El Vaticano inaugura el belén y enciende el árbol de Navidad en la Plaza de San Pedro

El Vaticano inaugura el belén y enciende el árbol de Navidad en la Plaza de San Pedro

La religiosa italiana Raffaella Petrini, presidenta desde el pasado mes de marzo del Governatorato del Estado de la Ciudad del Vaticano, subrayó que el belén y el árbol “son signos visibles de la esperanza y la luz que el Señor sigue regalando a la humanidad”.

Un abeto de 27 metros

Este año, el árbol que preside la Plaza de San Pedro es un abeto de 27 metros de altura, procedente de la provincia de Bolzano, en la región italiana de Trentino-Alto Adigio. Petrini lo propuso como metáfora del “redespertar de la fe en la vida que vence a la muerte, como expresan sus hojas siempre verdes”.

 

El abeto mide 27 metros. Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News
El abeto mide 27 metros. Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News

 

El belén también lleva sello italiano: procede de la Diócesis de Nocera Inferiore-Sarno, en Salerno, Campania, una de las más antiguas de Italia, cuyos orígenes se remontan al siglo III cuando la antigua ciudad romana de Nuceria Alfaterna, en el valle del Sarno, ya contaba con una comunidad cristiana organizada.

Sagrada Familia de tamaño natural 

La composición que rodea a la Sagrada Familia —cuyas figuras han sido realizadas a tamaño natural por el artesano Federico Iaccarino— es de grandes dimensiones: mide 17 metros de largo por 12 de ancho y alcanza una altura de 7,7 metros.

“El pesebre, proyectado y realizado por la maestría de los voluntarios de la Diócesis de Nocera, presenta su paisaje típico”, explicó la presidenta del Governatorato antes de su presentación oficial.

El belén de la plaza de San Pedro. Crédito: captura de pantalla Vatican Media
El belén de la plaza de San Pedro. Crédito: captura de pantalla Vatican Media

 

El pesebre incluye asimismo personajes inspirados en santos vinculados a la región, como San Alfonso María de Ligorio, fundador en 1732 de la Congregación del Santísimo Redentor, dedicada a la evangelización de los más abandonados, especialmente en zonas rurales y marginadas.

 

La tradicional ceremonia de encendido del árbol en el Vaticano tuvo lugar este lunes. Crédito: Daniel Ibañes/EWTN News
La tradicional ceremonia de encendido del árbol en el Vaticano tuvo lugar este lunes. Crédito: Daniel Ibañes/EWTN News

 

La ceremonia contó asimismo con bailes regionales con antorchas, trajes tradicionales y cantos tiroleses, propios del folclore de las diócesis implicadas en la iniciativa.

 

A las puertas del VIII centenario de la muerte de san Francisco

Durante su intervención, Petrini recordó el origen del belén como “una tradición cristiana que propone a los cristianos ir hacia Belén” desde hace siglos. El primer belén viviente fue impulsado por San Francisco de Asís en la localidad italiana de Greccio, una forma de catequesis que fue ampliamente conmemorada en 2023 con motivo de los 800 años de su creación.

La presidenta del Governatorato explicó que el encendido de este año “tiene un significado más profundo”, ya que dentro de apenas tres semanas concluirá el Jubileo de la Esperanza. A partir de 2026, Italia y el Vaticano celebrarán diversos homenajes con motivo del octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís, que falleció tan sólo tres años después de “recrear la escena del nacimiento del Señor”, explicó Petrini, por primera vez.

 

Tras las fiestas navideñas el abeto será destinado a la elaboración de aceites esenciales,. Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News
Tras las fiestas navideñas el abeto será destinado a la elaboración de aceites esenciales,. Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News

 

“Implicando a los habitantes de Greccio, dio el testimonio de que la verdadera paz es un regalo de Dios y no solo de los esfuerzos humanos”, subrayó.

Siguiendo el ejemplo del santo de Asís, Petrini afirmó que “nosotros estamos llamados a encarnar un estilo de vida concreto, con la alegría como vía y no como meta, tal y como nos enseña el Papa León XIV”.

