Montenegro: 7 cosas que ver y hacer en Budva (y alrededores)

Montenegro: 7 cosas que ver y hacer en Budva (y alrededores)

España, lunes 8 diciembre (PR/25) — Si estáis preparando un viaje por Montenegro, dejad hueco para Budva en vuestro itinerario. No sólo porque es el epicentro de la costa montenegrina, sino porque su casco antiguo nos pareció una auténtica joya (se nota que los venecianos dejaron su huella con mucho estilo, jeje). Si quieres saber todo lo que ver y hacer en Budva, sigue leyendo, que te lo contamos en detalle.

 

Antes que nada, decirte que visitamos la ciudad dos veces: la primera solo nos quedamos en la parte moderna y meh. No nos enamoró.
Pero la segunda fue otra historia: nos perdimos por su casco antiguo y ¡Bam!, ahí apareció la magia. Calles empedradas, murallas con vistas al Adriático y ese aire veneciano que lo impregna todo… imposible no caer rendidos. ¿Preparados para descubrir Budva?

 

Imprescindibles que ver en Budva

Quizás te sorprenda, pero Budva es una de las ciudades más antiguas de la costa adriática, con más de 2.500 años de historia. Sus orígenes se remontan a los griegos, que la eligieron por su posición estratégica y bahías perfectas para el comercio. Más tarde, los romanos dejaron sus huellas en villas y estructuras urbanas, aunque hoy casi no se conservan.

Ahora bien, el sello que define a Budva hoy llegó con los venecianos, que construyeron murallas, torres y la Citadela, dándole ese aire de ciudad fortificada que enamora a primera vista.

A lo largo de los siglos, también sufrió ataques y terremotos, incluido el gran seísmo de 1979, que obligó a reconstruir buena parte del casco antiguo. Pero Budva no se ha quedado estancada y hoy es una de las ciudades más emergentes de Montenegro, con una gran comunidad rusa (que trajo dinerito y construcciones modernas).

¿Dónde dormir en Budva? Nos alojamos en el WOW Hotel y nos pareció un acierto total. Las habitaciones son amplias, modernas y súper cómodas (y el desayuno… ¡de diez!). Además, está justo al lado del paseo marítimo y a solo 10 minutos andando de Stari Grad, la parte antigua de Budva.

que ver en Budva

¿Listo para conocer todo lo que ver en Budva? ¡Vamos!

1. Ciudad antigua (Stari Grad)

Empezamos, cómo no, con lo mejor de Budva: el casco antiguo, que aún hoy está rodeado por murallas venecianas y que se levanta sobre una pequeña península que se adentra en el Adriático, como queriendo robarle espacio al mar.

Dentro, todo es un laberinto encantador de callejones empedrados, fachadas claras, balcones llenos de flores y pequeñas plazas donde sentarse a tomar un café es casi un ritual. Aunque suene a topicazo, el mejor plan es perderse por sus calles sin rumbo, parar en una terraza cualquiera y simplemente mirar cómo pasa la vida.

Algunas de las visitas estrella del casco antiguo de Budva son:

 

  • Iglesia de San Juan Baptista: esta iglesia gótica es uno de los símbolos del casco antiguo. Construida en el siglo VII y reconstruida varias veces, destaca por su campanario y por la tranquilidad que se respira dentro, un contraste perfecto con el bullicio de las calles cercanas.
  • Iglesia de la Trinidad: con su fachada bicolor y campanario ortodoxo, esta iglesia refleja la mezcla de culturas y religiones que ha marcado a Budva a lo largo de los siglos. No es la más visitada, pero merece la pena detenerse unos minutos dentro o frente a su entrada para admirar los detalles arquitectónicos.
  • Citadela de Budva: no hay visita completa sin subir a la Citadela, la fortaleza que vigila la ciudad desde lo alto. Desde sus almenas se obtiene una de las mejores vistas de Budva y sus alrededores, incluyendo el casco antiguo, la isla de Sveti Nikola y la bahía. Dentro hay un pequeño museo y una biblioteca. Entrar cuesta 5€.
  • Iglesia Santa María de Punta: situada en el extremo de la península que forma el Stari Grad, fue construida originalmente en el siglo X y, aunque ha pasado por varias reconstrucciones a lo largo de los siglos, sigue conservando su esencia medieval.

