La creciente tensión en Oriente Medio comienza a sentirse con fuerza en la economía del estado brasileño de Santa Catarina, Brasil,  donde el encarecimiento de los combustibles, las dificultades logísticas y la presión sobre insumos estratégicos ya afectan al sector agroindustrial.

 

Buenos Aires, 6 de abril (PR/26) .- Uno de los principales factores detrás de este impacto es la inestabilidad en torno al Estrecho de Ormuz, una vía clave para el transporte global de petróleo. Las restricciones parciales en esa zona han impulsado al alza los precios internacionales de la energía, trasladando el efecto a distintas cadenas productivas.

El combustible más afectado es el kerosene de aviación (Jet A1), que registró un aumento del 54,6%. Este incremento ya se refleja en el costo de los pasajes aéreos: un vuelo directo entre Florianópolis y Buenos Aires, que en temporada baja costaba entre 70 y 100 dólares, actualmente no baja de los 190 dólares.

En segundo lugar aparece el diésel, esencial para la logística brasileña. Su precio aumentó entre un 20% y un 25%, alcanzando valores de entre R$ 7,30 y R$ 7,57 por litro. Dado que el transporte en Brasil depende mayoritariamente del sistema carretero, este incremento impacta directamente en los costos de distribución y exportación. Aunque el gobierno implementó subsidios para amortiguar la suba, la presión sobre los márgenes productivos persiste.

En el plano del comercio exterior, la situación también se ha deteriorado. El costo de transportar contenedores refrigerados se incrementó hasta en 4.000 dólares, mientras que los tiempos de tránsito se han extendido. Esto representa un desafío significativo para sectores sensibles como el cárnico, especialmente en productos que requieren cadena de frío.

El principal nodo logístico del estado, el Puerto de Itajaí, enfrenta además limitaciones de infraestructura y problemas energéticos que dificultan el almacenamiento adecuado de mercancías refrigeradas. Esta combinación de factores reduce la competitividad de las exportaciones locales.

En cuanto a los insumos agrícolas, Brasil mantiene una dependencia parcial de fertilizantes importados desde Irán. Si bien las autoridades aseguran que el suministro continúa con normalidad, el escenario internacional introduce un factor de incertidumbre que podría afectar las próximas campañas agrícolas.

El sector de proteínas animales, clave para la economía de Santa Catarina, muestra por ahora un impacto moderado. Sin embargo, empresarios advierten sobre un deterioro progresivo derivado del aumento de costos logísticos, energéticos y de exportación.

Ante este contexto, organismos de control como el Procon, en conjunto con la Policía Rodoviaria Federal, intensificaron operativos en estaciones de servicio para prevenir prácticas abusivas. Las inspecciones buscan evitar el acopio indebido de combustibles, la adulteración y la especulación de precios.

En síntesis, aunque el conflicto se desarrolla a miles de kilómetros, sus efectos económicos ya se sienten en Santa Catarina. La combinación de energía más cara, mayores costos logísticos y tensiones en el comercio internacional configura un escenario desafiante para uno de los principales polos agroexportadores de Brasil.

 

Fuente:  NSC, Foto Puerto Itajai, Nd. Gerardo Grosso

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