Buenos Aires, jueves 1 enero (PR/26) — Cada 1 de enero, la Iglesia celebra con solemnidad a María, Madre de Dios, una de las fiestas marianas más antiguas y significativas del calendario litúrgico. Esta conmemoración, que coincide con la Octava de Navidad, invita a los fieles a comenzar el nuevo año bajo la protección maternal de la Virgen y a renovar el anhelo de paz para el mundo.
La fecha también está unida a la Jornada Mundial de la Paz, una convocatoria espiritual que llama a orar y trabajar por la concordia entre los pueblos, poniendo este propósito en manos de María, reconocida como Reina de la Paz.
El sentido profundo de la celebración
La solemnidad de María, Madre de Dios, afirma un dogma central de la fe cristiana: la Maternidad Divina. La Iglesia proclama que María es verdaderamente Madre de Jesús, quien es verdadero Dios y verdadero hombre, una verdad que custodia el misterio de la Encarnación.
Además, el inicio del año civil se convierte en un gesto de confianza: desde el primer día, la comunidad cristiana encomienda el tiempo que comienza a la intercesión de la Virgen, pidiendo su guía y su cuidado maternal.
Por tratarse de una solemnidad, este día es también de precepto, lo que subraya su importancia dentro de la vida litúrgica y espiritual de los católicos.
Raíces históricas de una fe milenaria

El título Theotokos, que significa “Madre de Dios”, aparece ya en las primeras expresiones de la piedad cristiana, incluso antes del siglo III, como en la antigua oración Bajo tu amparo nos acogemos.
Esta verdad fue solemnemente proclamada como dogma en el Concilio de Éfeso, en el año 431, para reafirmar la plena divinidad de Cristo frente a las controversias de la época.
La fiesta fue incorporada al calendario litúrgico universal en 1931 y, tras la reforma litúrgica de 1969, quedó fijada definitivamente el 1 de enero, uniendo así la celebración mariana con el comienzo del año.
Un faro para el nuevo año
De este modo, María, Madre de Dios, se presenta cada 1 de enero como un faro de fe, esperanza y paz, acompañando a los creyentes en el inicio de un nuevo tiempo y recordando que, bajo su mirada maternal, el mundo está llamado a caminar por sendas de reconciliación y amor.
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