Cada inundación en la Pampa Deprimida deja la misma imagen: campos convertidos en lagunas, rodeos atrapados, caminos desaparecidos. Y cada sequía, meses después, muestra el reverso igual de devastador: tierra resquebrajada, pasturas perdidas y productores liquidando hacienda para sobrevivir.
Por Ing. Agr. Pedro A Lobos, director de Primicias Rurales
Buenos Aires, 6 de abril (PR/26) — Lo más grave no es el fenómeno climático. Es la repetición. La única salida real es una decisión que hasta ahora no existió: transformar el manejo del agua en una verdadera política de Estado.
En los últimos eventos extremos, las pérdidas en la región —entre mortandad de ganado, caída en la producción y deterioro de los suelos— se estiman en cientos de millones de dólares por campaña. A eso se suma el costo invisible: menor producción futura, pérdida de vientres y años de recuperación productiva.
No es una tragedia natural. Es un fracaso político.
Un problema que la dirigencia eligió no resolver
Los ingenieros agrónomos Walter Kugler, José F. Barbagallo y Jorge S. Molina lo advirtieron durante años: la región no necesita diagnósticos nuevos, necesita decisiones.
Sin embargo, la dirigencia —de distintos signos políticos y durante décadas— optó por otro camino: administrar la emergencia en lugar de resolver el problema.
Cómo se pierden millones sin resolver nada

El dinero público y privado sí estuvo. Pero el resultado es el mismo: la región sigue siendo vulnerable.
Se gastó en:
- Obras inconexas que trasladan el agua en lugar de gestionarla
- Canales que aceleran inundaciones aguas abajo
- Infraestructura sin mantenimiento
- Asistencia post desastre en lugar de prevención
A esto se suma un desorden estructural: cada productor toma decisiones individuales —muchas veces defensivas— que terminan agravando el problema colectivo.
El resultado no es neutral: es un sistema cada vez más frágil y más caro de sostener.
La “fábrica de terneros” que funciona a pérdida
La Pampa Deprimida es el corazón de la cría bovina argentina. Lo que ocurre allí impacta directamente en toda la cadena cárnica.
Cada inundación implica: Terneros que no nacen o se pierden, Vacas que salen del sistema, Caída en los índices reproductivos
Cada sequía, por su parte, fuerza la venta anticipada de hacienda y destruye capital productivo.
El resultado es claro: menos producción, más volatilidad y un sistema ganadero debilitado.
Lo que la política evita: ordenar
Las soluciones están identificadas hace décadas:
- Manejo integral del agua
- Retención en lugar de drenaje indiscriminado
- Sistematización del suelo
- Coordinación obligatoria entre productores
Pero todas tienen algo en común: implican orden.
Y ordenar tiene costo político:
- Limita la discrecionalidad
- Genera conflictos iniciales
- Exige inversiones que no rinden en el corto plazo
Por eso no se hace.
Cada tanto se arreglan caminos o rutas
Una deuda que atraviesa gobiernos
No es un problema de un partido. Es una deuda de todo el sistema político.
Gobiernos pasan, diagnósticos se repiten, anuncios se reciclan. Pero la estructura del problema sigue intacta.
Mientras tanto, los costos se acumulan campaña tras campaña. Lo que no se invierte bien hoy, se pierde multiplicado mañana.
Lo que debería hacerse —y no se hace
La única salida real es una decisión que hasta ahora no existió: transformar el manejo del agua en una verdadera política de Estado.
Un plan maestro con fuerza de ley que:
- Ordene el territorio de manera integral
- Garantice financiamiento sostenido
- Imponga reglas claras y control efectivo
- Trascienda los ciclos políticos
No es una cuestión técnica. Es una cuestión de poder y decisión.
El costo de seguir igual
Si nada cambia, el futuro no es incierto: es previsible.
Nuevas inundaciones volverán a generar pérdidas millonarias. Nuevas sequías volverán a destruir sistemas productivos. Y el Estado volverá a gastar recursos en emergencias que podrían haberse evitado.
Un círculo perfecto de ineficiencia.
La verdad incómoda
En la Pampa Deprimida no falta agua. Tampoco faltan soluciones.
Lo que falta —desde hace décadas— es decisión política para dejar de perder millones y empezar a gestionar uno de los recursos más valiosos del país.
Hasta que eso no ocurra, cada inundación y cada sequía no serán una sorpresa.
Serán, simplemente, la confirmación de un fracaso anunciado.
Primicias Rurales
Fuentes: Inundaciones y Manejo de Cuencas – CADIA. Plan de Prevención contra Inundaciones «Florentino Ameghino» Tranqueras Abiertas. Sequia e Inundaciones Propuestas OIKOS. Inundaciones Hombre y Suelo – Asociación Amigos del Suelo



