Además de historia y arquitectura, el Stari Grad es un lugar donde los artistas locales muestran sus obras: pequeñas galerías, tiendas de artesanía y talleres donde se fabrican productos típicos montenegrinos. Me sé de unas hermanas que se pusieron muy felices… (jeje, la madre y las tías de Rober).

Un consejo: perdeos. De verdad. No sigáis el mapa, dejad que las callejuelas os lleven. A cada paso hay una puerta misteriosa, un patio escondido, un gatito esperando mimos o una esquina donde el Adriático se cuela entre los muros. Y si llegáis hasta el extremo este del casco, podréis recorrer la parte alta de las murallas (entrada 2€) y descubriréis un arco en la muralla que se abre directamente al mar.

que ver en budva

2. Paseo marítimo de Budva

Si el casco antiguo es el alma histórica de Budva, el paseo marítimo es su corazón más moderno. Aquí la ciudad se suelta el pelo, saca las gafas de sol y se pone en modo relajado. Es la zona donde todo está en movimiento: música, terrazas, olor a mar y ese ambiente entre playero y vacacional que atrapa tanto a locales como a viajeros.

Podéis sentaros a tomar un café o un helado, disfrutar de la brisa marina y contemplar las vistas del Stari Grad desde el agua. Y si vais en verano, por supuesto, toca chapuzón en la playa Slovenska.

Por la noche, el paseo se transforma y cobra aún más vida: terrazas iluminadas, música en vivo y ambientazo os esperan. Nosotros fuimos a tomar algo y a cenar en Beer & Bike Club y estuvimos de lujo. Tiene rollito ruta 66, así que si te gustan los locales de este estilo, ¡No te lo pierdas!

paseo marítimo de budva

3. Estatua de la bailarina de Budva

Uno de los símbolos más encantadores de Budva es su famosa bailarina, esa estatua que parece flotar sobre la roca donde se posa, ligera, grácil y lista para dar un giro perfecto mientras contempla el Adriático.

Según la leyenda, esta bailarina espera a su amado marinero, perdido en el horizonte. Cada día, con su mirada fija en el mar, parece estar vigilando el regreso de quien nunca volvió, convirtiéndose en un símbolo de amor eterno y esperanza silenciosa. Una historia preciosa… si no fuera porque lleva décadas esperando y él, claramente, no tiene pinta de volver. Pero oye, el amor eterno siempre vende, y si además queda bien en las fotos, doble premio.

 

 

4. Playas de Budva

En los alrededores de Budva hay playas para todos los gustos y estados de ánimo: desde la extensa y animada Jaz Beach, donde el ambiente nunca duerme (ni siquiera la música), hasta Kamenovo y Be?i?i, más tranquilas y perfectas para tumbarse con un buen libro y olvidarse del mundo.

Pero si quieres saborear la esencia más pura de Budva, apunta este nombre: Ricardova Glava. Está justo al lado del casco antiguo y desde allí sale un sendero que te lleva a las verdaderas joyas del litoral: Mogren I y Mogren II. Dos pequeñas calas unidas por un túnel tallado en la roca que, aunque parezca cosa de película, se cruza en apenas unos segundos (aunque inevitablemente querrás pararte en medio para sacar una foto).

Al otro lado esperan aguas turquesas, piedrecitas suaves, el inevitable olor a crema solar flotando en el aire y niños felices y gritones en todos los idiomas.

jaz beach

5. Isla de San Nicolás (Sveti Nikola)

Si después de recorrer las playas de Budva todavía te queda hambre de sol y mar, no te pierdas una excursión a la isla de San Nicolás (Sveti Nikola). Está a un saltito en barco desde el puerto de Budva y, solo para ir abriendo boca, te contamos que la llaman el “Hawái de Montenegro” por sus playas de ensueño y su vegetación que da ganas de plantar hamaca y no moverse jamás. El barco no tarda más de 10 min en llegar (cuesta unos 5€)

Eso sí, si vais en temporada alta, madrugad para llegar a primera hora. Y que no se os olviden en el alojamiento un calzado cómodo (por si queréis recorrer los senderos de la isla y descubrir sus calas más escondidas) y escarpines (casi indispensables en la costa de Montenegro).

isla de Sveti Nikola, frente a Budva

6. Isla de San Esteban (Sveti Stefan)

Ok, esta isla no se encuentra en Budva, pero si vas a visitar Kotor (cosa que deberías hacer sí o sí), pasarás por allí. Se encuentra solo a unos 10 km de Budva y no puedes dejar de visitarlo. O mejor dicho, verlo: este pequeño islote, un tiempo pueblecito de pescadores y hoy resort de lujo privado, está conectado al continente por un estrecho istmo, pero solo se puede entrar si eres huésped del hotel.