Sostenibilidad y respeto por la creación

En una iniciativa orientada a garantizar la sostenibilidad ambiental y el respeto por la creación, tras las fiestas navideñas el abeto será destinado a la elaboración de aceites esenciales, proceso que correrá a cargo de la empresa austriaca Wilder Naturprodukte, mientras que el resto de la madera será donado a una asociación benéfica.

Primicias Rurales

Fuente: ACI Prensa

El Papa León XIV: Dios se hace cercano a la humanidad con la pequeñez de un niño

El Papa León XIV: Dios se hace cercano a la humanidad con la pequeñez de un niño

Las delegaciones de los donantes del pesebre del Aula Pablo VI y del árbol y el pesebre de la plaza de San Pedro son recibidos por el Santo Padre en el Vaticano. El Pontífice ha invitado a rezar “por los que sufren a causa de la guerra y la violencia” y de forma particular ha encomendado a las víctimas del atentado terrorista de ayer contra la comunidad judía en Sídney.

Por Rocío Lancho García

Ciudad del Vaticano, martes 16 diciembre (PR/25) — El Papa León XIV ha recibido esta mañana a las delegaciones de los donantes del pesebre del Aula Pablo VI y del árbol y del pesebre de la plaza de San Pedro.

Dirigiéndose a la delegación de la diócesis de Nocera Inferiore-Sarno, de donde procede el pesebre, el Pontífice agradeció a las empresas implicadas, a los trabajadores y a todos aquellos que idearon el proyecto y colaboraron en su realización, “buscando unir arte y espiritualidad en un escenario que narre la fe y las raíces culturales de vuestra tierra”.

Los peregrinos que visiten la plaza de San Pedro, cuando contemplen la escena de la natividad, les “recordará que Dios se hace cercano a la humanidad, se hace uno de nosotros, entrando en nuestra historia con la pequeñez de un niño”, aseguró el Pontífice. De hecho, en la pobreza del establo de Belén, “contemplamos un misterio de humildad y de amor”.

Por esta razón, ha asegurado el Santo Padre, delante de cada pesebre, “revivimos ese Evento y redescubrimos la necesidad de buscar momentos de silencio y de oración en nuestra vida, para reencontrarnos con nosotros mismos y entrar en comunión con Dios”.

Además, el Pontífice ha subrayado que la Virgen María “es el modelo del silencio adorante”. A diferencia de los pastores, que, al volver de Belén, “glorifican a Dios y cuentan lo que han visto y oído”, la Madre de Jesús “custodia todo en su corazón”. El silencio de María “no es un simple callar: es maravilla y adoración”, ha indicado León XIV.

El Papa se dirigió también a la delegación procedente de la diócesis de Bolzano-Bressanone, de donde procede el abeto rojo ubicado ahora en la plaza. El árbol – ha asegurado – es signo de vida y recuerda la esperanza que no falla ni siquiera en el frío del invierno. Asimismo, ha afirmado que las luces que lo adornan “simbolizan a Cristo luz del mundo, venido a disipar las tinieblas del pecado y a iluminar nuestro camino”.

Finalmente, dedicó unas palabras a la representación de la Natividad que estará en el Aula Pablo VI durante todo el periodo navideño, que procede de Costa Rica y se titula Nacimiento Gaudiumm. Cada una de las veintiocho mil cintas de colores que decoran la escena “representa una vida preservada del aborto gracias a la oración y al apoyo ofrecido por organizaciones católica a madres en dificultad”, ha explicado.

Por ello, el Santo Padre ha agradecido a la artista costarricense que haya querido lanzar, junto al mensaje de paz de la Navidad, un llamamiento para que se proteja la vida desde la concepción.

Para concluir, León XIV ha reconocido que el pesebre y el árbol son signos de fe y de esperanza y ha invitado a pedir al Señor “renovar en nosotros el don de la paz y de la fraternidad” mientras les contemplamos.

Del mismo modo ha pedido rezar “por los que sufren a causa de la guerra y la violencia”. De forma particular, ha encomendado a las víctimas del atentado terrorista de ayer contra la comunidad judía en Sídney.

