Hoy celebramos a San Marcos Evangelista, al que llaman ‘el León Alado’

Hoy celebramos a San Marcos Evangelista, al que llaman ‘el León Alado’

San Marcos es patrono de la ciudad de Venecia (Italia), de los abogados y de quienes hacen vitrales.

El León Alado

Como al resto de Evangelistas, la tradición ha caracterizado a San Marcos con uno de los símbolos o figuras tomados de un conocido pasaje del libro del Apocalipsis, texto escrito por el apóstol San Juan. Dice la Escritura: «El primer Ser Viviente se parece a un león, el segundo a un toro, el tercero tiene un rostro como de hombre y el cuarto es como un águila en vuelo» (Ap 4, 7).

A San Marcos la tradición lo ha identificado simbólicamente con el león, el más fuerte entre los animales, representado además portando alas como si se tratase de un ave, con la muy probable intención de evocar elevación espiritual. La elección del león como figura parece aludir de manera directa a la forma como Marcos da inicio a su narración del Evangelio.

El inicio del relato evangélico

El desierto, por lo demás, compone el paisaje de fondo que rodea siempre la vida (obras) y dichos de Jesús de Nazaret en su paso por la tierra.

Amistad y cercanía con los apóstoles Pedro y Pablo

San Marcos fue originario de la zona de Jerusalén y, como tal, perteneció al pueblo judío. En los Hechos de los Apóstoles, Marcos aparece acompañando a Pablo y a Bernabé, su primo, rumbo a Antioquía, en el primer viaje misionero. Después los acompañaría también a la ciudad de Roma, capital del imperio. Posteriormente, Marcos vuelve a aparecer pero esta vez separado de ellos, en Perga, desde donde retornaría a casa.

Más adelante, Bernabé también tomaría un rumbo distinto al de Pablo, en dirección a la isla de Chipre para reencontrarse con su primo, Marcos. Al parecer, como deja entrever el relato de San Lucas en los Hechos, el alejamiento de Marcos en ese viaje inicial no fue del total agrado de Pablo. Como sea, años después, el Apóstol de los gentiles y San Marcos se juntarían para emprender otro viaje misionero.

El Evangelista Marcos, cabe resaltar, también hizo un largo periplo junto a San Pedro, acompañándolo hasta Roma. Quien fuera el primer Papa solía referirse a él como “mi hijo”, evidenciando la relación de confianza y cercanía que se tenían ambos. Los frutos de esa estrecha amistad pueden verse en la manera como Marcos elabora su relato sobre la vida de nuestro Señor. El santo logró plasmar de manera notable el testimonio directo del mayor de los apóstoles, Pedro, incluso con el dramatismo de sus aciertos y sus caídas. Así, el Evangelio de Marcos contribuye enormemente a la comprensión de la divinidad de Jesús, gracias al énfasis puesto en cómo el Señor era capaz de perdonar y en su pedagogía, plasmada en cada uno de sus milagros.

Nota cronológica

Para mayores detalles, el Evangelio según San Marcos fue redactado, muy probablemente, a lo largo de la década del 60 después de Cristo.

Después de sus viajes, San Marcos se estableció en Alejandría (ciudad del antiguo Egipto), donde dirigió a la comunidad cristiana y fundó su famosa escuela. La tradición señala que murió martirizado por la fe en esa ciudad hacia el año 68. Hoy, en virtud a su presencia en esa tierra, es venerado como patrono de la Iglesia Católica Copta.

Las reliquias del Evangelista reposan en la actualidad en la Catedral de Venecia (Italia), ciudad de la que también es patrono.

Si quieres saber más sobre San Marcos, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Marcos.

 

Primicias Rurales

Fuente: Aciprensa

Hoy celebramos a San Fidel de Sigmaringa mártir, quien procuró la unidad entre cristianos

Hoy celebramos a San Fidel de Sigmaringa mártir, quien procuró la unidad entre cristianos

A San Fidel se le conoce como el gran predicador del Evangelio en el país de los ‘grisones’ (hoy, uno de los cantones de Suiza), especialmente entre los seguidores de Ulrico Zuinglio, líder de la Reforma Protestante en esas tierras. Su vida religiosa estuvo marcada por su generosidad, acompañada de un espíritu constante de penitencia y servicio.

