En su celda llegaría a dedicarse -por años- a la oración, la penitencia y la ayuda a los menesterosos. Posteriormente sería admitida en la Tercera Orden de la Merced y recibiría el hábito de terciaria. En 1614 hizo su profesión perpetua.

Para ese tiempo, Mariana empezó a experimentar éxtasis en la oración y a tener visiones particulares concedidas por Dios.

Una mujer con los dolores de la Pasión

Uno de los relatos más conocidos es el episodio en el que, estando en éxtasis, Jesús le pidió experimentar algo de su martirio; a lo que ella asintió, y pudo sentir en carne propia los dolores de la crucifixión. Mientras eso sucedía, sus compañeras vieron cómo ella, extendida sobre su lecho, estiraba las extremidades y se quedaba rígida por largo tiempo.

También se dice que Mariana pasaba horas conversando con la Virgen María sobre los misterios de la fe cristiana. Por este tipo de hechos y por su caridad a la vista de todos, Mariana se ganó varios sobrenombres de parte de sus coetáneos: «Tesoro de la ciudad», «Estrella de Madrid» y «Beata del Pueblo», le decían.

Estrella de Madrid

El 17 de abril de 1624, a los 59 años de edad, Mariana de Jesús partió a la Casa del Padre en el convento mercedario de Santa Bárbara, víctima de una enfermedad pulmonar.

En 1783, el Papa Pío VI la proclamó beata. Y, por petición de los madrileños, fue declarada copatrona de la ciudad junto a San Isidro Labrador.

Su cuerpo se mantiene incorrupto hasta hoy y suele ser expuesto el día de su fiesta, a pesar de que su rostro fue dañado cuando, luego de morir, le pusieron una mascarilla mortuoria de manera inadecuada.

Primicias Rurales

Fuente: Aciprensa

Hoy 16 de abril recordamos a Santa Bernardette Soubirous, vidente de la Virgen de Lourdes

Hoy 16 de abril recordamos a Santa Bernardette Soubirous, vidente de la Virgen de Lourdes

“Sí, Madre querida, tú te has abajado hasta la tierra para aparecerte a una débil niña… Tú, reina del cielo y la tierra, has querido servirte de lo que había de más humilde según el mundo» (Santa Bernardita).

Pobreza y vocación espiritual

Bernardita nació en Lourdes (Francia), el 7 de enero de 1844, en el seno de una familia muy pobre. Su padre era un sencillo molinero y eventualmente se dedicaba al recojo de basura; mientras que su madre se dedicaba a las labores del hogar y hacía trabajos de costura esporádicamente. Bernardita fue la mayor de nueve hermanos.

Al ser bautizada, la santa recibió el nombre de Marie-Bernard (María Bernarda), pero tanto sus familiares como sus amigos empezaron a llamarla con el diminutivo “Bernardette” (Bernardita) como expresión de cariño.

Las difíciles condiciones económicas por las que atravesaba la familia Soubirous obligaron a sus miembros a permanecer la mayor parte del tiempo trabajando en el campo, por lo que la pequeña Bernardette quedó a cargo de una nodriza. Una vez que creció y podía valerse mínimamente por sí misma, también fue enviada a pastorear ovejas -era muy común que los niños en la campiña francesa, dadas las carencias de la época, tuviesen que trabajar desde muy pequeños-.

A Bernardette se le hacía muy difícil el trabajo, no porque no quisiera ayudar a su familia, sino porque le impedía prepararse para recibir la Primera Comunión -algo que se había convertido, a su pesar, en una suerte de “sueño inalcanzable”-: era la única niña del pueblo con casi 14 años que no había recibido aún la Eucaristía. En parte, que la hubiesen dejado así se debía a que era muy buena pastora y por eso la forzaban a permanecer más tiempo con las ovejas.

Sin embargo, llegó el momento en que Bernardette ya no quiso esperar más. Sentía que su vida espiritual no debía ser postergada más tiempo, más aún cuando su corazón deseaba ardientemente recibir a Cristo en la Eucaristía y llevarlo en el pecho. Entonces, pidió a sus padres retornar a casa y recibir la debida preparación para su Primera Comunión, largamente postergada. Sus padres aceptaron y la jovencita empezó la catequesis con incomparable entusiasmo.

El 11 de febrero de 1858 se produjo la primera aparición de la Virgen. En casa de los Soubirous se había terminado la leña y Bernadette se ofreció para recoger un poco en los alrededores, junto a Toinette y Juana Abadie, dos de sus hermanas. Las tres niñas caminaron hasta Masse-Vieille. De pronto, Bernadette oyó un fuerte rumor del viento, sin que nada raro pudiera divisarse alrededor. Luego se produjo un segundo ventarrón, y, entonces, dirigiendo la mirada hacia la pequeña gruta que estaba cerca, divisó la figura de una mujer joven en el interior. Era la Virgen María.

Esa sería la primera de dieciocho apariciones consecutivas, cuya decimosexta quizás sea la más célebre gracias al auspicioso contenido de su revelación: la Virgen María se presentaba a sí misma como la “Inmaculada Concepción”.