“¡Basta con estas formas de violencia antisemita! Debemos eliminar el odio de nuestros corazones”

“Dejemos que la ternura del Niño Jesús ilumine nuestra vida. Dejemos que el amor de Dios, como las ramas de un árbol siempre verde, permanezca ferviente dentro de nosotros”, ha pedido al concluir el Pontífice.

 

Primicias Rurales

Fuente: Vatican News

Las posadas comienzan en el corazón: ¿hay espacio hoy para el otro?

Las posadas comienzan en el corazón: ¿hay espacio hoy para el otro?

En el camino hacia la Navidad, la tradición de las posadas invita a volver la mirada hacia una escena sencilla y profundamente humana: José y María buscando un lugar donde alojarse, tocando puertas que se cierran una tras otra. Más allá del relato bíblico y de las celebraciones populares, la pregunta sigue vigente: ¿hay espacio hoy para el otro?

Buenos Aires, lunes 15 diciembre (PR/25) — En el camino hacia la Navidad, la tradición de las posadas invita a revivir una escena sencilla y profundamente humana: José y María recorriendo las calles de Belén en busca de un lugar donde alojarse, golpeando puertas que se cierran una tras otra. Más allá del relato bíblico y de las celebraciones populares, la pregunta atraviesa el tiempo y llega hasta hoy: ¿hay lugar para el otro en nuestra vida cotidiana?

Las posadas no son sólo una representación del pasado ni un gesto simbólico propio del Adviento. Comienzan en el corazón de cada persona, en la disposición interior para acoger, escuchar y acompañar.

En una sociedad marcada por el individualismo, la velocidad y la indiferencia, abrir una “posada” significa hacerse cargo del dolor ajeno, de la soledad, del cansancio y de las necesidades concretas de quienes nos rodean.

A lo largo de la historia de la Iglesia, muchos santos supieron encarnar este espíritu de acogida. San José, silencioso y fiel, fue el primero en convertirse en posada para María y para el Niño, aceptando cuidar y proteger una vida frágil en medio de la incertidumbre. San Vicente de Paúl transformó su corazón en refugio para los pobres y abandonados, recordando que servir a los necesitados es servir al mismo Cristo.

También Santa Teresa de Calcuta abrió posadas allí donde nadie quería entrar: en las calles, en los hospitales, entre los moribundos y descartados. Su vida fue un testimonio concreto de que la verdadera hospitalidad no depende de recursos materiales, sino de una mirada capaz de reconocer la dignidad del otro.

En la misma línea, San Francisco de Asís eligió la pobreza y la cercanía con los más pequeños, haciendo de su vida un hogar abierto para todos.

El mensaje cristiano propone una lógica distinta a la del mundo actual: invita a mirar al prójimo no como una molestia, una amenaza o una carga, sino como una oportunidad para amar. Ser posada hoy es ofrecer tiempo cuando falta, paciencia cuando se agota, una palabra de consuelo cuando todo parece oscuro.

Es animarse a salir de la comodidad propia para dar lugar al que golpea la puerta, aún cuando no tengamos todas las respuestas.

El nacimiento de Jesús interpela de manera directa. El Hijo de Dios no encontró lugar en la posada, pero fue recibido en la humildad de un pesebre.

Allí donde hubo sencillez y apertura, la vida pudo nacer. Esa escena se repite cada vez que alguien decide hacerse cercano al que sufre, al que está solo, al migrante, al enfermo, al anciano olvidado.

La Navidad, entonces, no se reduce a luces, regalos o encuentros sociales. Es una invitación concreta a transformar el corazón en refugio, a permitir que Cristo nazca en nuestras actitudes, en nuestras decisiones y en nuestra manera de relacionarnos con los demás.

Como recordaba San Juan Pablo II, “el hombre no puede encontrarse plenamente sino a través del don sincero de sí mismo”.

En tiempos de crisis, fragmentación social e incertidumbre, el llamado se vuelve urgente: podemos ser posadas para el otro que nos necesita. Allí donde haya acogida, misericordia y amor, habrá espacio para la esperanza y para una Navidad verdaderamente vivida.

