Ayer, con la conservación en atmósfera controlada y hasta un barco de exportación propio, y hoy con las cámaras de maduración presurizada, Tres Ases ha hecho de la innovación la base de su éxito y resiliencia. Los hitos y los desafíos a lo largo de su historia en la fruticultura del Alto Valle.
Río Negro, lunes 24 noviembre (PR/25) — En el Alto Valle del río Negro hay una firma cuya historia es un ejemplo de resiliencia apoyada en el progreso técnico: hablamos de Tres Ases, una de las empresas frutícolas más importantes de Argentina.
Nació como un emprendimiento familiar comercial impulsado por inmigrantes italianos, creció de la mano de la innovación (primero con las cámaras de atmósfera controlada, hoy con la presurización), atravesó una fuerte crisis originada en los años de la hiperinflación argentina y, aun así, logró transformarse para volver a ser protagonista central del sector.
Con sede central en Cipolletti (Río Negro), hoy la compañía está en plena transición: mantiene el ADN familiar que la caracterizó desde siempre, pero avanza decididamente hacia la profesionalización de su gestión.
En ese proceso, la mirada moderna de su presidente, Gabriel Grisanti, y la incorporación de perfiles como Alejandro Sartor (adjunto al Directorio) explican por qué Tres Ases vuelve a ser una referencia absoluta en la región y el país. Esta es la historia de cómo una firma pionera supo reinventarse sin perder su esencia.
Antes de ser una empresa, Tres Ases fue una idea. Su raíz se remonta a 1914, cuando Enrique Grisanti (abuelo de Gabriel), nacido en Italia, instaló un puesto de frutas y verduras en el mercado de Bahía Blanca. Ese fue el puntapié inicial. Con el fin de ampliar y fortalecer su red comercial, en 1941 la familia desembarcó en el Alto Valle, alternando su actividad con la campaña del cítrico en Entre Ríos. La empresa formal nacería en 1960, pero para entonces ya había experiencia productiva: en 1957 se habían adquirido las primeras chacras en Villa Elvira, Cipolletti.
Las mismas siguen siendo un importante bloque productivo de Tres Ases, y fueron visitadas por Río Negro Rural.
Foto de la planta de empaque de Tres Ases en 1977. Foto: gentileza.
La segunda generación, conformada por Enrique y Segundo Grisanti (padre y tío de Gabriel), apostó por la innovación sin titubeos. Alrededor de 1970, “viajaron a Italia, consiguieron la representación de una empresa, y así Tres Ases construyó las primeras cámaras de atmósfera controlada de la región”, relata Gabriel.
Ese salto tecnológico enorme les permitió extender la vida de poscosecha y vender fruta hasta la siguiente temporada. Fue la chispa de un cambio estructural en el sector.
En aquellos años, Tres Ases también construyó un frigorífico en el puerto de Ingeniero White y, en 1969, se convirtió en la única firma frutícola del Alto Valle con buque exportador propio. Fue bautizado como “Cipolletti” y construido en el astillero Río Santiago para abastecer los puertos del nordeste brasileño.
Tres Ases tuvo barco de exportación propio: el histórico buque Cipolletti. Foto: gentileza.
“Acompañando al barco y a la atmósfera controlada, se consolida una marca comercial muy fuerte, muy vinculada a una jugada ganadora o a una jugada de éxito que tiene traducción en todos los idiomas y culturas”, describe Gabriel Grisanti con respecto a la elección de Tres Ases como denominación, y revelando el ambicioso objetivo de llegar a todo el mundo con las peras y manzanas norpatagónicas.
El relacionamiento con productores fue otra piedra angular del modelo Tres Ases. La empresa supo articular redes de provisión con familias históricas de la región, convirtiéndose en un actor integrador. Esa visión (una marca comercial fuerte, un proyecto de alcance global y un espíritu innovador permanente) moldearía su identidad durante las siguientes décadas.
1989: el origen de un problema… y de su solución
La hiperinflación de fines de los años ochenta encontró a Tres Ases en plena reconversión productiva: plantaciones tradicionales estaban siendo reemplazadas por sistemas intensivos en espaldera, un cambio tecnológico indispensable pero costoso.
