Hoy 4 de julio celebramos a San Pier Giorgio Frassati, el deportista que inspiró a San Juan Pablo II

Hoy 4 de julio celebramos a San Pier Giorgio Frassati, el deportista que inspiró a San Juan Pablo II

Ese interesante aspecto de su vida ha sido, y sigue siendo hoy, fuente de inspiración para muchos hombres y mujeres de fe, entre los estuvo el Papa San Juan Pablo II. Alguna vez el Papa Peregrino se refirió a Frassati en los siguientes términos: “Cuando era joven, yo también sentí la beneficiosa influencia de su ejemplo y, como estudiante, estaba impresionado por la fuerza de su testimonio».

Este año 2026 celebramos a San Pier Giorgio por primera vez como santo, ya que fue canonizado recientemente, el pasado 7 de septiembre (2025) por el Papa León XIV, en la misma ceremonia en la que fue canonizado Carlo Acuti.

Frassati, además de ser patrono de los montañistas, es patrono de los estudiantes, de la juventud católica, de los grupos juveniles, de la Acción Católica, de los Terciarios Dominicos, y de la Jornada Mundial de la Juventud.

La vida cristiana es la más hermosa aventura

Pier Giorgio nació en Turín, Italia, el 6 de abril de 1901. Creció en el seno de una familia adinerada. Su padre fue el fundador y director del famoso diario italiano La Stampa, mientras que su madre fue una talentosa pintora. Fue ella quien se preocupó porque Pier Giorgio fuera educado debidamente en la fe.

En 1922, después de un periodo de discernimiento, Frassati ingresa a la rama laica de la Orden de Predicadores -la Tercera Orden de Santo Domingo-. Y, un año después -mayo de 1923- realiza sus votos como laico dominico.

Contracorriente

Aunque inicialmente no contó con el apoyo de sus padres, Pier Giorgio decidió estudiar ingeniería industrial mecánica. Le agradaba la idea de poder hacer de su profesión algo que pudiese contribuir al bienestar de todos, especialmente de los más necesitados.

Cuando empezó a trabajar, gustaba de la cercanía de los operarios: era muy consciente de sus necesidades y carencias, así como también de sus riquezas y fortalezas -veía en ellos un fuerte deseo de progresar y sacar adelante a sus familias-.

Poco después ingresó al Politécnico de Turín, donde organizó un ‘círculo de jóvenes’ con sus amigos, quienes coincidían con él en el deseo de hacer de Cristo el centro de su amistad. Junto a ellos bautizó al grupo con un nombre provocador: «I tipi loschi» [“los tipos sospechosos”]. Obviamente, tras la denominación se ocultaba una fina ironía: a los miembros de la sociedad los unía el deseo profundo de vivir cristianamente y hacer presente a Jesús vivo en un ambiente en el que se prescindía de Dios. Pier Giorgio jamás perdió la oportunidad de convocar a más y más estudiantes a la Santa Misa, o de iniciarlos en la lectura de las Sagradas Escrituras y el rezo del Santo Rosario.

Oración y acción

Aunque de cuna aristocrática, Pier Giorgio decidió llevar una vida cada vez más austera, y constantemente destinaba su dinero a obras de caridad, algo que no les agradó mucho a sus padres, razón por la que decidieron limitar los recursos económicos que le proporcionaban. Esto le significó un verdadero problema, que el santo resolvió con “relativa facilidad”: para no dejar de compartir lo que tenía, empezó a caminar largas horas todos los días para ahorrarse el dinero del tranvía.

¿En qué radicaba su fuerza y coraje? La respuesta estaba ante los ojos de todos: la comunión diaria -que amaba con todo el corazón- y la oración frente al Santísimo Sacramento eran el motor de su existencia. El joven Frassati se había convertido de pronto en un hombre: un hombre de oración.

El santo fue un gran deportista, aficionado al esquí y al montañismo. Escaló los Alpes y el Valle de Aosta. Si algo caracterizó su espíritu, era el amor por la naturaleza y el deseo de estar en contacto con ella. Era en las alturas y en el silencio de las montañas donde también encontraba a Dios providente, que habla al corazón del hombre para formarlo, fortalecerlo y hacerlo pleno y feliz.

