Fortalecimiento para los productos con certificados de calidad
Durante muchos años se trató al suelo como el soporte mecánico de las plantas en el cual se agregaban fertilizantes para que estas crecieran. Gracias a los avances tecnológicos se pudo demostrar algo que se podría considerar como un nuevo paradigma, y es que “el suelo es un organismo vivo”. Al igual que una planta o un animal, el suelo respira, se alimenta y se reproduce, así como también se puede enfermar y hasta morir. Pero no es vivo porque contiene micro y macro organismos sino porque esos organismos son parte inseparable de ese suelo; se podría decir que no están en el suelo sino que “son” el suelo. Ese mismo suelo sin ellos estaría literalmente muerto y no podría dar vida a ninguna planta o bien si tuviera otros macro y microorganismos no sería ese suelo sino otro. En definitiva: cada suelo es único y debería ser tratado como tal.
Como cualquier ser vivo un suelo posee “órganos” o grupos funcionales, los que están formados, principalmente, por agrupaciones microbianas en forma de colonias y estas a su vez organizadas en consorcios que, en cantidad y diversidad adecuadas, cumplen ciertas funciones exclusivas, como por ejemplo: poner disponibles los nutrientes, construir una estructura porosa estable facilitando la oxigenación, filtrar sustancias tóxicas, mantener las proporciones adecuadas entre microbios para evitar enfermedades, activar los sistemas de defensas de las plantas, etc.. Pero lo que hay que comprender es que cada consorcio microbiano funciona en sincronía y sinérgicamente sólo cuando las condiciones son las apropiadas y todos sus integrantes están presentes, como cualquier equipo. Cuando uno o más miembros no están, todo el consorcio se resiente.
A su vez el suelo vivo mantiene una relación netamente simbiótica con las plantas. Por eso es que “en un suelo sano la planta es sana” creándose un círculo virtuoso.
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Fuente. Alimentos Argentinos
El ministro de la Producción, Luis Contigiani, participó este jueves del acto de entrega de 1 millón de pesos para el cordón verde de Rosario y su área metropolitana, en el marco de la transición agroecológica de productores hortícolas que contempla el Programa Provincial de Producción Sustentable de Alimentos.
El acto se desarrolló en el Invernadero del Museo de la ciudad de Rosario y participaron la intendenta local, Mónica Fein; el secretario de Desarrollo Territorial y Economía Social, Mauro Casella; y el presidente de la Agencia para el Desarrollo Región Rosario (Ader), Ariel Dolce, entre otras autoridades.
“Rosario es una ciudad productiva que se caracteriza por tener producción agroecológica de alimentos y de semillas, viveros y sistemas de comercialización alternativos. Nosotros aprendimos de esta estrategia y queremos llevar este modelo a toda la provincia”, expresó Contigiani.
Respecto del Programa Provincial de Producción Sustentable de Alimentos, el ministro de la Producción dijo que “en esta iniciativa convergen distintos desafíos a los que dar respuesta: el cambio climático, el desarrollo local, la inclusión, la producción de alimentos de calidad en los ejes periurbanos, la generación de modelos de comercialización alternativos y la generación de trabajo a nivel territorial”.
“Apuntamos a formar entre 5 y 10 unidades de producción de agroalimentos de calidad en los cinco nodos de la provincia, financiados en una primera etapa a partir de una intervención del Estado provincial pero que, con el tiempo, funcionen de forma autónoma. Este es finalmente el objetivo del proyecto: empoderar a la gente”, agregó el funcionario.
Por su parte, Casella indicó que el aporte entregado “estará administrado por la Ader y contempla 500 mil pesos para infraestructura e insumos; 350 mil para microcréditos mediante fondos rotatorios; y 150 mil para asistencia técnica, imprescindible para el proceso de reconversión agroecológica”.
