16 de febrero: SAN ONÉSIMO, Mártir

16 de febrero: SAN ONÉSIMO, Mártir

Onésimo era esclavo de Filemón, personaje importante de Colosa de Frigia, convertido al cristianismo por San Pablo. Cuando huía de la justicia, después de haber robado a su amo, Onésimo entró en contacto con San Pablo, quien se hallaba entonces prisionero en Roma. El Apóstol lo convirtió y bautizó y lo envió a la casa de Filemón con una carta de recomendación. Según parece, Filemón perdonó y puso en libertad a su esclavo arrepentido y lo mandó reunirse de nuevo con San Pablo. Según cuenta San Jerónimo, Onésimo llegó a ser predicador del Evangelio y luego Obispo de Efeso por orden del Apóstol Pablo. Posteriormente, Onésimo fue hecho prisionero y llevado a Roma, donde murió lapidado.

Cada 15 de febrero se celebra a San Claudio de la Colombière, apóstol del Sagrado Corazón de Jesús

Cada 15 de febrero se celebra a San Claudio de la Colombière, apóstol del Sagrado Corazón de Jesús

San Claudio de la Colombiére, 15 de febrero / ACI Prensa

Buenos Aires, domingo 15 febrero (PR/26) — Cada 15 de febrero la Iglesia Católica celebra a San Claudio de la Colombière, sacerdote jesuita francés del siglo XVII, quien obtuvo de primera mano los testimonios de Santa Margarita María Alacoque, vidente del Sagrado Corazón de Jesús a quién se le apareció Nuestro Señor.

San Juan Pablo II, quien canonizó a San Claudio en 1992, lo presentó como modelo de jesuita, recordando cómo «se entregó por completo al Sagrado Corazón, ‘siempre abrasado de amor’. Incluso practicó el olvido de sí mismo, con el fin de alcanzar la pureza del amor y de elevar el mundo a Dios».

“Un corazón contrito y humillado, oh Dios, Tú no lo desprecias” (Sal 51, 19)

 

Nacido en el sur de Francia (Saint-Symphorien-d’Ozon) en 1641, San Claudio era parte de una familia numerosa de siete hijos, cuatro de los cuales se consagraron a Dios, sea en el sacerdocio o en la vida religiosa. Asistió de niño a una escuela regentada por la Compañía de Jesús y al cumplir los 17 años ingresó a la Orden.

Claudio admitió alguna vez -con mucha honestidad- haber tenido una «terrible aversión» al riguroso entrenamiento requerido por la Compañía en los años de noviciado, pero reconocía también que esta etapa de formación lo ayudó a incrementar sus talentos naturales y mejorar su disposición espiritual.

Para ayudarse en los buenos propósitos, hizo un voto privado -una promesa personal- para obedecer las reglas y las órdenes lo más perfectamente posible. Para el hombre que ama a Dios, obedecerlo es la manera por excelencia de mostrar cuánto se ama -y Claudio lo aprendió muy bien.

Después de completar el período de estudio, Claudio fue ordenado sacerdote en 1669. Conocido como un gran predicador, llegó a enseñar en la universidad y sirvió como tutor de los hijos del ministro de finanzas (hacienda) del rey de Francia, Luis XIV.

Santa Margarita María de Alacoque

 

San Claudio de la Colombiere solía hacer acompañar espiritualmente a las monjas de un convento. Una de las religiosas que conoció allí fue Santa Margarita María de Alacoque, quien decía haber experimentado revelaciones personales del mismo Cristo, instando a la devoción a su sagrado corazón.

 

El Padre Claudio de la Colombière, por el contrario, se aproximó a la situación con total apertura. Se convirtió en el director espiritual de Santa Margarita y permaneció en esa función durante todo su tiempo en Paray-le-Monial.

De la Colombière escuchó cuidadosamente el testimonio de la santa sobre las revelaciones, y tras estudiarlas con detenimiento llegó a la conclusión de que la Hermana Margarita María había recibido efectivamente una gracia extraordinaria (revelación particular o privada).