“El financiamiento más largo disponible en ese momento en la Argentina era a seis meses, y el 97% del pasivo cuando ingresé a la empresa vencía en menos de 180 días, que además había que renovar”, recuerda Gabriel, que se incorporó a la dirección en 1991. La ecuación era insostenible.
La empresa tuvo que achicarse, desprenderse de activos y centralizar su administración en Cipolletti. El proceso concluyó en 1999 con un concurso de acreedores que ordenó el pasivo y permitió respirar. Fueron años extremadamente duros, pero también decisivos.
La inversión que había generado la crisis (la reconversión de las chacras) fue la llave del futuro. La modernización productiva estaba hecha; sólo faltaba un contexto favorable.
Gabriel Grisanti, presidente de Tres Ases. Foto: Juan Thomes.
Ese “viento de cola” llegó en 2002 con la devaluación. Para entonces, Tres Ases era un “velero liviano”, en palabras de Grisanti: una estructura eficiente, con costos ajustados y plantaciones tecnológicamente renovadas. Cuando soplaron los vientos adecuados, la empresa estaba lista. Y despegó con fuerza.
Despegue, innovación y un nuevo modelo comercial desde el Alto Valle
Tras la resolución del concurso comenzó una etapa de crecimiento continuo. Con los tres hermanos Grisanti que conforman la tercera generación (Gabriel, Enrique y Gustavo) ya firmes en la conducción, la empresa apostó nuevamente por la innovación tecnológica.
Peras de Tres Ases, en el Alto Valle. Foto: gentileza.
Uno de los hitos fue la incorporación de la clasificación óptica, que reemplazó personal de clasificación manual y permitió ampliar estándares de calidad y eficiencia. Al mismo tiempo, Tres Ases reformuló su modelo comercial. Ya no se trataba solo de vender productos: la empresa decidió vender soluciones.
Incorporó importaciones estratégicas y amplió su abanico de frutas hasta superar las veinte referencias, entre producción propia, compras a productores regionales e importaciones. El objetivo: garantizar abastecimiento continuo y calidad uniforme para clientes de Argentina.
Ese enfoque convirtió a Tres Ases en un proveedor integral: peras, manzanas, carozos, membrillos, bananas, paltas, cítricos contraestación, nueces y más. La clave estaba en la logística, el know-how, la maduración controlada y la consistencia. “Para cada cliente se construía una relación de confianza a largo plazo, que normalmente demanda entre tres y cinco años hasta consolidarse. Y una vez consolidada, el factor determinante deja de ser el precio: lo que importa es la confiabilidad”, explicó Alejandro Sartor.
El emblemático establecimiento de Tres Ases en el casco urbano de Cipolletti. Foto: Juan Thomes.
Con ese objetivo, Tres Ases se asoció con el mayor importador de banana de Argentina y está próxima a iniciar la maduración de frutas en cámaras presurizadas de última tecnología en la ciudad de Cipolletti. “Será la primera planta de maduración presurizada de la Patagonia, y nos permitirá abastecer bananas, paltas, peras y otras frutas listas para ser consumidas en la región y en el norte de Patagonia”, explicó Sartor.
La eficiencia productiva siguió siendo una prioridad. Todo cuadro que rinde menos de 37.000 kilos por hectárea se reemplaza con plantas nuevas. El rendimiento promedio actual ronda las 42 toneladas entre peras y manzanas. Otra máxima de Tres Ases es que toda nueva hectárea debe implantarse con tecnología e infraestructura de punta. El crecimiento siempre estuvo atado a la calidad.
El presente de Tres Ases, un gigante de la Patagonia
Hoy Tres Ases es una de las firmas frutícolas más importantes del país. Opera 1.100 hectáreas (70% propias, 30% arrendadas), distribuidas desde San Patricio del Chañar (Neuquén) hasta Cervantes (Río Negro). Produce peras, manzanas, carozos y membrillos, con una estructura que combina tradición y modernidad.
Más de 2.300 personas trabajan en temporada alta, con 180 permanentes. El 60% de la producción propia se exporta, mientras que la mitad de las 50.000 toneladas anuales comercializadas se destina a mercado interno.
Pero el cambio más profundo está en la organización. Tres Ases avanza hacia un esquema de gestión profesionalizada, donde perfiles técnicos y comerciales especializados toman protagonismo. En ese camino, Alejandro Sartor encarna la nueva etapa: una mirada estratégica, foco en la logística, la diversificación y el desarrollo comercial de largo plazo.