Es un bellezón: casas de piedra rosada, tejados rojizos, callejuelas estrechas y el mar Adriático rodeándolo por completo. Lo único malo es el precio del resort de lujo Aman, pero lo bueno es que puedes ver la isla desde miradores y desde playas públicas donde darte un bañito sin gastar ni un euro. ¡En vuestra cara, ricachones!

Sveti Stefan

7. Visitar Kotor y Perast

No puedes ir a Budva y no visitar otros dos lugares imprescindibles de Montenegro: Kotor Perast.

  • Kotor es como una versión medieval de un laberinto: cada esquina esconde una iglesia, una torre o un café diminuto. Como se nota el toque de los venecianos por aquí.
  • Perast, por su parte, es tan pequeñito y perfecto que casi te sientes culpable por respirar demasiado fuerte. Allí puedes subirte a un barco y visitar la coqueta isla de Nuestra Señora de la Roca.

? Consejo: si quieres disfrutar de una excursión completita, este tour incluye visita a Kotor, Perast y paseo en barco por la Bahía de Boka ¡Está genial!

iglesia de Nuestra Señora de la Roca

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Más cosas que hacer en Budva

¿Tienes más tiempo en Budva y te apetece seguir explorando la zona? Apunta estas ideas:

  • Descubrir el fondo marino siempre es un planazo y sí, también puedes bucear en Budva.
  • Si al mar prefieres el cielo, echa un vistazo al parasailing en Budva, sin duda un plan que te dará un subidón de adrenalina.
  • Camina hacia el Budva Viewpoint, se puede llegar tranquilamente en un paseo agradable a lo largo de las playas y tendrás delante de ti una preciosa vista de Budva, especialmente al atardecer. Desde el centro se tarda unos 20-30 min dependiendo del ritmo.
  • Y por supuesto, si quieres seguir conociendo Montenegro, hay tours de un día que te llevan, por ejemplo, a Durmitor, Cañón de Tara y el Monasterio de Ostrog.

 

Resumiendo: ¿Merece la pena ir a Budva?  No es nuestro sitio favorito de Montenegro, pero es que con sitios como Kotor, Perast o Durmitor… no es tarea fácil. Ahora bien, si tenéis un hueco en la ruta, sin duda es una parada agradable de 1-2 días: suficiente para perderos por el casco antiguo, tomar algo en alguna terraza y dejar que el mar os recuerde que está ahí, aunque no tengáis tiempo de tumbaros en la playa.

¿Estás de acuerdo con nosotros? Quedamos encantados con el casco antiguo y, aunque no pudimos disfrutar de las playas, estuvimos muy a gusto. ¿Conoces más cosas que ver y hacer en Budva?

 

Montenegro: datos turísticos clave

📍 Ubicación

  • Sudeste de Europa, sobre el mar Adriático.

  • Limita con Croacia, Bosnia y Herzegovina, Serbia, Kosovo y Albania.

🌡️ Clima

  • Mediterráneo en la costa (veranos secos y calurosos, inviernos suaves).

  • Alpino en las montañas (muy frío en invierno, ideal para nieve).

  • Continental en el interior.

🏖️ Qué ver (imperdibles)

  • Bahía de Kotor: Patrimonio de la UNESCO, uno de los fiordos más bellos de Europa.

  • Kotor: Ciudad amurallada medieval.

  • Budva: Playas, noches animadas y casco histórico precioso.

  • Sveti Stefan: Isla icónica, símbolo del turismo de lujo.

  • Perast y Our Lady of the Rocks: Pueblo barroco y santuario sobre una isla artificial.

  • Parque Nacional Durmitor: Lagos glaciares, montañas, cañón del río Tara.

  • Cetinje: Antigua capital histórica.