Al fin con Jesús en el corazón

Bernardita hizo su Primera Comunión el 3 de junio de 1858, día del Corpus Christi. Habían pasado varias semanas desde la primera vez que vio a la Madre de Dios y sentía que Ella había hecho posible que su sueño se hiciera realidad.

No obstante, la cercanía con la Madre de Dios no le ahorró ni dolores ni tribulaciones: igual que muchos otros santos, Bernardita sería blanco de incomprensiones y burlas. Su salud tampoco le jugó a favor: padecía de dolores en los huesos, vómitos, asma crónica, tuberculosis, problemas gástricos, abscesos en los oídos y, al final, un tumor en una rodilla.

“Habitaré en la casa del Señor durante días sin fin” (Sal 23, 6)

En 1860 las Hermanas de la Caridad de Nevers, le ofrecieron asilo a Bernardita. Con ellas, la jovencita finalmente tuvo la oportunidad de aprender a leer y escribir. Abrazó la vida religiosa y pidió ser aceptada en el hospicio de la Orden. A los 22 años ingresó al noviciado, mientras su salud iba en declive. El día de su profesión, el 30 de octubre de 1867, su voz estaba prácticamente extinta y tuvo que dar su consentimiento mediante gestos. Un año más tarde, hizo sus votos perpetuos.

Sus padecimientos continuaron los años siguientes. Al final quedó postrada por un tumor que le apareció en una de sus rodillas y que le hacía imposible caminar.

“Penitencia, penitencia y penitencia”

El 16 de abril de 1879, en el marco de la Semana Santa, Bernardita pidió a sus hermanas religiosas que rezaran juntas el Rosario. Durante la oración la santa entregó su último aliento, adornada por su serena sonrisa, de esas que siempre regaló cuando estaba en presencia de María. De acuerdo al testimonio de quienes la acompañaron en el momento del tránsito, la santa alcanzó a decir: “Santa María, Madre de Dios, ruega por mí, pobre pecadora… pecadora”. Esas fueron sus últimas palabras.

Hoy, su cuerpo permanece incorrupto en la capilla que le ha sido dedicada en Nevers (Francia), ciudad donde falleció.

Si quieres conocer más sobre la historia de las apariciones de la Virgen de Lourdes y sobre Santa Santa Bernardette Soubirous, te recomendamos el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Nuestra_Se%C3%B1ora_de_Lourdes.

Más información:

    Primicias Rurales
    Fuente: Aciprensa
Hoy celebramos a San Telmo el Confesor, patrono de los navegantes y marineros

Hoy celebramos a San Telmo el Confesor, patrono de los navegantes y marineros

“Salvado” por la tradición de la Iglesia

San Telmo es considerado patrono de los marineros, aunque no ha recibido dicho título formalmente. Es curioso que tampoco se haya llamado “Telmo” -lo que ha suscitado algunas confusiones de carácter histórico-. Al parecer el nombre con el que se hizo conocido a lo largo de la historia es una alteración de su apellido materno.

San Telmo ‘el confesor’ fue beatificado en 1254 por el Papa Inocencio IV, y ostenta la condición de ‘santo’ de manera excepcional gracias a la intervención del Papa Benedicto XIV, quien, el 13 de diciembre de 1741, aprobó su culto de manera universal por la vía de la ‘equipollens canonizatio’ [canonización equivalente]. Es decir, en el caso de Telmo, el Papa decidió omitir el proceso tradicional que se sigue para declarar a alguien como ‘santo’. Esto sólo puede ocurrir cuando la veneración de un siervo de Dios proviene desde muy antiguo y se ha mantenido de manera constante a través de los siglos.

Buscando la gloria de este mundo, encontró los tesoros que encierra la humildad

Pedro González nació el 9 de marzo de 1190, en el seno de una prestigiosa familia. Fue natural de Frómista, Palencia (España), donde su tío Tello Téllez de Meneses ocupaba la sede episcopal. El obispo lo favoreció enviándolo a los ‘Estudios Generales’ de la ciudad, nombre con el que se conocía a la Universidad de Palencia. Después lo hizo canónigo y le otorgó el título honorífico de deán -título eclesiástico que suele otorgarse a los canónigos de mayor edad-. Obviamente, “Telmo” no cumplía en ese momento con ese requisito por lo que pasó ante los ojos de todos por el engreído del obispo.

Había que levantarse del lodo

No obstante, Dios tiene sus caminos y estos no suelen coincidir con los nuestros. Cuenta la historia que Telmo se presentó para recibir el cargo de deán excesivamente animoso, elegante y montado a caballo. Grande fue su vergüenza cuando el caballo se tropezó y él acabó en el suelo cubierto de fango, apabullado por las carcajadas y burlas de los pueblerinos. Este hecho fortuito y del que otros podrían haberse recuperado fácilmente, a Telmo le golpeó el amor propio. Tras un periodo corto de reflexión tomó un rumbo inesperado: pidió ser admitido en la Orden de Predicadores e ingresar en el monasterio que el mismo Santo Domingo de Guzman había fundado en Palencia.

