Esta enfermedad puede causar pérdidas de hasta US$17 por cerdo en la producción, un estudio en granjas porcinas reveló que más de la mitad de los establecimientos detectó la bacteria responsable de la enfermedad mediante análisis de laboratorio. La prevención y la vacunación emergen como herramientas clave para sostener la productividad y disminuir el uso de antibióticos.
Buenos Aires, jueves 16 de marzo (PR/26) .- En la producción porcina moderna, la sanidad intestinal se volvió un factor decisivo para sostener la eficiencia productiva. Entre los desafíos que enfrentan los establecimientos, la ileítis ocupa un lugar central por su impacto silencioso en el crecimiento de los animales, la conversión alimenticia y la uniformidad de los lotes. Un problema sanitario que, muchas veces, solo se vuelve evidente cuando los números productivos empiezan a deteriorarse.
La enteropatía proliferativa porcina (EPP), conocida en el campo como ileítis, es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Lawsonia intracellularis que afecta directamente el intestino de los cerdos[1]. Su presencia en los sistemas productivos es más frecuente de lo que muchas veces se percibe. Un estudio realizado en 22 granjas de una de las principales zonas porcinas del país mostró que el 90,9 % de los establecimientos tenía animales que habían estado en contacto con la bacteria, mientras que en el 57 % se detectó su presencia activa mediante análisis de laboratorio[2]. Un dato que confirma la amplia circulación de este patógeno en los rodeos y permite dimensionar la magnitud del problema, incluso en sistemas bien manejados.
“Uno de los mayores desafíos de la ileítis es que muchas veces pasa desapercibida en el campo”, señala Eugenia Proclemer, Directora de la Unidad de Porcicultura para MSD Salud Animal en Argentina. “Si bien puede presentarse con diarrea y signos clínicos evidentes, lo más frecuente es la forma subclínica, es decir, animales que aparentemente están sanos, pero que tienen alteraciones en el intestino que afectan la absorción de nutrientes y terminan impactando en el desempeño productivo”.
El resultado se traduce en pérdidas de ganancia: menor ganancia diaria de peso, peor eficiencia de conversión alimenticia y mayor variabilidad dentro de los lotes, aún sin manifestaciones clínicas visibles[3]. Esto hace que la enfermedad pueda pasar inadvertida durante largos períodos, mientras la pérdida productiva se acumula silenciosamente.
Desde el punto de vista económico, el impacto de la ileítis va mucho más allá del costo de un tratamiento puntual. La disminución de la eficiencia productiva se traduce en más días a faena o menor peso final en sistemas a tiempo fijo, mayor consumo de alimento por kilo producido y menor uniformidad de los animales al momento de la venta. Distintas revisiones sistemáticas y análisis económicos internacionales estiman que las pérdidas asociadas a ileítis pueden ubicarse en un rango aproximado de 5,98 a 17,34 dólares por cerdo comercializado, dependiendo de la severidad de la enfermedad y del sistema productivo[4].
En establecimientos porcinos de tamaño medio o grande, este impacto puede traducirse en pérdidas económicas relevantes a lo largo del año, incluso en situaciones donde no se observan brotes clínicos claros de la enfermedad.
“En este escenario, la prevención cumple un rol clave dentro de los programas sanitarios. La evidencia muestra que las estrategias basadas en vacunación permiten reducir la presión de infección en las granjas, estabilizar la performance productiva y disminuir la necesidad de tratamientos antimicrobianos. Estudios de campo realizados con vacunas contra Lawsonia intracellularis demostraron mejoras en parámetros productivos y una reducción significativa en el uso de antibióticos, lo que confirma que prevenir no solo es una decisión sanitaria, sino también económica y estratégica para el productor”, comenta Eugenia Proclemer.
En línea con este enfoque, distintos organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, la Agencia Europea de Medicamentos y la Organización Mundial de Sanidad Animal, coinciden en la necesidad de avanzar hacia un uso más responsable de los antibióticos en la producción animal. En ese contexto, las estrategias preventivas como la vacunación adquieren un rol cada vez más relevante para mejorar la sanidad de los rodeos y contribuir a la reducción del uso de antimicrobianos[5]–[6]. La resistencia a los antibióticos es una de las 10 principales amenazas de salud pública a las que se enfrenta la humanidad[7].
Así, en un escenario donde la eficiencia productiva es cada vez más determinante, la sanidad intestinal se consolida como una pieza clave para sostener el desempeño de los sistemas porcinos y prevenir pérdidas que muchas veces pasan inadvertidas hasta que impactan en los resultados.
Acerca de MSD Salud Animal
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