Al encuentro del Sagrado Corazón de Jesús

 

La palabra de San Claudio de la Colombière en torno a las experiencias y la vida de Santa Margarita contribuyeron enormemente -y lo siguen haciendo- a que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús sea uno de los más importantes tesoros de la piedad católica.

En su momento, sólo a manera de ejemplo, esta devoción -y la teología que empezó a desarrollarse alrededor- ayudó a combatir la herejía jansenista, que sostenía tesis cercanas a la predestinación al acentuar el lado pecaminoso u obscuro de la naturaleza humana y terminar restándole todo concurso al libre albedrío en la salvación humana.

La Iglesia condenó el jansenismo, movimiento religioso iniciado por Cornelio Jansenio (1585-1638), y lo calificó de herético. Fue parte de una visión pesimista muy difundida en la época, contaminada de puritanismo.

Gracias al Sagrado Corazón de Jesús la herejía fue contrarrestada desde la conciencia renovada de que Dios invita a todos a recibir su perdón, al arrepentimiento y a gozar del don de la misericordia. Jesús estaba mostrando su corazón inflamado de amor por cada uno de los seres humanos, invitados todos a la salvación con la cooperación del libre albedrío.

Sin Santa Margarita María y sin San Claudio de la Colombiere ese mensaje no habría tocado los corazones de muchísima gente.

Misionero expulsado de Inglaterra

En el otoño de 1676, el P. de la Colombière fue enviado a Inglaterra, en tiempos de gran tensión en ese país, religiosamente desgarrado por las guerras civiles de mediados de siglo. Allí el jesuita desempeñó su ministerio como capellán y predicador de María de Módena, noble católica que se había convertido en duquesa de York, es decir, en reina de Inglaterra, Escocia e Irlanda.

Ese fue un tiempo de relativa calma, hasta que en 1678 un rumor sobre un supuesto complot católico contra la monarquía inglesa se extendió por el país. Aún cuando se trató de una mentira, el rumor llevó a la ejecución de 35 personas inocentes, entre ellos ocho sacerdotes jesuitas. El P. Claudio Colombière no fue ejecutado pero sí acusado, arrestado y encerrado en un calabozo, donde permaneció por varias semanas.

El jesuita francés soportó heroicamente aquella prueba; sin embargo, las condiciones de la prisión maltrataron mucho su salud. Sin haberse siquiera repuesto, fue expulsado de Inglaterra.

Vuelta a Francia y muerte

El santo volvió a Francia en 1679 y reanudó su trabajo como maestro y sacerdote, aprovechando las nuevas circunstancias para difundir la devoción al Sagrado Corazón de Cristo entre sus compatriotas.

En 1681, el P. de la Colombière volvió a Paray-le-Monial, al mismo lugar donde acontecieron las revelaciones a Santa Margarita María Alacoque. En aquella comuna, un año más tarde (1682), murió de una hemorragia interna a los 41 años, el primer domingo de Cuaresma, 15 de febrero.

Claudio de la Colombière fue beatificado en 1929 –nueve años después de la canonización de Santa Margarita María Alacoque– y canonizado 63 años después por San Juan Pablo II, el 31 de mayo de 1992.

Si deseas conocer más sobre San Claudio de la Colombière, te sugerimos el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Claudio_de_la_Colombière.

 

Cada 14 de febrero se celebra a San Valentín, patrono de los enamorados

Cada 14 de febrero se celebra a San Valentín, patrono de los enamorados

Cada 14 de febrero la Iglesia Católica celebra a San Valentín, obispo y mártir del siglo III, patrono de los enamorados y testigo del amor fiel hasta el martirio.
San Valentín, 14 de febrero / ACI Prensa

El patrono de los enamorados, San Valentín,  nació en el año 175 (otras fuentes consignan el año 197) en la ciudad de Terni, a cien kilómetros de Roma (Italia), donde actualmente yacen sus restos debajo de uno de los altares laterales de la Basílica que lleva su nombre.