Como confesor del rey, lo animó a limitar el poder e influencia de los andalusíes -los árabes invasores de la península ibérica- y por eso se mantuvo cerca de él durante la campaña de conquista de Córdoba y Sevilla. En ambas ciudades San Telmo consagró antiguas mezquitas y las convirtió en templos católicos.

Galicia, el mar y el camino de Santiago

«En Tuy, de Galicia, en España, beato Pedro González, llamado vulgarmente “Telmo”, presbítero de la Orden de Predicadores, que trató de ser tan humilde como antes había deseado la gloria, entregándose a ayudar a los más humildes, sobre todo a marineros y pescadores (1246)».

Conocida es la simpatía del santo por los hombres de mar. Con todo, el Señor quiso que sirviera a su Orden en calidad de prior, servicio que realizó en el monasterio de Guimarães, (Portugal).

Al final de su vida, pasando los sesenta años se retiró a Tuy (Galicia). Murió tras caer enfermo en la Pascua de 1246, mientras iba como peregrino a la tumba del apóstol Santiago, el célebre ‘camino de Santiago’.

Tras siglos de espera, la historia de este santo podría dar un giro sorprendente. En el año 2016, la Diócesis de Tuy-Vigo ha iniciado el proceso formal para la canonización de Pedro González, “San Telmo”. Sus devotos de Tuy, Oporto y Frómista se han unido para solicitar oficialmente su canonización al Papa Francisco, quien fuera hace muchos años obispo del barrio de San Telmo, ubicado en Buenos Aires, Argentina.:

Hoy 14 de abril celebramos a Santa Liduvina Virgen, patrona de quienes sufren enfermedades crónicas

Hoy 14 de abril celebramos a Santa Liduvina Virgen, patrona de quienes sufren enfermedades crónicas

Liduvina tuvo una vida particularmente especial y dura: padeció una grave enfermedad que la acompañó por décadas, dejándola postrada y sufriendo un deterioro paulatino de sus capacidades físicas. Se cree que el suyo es el primer caso de esclerosis múltiple de la historia que ha sido registrado.

A pesar de su dolorosa situación, Liduvina no sólo no perdió la fe, sino que aprovechó sus circunstancias como peldaños para elevar su alma a Dios. Incontables gracias le concedió el Señor, así como a muchas personas a través de ella en virtud a su paciencia, su oración constante y, principalmente, a su corazón generoso, amante del Señor.

La Iglesia Católica la considera patrona de quienes padecen enfermedades crónicas.

Al lado del Señor todo se hace posible

Liduvina nació en Schiedam, Güeldres (hoy Holanda, Países Bajos), el 18 de abril de 1380, en el seno de una familia humilde. Sufrió un accidente a muy temprana edad que dañó severamente su columna vertebral. Abundan las razones para pensar que las secuelas del accidente provocaron otro tipo de dolencias que, a la larga, se hicieron crónicas y que fueron recrudeciendo con el tiempo.

El peso del dolor

Liduvina también pasó por largos periodos de tristeza que la llevaron a cuestionar cómo era posible que Dios permitiese que se encuentre en ese estado. Un día conoció al nuevo párroco de su pueblo, un santo sacerdote, el Padre Pott, quien le enseñó que Dios siempre “ama más a sus hijos que más sufren”. El Padre Pott le obsequió un crucifijo y le pidió que recuerde constantemente que Jesús estuvo en la cruz, y que se mire a sí misma a través de ese “espejo”, pues estaba convencido de que “el sufrimiento podía llevarla a la santidad”.

Aunque no se pueda ver la luz al final del túnel

Al cumplir los 38 años comenzaron los episodios marcados por dolores en todo el cuerpo, desde la cabeza hasta los pies -además, brotaron las primeras señales de lo que posteriormente se convertiría en una extensa llaga en la espalda-. Pero, para entonces, Liduvina había conquistado ya una serena alegría y una silente paz, al saberse amada en todo momento por el Buen Jesús. En sus últimos años de vida, dada la dificultad para tragar alimentos, la Sagrada Comunión se convirtió en su único sostén, tal y como lo certifica un documento de 1421, firmado por las autoridades civiles de Schiedam doce años antes de su muerte.

La victoria final es de Cristo

El 14 de abril de 1433, día de Pascua, la santa se hallaba en oración cuando tuvo una visión de Cristo administrándole el Sacramento de la Unción de los Enfermos. Unos minutos después de dar testimonio de lo que había visto, expiró. Lo último que alcanzó a pedir, con mucha dificultad, fue que su casa se convirtiera en un hospital para los pobres.

Poco tiempo después de su muerte, su tumba se convertiría en lugar de peregrinaje, y un año más tarde se empezó a construir una capilla sobre ésta.

Si deseas conocer más sobre la vida de Santa Liduvina, te sugerimos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Liduvina.

Primicias Rurales

Fuente: Aciprensa