La cosecha de soja se puso en marcha en la zona núcleo en medio de un escenario cambiante: mientras los primeros rindes sorprenden y, en muchos casos, superan lo esperado tras un verano complejo, el exceso de lluvias y la alta humedad obligan a acelerar las labores para evitar pérdidas y sostener la calidad del grano.

Rosario, domingo 5 abril (PR/26) —  La cosecha de soja ya está en marcha en la zona núcleo y lo hace con una mezcla de optimismo por los rindes iniciales y preocupación por el clima, en un escenario donde cada día cuenta.

Los primeros datos relevados por la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario muestran un panorama heterogéneo, pero con una constante: en muchas áreas, los resultados están igualando o superando las expectativas previas.

La campaña 2025/26 comienza así con mejores perspectivas de las que se temían tras el golpe que significó la falta de agua durante enero y parte de febrero. Sin embargo, el clima volvió a cambiar el guion: las lluvias recientes obligan a acelerar la cosecha para evitar pérdidas, especialmente en la calidad del grano.

Rindes que entusiasman, pero con fuerte variabilidad

Los primeros lotes recolectados reflejan una marcada disparidad regional, directamente asociada a cómo impactaron los déficits hídricos del verano y el posterior regreso de las precipitaciones.

En el sudeste cordobés, por ejemplo, Marcos Juárez pasó de una expectativa de 40 quintales por hectárea a registros que hoy se ubican entre 45 y 50 qq/ha, con picos que alcanzan los 60. En el centro-oeste santafesino, Carlos Pellegrini muestra un comportamiento similar: lo que se proyectaba como un promedio de 50 quintales ya aparece como piso, con lotes que lo superan con holgura.

Más irregular es la situación en María Susana, donde los rindes son muy dispares y aparecen complicaciones como la retención foliar, que obligó a intervenir con defoliantes para poder avanzar con la trilla. En tanto, en Los Quirquinchos, incluso los lotes más castigados logran sostener rendimientos de entre 35 y 40 qq/ha, lo que genera cierto alivio.

Distinto es el caso de Cañada de Gómez, donde los primeros resultados se ubican entre 26 y 40 quintales, con los lotes tempranos mostrando valores por debajo de lo esperado. Más al norte, en zonas como Aldao, la cosecha aún no comenzó, pero hay expectativas de que los rindes puedan dar alguna sorpresa positiva.

El clima, otra vez protagonista

Si durante el verano la preocupación era la falta de agua, ahora el problema es el opuesto. Marzo dejó suelos saturados y el inicio de abril mantiene altos niveles de humedad, con pronósticos que anticipan nuevas lluvias.

En este contexto, el ritmo de cosecha está condicionado por una urgencia que se repite en los testimonios técnicos: “hay que levantar lo que se pueda, lo antes posible”. La prioridad no es solo evitar pérdidas de rendimiento, sino también preservar la calidad del grano, que puede deteriorarse rápidamente bajo condiciones de exceso hídrico.

Las complicaciones no terminan ahí. La combinación de humedad elevada y temperaturas en ascenso genera un ambiente propicio para enfermedades de fin de ciclo, mientras que la inestabilidad climática mantiene latente el riesgo de tormentas severas, granizo o incluso eventos extremos.

Además, la falta de “piso” en los lotes dificulta el ingreso de las máquinas, lo que obliga a detener tareas en momentos críticos. En varias zonas, lluvias recientes de alrededor de 50 milímetros ya provocaron interrupciones en la recolección.

Entre el alivio y la incertidumbre

A pesar de las dificultades actuales, el balance inicial deja una señal positiva: las lluvias de febrero y marzo permitieron recuperar gran parte del potencial productivo que se había puesto en duda durante el verano.

Sin embargo, esa misma recuperación hoy genera un nuevo desafío. El exceso de agua, en plena cosecha, puede transformarse en un factor de riesgo si las precipitaciones continúan con frecuencia y volumen.

En paralelo, a nivel nacional, los relevamientos mantienen la proyección de producción en torno a 48,5 millones de toneladas, lo que indica que, más allá de los contratiempos logísticos, el cultivo logró sostener su potencial.

Una campaña que se define día a día

La soja en la zona núcleo entra en una etapa decisiva, donde cada ventana de buen clima es aprovechada al máximo. Los productores enfrentan un escenario dinámico, en el que conviven rindes alentadores, condiciones desafiantes y decisiones urgentes.

La campaña, lejos de estar definida, se juega ahora en el tramo final: entre máquinas que avanzan contra el reloj y un cielo que, una vez más, tiene la última palabra.

Primicias Rurales

Fuentes: GEA/BCR