Alejandro Sartor, adjunto al Directorio de Tres Ases. Foto: Juan Thomes.
Esa profesionalización no borra la esencia familiar: la complementa. Gabriel Grisanti refleja esa síntesis a la perfección.
Heredó de su padre valores como la integridad, el esfuerzo y la visión integral del negocio; a eso le sumó una perspectiva moderna, tecnológica y orientada al servicio. Tres Ases también es eso: una empresa que empezó siendo familiar, que hoy se profesionaliza, y que en ambos modelos encuentra la misma identidad.
Una firma que fue pionera hace sesenta años con la atmósfera controlada y que hoy, con cámaras presurizadas y un enfoque comercial global, vuelve a estar en la vanguardia.
Nicolás González Bergez es un referente del diseño industrial aplicado al sector agropecuario; de la moto que desarmó a los 6 años a un presente ligado a la innovación.
Foto: González Bergez junto a sus dos hijos, a quienes busca trasmitir el mismo amor por el campo como lo hizo su padre Gza.
Buenos Aires, domingo 23 noviembre (PR/25) — A los 42 años, Nicolás González Bergez todavía conserva con nitidez el sonido de las cosechadoras que marcó su infancia.
También recuerda su vida en Gobernador Ugarte, un pueblo de apenas 200 habitantes en el partido bonaerense de 25 de Mayo, donde el campo no era sólo un paisaje: era su casa, su escuela y su primera aula de ingeniería.
Esa combinación temprana entre fierros, ruralidad y curiosidad mecánica se transformó, con el tiempo, en la brújula de una carrera que hoy lo ubica como diseñador industrial, magíster en Ingeniería Mecánica y, en la actualidad, en un Doctorado internacional en Diseño.
“Mi padre fue quien me transmitió ese amor por el campo y los fierros; nací entre maquinarias”, cuenta a LA NACION y rememora aquellos días en un viejo puesto rural acomodado por su papá, Pablo, contratista desde los 21 años. Allí, a unos metros de la ruta provincial 51, entre galpones con cosechadoras, fumigadoras y tractores, esperaba ansioso salir de la escuela para subirse a las máquinas.
A los seis años tuvo su primer impacto técnico: una moto que su padre consiguió “cambiándola por un implemento agrícola”. Fue ese regalo el que marcó un clic dentro suyo.
En el campo, junto a su padre, Pablo Gza.
“La empecé a desarmar, cambiar el carburador, pintarla. Ahí empezó toda la parte exploratoria en la mecánica”, afirma. Ese gesto infantil anticipaba lo que vendría: una vida cruzada por el diseño, la mecánica y la innovación y el campo.
El camino académico, sin embargo, no fue lineal. Al terminar el secundario en Alberti —a donde lo enviaron para que se acostumbre a una ciudad más grande— se mudó a Buenos Aires. Primero eligió Agronomía, buscando un puente entre la ciudad y el campo. “Me la pasaba dibujando autos”, recuerda. Hasta que un compañero, al verlo trazando un Alfa Romeo en plena clase de Botánica, le lanzó la frase que lo cambió todo: “Nico, a vos no te gusta esto. ¿Qué hacés acá?”.
Ese día tomó una decisión bisagra: abandonar Agronomía y empezar Diseño Industrial. “Dije: o estudio algo que me gusta y después veo dónde vivo, o me vuelvo a trabajar al campo”, resume.
Desde un primer momento, el diseño lo atrapó. Encontró ahí la combinación perfecta entre ingeniería, creatividad y técnica. Luego de varios posgrados y especializaciones, comenzó su vida profesional en la industria automotriz. Ingresó en una firma coreana como analista de posventa y luego supervisor. “Siempre me gustaba toda la parte técnica o ingeniería de la carrera”, explica. Viajó a Corea, se formó en diagnóstico automotriz en Estados Unidos y más tarde pasó a una automotriz alemana, donde siguió recorriendo el país.
González Bergez junto al equipo mixto de ingenieros y diseñadores de su primer proyecto, una fertilizadora de flujo tangencial Gza.