Primicias Rurales: Por Matilde Fierro

Fuente: Catholic Net / IA

Papa León XIV: Jesús “vence la ideología” que “nos hace sordos a la verdad”

Papa León XIV: Jesús “vence la ideología” que “nos hace sordos a la verdad”

Ciudad del Vaticano, lunes 15 diciembre (PR/25) — Durante el Ángelus de este domingo, el Papa León XIV pidió que en este tiempo de Adviento se una “la espera del Salvador a la atención de lo que Dios hace en el mundo” para poder “experimentar la alegría de la libertad”.

El Pontífice rezó desde el balcón de su estudio privado en el Palacio Apostólico y aseguró que Jesús “vence la ideología” que “nos hace sordos a la verdad”.

“Es Cristo, de hecho, quien abre los ojos del hombre a la gloria de Dios. Él da la palabra a los oprimidos, a quienes la violencia y el odio les han quitado la voz”, afirmó el Santo Padre.

“Él cura las apariencias que deforman el cuerpo. De este modo, el Verbo de la vida nos redime del mal, que lleva el corazón a la muerte”, explicó León XIV.

El Papa se refirió también al Evangelio del día, que presenta una escena en la prisión desde la que Juan el Bautista “envía a preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?”.

En este contexto, el Pontífice subrayó que Cristo anuncia quién es “a través de lo que hace” lo que es “un signo de salvación para todos nosotros”. En efecto, continuó el Papa, cuando se encuentra a Jesús, “la vida carente de luz, de palabra y de sabor recupera su sentido. Los ciegos ven, los mudos hablan, los sordos oyen”.

El Papa recordó que “la palabra de Jesús nos libera de la prisión del desánimo y el sufrimiento, toda profecía encuentra en Él el cumplimiento esperado”.

Asimismo, enfatizó que “como discípulos del Señor, en este tiempo de Adviento estamos llamados a unir la espera del Salvador a la atención de lo que Dios hace en el mundo”.

“Sólo así podremos experimentar la alegría de la libertad que encuentra a su Salvador”, concluyó.

Primicias Rurales

Fuente: ACI Prensa

 

Las terribles consecuencias de la impureza

Las terribles consecuencias de la impureza

ShotPrime Studio I Shutterstock . La adicción a la pornografía está muy extendida, no sólo entre adultos. Es necesario bloquear esas páginas en la computadora y celular. 

Uno de los males a los que nos enfrentamos con gran intensidad es a los pecados contra la impureza, para ello San Pablo nos advierte de las consecuencias en el alma.

España, lunes 15 diciembre (PR/25) — El Apóstol San Pablo, en su carta a los Efesios (4, 18-19), advierte con fuerza sobre el peligro de dejar que el corazón se oscurezca y se endurezca ante Dios. Refiriéndose específicamente de aquellos que, al alejarse de la verdad, caen en una vida marcada por la impureza y por deseos desordenados que finalmente terminan por esclavizarnos.

Estas palabras, dirigidas originalmente a la joven comunidad cristiana de Éfeso, resuenan hoy con sorprendente actualidad. Vivimos en una época en la que la impureza se ha convertido en uno de los pecados más extendidos y normalizados, promovido incluso como forma de libertad o entretenimiento.

La ola de la impureza

Les plaintes pour viol ont triplées en huit ans en France

 

La saturación de estímulos, la pérdida de referencias morales y la trivialización del cuerpo han hecho que muchos, casi sin advertirlo, entren en ese mismo proceso de oscurecimiento interior del que habla el apóstol.

Por ello, antes de profundizar en los efectos que provoca la impureza y su impacto espiritual, moral y humano, es necesario detenernos en la advertencia paulina: ella no solo señala un peligro, sino que invita a recuperar la claridad de la mente y la pureza del corazón para vivir conforme a la dignidad que Cristo nos ha dado.