Dios protege a quienes se aman con rectitud y pureza

 

En el siglo III, en tiempos en los que se perseguía a los cristianos, San Valentín se consagró al servicio de la comunidad eclesial de su ciudad natal. Como obispo de Terni (antes, Interamna) arriesgó su vida muchas veces para administrar los sacramentos. Se dice que tenía predilección por unir a las parejas en santo matrimonio, pues eso multiplicaba el deseo en otros de constituir un hogar cristiano.

A San Valentín le encantaban las flores y solía regalarlas a las parejas que se comprometían para casarse, como expresión de su deseo de que tengan una vida feliz juntos.

Pastor que da la vida por sus ovejas

Cuenta la tradición que el emperador romano Claudio II, con el propósito de evitar que las familias cristianas se multiplicaran, prohibió la celebración de todo matrimonio cristiano. Además, tenía la convicción de que los soldados casados no solían ser lo suficientemente aguerridos, puesto que se hallaban emocionalmente sometidos a una familia.

Entonces, llegó a oídos del emperador que el obispo Valentín había casado a un legionario converso con una joven cristiana, acto que consideró una afrenta directa contra su autoridad. Pronto dio la orden de ubicar y apresar al obispo. Así que el santo fue encarcelado y luego llevado a la vía Flaminia, cerca de la Puerta del Pueblo en Roma, donde sería azotado.

Para evitar tumultos o protestas de quienes apreciaban al obispo, Claudio decidió ejecutarlo y enterrar sus restos en secreto. La tradición señala que el obispo San Valentín murió decapitado el 14 de febrero del año 273. Una versión muy popular señala que, pasado un tiempo prudente, tres discípulos suyos lograron ubicar y desenterrar su cuerpo, y lo llevaron de regreso a su ciudad para darle una sepultura digna.

El sentido del amor de los esposos

 

La fiesta de San Valentín recuerda el sentido del auténtico amor entre quienes están llamados a la vida matrimonial y a formar una familia.

La figura del obispo mártir nos recuerda, además, que el amor no es solo un sentimiento. Esencialmente tiene que ver con la voluntad de un hombre y de una mujer expresada en la entrega y el sacrificio sin calcular beneficios o conveniencias; todo lo contrario, el amor esponsal es el amor que procura el bien y la plenitud de la pareja.

Como recordaba el Papa Benedicto XVI en su encíclica Deus Caritas Est [Dios es Amor], el amor «es ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a sí mismo, sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca» (ver No. 6).

Tres mártires llamados “Valentín”

 

En otro orden, es bueno hacer cierta precisión en torno a la figura de San Valentín. De acuerdo a la Enciclopedia Católica hubo otros dos mártires de los primeros siglos que comparten el mismo nombre, “Valentín”, y algunos relatos sobre ellos presentan similitudes:

«En antiguos martirologios se menciona en la fecha del 14 de febrero al menos a tres santos de nombre Valentín, todos ellos mártires. A uno se le describe como sacerdote de Roma, a otro como obispo en Interamna (actualmente, Terni), y ambos al parecer fueron martirizados en la segunda mitad del siglo III, y estarían sepultados en la Vía Flaminia, pero a diferentes distancias de la ciudad (…) Acerca del tercer San Valentín, fuera de que fue martirizado en África junto con un cierto número de sus compañeros no se conoce nada más».

Si quieres saber más sobre San Valentín debes leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Valentín.

Fuente: ACI Prensa

Primicias Rurales

Cada 13 de febrero se celebra a las santas Fusca y Maura, amigas entrañables y mártires de la fe

Cada 13 de febrero se celebra a las santas Fusca y Maura, amigas entrañables y mártires de la fe

Buenos Aires, 13 de febrero (PR/26) .- Cada 13 de febrero, la Iglesia conmemora a las santas Fusca y Maura, dos mujeres a las que unió la amistad más especial. Más allá de que pertenecían a estratos sociales diferentes o provenían de mundos distintos, las dos vivieron unidas por la fe, la esperanza y la caridad.