En busca de la verdadera justicia: ‘el abogado de los pobres’

Fidel nació en 1577 en una pequeña ciudad alemana a orillas del Danubio llamada Sigmaringa. Dejó su país natal y se trasladó a Suiza, donde murió martirizado en 1622.

Su nombre de pila fue Markus Rey (tenía ascendencia española). Perteneció a una familia  noble y recibió una educación privilegiada en la prestigiosa Academia Archiducal de Friburgo en Brisgovia. Allí destacó como estudiante, llegando a dominar el latín, el francés y el italiano. Se graduó muy joven como doctor en Derecho Civil y Canónico.

Después de haber obtenido las licencias, se dedicó a abogar por aquellos que no podían costear una defensa legal, por lo que recibió el calificativo de “el abogado de los pobres».

Que el hermano que está lejos, vuelva

En Friburgo logró la conversión de muchos protestantes, en buena parte gracias a su predicación “elocuente, de buen sentido, concienzuda”, tal y como lo testimonian algunos de sus biógrafos. Gran impresión dejó entre la gente cuando la peste del cólera golpeó la ciudad, pues se dedicaba día y noche a asistir a los enfermos. Para el santo, la cuestión era hacer presente a Dios en esos momentos cuando justamente “parece” que no está.

El 24 de abril del año 1622, después de reunirse a dialogar en Seewis con un grupo de líderes protestantes, habiendo predicado en aquella reunión con gran acierto, un grupo de hombres de la comuna lo emplazó violentamente y le exigió que abjurara de la fe católica. El santo se negó rotundamente a hacerlo y fue derribado a tierra desde el caballo que montaba. La turba enloqueció y el fraile terminó asesinado a puñaladas y golpes de espada.

San Fidel de Sigmaringa fue canonizado el 26 de junio de 1746 por el Papa Benedicto XIV.

Primicias Rurales
Fuente: Aciprensa
Hoy celebramos a San Jorge, protector del Papado e intercesor en la lucha contra el mal

Hoy celebramos a San Jorge, protector del Papado e intercesor en la lucha contra el mal

La fama de San Jorge creció durante la Alta Edad Media y hoy sigue evocando, como antaño, importantes aspectos de la virtud cristiana, especialmente aquellos necesarios para enfrentar la lucha diaria contra el maligno como el valor y la fortaleza.

San Jorge fue un soldado romano convertido a la fe en Jesucristo que terminó siendo ejecutado en Nicomedia (capital de Bitinia, hoy Turquía) a causa de su fe. Se cree que fue decapitado, por lo que se le cuenta entre los mártires. Vivió aproximadamente entre los años 275/280 y 303.

Muchos se refieren a San Jorge como “el santo del Papa Francisco”, por la devoción que el Sumo Pontífice le profesa desde hace décadas. San Jorge es también Patrono de Armas de Caballería del Ejército de Argentina, país natal del Santo Padre.

Protector en la lucha contra el mal

San Jorge nació en Lydda, Palestina, la tierra de Jesús. Su padre fue un agricultor muy estimado. Ingresó al ejército imperial romano y, gracias a su carisma y capacidad de liderazgo, ascendió rápidamente en la milicia.

 

Cuando San Jorge tuvo noticia de este problema, buscó a la bestia, la enfrentó y la venció. Los lugareños, llenos de admiración por lo sucedido, vieron al soldado dar gracias a Dios e invocar el nombre de Jesucristo a quien ofreció la victoria, tras lo cual, muchos decidieron seguir su ejemplo y se hicieron cristianos.

La victoria final es de Jesucristo

Jorge desobedeció el mandato del emperador y declaró que nunca dejaría de amar y honrar a Jesús, su único Dios y Señor.

La negativa del santo produjo una violenta reacción del emperador, quien lo condenó a muerte. Jorge fue llevado al templo y puesto frente a los ídolos a ver si se arrepentía de su actitud y finalmente los adoraba. Sin embargo, San Jorge no dio un paso atrás.

Entonces el santo fue sometido al castigo. Mientras le daban de latigazos, empezó a recordar los azotes que recibió Jesús, y cómo el Señor nunca abrió la boca para proferir queja o insulto. Jorge aguantó cuanto pudo en completo silencio.

Las huellas del guerrero

 

 

A San Jorge se le representa generalmente montado en un caballo, con traje y armadura militar de estilo medieval, portando una palma, una lanza y un escudo.