En tanto, la intendenta de Rosario valoró la iniciativa provincial al señalar que “para Rosario, sostener el cinturón verde es fundamental. Recuperar la producción agroecológica implica una producción alimenticia de calidad, sin agroquímicos, y esto significa un aporte a la seguridad alimentaria, a la cuestión ambiental y a los productores de la región, para que puedan tener oportunidades de desarrollo y comercialización en la ciudad”.
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NA
Desde sus comienzos en 1991 Inti Corp produce y comercializa hortalizas orgánicas. Hoy apunta a crear lazos con el sector gastronómico local para potenciar el valor de sus productos y la relación con el consumidor.
En el barrio Altos de San Lorenzo de la ciudad de La Plata se encuentra el establecimiento Arcos del Inti. Nombre que evoca al sol, dios más importante de los incas, dador de vida y prosperidad. Este es el principio que impulsó a Laura Vizcaíno: producir alimentos para la vida.
El predio tiene 17 hectáreas de las cuales 10 están en producción, con 4 invernáculos de 20 x 50 metros cada uno, o sea casi una hectárea bajo cubierta. Producen tomate cherry, perita y redondo, pepino, berenjena, pimiento, zapallito, puerro, repollo, remolacha, acelga, rúcula, rabanito, priorizando siempre lo de temporada.
Además de Laura, encargada la administración y logística, integran la empresa su marido Víctor Testoni, geólogo, que interviene en la planificación general y compra de insumos, y un medianero que tiene su personal y maneja la producción. En el equipo también hay un agrónomo que controla todas las tareas.
“Nuestro medianero vive en el predio con su familia. Él lleva adelante el campo y nosotros nos ocupamos de todo lo demás. De esta manera acordamos un porcentaje de las ventas”, comentó Vizcaíno.
YUYO QUERIDO. “Estamos desbordados por los yuyos”, renegó la productora mientras saltaba entre los surcos de un lote terminado la semana anterior. “Tenemos que estar desyuyando siempre, es un trabajo manual: dar vuelta la tierra, cortar el pasto, carpir”, señaló la emprendedora y explicó: “todo lo que hace el agroquímico en producción convencional, nosotros tenemos que lograrlo invirtiendo en horas/hombre”.
Durante los primeros años hicieron experiencias de control biológico de plagas junto al INTA San Pedro. Ahora trabajan con productos permitidos, purines, incorporan el descarte al suelo y compostan.
En cuanto a los rendimientos, Vizcaíno señaló que depende mucho del cultivo, si se hizo en invernáculo o a campo y de variables ambientales. Un tomate puede dar 6 mil kilos por invernáculo, en general, todo lo que se hace bajo cubierta da muy buenos rindes.
“Nuestros volúmenes no pueden compararse con los convencionales porque producimos respetando los tiempos del cultivo, sin fertilizantes, sin maduradores, lo importante es que nuestro planteo es rentable y ambientalmente sustentable”, sentenció Vizcaíno.
LOS COMIENZOS. Para esta emprendedora producir en forma convencional nunca fue una opción, de hecho buscaron un campo virgen para iniciar su proyecto.
En el año 89 su marido iba a unas reuniones de un grupo hortícola de La Plata. Entusiasmado con la idea de empezar se contactó con un amigo agrónomo, Vicente Defelice, que conocía sobre producción orgánica, y pidieron un presupuesto para construir unos invernáculos. Lo que recibieron fue un listado interminable de agroquímicos que debían comprar.
“Los tres teníamos el mismo principio: no íbamos a usar esos productos para producir alimentos”, afirmó Vizcaíno.
Empezaron a investigar en libros, rastrear experiencias y formarse, porque no había mucha información. Se sumaron a la Asociación de Productores de Buenos Aires -APROBA- que contaba con un comité externo de certificación de calidad y así comenzaron.
“Hace 25 años vendíamos en puestos del mercado central de Buenos Aires. En ese momento no había una normativa orgánica, así que nuestros tomates cherry, okra (chaucha turca), rúcula se vendían más como delicatesen que como orgánicos”, indicó la productora.