Fusca y Maura fueron contemporáneas de Santa Águeda de Catania y, como ella, sufrieron la terrible persecución organizada por el emperador romano Decio en el siglo III. Ambas entregaron la vida tras negarse a rechazar la fe en Cristo Jesús.

“Dar la fe”

Según la tradición, Fusca nació en el seno de una familia pagana de Rávena, ciudad del antiguo imperio romano, que subsiste hasta hoy como parte de Italia. Maura fue nodriza de Fusca, es decir, fue la mujer que probablemente la amamantó o al menos la cuidó en sus primeros años de vida.

Cuando Fusca alcanzó la edad de 15 años, le confesó en secreto a Maura que había oído hablar del Señor Jesús y que tenía el deseo de convertirse y recibir el sacramento de la iniciación cristiana, el bautismo. Aquella invitación tocó profundamente el corazón de Maura porque ella se consideraba cristiana desde hacía tiempo, aunque todavía no se había bautizado. Es así que ambas mujeres deciden buscar a un sacerdote llamado Hermoloa, quien las instruyó en la fe y las bautizó.

El don de Dios todo lo vale

Cuando el padre de Fusca se enteró de lo que había hecho su hija, montó en cólera contra ella y contra Maura, culpándola de haber deshonrado a su familia.

El hombre, entonces, ordenó que las dos mujeres fueran encerradas en los sótanos de la casa, donde se les dejó tres días sin comida ni bebida. Su intención era darles tal escarmiento, que al salir libres solo les quedaría pedir perdón por haberse bautizado.

Sin embargo, esto no llegó a suceder. El padre, fuera de sí, buscó por otros medios que su hija retornara al culto pagano de la familia. Al ver que no podía doblegar su voluntad, él mismo la denunció al gobernador Quinciano, quien ya había condenado al martirio a Santa Águeda poco tiempo atrás. Fusca, consciente de su destino, tras ser acusada, se encomendó a Dios y declaró que no temía ni a los tormentos ni a la muerte porque confiaba en las promesas de Cristo y creía en la resurrección.

Quinciano envió a sus hombres para que se lleven a Fusca y a Maura, pero un ángel del Señor se paró al lado de ambas para protegerlas. Aquel día los soldados no se atrevieron a ejecutar las órdenes recibidas.

Solo unos días un grupo mucho más grande de milicianos regresó y las dos mujeres fueron forzadas a comparecer ante el tribunal. Sin miedo, enfrente de todos, Fusca y Maura reafirmaron su fe en Jesucristo y la esperanza en su promesa de vida eterna.

    Primicias Rurales
    Fuente: Aciprensa
Cada 12 de febrero se celebra a Santa Eulalia, la niña mártir protectora de la ciudad de Barcelona

Cada 12 de febrero se celebra a Santa Eulalia, la niña mártir protectora de la ciudad de Barcelona

Santa Eulalia nació en Barcino, Hispania (Imperio Romano), a finales del siglo III, y murió martirizada cuando tenía 12 o 13 años por negarse a abandonar su fe.

Estuvo incluida en el Martirologio romano hasta el año 2004 cuando fue retirada para sumarse a la lista de los ‘santos tradicionales’. Esto no quiere decir que Santa Eulalia no haya existido sino que su historicidad es difícil de establecer.

Sin embargo, pese a esta dificultad, Santa Eulalia como muchos otros santos y mártires  han gozado de gran arraigo popular a lo largo de siglos y siglos, característica que dice muchísimo: precisamente es la tradición católica la que preserva la memoria de sus santos y santas. Por eso, también, su veneración está completamente permitida.

Las ediciones previas del Martirologio Romano daban cuenta de la joven mártir así: «El 12 de febrero, se conmemora a Santa Eulalia, mártir de España, muerta por proclamar su fe en Jesucristo». ¡Santa Eulalia, ruega por nosotros!