Pero sentía que cada día que pasaba su vida no estaba completa. Su meta era diseñar y eso no llegaba. “Si no lo hago ahora, no lo voy a hacer más”, se planteó otra vez. Era dejar una vida acomodada para empezar de nuevo.
No dudó y tomó otra decisión radical: renunciar. Pasó de manejar una 4×4 a viajar en colectivo, empezó a dar clases universitarias para sostenerse económicamente y se compró una impresora 3D para trabajar de noche, haciendo prototipos como freelance: “Sacrifiqué plata para hacer lo que me gustaba, que era el diseño”.
Su apuesta fue a la vieja usanza: imprimió CVs y comenzó a recorrer los stands de Expoagro: “Soy muy busca”. En uno de ellos consiguió hablar con el gerente de ingeniería de una empresa argentina de maquinaria agrícola. Su perfil les llamó la atención. “Además de estudiar, yo trabajaba en el campo: manejaba máquinas, fumigaba, cosechaba”, explica. Esa combinación de experiencia práctica, técnica y diseño fue decisiva para contratarlo como externo.
Su primer proyecto fue una fertilizadora de flujo tangencial, desarrollada por un equipo mixto de ingenieros y diseñadores.“Yo hice todo lo que es el diseño industrial de la máquina”, detalla. El equipo buscaba un enfoque modular, y terminó generando tres modelos de arrastre y uno para montarse en una autopropulsada. El prototipo incluso llegó a presentarse en Expoagro, recuerda.
Luego vinieron más encargos: un atomizador frutícola, un abresurco para equipos autopropulsados y un sensor para medir índice verde en malezas, un desarrollo comparable a los sistemas importados como WeedSeeker. “Firmaba contratos de confidencialidad; no podía decir nada”, dice.
Tras trabajar en automotrices, renunció para diseñar maquinaria agrícola y hoy lidera una empresa familiar de tecnología para el agro Gza.
Luego también trabajó para industrias de tanques cisterna en Cañuelas y para una firma de carretones en Santa Fe para transportar maquinaria agrícola. Allí renovó la identidad de producto y desarrolló mejoras funcionales. La demanda creció tanto que incorporó diseñadores junior a su estudio y montó un pequeño laboratorio con impresoras 3D industriales.
Mientras consolidaba su estudio, la tecnología volvió a unirlo con el campo. En plena pandemia descubrió el potencial de los drones y nació su nueva empresa: Aike Drones, dedicada a aplicaciones agrícolas y agricultura de precisión.
“Es una palabra tehuelche que significa lugar de donde uno es. Es como tierra de drones. Cuando vi el dron me encantó su tecnología y siempre le decía a mi viejo para comprar un dron para el campo propio y después ofrecer servicios para afuera, pero me decía que no, que no tenía ni idea de eso, que era todo muy electrónico”, explica.
Pero, al final, su padre dio el brazo a torcer y hoy “Aike Drones” es una empresa familiar con proyección futura: “Es mi nuevo desafío hacia adelante”.
Luego también trabajó para industrias de tanques cisterna en Cañuelas y para una firma de carretones en Santa Fe para transportar maquinaria agrícolaGza.
Hoy combina ambos mundos: diseño industrial y servicios tecnológicos para el agro. Mientras su estudio sostiene los proyectos comerciales, Aike Drones se encuentra en etapa de inversión y crecimiento. Paralelamente, avanzó con su doctorado en la TECH Universidad (España), donde orientó su tesis precisamente a la interfaz entre drones y diseño.
“Los drones están muy bien desarrollados, pero todo lo que los rodea —las interfaces piloto-equipo— no tiene evolución; incluso hay involución”, afirma. Por eso trabaja en un protocolo de investigación junto a un matrimonio de ingenieros agrónomos, uno del Conicet y otro del INTA. “La idea es que lo que se investigue sirva también para INTA”, destaca.
En una de sus graduaciones, junto a sus padres, Pablo y Graciela, y sus hermanosGza.
Cada decisión en la vida de González Bergez parece empujar hacia el mismo punto: unir la memoria del campo con la mirada del diseñador. Desde aquella moto desarmada a los seis años hasta los prototipos presentados en Expoagro, su historia es la de un puente entre dos mundos que rara vez dialogan. Y, como él mismo reconoce, también es una manera de volver siempre a su origen.