Juventud hecha ofrenda

El epílogo de su vida fue vertiginoso. Con solo 24 años de edad Frassati fue diagnosticado con poliomielitis fulminante, enfermedad que acabó con su vida en solo una semana. Pier Giorgio partió a la Casa del Padre el 4 de julio de 1925. Su funeral congregó a una multitud de personas, lo que resultó en una auténtica sorpresa para sus padres, quienes recibieron de Dios un consuelo que no esperaban. Cientos de desconocidos, pertenecientes a ámbitos aparentemente tan distintos -la cultura, la academia, el deporte, la vida religiosa-, desfilaron agradecidos con ellos por haber traído al mundo y haber formado a un ser humano tan especial.

San Juan Pablo II beatificó a Pier Giorgio Frassati en 1990. En la ceremonia de beatificación dijo: “Él [Frassati] proclama, con su ejemplo, que es ‘santa’ la vida que se conduce con el Espíritu Santo, Espíritu de las Bienaventuranzas, y que solo quien se convierte en ‘hombre de las Bienaventuranzas’ logra comunicar a los hermanos el amor y la paz… Repite que vale verdaderamente la pena sacrificar todo para servir al Señor. Testimonia que la santidad es posible para todos y que solo la revolución de la caridad puede encender en el corazón de los hombres la esperanza de un futuro mejor”.

 

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Fuente: Aciprensa
Hoy 3 de julio celebramos a Santo Tomás Apóstol

Hoy 3 de julio celebramos a Santo Tomás Apóstol

Buenos Aires, viernes 3 de julio (PR/26) .- Santo Tomás Apóstol era judío, pescador de oficio. Tuvo la bendición de seguir a Cristo, quien lo hizo apóstol el año 31.
Se le conoce a Santo Tomás por su incredulidad después de la muerte del Señor. Jesús se apareció a los discípulos el día de la resurrección para convencerlos de que había resucitado realmente.
Tomás, que estaba ausente, se negó a creer en la resurección de Jesús: «Si no veo en sus manos la huella de los clavos y pongo el dedo en los agujeros de los clavos y si no meto la mano en su costado, no creeré». Ocho días más tarde, cuando Jesús se encontraba con los discípulos, se dirigió a Tomás y le dijo: «Pon aquí tu dedo y mira mis manos: dame tu mano y ponla en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente.» Tomás cayó de rodillas y exclamó: «Señor mío y Dios mío!» Jesús replicó: «Has creido, Tomás, porque me has visto. Bienaventurados quienes han creído sin haber visto.»
El Martirologio Romano, que combina varias leyendas, afirma que Santo Tomás predicó el Evangelio a los partos, medos, persas e hircanios, y que después pasó a la India y fue martirizado en «Calamina». Conmemora el 3 de julio la traslación de las reliquias de Santo Tomás a Edesa. En el Malabar y en todas las iglesias sirias dicha fecha es la de la fiesta principal, pues el martirio tuvo lugar el 3 de julio del año 72.
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Fuente: Aciprensa
Hoy celebramos a San Bernardino y otros santos jesuitas, ‘apóstoles de las periferias’

Hoy celebramos a San Bernardino y otros santos jesuitas, ‘apóstoles de las periferias’

Abogado de profesión

San Bernardino Realino nació en Carpi (Italia), en 1530, en el seno de una familia noble. De su madre aprendió la tierna devoción a la Virgen María que lo marcaría para toda su vida. Bernardino empezó a estudiar medicina, pero luego la cambió por las leyes y la jurisprudencia, obteniendo el doctorado en Derecho canónico y civil.

Su profesión y estatus le permitieron desempeñar cargos públicos importantes en diversos lugares de España. En todos ellos trabajó eficientemente, mostrando gran habilidad para la administración pública. Durante esta etapa de su vida, Bernardino se rigió por un elevado sentido de la justicia: se hizo defensor de los inocentes y de aquellos que no tenían cómo pagar un abogado. En los periodos en los que tuvo que ejercer algún cargo, lo hizo con espíritu de servicio, siempre procurando la paz.

La Compañía de Jesús

Fue, precisamente, a través del ejercicio de su profesión como Bernardino conoció a un grupo de jesuitas recién arribados a Nápoles Italia), ciudad donde vivía, grupo que lo dejaría impresionado por su alegría, disciplina y paz contagiantes. Bernardino supo reconocer a través del ejemplo de esos hombres a Dios que lo invitaba a servirlo santamente. Después de un tiempo de discernimiento y maduración en la fe -marcados por la oración, el recurso a la dirección espiritual y el estudio-, Bernardino pidió su ingreso a la Orden. Como jesuita, más tarde, sería ordenado sacerdote y luego nombrado maestro de novicios.