También se le representa al lado de una bandera blanca marcada con una cruz roja, estampada de extremo a extremo -ícono de los cruzados-. A veces, esa bandera aparece tallada en su escudo. Estos detalles son una constante en cuadros, pinturas y esculturas.

Inglaterra tiene como estandarte la Bandera de San Jorge, símbolo de que el santo es patrono de la nación. También es patrono de los Boys Scouts; así como de los agricultores, arqueros, escultores, herreros, prisioneros, trabajadores circenses, montañeros, soldados, etc. entre otros numerosos patronazgos.

En muchos lugares se le venera como el protector de los animales domésticos.

Si quieres saber más sobre San Jorge, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Jorge.

Hoy se celebra a Santa María Virgen, Madre de la Compañía de Jesús

Hoy se celebra a Santa María Virgen, Madre de la Compañía de Jesús

Desde el año 1541, cada 22 de abril, se celebra la fiesta de Santa María Virgen, Madre de la Compañía de Jesús. Se trata de una advocación mariana que nació en el círculo de los primeros jesuitas, liderados por San Ignacio de Loyola.

 

Buenos Aires, miércoles 22 abril (PR/26) — La devoción a Santa María Virgen Madre de la Compañía de Jesús se ha extendido a toda la Iglesia, impulsada gracias a la presencia e importancia que la Compañía de Jesús tiene para la catolicidad.

El 22 de abril de 1541, los primeros jesuitas realizaron los votos solemnes -pobreza, castidad y obediencia- ante la imagen de Santa María Virgen ubicada en la basílica romana de San Pablo de Extramuros.

Aquel día se selló para siempre el vínculo entre la Madre de Dios y el alma jesuítica; vínculo determinante en la conversión del propio Ignacio de Loyola y de los hombres que se fueron uniendo al proyecto fundacional.

El veintidós de abril

He aquí parte del relato de lo sucedido aquel día. Estuvieron presentes San Ignacio de Loyola, fundador y general de la Compañía, y los miembros del grupo inicial (Salmerón, Laínez, Broet, Jay y Codure):

“Cuando llegamos a San Pablo los seis nos confesamos, unos a otros. Se decidió que Íñigo [Ignacio] dijese misa en la iglesia, y que los otros recibiesen el Santísimo Sacramento de sus manos, haciendo sus votos de la siguiente forma: Ignacio diciendo misa y justo antes de la comunión, sosteniendo un papel con la fórmula de los votos, se volvió hacia sus compañeros que estaban arrodillados, y pronunció las palabras de los votos…”.

“Después de decirlas, comulgó recibiendo el Cuerpo de Cristo. Cuando terminó de consumir colocó las cinco hostias consagradas en la patena y se volvió hacia sus compañeros. Cada uno tomó el texto de los votos en su mano y dijo en voz alta las palabras. Cuando el primero terminó, recibió el Cuerpo de Cristo. Luego, por turnos, los demás hicieron lo mismo. La misa tuvo lugar en el altar de la Virgen, en el que estaba reservado el Santísimo Sacramento…”

Unos meses antes y el futuro inmediato

El 27 de septiembre de 1540, unos meses antes de aquel glorioso abril, el Papa Paulo III había aprobado la ‘fórmula’ de la Compañía de Jesús y concedido la licencia para elaborar sus Constituciones. Dicha aprobación fue dada mediante la bula de confirmación, Regimini militantis ecclesiae [Por el gobierno de la Iglesia militante].

A raíz de este proceso, se hizo indispensable fortalecer la organización interna de la Orden para salir al paso de los retos que Dios les iba poniendo a los jesuitas: en muchas ciudades se les convocó para que funden colegios o se encarguen de aquellos que estaban descuidados o abandonados; por otro lado, para poder sostener el crecimiento numérico de las vocaciones se tuvieron que construir monasterios u organizar mejor aquellos que les fueron cedidos.

Entre los grandes retos que asumieron los jesuitas hay que mencionar su participación en el Concilio de Trento (clave para el movimiento de Contrarreforma). El Concilio abriría un frente más, que implicaba una suerte de movimiento pendular: pasar de la defensa de la fe católica y la Iglesia, al diálogo y entendimiento con los protestantes.