“Aike significa lugar de donde uno es”, repite. En su caso, ese lugar es un galpón en Gobernador Ugarte, rodeado de máquinas. Y, ahora, también un laboratorio de diseño donde imagina cómo será la maquinaria agrícola del futuro.
La empresa cordobesa fue reconocida como la Mejor Industria Agroalimentaria del país y se alzó con el máximo galardón de la noche en los Premios otorgados por LA NACION – Galicia, en una celebración que puso en valor el impacto global del agro argentino.
Buenos Aires, sábado 22 de noviembre (PR/25) .- La XXIII edición del Premio LA NACION – Galicia a la Excelencia Agropecuaria tuvo como gran protagonista a Prodeman.
En una ceremonia colmada de emoción y orgullo por el campo argentino, la empresa familiar con sede en General Cabrera, Córdoba, fue distinguida como la “Mejor Industria Agroalimentaria” y, además, recibió el máximo galardón de la noche: el Premio de Oro 2025.
El encuentro se realizó en las oficinas del diario LA NACION, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, bajo el lema “Del valor local al impacto global en un futuro desafiante”. La velada reunió a referentes del agro de todo el país y celebró el trabajo de más de 270 empresas que postularon sus proyectos en ocho categorías clave para el desarrollo productivo.
El momento más esperado llegó con el anuncio del Oro, que quedó en manos de Prodeman, empresa líder en la producción de maní, que desde hace más de 40 años impulsa un modelo agroindustrial integrado, sostenible y con visión global, desde el corazón de Córdoba hacía más de 40 destinos internacionales.
La distinción fue recibida por Guillermo Cavigliasso, miembro del directorio, quien expresó: “En nombre de Prodeman estamos orgullosos de recibir este premio. Estos reconocimientos siempre nos motivan a seguir invirtiendo en nuestro país, que tanto lo necesita. Es para todo el equipo, por el esfuerzo y el compromiso de todos los días, agregando valor a una producción sostenible y de calidad”.
Ya sobre el cierre del evento, Cavigliasso dedicó el premio a quien inició el camino de la compañía: “Con este reconocimiento tan importante quiero hablar de quien ha sido el gestor de todo: mi padre, Oscar Cavigliasso, fundador y actual presidente de Prodeman, que hoy sigue muy activo en la empresa. Siempre tuvo una frase que nos guía: ‘lo que tengo hoy, mañana es viejo’. Esa mirada sobre la innovación, la inversión y el futuro es la que nos impulsa como familia y como empresa”.
Más reconocimientos
Además del Oro y la distinción como Mejor Industria Agroalimentaria, Prodeman también fue galardonada con el Premio APSAL en la categoría Sustentabilidad, el único reconocimiento a los Alimentos y Salud en Argentina y uno de los pocos en el mundo.
La empresa fue destacada por su enfoque ambiental integral, habiéndose convertido en pionera en la medición de huella de carbono en toda su cadena de valor, desde el campo hasta la góndola, y por implementar políticas de mejora continua basadas en agricultura regenerativa.
“Este logro refleja una visión estratégica que coloca a la sustentabilidad como un pilar central de nuestro negocio y un motor de competitividad y orgullo nacional”, señaló Melina Cristofolini, responsable de Asuntos Públicos de Prodeman.
La compañía también fue nominada a los premios “Córdoba en el mundo”, organizados por la Cámara de Comercio Exterior de Córdoba y la Agencia ProCórdoba, que reconocen la labor exportadora de las empresas cordobesas con proyección internacional.
Acerca de Prodeman
Fundada en 1984, Prodeman es una empresa familiar que produce, selecciona, acopia, procesa y exporta maní de la más alta calidad. Se enfoca en cumplir con los estándares y especificaciones que satisfacen las necesidades y expectativas de los mercados más exigentes del mundo, en armonía con el cuidado del medioambiente y promoviendo el desarrollo personal y profesional de su equipo de más de 650 colaboradores.
Su pasión por la excelencia y la sostenibilidad ha consolidado a Prodeman como un referente en el sector agroindustrial, combinando tradición e innovación en cada etapa de su actividad. En el año 2010, la empresa desarrolló la marca Maní King para la comercialización de maní en el mercado interno.