  • Ulcinj: Fuerte influencia otomana y la playa más larga del Adriático.

✈️ Cómo llegar

  • Aeropuertos: Podgorica (capital) y Tivat (costa).

  • Muy conectado desde Europa; desde Latinoamérica se llega vía Europa.

💶 Moneda

  • Euro (€), aunque no es parte oficial de la UE ni de la eurozona.

💬 Idioma

  • Montenegrino (variante del serbocroata).

  • Inglés muy extendido en zonas turísticas.

🧳 Mejor época para viajar

  • Verano (junio–septiembre): playa, calor, mucha vida nocturna.

  • Primavera y otoño: clima ideal y menos turistas.

  • Invierno: esquí en Durmitor y Kolašin.

🚗 Transporte interno

  • Costa conectada por rutas, alquiler de autos accesible.

  • Distancias cortas: cruzar el país lleva pocas horas.

  • Autobuses frecuentes; trenes limitados.

🍽️ Gastronomía típica

  • Influencia mediterránea y balcánica.

  • Destacan:

    • Cevapi (carne asada)

    • Pescados y mariscos del Adriático

    • Njeguški pršut (jamón ahumado)

    • Queso Njeguši

    • Vinos locales (Vranac y Krsta?)

💵 Precios

  • Más barato que Croacia o Italia.

  • Restaurantes y alojamiento accesibles fuera de temporada alta.

  • Kotor y Budva son más caros en verano.

🛡️ Seguridad

  • Muy seguro para viajeros, incluso de noche.

  • Hospitalidad balcánica: gente amable y servicial.

🏛️ Curiosidades

  • Un país joven: independencia en 2006.

  • Más de 120 playas en solo 300 km de costa.

  • Uno de los cañones más profundos del mundo: el del río Tara.

  • Tiene cinco parques nacionales.

 

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Primicias Rurales

Fuente: Mochileando por el Mundo / IA

Paisaje y memoria: así es el pueblo que guarda el secreto de Domenico Modugno y la canción más popular de Italia

Paisaje y memoria: así es el pueblo que guarda el secreto de Domenico Modugno y la canción más popular de Italia

Domenico Modugno está estrechamente vinculado al Festival de San Remo, donde en 1958 obtuvo la consagración con Nel blu dipinto di blu, la canción que el mundo adoptó como “Volare”.

Buenos Aires, viernes 28 noviembre (PR/25) — Hay ciudades que viven de su paisaje y otras de la historia que cargan. Polignano a Mare sostiene las dos cosas, como si hubiera sido construida para que un viajero llegue por primera vez y sienta que el Adriático puede convertirse en un recuerdo personal.

La vía que conduce desde Bari hacia el sur dura 31 minutos en Trenitalia por 2.5 euros y atraviesa campos de olivos espesos, paredes de piedra y una luz que parece insistir en un verano sin fecha.

Hoy es un día nublado, el cielo se cubre de nubes. En la entrada del pueblo, poco antes de que aparezca el mar con su filo azul, se percibe que la historia no solo está en los monumentos sino en la manera en que la gente camina, conversa y mira hacia la costa, como si buscara algo que sabe que ya ocurrió.

Polignano a Mare no necesita presentarse. Todo sucede de manera lenta. Las escalinatas de piedra se abren entre calles angostas, las flores colgantes adornan las ventanas, el aroma a pescado frito y el mar se filtra en cada conversación.

 Los viajeros avanzan en procesión hacia las terrazas que asoman al agua, buscando ese punto exacto donde la postal coincide con lo que imaginaban antes de llegar. Aunque siempre hay algo que no entra en el encuadre. Como si al mirar por el celular, lo despampanante de la naturaleza se redujera a un plano limitado.

La playa Lama Monachile, ubicadaLa playa Lama Monachile, ubicada bajo los acantilados es uno de los paisajes más emblemáticos del sur de Italia.

En el extremo del pueblo nuevo, sobre un acantilado que parece flotar, la estatua del cantante Domenico Modugno abre los brazos hacia el horizonte. No hay dramatismo en el gesto, sino una especie de ritual de agradecimiento.

Modugno nació en Polignano a Mare en 1928 y pasó de ser hijo de un agente municipal a convertirse en una de las voces más influyentes de la música popular italiana del siglo XX.