Aquí te mostramos las advertencias que hace san Pablo:

 

1Endurecimiento de corazón

La cuenta católica en Instagram: Florecilla Católica, explica lo que san Pablo quiso decir en este punto. Mencionando que san Pablo al ser siempre tan claro en sus cartas, escribe que la impureza provoca «porosis».

Lo que quiere decir que el pecado lleva a la insensibilidad del alma, «cuyo defecto terrible es que petrifica y ya no deja sentir dolor verdadero de haberlo cometido, ni horror de cometerlo otra vez».

2Genera desvergüenza

En este punto, san Pablo menciona que  al existir una lascivia, significa: no tener vergüenza para cometer un acto que no es bueno. Es así como el pecado de la impureza poco a poco, se va metiendo en nosotros hasta pedirnos más y lograr dominarnos.

Por lo que, muchas personas que caen en la impureza, se van involucrando cada vez más, al punto de silenciar poco a poco su conciencia, perdiendo así su dignidad.

3Deseos desenfrenados por pecar

 

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El perfil de Florecilla Católica, explica cómo san Pablo utiliza la palabra “pleonexia” para referirse al “deseo desordenado e incontrolado de obtener lo que quiere, aunque esto vaya contra los derechos de los otros”.

Por esta razón debemos evitar caer en esta tentación, así como proteger a los pequeños para evitar que caigan a causa de contenido en redes sociales e internet.

 

Primicias Rurales

Fuente: Aleteia

León XIV: «Nadie coincide con lo que ha hecho, siempre es posible empezar de nuevo»

León XIV: «Nadie coincide con lo que ha hecho, siempre es posible empezar de nuevo»

El Papa León XIV pide comprender que ningún ser humano coincide con lo que ha hecho y que la justicia es siempre un proceso de reparación. También invita a que se cumpla el deseo del Papa Francisco expresado el año pasado en la cárcel de Rebibbia – cuando abrió la Puerta Santa – de conceder formas de amnistía o condonación de la pena como medida de reinserción.

Por Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

En la Solemnidad del III domingo de Adviento, conocido como el domingo de la alegría, el Papa León XIV preside la Santa Misa en la Basílica de San Pedro con motivo del Jubileo del mundo penitenciario, concluyendo con éste los grandes eventos del Año Santo. «Celebramos hoy el Jubileo de la esperanza para el mundo carcelario, para los presos y para todos aquellos que se ocupan de la realidad penitenciaria», ha afirmado esta mañana el Papa ante miles de fieles presentes en la basílica papal.

Reconocimiento de las dificultades en prisión

En su homilía, León XIV ha reconocido las dificultades de la vida en prisión y el desafío que representa mantener la fe y la perseverancia frente a las adversidades: “Es verdad, la cárcel es un entorno difícil y hasta las mejores intenciones pueden encontrar muchos obstáculos. Precisamente por eso, no hay que cansarse, desanimarse o retroceder, sino seguir adelante con tenacidad, valentía y espíritu de colaboración”.

Pero, al mismo tiempo, recuerda que la justicia auténtica busca la reparación y la reconciliación más que el castigo exclusivo: “Son muchos los que aún no comprenden que hay que levantarse de toda caída, que ningún ser humano coincide con lo que ha hecho y que la justicia es siempre un proceso de reparación y reconciliación”.

 

Un fiel durante la Santa Misa con ocasión del Jubileo de los presos.   (@Vatican Media)

Luz en medio de la oscuridad

León XIV abre la puerta a la esperanza, recordando también que incluso en los contextos más difíciles es posible cultivar valores como la sensibilidad, la misericordia y la capacidad de perdón: “Del duro terreno del sufrimiento y el pecado brotan flores maravillosas e incluso entre los muros de las prisiones maduran gestos, proyectos y encuentros extraordinarios en su humanidad”.

Siempre es posible empezar de nuevo

El Pontífice ha destacado la importancia de medidas concretas de reinserción y recuperación de la confianza de las personas privadas de libertad, mencionando el deseo expresado por el Papa Francisco de conceder formas de amnistía o de condonación de la pena orientadas a ayudar a las personas para que recuperen la confianza en sí mismas y en la sociedad: “Confío en que en muchos países se dé cumplimiento a su deseo. El Jubileo, como sabemos, en su origen bíblico era precisamente un año de gracia en el que, de muchas maneras, a todos se les ofrecía la posibilidad de empezar de nuevo”.