Los superiores de la Compañía enviaron a San Bernardino a Lecce, a una comarca rica en viñedos y olivares, cuyos pobladores deseaban que los jesuitas abrieran un colegio. La institución educativa fue inaugurada posteriormente y el Padre Bernardino Realino se dedicó allí a la enseñanza, distribuyendo su tiempo entre su ministerio sacerdotal y las aulas.

Bernardino amaba su sacerdocio y su más grande aspiración era vivir intensamente ese llamado de todo presbítero a ser “otro Cristo” para la gente. Descubrió en carne propia que el medio privilegiado para lograrlo era administrar los sacramentos. Así, por ejemplo, el jesuita se ganó la reputación de buen confesor: lo hacía muy feliz estar la mayor parte del tiempo disponible en el confesionario para atender a quienes quisieran acogerse al perdón divino.

Amor a María

Cierto día, el P. Realino había estado confesando en medio de un intenso frío. Su superior al verlo tiritar lo mandó a su cuarto a descansar. El santo obedeció y habiendo quedado solo en su cuarto, se puso a meditar en torno a la Navidad. De pronto, vio cómo una luz resplandeciente llenó por completo su habitación. Era la Virgen María que con ternura le extendió los brazos para entregarle al Niño Jesús. San Bernardino Realino pudo tener, por un instante, a Dios mismo entre sus brazos. Por esta razón, el santo suele ser representado cargando al Niño Jesús.

Hacia 1616 la salud del P. Realino fue decayendo. En su lecho de muerte, se presentaron el alcalde y los magistrados de la ciudad para pedirle que fuera el defensor y protector de Lecce desde el cielo, a lo que el santo accedió paternalmente, si Dios le concedía la vida eterna.

San Bernardino Realino partió a la Casa del Padre el 2 de julio de 1616 mientras invocaba el nombre de María Santísima. Fue canonizado en 1947 por el Papa Pío XII.

Hoy, la Iglesia también celebra a los siguientes sacerdotes jesuitas:

• San Francisco de Gerónimo. Nació en 1642 en Italia y murió el 11 de mayo de 1716. Fue canonizado por Gregorio XVI en 1839.

• Beato Julián Maunoir. Nació en 1606 en Francia y murió el 28 de enero de 1683. Fue beatificado por Pío XII en 1951.

• Beato Antonio Baldinucci. Nació en 1665 en Italia y murió el 7 de noviembre de 1717. Fue beatificado por León XIII en 1893.

 

 

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Fuente: Aciprensa
Hoy se celebra en Estados Unidos a San Junípero Serra, el gran evangelizador de California

Hoy se celebra en Estados Unidos a San Junípero Serra, el gran evangelizador de California

Buenos Aires, miércoles 01 de junio (PR/26) .- Cada 1 de julio, en Estados Unidos se conmemora a San Junípero Serra, fraile franciscano del siglo XVIII que encabezó muchas de las misiones evangelizadoras más importantes que se realizaron en América del Norte cuando esta aún no estaba constituida tal y como hoy la conocemos. En el resto del mundo su festividad se celebra el 21 de agosto.

A San Junípero se le considera, además, en la lista de los grandes exploradores del continente. Fue canonizado por el Papa Francisco en el año 2015.

Las misiones

En el siglo XVIII se denominaban ‘misiones’ a los poblados fundados y organizados por diversas órdenes religiosas provenientes de Europa y que llegaban al Nuevo Mundo animadas por un afán evangelizador.

Dadas las condiciones generales en las que vivían los nativos americanos, los evangelizadores entendieron que el anuncio de Cristo tenía que ir acompañado de la transmisión de elementos propios de la civilización. Así, el mensaje cristiano contribuyó a elevar la calidad de vida de las poblaciones originarias de América. No es de extrañar, en consecuencia, que muchas de las misiones que San Junípero fundó se transformaran con el tiempo en pequeñas urbes y, después, en algunas de las grandes ciudades de la costa este de Estados Unidos.