«¿Por qué me persigues?»  (Hch 9, 4)

 

Un decreto emitido por el emperador Diocleciano (244-311) prohibía a los católicos dar culto a Jesucristo y les exigía adorar ídolos paganos so pena de terribles castigos. Eulalia, junto a miles de cristianos, fue víctima de aquel mandato y de la insanía desatada entre los que repudiaban el cristianismo. Lejos de dejarse amedrentar, la mayoría se mantuvo fiel al Señor pero, como sabemos, esa fidelidad les costó la vida a muchos, sin que importara siquiera que fueran niños. Ese fue el caso de Eulalia.

 En este canto se narra cómo Eulalia tomó la decisión de protestar ante el gobernador Daciano contra las leyes que prohibían dar culto a Dios. Asimismo, están registrados los terribles métodos de tortura que se emplearon con ella.

Eulalia fue hecha prisionera y confinada a una mazmorra. Allí la encadenaron, y la prepararon para luego ser azotada con látigos terminados en garfios. Con la piel destrozada fue colocada sobre un brasero ardiente.

Cuando a sus verdugos les provocó, fue retirada de las brasas y le frotaron las heridas con piedras y sal. Se le arrojó luego sobre una fosa con cal viva. Y como si esto fuera poco, la cargaron y la introdujeron en un tonel lleno de clavos y objetos punzantes. Luego lanzaron el tonel -con ella dentro- por una calle en bajada.

Sus verdugos, extenuados “por su gran esfuerzo”, la dejaron en un establo lleno de pulgas, hasta que, finalmente, la obligaron a caminar desnuda -tenía los pechos quemados y mil heridas- por las calles del pueblo, hasta el lugar donde fue crucificada. Esa tarde nevó y muchos pensaron que se trataba de un gesto divino para cubrir su cuerpo y tapar en algo su vergüenza.

«Yo soy Jesús, a quien tú persigues» (Hch 9, 5)

 

La niña, con gran paz y aplomo, no dejó de proclamar su amor a Cristo mientras se ensañaban con ella: «Señor Jesús, he aquí que escriben tu nombre sobre mi cuerpo ¡Cuán agradable es leer estas letras que sellan, oh Cristo, tus victorias! La misma púrpura de mi sangre exprimida habla de tu santo nombre”.

Existe una versión que difiere de la anterior mínimamente: concluidos los castigos, doce en total -la orden del gobernador era que Eulalia recibiera uno por cada año de vida-, los verdugos la quemaron. La versión más común es la de que fue crucificada (cruz de aspa). Una leyenda señala que una blanquísima paloma salió de la boca de Santa Eulalia y que esta voló hasta perderse de vista.

¿Barcelona o Mérida?

 

Santa Eulalia es una de las santas más queridas y famosas de España. Ella representa el coraje y lavalentía del pueblo español, en especial de sus bravos niños. Hoy, además de la devoción con la que se le recuerda en su nación, la memoria pública le ha concedido un lugar especial a Santa Eulalia: es la Patrona de la ciudad de Barcelona desde 1868, título que comparte con la Virgen de la Merced.

No se puede pasar por alto que existe una controversia en torno a la similaridad entre las historias de Santa Eulalia de Barcelona y Santa Eulalia de Mérida (ambas españolas), lo que ha hecho pensar a muchos de que se trata de una única santa. Si esto es realmente así, se trataría de un caso de duplicación de personalidad hagiográfica. Sin embargo, tampoco hay fundamentos concluyentes al respecto. Por lo mismo, no se descarta que se trate de dos santas diferentes con el mismo nombre. En Mérida, Santa Eulalia ostenta el título de “alcaldesa a perpetuidad”.