Por último, ha mencionado los enormes los desafíos actuales del sistema penitenciario como el hacinamiento, las limitaciones en los programas educativos y laborales, y la necesidad de acompañamiento personal en los procesos de conversión y sanación emocional: “no olvidemos, a nivel más personal, el peso del pasado, las heridas que hay que curar en el cuerpo y en el corazón, las desilusiones, la infinita paciencia que se necesita, consigo mismo y con los demás, cuando se emprenden caminos de conversión, y la tentación de rendirse o de no perdonar más”.

León XIV ha concluido con una exhortación clara y esperanzadora: “sólo hay una cosa importante: que nadie se pierda y que todos se salven”.

TEXTO COMPLETO: Homilía del Papa León XIV en la Misa por el Jubileo de los Presos

Queridos hermanos y hermanas, celebramos hoy el Jubileo de la esperanza para el mundo carcelario, para los presos y para todos aquellos que se ocupan de la realidad penitenciaria.

Con una elección llena de significado, lo hacemos en el tercer domingo de Adviento, que la liturgia define como “¡Gaudete!”, por las palabras con las que comienza la antífona de entrada de la Santa Misa (cf. Flp 4,4).

En el año litúrgico, este es el domingo “de la alegría”, que nos recuerda la dimensión luminosa de la espera: la confianza en que algo bello, y gozoso sucederá.

A este respecto, el 26 de diciembre del año pasado, el Papa Francisco, al abrir la Puerta Santa en la iglesia del Padre nuestro, en el centro de detención de Rebibbia, lanzó una invitación a todos: «Dos cosas les digo —afirmó—. Primero: la cuerda en la mano, con el ancla de la esperanza. Segundo: abrir de par en par las puertas del corazón».

Refiriéndose a la imagen de un ancla lanzada hacia la eternidad, más allá de cualquier barrera de espacio y tiempo (cf. Hb 6,17-20), nos invitaba a mantener viva la fe en la vida que nos espera y a creer siempre en la posibilidad de un futuro mejor.

A medida que se acerca la conclusión del Año Jubilar, debemos reconocer que, a pesar del compromiso de muchos, también en el mundo penitenciario queda aún mucho por hacer en este sentido, y las palabras del profeta Isaías que hemos escuchado —«Volverán los rescatados por el Señor; y entrarán en Sion con gritos de júbilo» (Is 35,10)— nos recuerdan que Dios es quien redime, quien libera, y este mensaje resuena como una misión importante y exigente para todos nosotros.

Es verdad, la cárcel es un entorno difícil y hasta las mejores intenciones pueden encontrar muchos obstáculos. Precisamente por eso, no hay que cansarse, desanimarse o retroceder, sino seguir adelante con tenacidad, valentía y espíritu de colaboración.

De hecho, son muchos los que aún no comprenden que hay que levantarse de toda caída, que ningún ser humano coincide con lo que ha hecho y que la justicia es siempre un proceso de reparación y reconciliación.

Sin embargo, cuando se conservan, incluso en condiciones difíciles, la belleza de los sentimientos, la sensibilidad, la atención a las necesidades de los demás, el respeto, la capacidad de misericordia y perdón, entonces, del duro terreno del sufrimiento y el pecado brotan flores maravillosas e incluso entre los muros de las prisiones maduran gestos, proyectos y encuentros extraordinarios en su humanidad.

Se trata de un trabajo sobre los propios sentimientos y pensamientos, necesario para las personas privadas de libertad, pero antes aún para quienes tienen la gran responsabilidad de representar ante ellos y para ellos la justicia.

El Jubileo es una llamada a la conversión y, precisamente por eso, es motivo de esperanza y alegría.

