Buenos Aires, viernes 8 de mayo (PR/26).- La Virgen de Luján es una advocación mariana que cuenta con devotos en todo el mundo, pero de manera especial en Argentina, de la que es Patrona. Su santuario se encuentra en la ciudad de Luján, provincia de Buenos Aires. El Papa Francisco le profesó siempre una especial devoción y durante su pontificado le encomendó “las alegrías y preocupaciones de los argentinos”. Décadas atrás, San Juan Pablo II, durante su visita al santuario, recordó que muchos papas se encomendaron a la Virgen bajo esta dulce advocación. Ellos fueron Urbano VIII, Clemente XI, León XIII, Pío XI y Pío XII.
Corría el año 1630 y el portugués Antonio Farías, hacendado de Sumampa, jurisdicción de Córdoba del Tucumán (Argentina), pidió a un compatriota suyo, residente en Brasil, que le enviara una imagen de la Inmaculada Concepción de María Santísima para venerarla en la capilla que estaba construyendo dentro de sus tierras.
Aquel amigo, pensando en darle a Don Antonio la oportunidad de elegir la imagen de su agrado, envió dos estatuillas: una según el pedido original, y otra representando a la Madre de Dios con el niño Jesús en brazos. Ambas imágenes fueron colocadas en sus respectivas cajas y enviadas en una carreta junto con otros enseres.
Al llegar a las cercanías del Río Luján, zona de los Buenos Aires, después de tres días de duro viaje, los troperos encargados de transportar la preciosa carga decidieron pasar la noche en la estancia de don Rosendo de Trigueros.
La Madre que quiso quedarse al lado de sus hijos para siempre
Al día siguiente, con la claridad de las mañanas de mayo, los troperos se alistaron para continuar el viaje; sin embargo, como nunca, no lograron mover los bueyes que tiraban de la carreta. Era como si, de pronto, los animales se hubiesen vuelto incapaces de arrastrar la carga.
Todos los intentos para mover a las bestias fueron inútiles. De repente, a uno de los jinetes se le ocurrió bajar de la carreta una de las cajas que portaban a las imágenes, y ver qué sucedía, pero no hubo resultados.
Los hombres entonces decidieron volver la caja a la carreta y probar suerte bajando la otra, por si era esta la más pesada y la causa del problema. Para sorpresa de los presentes, los bueyes empezaron a jalar la carreta al instante.
Quienes presenciaron la escena interpretaron el hecho como que aquella imagen de la Virgen Inmaculada no quería irse del lugar; la Madre quería quedarse allí, en ese pueblito junto al río. Acto seguido, la imagen fue trasladada a la casa de uno de los locales, un tal Rosendo, cuya familia la recibió con alegría y devoción.
La noticia corrió por toda la región y despertó la piedad de la gente. Pronto muchas personas empezaron a acercarse al lugar, primero por curiosidad, luego con devoción, para pedir o agradecer a la Virgen favores y milagros.
Madre de los pontífices, protectora de la República Argentina
El 8 de mayo de 1887 se realizó la coronación canónica de la imagen de la Inmaculada, la Virgen de Luján. Años después la gruta sería reemplazada por una basílica erigida en el mismo lugar: el Santuario de la Virgen de Luján.
El Papa San Juan Pablo II, de visita en Argentina en 1982, durante la homilía de la Misa celebrada en el santuario, dijo: “Ante esta bendita imagen de María, a la que mostraron su devoción mis predecesores Urbano VIII, Clemente XI, León XIII, Pío XI y Pío XII, viene también a postrarse, en comunión de amor filial con vosotros, el Sucesor de Pedro en la cátedra de Roma”.
Fuente: Aciprensa



