Para obtener más información, visite www.prodeman.com o en su Instagram: https://www.instagram.com/prodemanok/
Técnicos de los parques nacionales de Mozambique visitaron establecimientos apícolas del norte santafesino para intercambiar conocimientos y comparar prácticas de manejo. La misión permitió observar de cerca procesos tecnificados, desde la cría de reinas hasta la extracción en salas habilitadas, y evaluar su adaptación a proyectos locales en África.
Buenos Aires, viernes 21 de noviembre (PR/25) .- Entre el 11 y el 18 de noviembre, el norte santafesino recibió a la segunda misión del Proyecto PROMEL (Mel e Apicultura em Moçambique), una iniciativa de cooperación triangular entre Mozambique, Portugal y Argentina destinada al intercambio de conocimientos en producción apícola, innovación tecnológica y desarrollo territorial.
La delegación estuvo integrada por cuatro técnicos de los Parques Nacionales de Chimanimani y Gorongosa —Adija Wilissone, Alcides Tomas Noe Jemusse, Latifa Agostinho y Marcos Chova— junto a la coordinadora del proyecto, Cristina Máguas, de Portugal. Durante una semana recorrieron instalaciones del INTA en Santa Fe y Chaco, y visitaron diversas experiencias productivas para conocer en profundidad el modelo argentino.
Intercambio técnico en territorio
El programa incluyó actividades vinculadas a desarrollo territorial, innovación organizacional, conservación de la biodiversidad y articulación con empresas y productores locales.
En la región de influencia del INTA Reconquista, la comitiva visitó Promiel SA —acopio y exportación—, salas de extracción y fraccionamiento familiares e industriales, la firma de indumentaria apícola Ducap, la carpintería apícola Números Sama y la cabaña apícola “El Jardín de Malabrigo”, especializada en material vivo certificado.
Malabrigo, parada para conocer cómo se trabaja la genética apícola.
Durante cada parada se compartieron metodologías de trabajo, manejo de apiarios, técnicas de multiplicación de colmenas y estrategias de vinculación territorial. La misión concluyó en Colonia Benítez, donde los equipos evaluaron los resultados y delinearon líneas de acción para 2026.
Diferencias en el manejo apícola
Uno de los momentos centrales del recorrido fue la visita a la cabaña “El Jardín de Malabrigo”. Allí, Rodrigo Fabbro detalló a AIRE Agro el tipo de intercambio realizado con los técnicos africanos. “Nosotros les mostramos todo lo que es el proceso de cría de reina y también la producción de jalea real”, explicó.
Según relató, las diferencias entre ambos sistemas productivos fueron un punto de interés para la delegación. “Ellos tienen otro tipo de colmena: no usan la colmena Langstroth, sino que trabajan con una apicultura muy pasiva; esperan mucho la naturaleza”, describió.
Recambio de reinas, una técnica habitual en Argentina que podría mejorar la producción en Mozambique.
Fabbro señaló que en Mozambique “cazan el enjambre, esperan que desarrolle y luego cosechan la miel cortando los panales y estrujando todo”, mientras que en Argentina predomina un sistema tecnificado que incluye colmenas estandarizadas, manejo de materiales, salas habilitadas de extracción y procesos de trazabilidad.
Durante la recorrida también se mostraron técnicas de manejo avanzadas: “Les mostramos cómo se enjaula reina, cómo las pintamos y cómo las vendemos; cómo las colocamos. También todo lo que sea la provisión de celdas reales”, detalló Fabbro. Según indicó, la misión se mostró particularmente interesada en estos procedimientos: “Quedaron muy contentos, anduvieron mirando mucho”.
En Chaco los africanos conocieron los proceso de extracción y clasificación de miel.
Proyecciones y aprendizajes
El interés de los visitantes se centró en conocer un modelo apícola profesionalizado y con impacto en las economías regionales. Fabbro comentó que los técnicos africanos “están viendo un proyecto integrador para ver qué apicultura se puede hacer allá”, tomando como referencia las prácticas observadas en territorio argentino.
El Proyecto PROMEL busca fortalecer las capacidades locales en Mozambique y promover la adaptación de modelos productivos eficientes en regiones con condiciones ambientales similares. Desde INTA y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca destacaron que el intercambio permitió profundizar la cooperación Sur–Sur y consolidar un camino de trabajo conjunto que tendrá nuevas etapas en 2026.