Por eso es importante contemplar ante todo a Jesús, a su humanidad, a su Reino, en el que “los ciegos ven y los paralíticos caminan; […] y la Buena Noticia es anunciada a los pobres» (Mt 11,5), recordando que, si bien a veces estos milagros se producen gracias a intervenciones extraordinarias de Dios, con mayor frecuencia se nos confían a nosotros, a nuestra compasión, a nuestra atención, a la sabiduría y a la responsabilidad de nuestras comunidades e instituciones.

Y esto nos lleva a otra dimensión de la profecía que hemos escuchado: el compromiso de promover en todos los ámbitos —y hoy subrayamos especialmente en las cárceles— una civilización fundada en nuevos criterios y, en última instancia, en la caridad, como decía san Pablo VI al cerrar el Año Jubilar de 1975:

“Esta —la caridad— querría ser, especialmente en el plano de la vida pública, […] el principio de la nueva hora de gracia y de buena voluntad que el calendario de la historia abre ante nosotros: ¡la civilización del amor!” (cf. Catequesis, 31 diciembre 1975).

Con este propósito, el Papa Francisco deseaba, en particular, que durante el Año Santo se concedieran también «formas de amnistía o de condonación de la pena orientadas a ayudar a las personas para que recuperen la confianza en sí mismas y en la sociedad» (Bula Spes non confundit, 10) y a todos ofrecerles oportunidades reales de reinserción (cf. ibíd.). Confío en que en muchos países se dé cumplimiento a su deseo.

El Jubileo, como sabemos, en su origen bíblico era precisamente un año de gracia en el que, de muchas maneras, a todos se les ofrecía la posibilidad de empezar de nuevo (cf. Lv 25,8-10).

El Evangelio que hemos escuchado también nos habla de esto. Juan el Bautista, mientras predicaba y bautizaba, invitaba al pueblo a convertirse y a cruzar de nuevo, simbólicamente, el río, como en tiempos de Josué (cf. Jos 3,17), para tomar posesión de la nueva “tierra prometida”, es decir, de un corazón reconciliado con Dios y con los hermanos. Y es elocuente, en este sentido, su figura de profeta: era recto, austero, franco hasta el punto de ser encarcelado por la valentía de sus palabras — no era «una caña agitada por el viento» (Mt 11,7)?; y, sin embargo, al mismo tiempo era rico en misericordia y comprensión hacia quienes, sinceramente arrepentidos, se esforzaban por cambiar (cf. Lc 3,10-14).

San Agustín, al respecto, en su famoso comentario al episodio evangélico de la adúltera perdonada (cf. Jn 8,1-11), concluye diciendo: «marchándose uno tras otro […], quedaron solos la mísera y la misericordia. Y el Señor le dice: […] vete y en adelante no peques más» (Sermón 302, 14).

Queridos hermanos, la tarea que el Señor les confía —a todos ustedes, reclusos y responsables del mundo penitenciario— no es fácil. Los problemas que hay que afrontar son muchos. Pensemos en el hacinamiento, en el compromiso aún insuficiente para garantizar programas educativos estables de recuperación y oportunidades de trabajo. Y no olvidemos, a nivel más personal, el peso del pasado, las heridas que hay que curar en el cuerpo y en el corazón, las desilusiones, la infinita paciencia que se necesita, consigo mismo y con los demás, cuando se emprenden caminos de conversión, y la tentación de rendirse o de no perdonar más. Sin embargo, el Señor, más allá de todo, sigue repitiéndonos que sólo hay una cosa importante: que nadie se pierda (cf. Jn 6,39) y «que todos se salven» (1 Tm 2,4).

¡Que nadie se pierda! ¡Que todos se salven! Esto es lo que quiere nuestro Dios, este es su Reino, este es el objetivo de su acción en el mundo. Al acercarse la Navidad, queremos abrazar también nosotros, aún con más fuerza, su sueño, perseverantes en nuestro compromiso (cf. St 5,8) y llenos de confianza. Porque sabemos que, incluso ante los desafíos más grandes, no estamos solos: el Señor está cerca (cf. Flp 4,5), camina con nosotros y, con Él a nuestro lado, siempre sucederá algo maravilloso y alborozador.

 

Primicias Rurales

Fuente: Vatican News