La historia popular afirma que aquella mujer, tras el hallazgo, trasladó la imagen a su casa, y al día siguiente la encontró en el mismo lugar de donde la tomó. Primero pensó que se trataba de una segunda imagen, pero grande fue su sorpresa al percatarse que el lugar donde había dejado la estatuilla el día anterior estaba vació. Volvió a guardar la imagen en un lugar seguro, y lo mismo sucedió al tercer día. Todo indicaba que la imagen era la misma y que por alguna misteriosa razón por sí sola regresaba al mismo lugar.

Primero se construyó una ermita y posteriormente, a inicios del siglo XX, la Basílica. Con el transcurso de los años la veneración a la santa imagen se fue extendiendo en todo el país. La gente empezó a llamarla Nuestra Señora de los Ángeles, por haber aparecido el día en que la Iglesia (particularmente los franciscanos) celebra a la Virgen bajo esa advocación.

En el alma de Costa Rica

Hoy, día central de las celebraciones, se sienten los ecos de la carta que envió el Papa Benedicto XVI en honor de Nuestra Señora de los Ángeles a todos los católicos de Costa Rica -un gesto que se produjo en el marco de la clausura del Año Jubilar 2011-. En la misiva el Pontífice afirmó que esta devoción mariana “es un signo sagrado de la religión cristiana y la fe en Latinoamérica”.

Benedicto XVI recordó, además, que «existen innumerables signos sagrados capaces de difundir la religión cristiana sobre la tierra y de acrecentar la devoción de los fieles», y entre estos testimonios «está también la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles conservada en la Basílica de Cartago».

Rastreando los orígenes: San Francisco de Asís y la Virgen de los Ángeles

En 1216, en una visión, San Francisco le pidió al Señor, que se encontraba al lado de la Virgen y sus ángeles, que le concediera una indulgencia a cuantos visitasen la Iglesia dedicada a la Virgen bajo la advocación de María de los Ángeles.

El Señor aceptó y le ordenó al santo que se dirigiese a Perugia, para obtener del Papa el favor deseado. Esta indulgencia es conocida como «la indulgencia de la Porciúncula» o «el Perdón de Asís», y fue aprobada por el Papa Honorio III en el siglo XIII.

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Fuente: ACI Prensa