América

En 1749 partió junto con veinte misioneros franciscanos hacia el Virreinato de la Nueva España (México). Allí empezó apoyando la labor evangelizadora desde el Colegio de Misioneros de San Fernando, y seis meses después de su arribo recibió la aprobación del Virrey para fundar una ‘misión’ en Sierra Gorda, un territorio montañoso donde ya habían fracasado otros franciscanos. Fray Junípero permanecería en ese lugar por los siguientes nueve años.

Expulsión de los jesuitas

Siendo que en 1767, el rey de España, Carlos III, decretó la expulsión de todos los miembros de la Compañía de Jesús (jesuitas) de los dominios de la corona -medida que incluyó al Virreinato de Nueva España- las misiones jesuíticas quedaron abandonadas.

Hasta ese momento, habían sido los jesuitas los que atendían espiritualmente a la población indígena y europea que habitaba las llamadas “Californias” (del norte y del sur). Dada su expulsión, los jesuitas fueron sustituidos por misioneros de la orden franciscana, dieciséis en total, encabezados por Fray Junípero.

El grupo de franciscanos salió de Ciudad de México el 14 de julio de 1767, para embarcarse posteriormente en el puerto de San Blas rumbo a la península de Baja California. Tras una corta travesía, arribaron a Loreto -sede de la Misión de Nuestra Señora de Loreto, considerada la madre de las misiones de la Alta y Baja California-.

Presencia de los hermanos de San Francisco en el Nuevo Mundo

Una vez llegados los misioneros a la península, decidieron seguir explorando la Alta California, movidos por el deseo de anunciar a Cristo a la población indígena de la región. El 3 de julio de 1771 se erigió la ‘Misión de San Carlos Borromeo’. En el mismo mes, se estableció la ‘Misión de San Antonio de Padua’, y en agosto la de ‘San Gabriel’, ubicada en la actual área metropolitana de Los Ángeles, California. El 1 de septiembre de 1772, se funda una misión más, la de San Luis, Obispo de Tolosa. La Misión de San Francisco de Asís -fundación franciscana- dio lugar a la actual ciudad de San Francisco.

Los misioneros catequizaban a los indígenas, y también les enseñaban nociones de agricultura, ganadería y albañilería; les proporcionaban semillas y animales; y los asesoraban en el trabajo de la tierra.

Junípero Serra falleció en la Misión de San Carlos Borromeo (Monterrey, California) el 28 de agosto de 1784. Sus restos se encuentran en la Basílica del lugar.

Huellas de fe en la historia de EE.UU.

El Papa San Juan Pablo II beatificó a Fray Junípero en 1988; décadas más tarde, el Papa Francisco lo proclamaría santo, el 23 de septiembre de 2015. La ceremonia de canonización tuvo lugar en Estados Unidos y por ello se generó gran expectativa. Era la primera vez que se celebraba una ceremonia de este tipo en territorio norteamericano -para la anécdota quedó que aquella fue la primera vez que el Papa Francisco visitaba el país-.

En la homilía de la misa principal, el Papa Francisco recordó que Fray Junípero Serra “tuvo un lema que inspiró sus pasos y que plasmó en su vida. Supo decir, pero especialmente supo vivir diciendo: ‘siempre adelante’”.

San Junípero Serra es el único español que tiene una estatua en el Salón Nacional de las Estatuas del Capitolio en Washington DC, sede del poder legislativo de Estados Unidos, y lugar donde están representados los personajes más ilustres de la historia de esa gran nación.

Si quieres saber más sobre San Junípero Serra, te recomendamos leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Junípero_Serra.

Más información:

 

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Hoy 30 de junio recordamos a los Santos Protomártires de Roma, víctimas de la primera persecución

Hoy 30 de junio recordamos a los Santos Protomártires de Roma, víctimas de la primera persecución

Buenos Aires, martes 30 de junio (PR/26) .- Cada 30 de junio recordamos a los “Santos Protomártires de la Santa Iglesia Romana”. Ellos murieron durante la primera persecución de la historia, organizada contra la Iglesia Católica (segunda mitad del siglo I). Padecieron terribles tormentos y entregaron la vida solo por llamarse ‘cristianos’, seguidores de Jesús de Nazareth. La Iglesia les ha concedido, en consecuencia, el título de ‘protomártires’ -término proveniente del griego antiguo- que quiere decir ‘primeros mártires’ o ‘primeros testigos’.