Finalmente, algunos jesuitas empezaron a realizar viajes de misión a tierras lejanas, no cristianas, mientras otros, por su buena preparación o formación, se hicieron cargo de diversas misiones diplomáticas entre las coronas europeas y el papado.

En ese horizonte de misión inmenso, cada jesuita laboró al amparo y la guía de la Virgen, Madre de la Compañía.

…Si deseas conocer más sobre la Compañía de Jesús y su historia, puedes revisar el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Compañía_de_Jesús.

 

Hoy celebramos a San Anselmo de Canterbury, el santo que nos anima a dar razón de nuestra fe

Hoy celebramos a San Anselmo de Canterbury, el santo que nos anima a dar razón de nuestra fe

El Papa Benedicto XVI describía a Anselmo como un hombre movido por un intenso amor al conocimiento, y, al mismo tiempo, un pensador muy consciente de las limitaciones humanas: “La tradición cristiana [le] ha dado el título de ‘doctor magnífico’, porque cultivó un intenso deseo de profundizar en los misterios divinos, pero plenamente consciente de que el camino de búsqueda de Dios nunca se termina, al menos en esta tierra”.

San Anselmo de Aosta -como también se le conoce- fue un destacado teólogo y filósofo, considerado “padre de la escolástica” y “fundador de la teología escolástica” (la escolástica fue un movimiento cultural y educativo que se sostiene en el principio de que la fe y la razón no son incompatibles).

Fue proclamado Doctor de la Iglesia en el siglo XVIII en virtud a su brillante itinerario intelectual y espiritual, en el que logró establecer con maestría los puentes que unen a la fe y razón, o a la teología con la filosofía.

Como teólogo, se le recuerda por su defensa de la Inmaculada Concepción y la Encarnación; y, como filósofo, por el desarrollo del célebre “argumento ontológico” para demostrar la existencia de Dios.

«Dios, te lo ruego, quiero conocerte, quiero amarte y poder gozar de ti. Y si en esta vida no soy capaz de ello plenamente, que al menos cada día progrese hasta que llegue a la plenitud» (San Anselmo, Proslogion, cap. 14).

Es, además, uno de los autores más leídos y estudiados de todos los tiempos, especialmente entre lógicos y apologetas, o, simplemente, entre quienes desean dar razón de su fe o conocerla mejor.

Anselmo nació en el año 1033, en Aosta del Piemonte (Alpes italianos). Su educación fue encargada a los monjes benedictinos.

Tras la muerte de su madre y a consecuencia de una mala relación con su padre, Anselmo abandonó su casa y emigró al otro lado de los Alpes. En 1060, con 27 años, ingresó al monasterio de Bec (Normandía) donde se hizo discípulo y gran amigo de Lanfranco de Pavía, prior del monasterio, quien sería su predecesor como arzobispo de Canterbury (Inglaterra).

 

Dos alas para elevarse al conocimiento de la verdad: fe y razón

 

Siendo prior de Bec, el santo compuso sus dos obras más conocidas, las que han servido por siglos como modelo de integración entre filosofía y teología, e inspiración en el desarrollo de la Teología Natural, disciplina filosófica: el Monologium (meditaciones sobre las razones de la fe), en el que están desarrolladas un conjunto de demostraciones metafísicas de la existencia de Dios; y el Proslogium (meditaciones de la fe que busca la inteligencia), obra dedicada a los atributos de Dios que pueden ser conocidos a través de la sola razón.

 

La existencia de Dios

 

«No pretendo, Señor, penetrar en tu profundidad, porque no puedo ni siquiera de lejos confrontar con ella mi intelecto; pero deseo entender, al menos hasta cierto punto, tu verdad, que mi corazón cree y ama. No busco entender para creer, sino que creo para entender» (ib., 1).

Mucho se ha hablado y escrito sobre la prueba de la existencia de Dios elaborada por Anselmo. Los estudiosos la han calificado de distintas maneras (“prueba a priori”, “prueba lógica”, etc. ), de acuerdo al tipo de análisis que se emplee para abordar su interpretación.

Dios, en ese sentido, es aquello que concebimos como lo más grande (o perfecto) entre toda grandeza, en grado infinito.