Actor, compositor y legislador en sus últimos años, fue sobre todo el autor de ‘Nel blu dipinto di blu’, la canción que en 1958 redefinió la música italiana, ganó dos premios Grammy y llevó la palabra ‘Volare’ a todos los rincones del mundo. Su historia funciona como un punto de encuentro entre la identidad local y la memoria colectiva.

La estatua de Domenico Modugno,
La estatua de Domenico Modugno, obra del artista argentino Hermann Mejer, se erige sobre un acantilado como símbolo de la identidad local.

Durante todo el día, las personas se detienen para mirarla, posar con ella e imitar el gesto hacia el cielo. Siempre se tararea el ‘Volare’. La canción aparece sin pedir permiso, todos la tenemos en nuestro imaginario. Hay quienes llegan desde distintos puntos de Italia solo para escucharla en el lugar donde nació la historia. Hay quienes vuelven después de muchos años y encuentran en esa voz una puerta hacia el pasado.

Para la generación silver, el tema no es solo música sino un fragmento de vida que se reactiva con una simple nota. En Polignano, la nostalgia no tiene forma de melancolía sino de persistencia. Es un recuerdo que vuelve a la superficie sin imponerse.

La playa Lama Monachile aparece debajo del acantilado, unos metros más adelante de la estatua, encajada entre dos paredes de roca, como escenario de una película épica de domingo de matiné. Desde arriba, el agua se ve esmeralda, con una paleta que atraviesa los verdes y los celestes.

El sonido del mar se amplifica entre los acantilados hasta convertirse en temblor. En la bajada hacia la playa todo se vuelve más íntimo. Las conversaciones se reducen y el aire se mezcla con el olor a sal. Es un lugar donde los pasos tienen otro ritmo y donde la mirada se acostumbra a distinguir detalles: rocas, símbolos, estatuas, bocatas.

Un artista argentino y el ritmo del pueblo

La escultura fue creada por el artista argentino Hermann Mejer y colocada allí en 2009.

Mejer, formado en Buenos Aires y Roma, encontró en Modugno una figura que condensaba su propia obsesión por el movimiento. Trabajó durante meses para capturar no a un ícono, sino a un instante: ése momento previo al estribillo, cuando la voz toma impulso y el cuerpo acompaña.

La generación silver encuentra enLa generación silver encuentra en Polignano a Mare y en la voz de Modugno un vínculo nostálgico con la memoria colectiva italiana.

La pieza mide tres metros y descansa sobre una base que imita la rugosidad de la piedra local. Al atardecer, la luz se desliza por el bronce y la estatua parece avanzar un paso. Es un efecto mínimo, pero suficiente para que algunos visitantes juren que “Modugno se mueve”.

La ciudad lo trata como a un vecino que nunca se fue, aunque tuvo un paso importante en Sicilia. Mientras, Polignano conserva la estructura de un pueblo que creció mirando el mar: callecitas que se enredan entre sí, balcones que cuelgan sobre las rocas, mujeres que tienden ropa. En cada esquina hay un fragmento de esta historia: un mural pequeño, una frase pintada, un bar que anuncia un caffè speciale, un sandwich de pulpo. No es un decorado turístico. Es un lenguaje que el pueblo aprendió a hablar sin darse cuenta.

La canción como himno

La historia de ‘Nel blu dipinto di blu’ no tiene un origen único. Las versiones sobre su génesis se cruzan según quién cuente. Una dice que la idea surgió una mañana, mientras Franco Migliacci y Modugno miraban el cielo desde la ventana de su casa en Roma: el azul los impresionó, y de inmediato nació la frase «mi dipingevo le mani e la faccia di blu».

1st February 1958: Sicilian1st February 1958: Sicilian composer and singer Domenico Modugno performing at the eighth Italian Song Festival, held in the casino of San Remo. (Photo by Keystone/Getty Images)

Otra relata que la chispa vino de unas reproducciones de cuadros de Marc Chagall que Migliacci tenía colgadas en las paredes: aquellas figuras suspendidas sobre ciudades azules le evocaron la noción del vuelo, del cuerpo pintado de cielo. Una tercera, más onírica, afirma que la letra nació tras una pesadilla de Migliacci, una noche de intensa pesadumbre en la que soñó con un hombre flotando en un cielo oscuro. Todas las versiones coinciden en un punto: la canción fue fruto de una emoción interior, no de una estrategia comercial. Y esa emoción se tejió con nostalgia, deseo y un anhelo de volar.