Una multitud vestida de blanco

Las fuentes históricas que dan cuenta de su martirio son tanto paganas (no religiosas) como cristianas. Así, por ejemplo, Tácito (c. 55-c. 120), político e historiador romano, registró lo sucedido en sus Anales; mientras que lo propio hizo el obispo de Roma de ese entonces, el Papa San Clemente (f.d.-97).

“A estos hombres [Pedro y Pablo], maestros de una vida santa, vino a agregarse una gran multitud de elegidos que, habiendo sufrido muchos suplicios y tormentos también por emulación, se han convertido para nosotros en un magnífico ejemplo”, escribe San Clemente en su carta a los Corintios.

Mentira y crimen de odio

Con el anuncio de la Buena Nueva encabezado por los Apóstoles, el número de fieles fue cada vez más en aumento. Lamentablemente, el clima anticristiano suscitó que el senado romano rechazara la “nueva religión” por considerarla contraria a las tradiciones romanas, declarándola “ilícita” en el año 35 d.C.

De esta manera, Nerón desencadenó una infame persecución en la que muchos perecieron por proclamar y creer en el Dios verdadero, el Dios del amor, revelado en Jesucristo.

En la memoria de la Iglesia

El Martirologio jeronimiano es el primero en registrar la conmemoración de estos sangrientos hechos, en los que más de 900 cristianos fueron asesinados. En dicho documento se señala el 29 de junio como el día destinado a la memoria de estos hombres y mujeres, coincidiendo con la efeméride de San Pedro y San Pablo, apóstoles y columnas de la Iglesia. Se le atribuye a San Pío V, en el siglo XVI, la primera mención a los protomártires en el Martirologio Romano, con fecha 24 de junio. En la actualidad, la Iglesia los conmemora cada 30 de junio, un día después de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo.

 

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Cada 29 de junio celebramos la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, el día del Papa

Cada 29 de junio celebramos la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, el día del Papa

Además, dado que ambos apóstoles fueron quienes fundaron la Iglesia de Roma, centro de la cristiandad, esta solemnidad es también “el día del Papa”.

Un día sagrado

Llamar a estos santos mártires “pilares” de la Iglesia no es gratuito. Sobre ellos descansa el “peso” del rebaño de Cristo que peregrina en el mundo como si de columnas de un edificio se tratase. Sin ellos, el “edificio” se vendría abajo. Con ellos, siempre hay equilibrio o balance. Así lo aclara San Agustín en uno de sus sermones:

“El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo… Es que ambos eran en realidad una sola cosa aunque fueran martirizados en días diversos”.

En consecuencia, siguiendo al Obispo de Hipona, recordamos también que la unidad de la Iglesia se selló con la sangre del martirio. El primero en derramarla fue Nuestro Señor Jesucristo, quien quiso compartir su sacrificio de amor con los hombres, de la misma manera como puso en manos humanas la misión de conducir la barca que es la Iglesia: así, el Apóstol Pedro fue elegido por Cristo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16, 18).

Y es que la obra de Dios requiere de la cooperación humana. Pedro es entonces “la roca” humilde que sirve de base al Cuerpo Místico de Cristo. Por esta razón, el Papa, Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo en la tierra, es principio y fundamento visible de unidad, tanto de los obispos como de la multitud de fieles. El Obispo de Roma, el Papa, es Pastor de toda la Iglesia y tiene potestad plena, suprema y universal. Hoy se festeja, en particular, a quien encarna esa misión en la actualidad, el Sumo Pontífice Papa Francisco.

Pedro y Pablo: el sello de la unidad

Tal como recordó el Papa Benedicto XVI en el año 2012: “La tradición cristiana siempre ha considerado inseparables a San Pedro y a San Pablo: juntos, en efecto, representan todo el Evangelio de Cristo… Aunque humanamente muy diferentes el uno del otro, y a pesar de que no faltaron conflictos en su relación, han constituido un modo nuevo de ser hermanos, vivido según el Evangelio, un modo auténtico hecho posible por la gracia del Evangelio de Cristo que actuaba en ellos. Sólo el seguimiento de Jesús conduce a la nueva fraternidad”.

Pidamos a estos dos santos apóstoles que intercedan por la fidelidad de todos los miembros de la Iglesia.

Si quieres saber más sobre San Pedro y San Pablo, te recomendamos estos artículos de la Enciclopedia Católica:

Para San Pablo https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Pablo.

Para San Pedro: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Pedro.

Más información:

San Pedro

San Pablo

Quién es el Papa

 

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