Tiempo después, cuando el IASCAV -hoy SENASA- sacó la normativa orgánica estableció como primer paso hacer la transición. “Nosotros ya veníamos produciendo orgánico hacía dos años”, comentó Vizacaíno. Entonces presentaron ante el organismo un historial detallado por día, por lote y por cultivo de todo lo que habían hecho hasta ese momento. “Casi un año después recibimos una resolución del IASCAV que reconocía los productos Inti Corp como orgánicos”, señaló.
A mediados de los 90 los hipermercados compraban en el mercado concentrador, por lo que los productos Inti Corp se podían conseguir en góndolas masivas. A su vez, las grandes cadenas compraban en forma directa y por sucursal. Con ayuda “del amigo de un amigo” llegaron a la sucursal en Capital Federal de un hipermercado. Esto les abrió las puertas a otras sucursales y a otras cadenas.
IMPRONTA LOCAL. Gracias a una capacitación sobre gestión empresarial Vizcaíno decidió hacer algunos cambios. Para el futuro quiere una empresa más organizada y eficiente, poniendo el eje en potenciar la marca en la ciudad y en relaciones que ayuden a difundir los productos localmente.
En este tren, inició un acuerdo con el restaurante Carne para la provisión de tomates para sus hamburguesas y ensaladas.
“Actualmente vendemos como orgánico todo lo que podemos a los hiper y distribuidores. Tenemos reparto a domicilio en La Plata, proveemos a Carne, La Burguesa y La Usina, y participamos en ferias como Puente Orgánico en el Jardín Botánico del Parque Saavedra”, detalló Vizcaíno.
Vender a los supermercados representa costos más altos, pero los volúmenes son importantes y la operatoria es simple. En el delivery y las ferias el costo comercial es menor, pero son segmentos que requieren mucha dedicación. Sin embargo, los espacios de contacto directo con el cliente son los que Inti Corp se propone fortalecer, porque pese al trabajo de hormiga, son relaciones más gratificantes.
Para esta productora es muy importante trabajar para clarificar algunos conceptos que confunden al consumidor y favorecen una competencia desleal. No es lo mismo un alimento convencional que uno orgánico, tampoco uno orgánico certificado que otro, que puede ser libre de agroquímicos, pero sin certificar.
“Tenemos que construir confianza y para eso hay que decir las cosas como son, producir orgánico y no certificar es como manejar sin licencia”, aseveró.
En los últimos dos meses –correspondientes el inicio del ciclo comercial del trigo 2016/17– se declararon exportaciones argentinas de trigo orgánico certificado por 3212 toneladas a un valor FOB total de 1,09 millones de dólares.
La mayor parte de los embarques (1769 toneladas) se destinaron a Holanda con valores FOB que se ubicaron en un rango de 330 a 380 u$s/tonelada. Además se colocaron 489 toneladas en Brasil a 349 u$s/tonelada, 439 toneladas en Ecuador a 300 u$s/tonelada y 514 toneladas en EE.UU. a 280 u$s/tonelada (ver cuadro).
Se trata de diferenciales importantes porque el FOB oficial –publicado por el Ministerio de Agroindustria– del trigo pan convencional a granel en diciembre de 2016 y enero de 2017 fue en promedio de 180 y 176 u$s/tonelada respectivamente.
Sin embargo, el negocio de la especialidad agrícola es irrisorio respecto del mercado tradicional dado que representa apenas un 0,06% de las exportaciones totales del cereal declaradas en el último bimestre (4,74 millones de toneladas de trigo pan).
Las empresas que participan del negocio exportador de trigo orgánico son Soyapampa S.A., Miska S.A., Bio Grains S.A, Agronegocios Jewell, Agrícola El Horizonte S.A. y Flotom SRL.
La resolución 374/16 del Senasa unificó los criterios técnicos y metodológicos que deben cumplir las empresas elaboradoras de agroproductos orgánicos para ser identificados como tales.
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Fuente: Valorsoja.com