La nueva Licenciatura en Agrotecnología busca formar profesionales capaces de unir datos, ciencia y producción en los sistemas agropecuarios. (Foto: UGR).
La Universidad del Gran Rosario lanzará en 2026 la Licenciatura en Agrotecnología, una propuesta inédita en la región que integrará saberes y herramientas digitales de vanguardia para responder a las demandas del agro del futuro.
Rosario, 21 de noviembre (PR/25) .- La demanda de perfiles capaces de integrar el universo tecnológico con las dinámicas productivas del campo comenzó a tomar forma académica en Argentina.
La necesidad de profesionales que comprendan tanto la lógica de los sistemas agropecuarios como las herramientas digitales que ya transforman la actividad impulsó el desarrollo de una nueva propuesta educativa que se pondrá en marcha a partir del ciclo lectivo 2026.
Este proyecto surge en un contexto donde la digitalización avanza sobre todas las etapas de la producción, desde la captura de datos con drones y sensores hasta el análisis mediante algoritmos de inteligencia artificial y big data.
La maquinaria agrícola incorpora softwares cada vez más complejos, las decisiones se apoyan en modelos predictivos y la gestión requiere interpretar información que llega en tiempo real desde el suelo, el clima y los rodeos.
Drones, sensores, análisis de datos y robótica serán parte del nuevo mapa formativo que la institución ofrecerá desde 2026.(Foto: Expoagro).
Un perfil pensado para traducir datos, ciencia y territorio
Recién en este marco aparece la Universidad del Gran Rosario (UGR) como protagonista: será la institución que lanzará la nueva Licenciatura en Agrotecnología, una oferta educativa inédita en Argentina y Latinoamérica.
La carrera apunta a formar a los primeros “traductores entre el bit y la tierra”, tal como la define su futuro director y gestor, Exequiel Porta, quien lideró un proceso de diseño colaborativo con actores de todo el sector.
“No estamos adaptando una carrera existente: estamos creando la profesión que el agro necesitará durante los próximos 30 años. Formaremos expertos que entiendan la biología del sistema productivo y, a la vez, sepan manejar las tecnologías que redefinirán la actividad”, explicó Porta, convencido de que el país requiere un perfil que hoy no existe en el sistema educativo.
La propuesta combinará ciencia, tecnología y prácticas profesionales reales, con una fuerte impronta en sostenibilidad e innovación. El plan articula Inteligencia Artificial, Big Data, Internet de las Cosas, Robótica, Mecatrónica, Biotecnología y Gestión, con un objetivo claro: llevar la Agricultura 4.0 del concepto al establecimiento agropecuario.
Vista aérea de la Universidad del Gran Rosario, institución que lanzará en 2026 la nueva Licenciatura en Agrotecnología. (Foto: UGR).
Porta detalló que la carrera tendrá una sólida base agropecuaria en el primer año y, desde segundo año, una profundización progresiva en tecnologías aplicadas.
El trayecto completo dura cuatro años e incluye un título intermedio a los dos años y medio. Si bien la sede principal será Venado Tuerto, la formación podrá cursarse de manera íntegramente virtual, complementada con encuentros presenciales en las distintas sedes que la UGR posee en Rosario, Funes, Villa María, Marcos Juárez, Ciudad de Buenos Aires, Venado Tuerto, además de Uruguay, Paraguay y Ecuador.
La carrera también contempla prácticas en empresas y proyectos reales, incluso aquellos ideados por los propios estudiantes. “Queremos que cada alumno pueda vincularse temprano con el ecosistema agrotecnológico. Habrá prácticas en firmas del sector y también espacios para desarrollar modelos propios”, señaló el director.
La Universidad del Gran Rosario presentó una carrera pensada para acompañar la transformación digital del agro en la próxima década. (Foto: UGR).
Un paso clave para la capacitación futura
Uno de los rasgos distintivos de la Licenciatura en Agrotecnología es el proceso que la originó. Según detalló Porta, se realizaron encuentros con productores, dirigentes rurales, empresarios, docentes, colegios profesionales y fabricantes de maquinaria y tecnología agrícola.
“Recibimos aportes valiosos de personas que trabajan todos los días en el sector y conocen sus desafíos. Queremos ofrecer una formación integral, conectada con el territorio y con los avances científicos más recientes”, sostuvo.