San Anselmo considera, además, que algo existente en la realidad es siempre más grande que aquello que solo existe en el pensamiento; en consecuencia, “aquello de lo cual nada mayor puede pensarse”, es decir, Dios, debe existir realmente. Si no es así, entonces cabe pensar en algo mayor, y si fuese ese el caso, acto seguido, tendríamos que pensar en Dios, porque sólo de Él es posible afirmar “que no hay nada mayor”.

 

Hijo de María, teólogo al servicio de la Iglesia

En 1078 Anselmo fue elegido abad de Bec, lo que lo obligaba a viajar con frecuencia a Inglaterra. Tras la muerte de Lanfranco (1089), Anselmo fue nombrado Arzobispo de Canterbury, el 4 de diciembre de 1093, pese a que en un primer momento el rey Guillermo el Rojo (Guillermo II de Inglaterra) se opuso a su nombramiento.

El rey Guillermo había sido muy hostil con los católicos en general, y lo fue luego, de manera particular, con Anselmo. En más de una ocasión, dada la influencia del monje, lo desterró de la isla. Detrás estaba la controversias sobre las investiduras: Guillermo quería ser quien nombre a los obispos en su reino y no el Papa.

Después el arzobispo regresaría a Inglaterra pero sería desterrado nuevamente. Con dificultad, después de este segundo destierro, recién pudo establecerse en la isla de manera permanente.

San Anselmo falleció el año 1109, rodeado por sus hermanos monjes, en Canterbury. En sus horas de agonía alcanzó a dejar estas palabras como testamento: «Allí donde están los verdaderos goces celestiales, allí deben estar siempre los deseos de nuestro corazón».

San Anselmo de Canterbury fue canonizado en 1494 y declarado Doctor de la Iglesia en 1720 por el Papa Clemente XI.

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Hoy se celebra a Santa Inés de Montepulciano, la mística dominica que multiplicaba el pan

Hoy se celebra a Santa Inés de Montepulciano, la mística dominica que multiplicaba el pan

Santa Inés inspiró una rica tradición espiritual de la que se nutrieron santos y santas, como Catalina de Siena, quien le profesó gran devoción.

Humildad y sencillez

Inés Segni -nombre de pila de la santa- nació alrededor del año 1268, en Gracciano (Italia), en el seno de una familia noble. Desde muy niña estuvo en contacto con la vida religiosa, gracias a que sus padres confiaron su educación a las monjas del monasterio de Montepulciano, ubicado muy cerca de su Gracciano. Inés empezó con ellas su formación cumplidos los nueve años.

Las monjas de Montepulciano eran conocidas por su austeridad y por sus particulares hábitos, confeccionados con la tela rústica con la que se hacen los sacos para guardar granos o semillas. Al convento lo llamaban el ‘monasterio del saco’ y a sus monjas, ‘las saquinas’.

En ese monasterio Inés empezó a destacar por su generosidad, su capacidad de sacrificio y su intensa vida de oración. Permaneció allí unos cinco años hasta cumplir los quince, cuando fue enviada junto a Sor Margarita, su maestra de noviciado, a erigir un monasterio de dominicas en Proceno, aldea de la diócesis de Acquapendente. Tres años más tarde, sería nombrada abadesa de aquel lugar. Por su juventud, fue necesaria una autorización especial del Papa Nicolás IV para poder ejercer el cargo.

Las monjas del monasterio también fueron testigos de los éxtasis en los que caía Santa Inés, así como de los momentos en los que su cuerpo se elevaba, separándose del suelo.

“Lo que tú quieras, Señor”

En 1298, con el apoyo de las autoridades de la Orden de Predicadores y el patrocinio del Papa, regresó a la región donde nació y estableció allí el nuevo monasterio de monjas dominicas en las afueras de Montepulciano. Allí mandó construir una capilla consagrada a la Virgen María, ampliada poco después con la colaboración de los fieles. La santa gobernó la comunidad religiosa de  hasta el día de su muerte.

Hambre de Dios y hambre de pan

Santa Inés falleció el 20 de abril de 1317 a los 49 años. Gracias al Beato Raimundo de Capua (1303-1399) y a la biografía que este escribió sobre la santa, la devoción a Santa Inés se hizo muy popular entre los siglos XIV y XV. Fue canonizada por el Papa Benedicto XIII, junto al obispo Santo Toribio de Mogrovejo, el 10 de diciembre de 1726.

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Fuente: Aciprensa