 

Hoy 11 de febrero: Festividad de Nuestra Señora de Lourdes

Hoy 11 de febrero: Festividad de Nuestra Señora de Lourdes

La Iglesia celebra este 11 de febrero a Nuestra Señora de Lourdes, recordando las apariciones a Bernardita Soubirous y el Día Mundial del Enfermo, con multitudinarias jornadas de oración en Francia y grandes peregrinaciones en Argentina, donde miles de fieles caminan para pedir salud, paz y esperanza.
Lourdes, Francia, miércoles 11 febrero (PR/26) — El 11 de febrero marca la fecha de la primera aparición de la Virgen María a Bernardita Soubirous.
En 1993, el Papa Juan Pablo II declaró este día como el Día Mundial del Enfermo.
Como cada año, el Santuario de Lourdes original invita a todo el mundo a rezar a Nuestra Señora de Lourdes en un gran impulso de oración mundial. La Jornada mundial de oración a Nuestra Señora de Lourdes invita a todo el mundo a unirse a través de la oración con todos los peregrinos que estarán allí mismo o a distancia.
11 de febrero

El Santuario de Lourdes le invita a celebrar la festividad de Nuestra Señora de Lourdes en la Gruta de Massabielle. Se espera que miles de peregrinos celebren y recen juntos a Nuestra Señora de Lourdes. Venga a vivir esta hermosa festividad en el lugar donde las personas enfermas siempre están en la primera línea.

En un año en el que peregrinos de todo el mundo convergen en Roma para cruzar la Puerta Santa, el Santuario de Lourdes le invita a vivir una peregrinación bajo la mirada de María, Madre de la Esperanza y Madre de la Iglesia. Se trata de un año propicio para rezar por la Iglesia, el mundo y la paz, así como por los visitantes y peregrinos del Santuario, todos unidos en la esperanza, la fe y la caridad.

 

Cada 11 de febrero, la Iglesia católica recuerda las apariciones de la Virgen María a Bernardita Soubirous en Lourdes, Francia, y celebra el Día Mundial del Enfermo

Cada 11 de febrero, la Iglesia católica celebra a Nuestra Señora de Lourdes, advocación mariana que surgió de las apariciones de la Virgen María a Bernardita Soubirous en 1858, en la gruta de Massabielle, al sur de Francia. Ese día se recuerda la primera aparición, cuando la “bella Señora” se manifestó ante la niña de 14 años, pidiéndole rezar el rosario y hacer penitencia por los pecadores.

En las 18 apariciones siguientes, la Virgen reveló su identidad como “la Inmaculada Concepción” y señaló una fuente milagrosa que, desde entonces, atrae a millones de peregrinos en busca de curaciones físicas y espirituales.

En Argentina, la devoción se replica en varios santuarios y grutas inspirados en el original francés. Uno de los más destacados y concurridos del país —especialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires— es el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Santos Lugares, partido de Tres de Febreroprovincia de Buenos Aires.

Ubicado en avenida La Plata 3757, este imponente complejo, administrado por los Agustinos de la Asunción, incluye una basílica de dos templos superpuestos, una réplica fiel de la gruta con la imagen de la Virgen traída desde Lyon en 1921, y una torre central de 74 metros que domina el paisaje del conurbano.

Oración a la Virgen de Lourdes para pedir por los enfermos

Una oración tradicional, recomendada por fuentes católicas confiables como ACI Prensa, para invocar a la Virgen de Lourdes, especialmente en este día, es la siguiente:

¡Oh amabilísima Virgen de Lourdes, Madre de Dios y Madre nuestra!

Llenos de aflicción y con lágrimas fluyendo de los ojos, acudimos en las horas amargas de la enfermedad a tu maternal corazón para pedirte que derrames a manos llenas el tesoro de tu misericordia sobre nosotros. Indignos somos por nuestros pecados de que nos escuches, pero acuérdate que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a ti haya sido abandonado.

Alcanzadle de vuestro Divino Hijo Jesucristo la deseada salud, si ha de ser para mayor gloria de Dios. Pero mucho más alcanzadnos a todos el perdón de nuestros pecados, paciencia y resignación en los sufrimientos y, sobre todo, un amor grande y eterno a nuestro Dios, prisionero por nosotros en los Sagrarios. Amén.

Virgen de Lourdes, rogad por nosotros. Consuelo de los afligidos, rogad por nosotros. Salud de los enfermos, rogad por nosotros.

Fuente: Santuario de Lourdes-Francia / A 24/ La Voz

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