Un paraíso en Italia, unUn paraíso en Italia, un pueblo que guarda el secreto de una canción histórica.

Cuando Modugno interpretó la canción en el Festival de San Remo de 1958 abrió los brazos como quien se ofrece al aire. Fue un gesto espontáneo, sin coreografía: un reflejo. Eso quedó grabado en la memoria colectiva. Desde ese momento ‘Volare’ dejó de ser solo una canción: se convirtió en símbolo. No hubo necesidad de gestos elaborados; bastó ese instante para que el mundo entendiera lo que significa dejarse pintar de azul.

El pueblo conserva su esenciaEl pueblo conserva su esencia histórica con calles angostas, balcones sobre el mar y tradiciones que se mantienen vivas. Y la canción decora la calle.

Para comprender ese impulso hay que volver a la infancia.

Domenico le decían Mimì. Polignano en los años treinta era un lugar donde la belleza convivía con la austeridad. Las casas se apretaban unas contra otras para resguardarse del viento; los niños jugaban cerca de las cuevas marinas y aprendían a escuchar el mar antes que las campanas.

Modugno escapaba en silencio: se subía a las rocas, se recostaba sobre un gozzi, una embarcación tradicional de madera, esperaba las voces de los pescadores.

La inspiración de ‘Nel bluLa inspiración de ‘Nel blu dipinto di blu’ surgió de una mezcla de emociones, recuerdos y la influencia de artistas como Marc Chagall.

Hay mitos de la tradición oral que dicen recordarlo como un niño que solía cantar solo cuando creía que nadie lo escuchaba. La guitarra era un lujo, pero un acordeón abandonado en una barbería terminó convertido en su compañero inseparable.

Polignano creció con esa memoria. Las callejuelas del centro histórico tienen la textura de sus orígenes: panaderías que abren antes del amanecer, redes que se reparan frente al mar, viajeros que se detienen en la esquina donde Mimì lanzó sus primeros acordes. Los bares proyectan entrevistas antiguas, los balcones lucen fotos en blanco y negro, las piedras conservan el ruido del pasado en sus grietas. No es un museo. Es un pueblo que respira la historia.

El asteroide Modugno, descubierto enEl asteroide Modugno, descubierto en 1988, rinde homenaje al cantante.

Al volver al mirador, después de caminar esas callecitas, la estatua de Mejer adquiere otra dimensión. El gesto deja de ser monumento y pasa a escena viva: un hombre que canta al borde del acantilado, enfrentado al mar que lo formó, ofreciendo su voz como quien ofrece una parte del alma. El viento, persistente, completa la imagen. En la baranda alguien escribió: Qui si vola. Aquí se vuela.

(6598) Modugno es también el nombre de un asteroide. Lo bautizaron en honor a Domenico, el cantante que convirtió el cielo en un escenario y que pintó de azul —literal y simbólicamente— la música italiana. El hallazgo se registró el 13 de febrero de 1988 en el Observatorio Astronómico de San Vittore, en Bolonia. Un cuerpo celeste que lleva su apellido porque su canción miró siempre hacia arriba.

Pienso en eso mientras me despido de Polignano a Mare. La playa mínima se encoge entre paredes antiguas. Los panini de pulpo, el prosciutto como una tradición, los gatos en ronda lenta: todo respira azul. Azul de mar. Azul de sombra. Azul de promesa.

La postal más característica deLa postal más característica de la Puglia.

Y entonces la letra se mezcla con el paisaje. “Mi dipingevo le mani e la faccia di blu. Ese deseo de teñirse por completo, de ser parte del cielo, de volar más alto del sol. Modugno no escribió solo una melodía: dejó una brújula. La ciudad sigue ese mapa. Se expande hacia el horizonte como si buscara el mismo color que empuja la canción. Un azul que no termina nunca.

Por eso, aunque muchos la llamen ‘Volare’, el nombre verdadero —el que explica todo— es ‘Nel blu dipinto di blu’.

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Fuente: Infobae/Turismo