Exequiel Porta, egresado de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), trabaja actualmente en University College London (UCL). (Foto: Expoagro).
Porta, egresado de la Universidad Nacional de Rosario y doctor en Ciencias Químicas, trabaja actualmente en University College London (UCL), una de las instituciones académicas más prestigiosas del mundo.
Además, coordina el área de Salud y Ciencias Biológicas de la Red Argentina de Investigadores en Reino Unido, integrada a la Red Raíces de científicos argentinos en el exterior.
La Licenciatura en Agrotecnología buscará preparar profesionales capaces de interpretar datos, comprender procesos biológicos y aplicar tecnologías emergentes, en un sector que demanda cada vez más capacidad de integración y pensamiento interdisciplinario.
La firma Enviroseed viene desarrollando un programa nacional de investigación y validación del cáñamo industrial. Por sus diversas cualidades, buscan incorporarlo a la matriz productiva de Argentina.
Buenos Aires, miércoles 19 noviembre (PR/25) — Enviroseed es una empresa pionera en la innovación agroindustrial sostenible en Argentina. Desde 2024 viene desarrollando un programa de investigación sobre cáñamo industrial con foco en grano, fibra y biomasa, abarcando 12 nodos experimentales en 10 provincias y diversas ecorregiones del país.
El objetivo es sentar las bases de una nueva cadena de valor agroindustrial con triple impacto, basada en ciencia, trazabilidad y articulación público-privada.
“Creemos en este grano como superalimento y fuente de proteína vegetal de calidad y en sus fibras de alta resistencia, derivados que resultan fundamentales ante las nuevas exigencias de mercado y la necesidad de virar hacia insumos sostenibles debido al cambio climático”, declaró el Ing. Mauro Corigliano, líder de Desarrollo de la empresa.
Buscan volver a incorporar a la matriz agroindustrial de Argentina un cultivo que ya supo existir en el territorio nacional pero que, fruto de prohibiciones infundadas y desconocimientos técnicos, estuvo oculto hasta hace algunos años.
Frente a este escenario, Corigliano destaca el trabajo que viene realizando la firma a nivel nacional. “Durante 2024 hemos logrado hitos clave: ingreso de genéticas certificadas, firma de convenios con INTA, entes tecnológicos y universidades, siembras experimentales en distintas regiones y validación de prácticas agronómicas adaptadas al contexto argentino. Además, ha establecido alianzas estratégicas con empresas de genética y tecnología internacionales, y ha desarrollado una red técnica y comunicacional en fuerte crecimiento”, explica.
Hoy, Enviroseed se encuentra avanzando en la segunda campaña de I+D+i, al mismo tiempo que progresa en hectáreas de calibración y validación de maquinaria. “También estamos avanzando en los primeros productos alimenticios de cáñamo y en biomateriales para la construcción e industria maderera”, subraya Corigliano.
El cáñamo (Cannabis sativa L.) es una de las especies industriales más versátiles del mundo: sus semillas son un superalimento rico en proteínas y ácidos grasos esenciales; sus tallos aportan fibra textil, celulosa para papel, aislantes y bioplásticos; y su cultivo mejora la salud del suelo, demanda pocos insumos y se adapta a múltiples ambientes.
Según estudios recientes, Argentina cuenta con vastas zonas agroclimáticamente aptas para el cultivo extensivo de cáñamo, especialmente en provincias del centro y norte del país. Y ante el avance de la reglamentación nacional (Ley 27.669), se abre una ventana de oportunidad para diversificar la producción agroindustrial, desarrollar economías regionales y captar mercados externos de alto valor agregado.
En este contexto, Enviroseed está en constante convocatoria hacia productores agropecuarios que quieran integrar al cáñamo en su rotación, participar de ensayos o incorporar una nueva alternativa productiva en 2025/2026; así como también se está vinculando y receptando intereses de industrias alimentarias, nutricionales o de biomateriales interesadas en abastecerse de grano de cáñamo nacional, biomasa o materias primas sustentables.
“La empresa ofrece acompañamiento técnico integral, vinculación con genética adaptada, diseño de esquemas productivos escalables y una propuesta de articulación orientada a generar valor desde el campo hasta el producto final”, destaca Corigliano.