Ciudad del Vaticano, sábado 26 (PR/25) — León XIV aseguró que los migrantes y refugiados católicos “pueden convertirse hoy en misioneros de esperanza en los países que los acogen”, al tiempo que recalcó su capacidad de “revitalizar comunidades eclesiales rígidas y cansadas”.
“Su entusiasmo espiritual y su dinamismo, pueden contribuir a revitalizar comunidades eclesiales rígidas y cansadas, en las que avanza amenazadoramente el desierto espiritual”, constató el Papa en el mensaje con motivo de la 111ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará los días 4 y 5 de octubre —coincidiendo con el Jubileo de los migrantes y del mundo misionero.

“Numerosos migrantes, refugiados y desplazados son testigos privilegiados de la esperanza vivida en la cotidianidad, a través de su confianza en Dios y su resistencia a las adversidades con vistas a un futuro en el que vislumbran la llegada de la felicidad y el desarrollo humano integral”, afirmó en la declaración publicada este viernes.
Por ello, enfatizó que su presencia “debe ser reconocida y apreciada como una verdadera bendición divina, una oportunidad para abrirse a la gracia de Dios, que da nueva energía y esperanza a su Iglesia”.
Y añadió: “En un mundo oscurecido por guerras e injusticias, incluso allí donde todo parece perdido, los migrantes y refugiados se erigen como mensajeros de esperanza. Su valentía y tenacidad son un testimonio heroico de una fe que ve más allá de lo que nuestros ojos pueden ver y que les da la fuerza para desafiar la muerte en las diferentes rutas migratorias contemporáneas”.
Así, llamó a esperar “un futuro de dignidad y paz para todos los seres humanos” a pesar de los “escenarios aterradores” de “guerras, violencia, injusticias y fenómenos meteorológicos extremos” que existen.
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Por ello, alertó a la Iglesia Católica de la tentación de la “sedentarización” y, por tanto, de dejar de ser civitas peregrina, ya que como señala San Agustín en uno de sus libros capitales, La ciudad de Dios, el pueblo de Dios es “peregrino hacia la patria celestial”, porque sino deja de estar “en el mundo” y pasa a ser “del mundo”.
“Se trata de una tentación ya presente en las primeras comunidades cristianas, hasta tal punto que el apóstol Pablo tiene que recordar a la Iglesia de Filipos que ‘nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio’”, destaca León XIV.
En este sentido, criticó la “tendencia generalizada de velar exclusivamente por los intereses de comunidades circunscritas” y aseguró que hay “una clara analogía” entre los inmigrantes “con la experiencia del pueblo de Israel errante por el desierto, que afronta todos los peligros confiando en la protección del Señor”.
Finalmente, el Papa expresó su deseo de encomendar a cada uno de ellos, y a quienes los acompañan con generosidad y compasión, “a la protección maternal de la Virgen María, invocada como consuelo de los migrantes”.
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Fuente: ACI Prensa


















