Por Nadin Argañaraz *
Buenos Aires, 3 mayo (Especial para NA) — El Gobierno nacional presentó una propuesta de reestructuración de deuda bajo legislación extranjera generando una vez más discusiones intensas sobre la viabilidad o no de aceptación, si habrá más endulzantes o no, si se gana o se pierde la batalla con los acreedores, y otras cuestiones similares.
Nuevamente llegamos al momento de afirmar que la deuda es impagable y necesitamos renegociar.
Y surgen voces que marcan que el endeudamiento es fruto de la irresponsabilidad de un gobierno y que esta vez, luego de la reestructuración que se busca obtener, todo será distinto.
Habitualmente quien está al frente del gobierno es quien cree poseer la solución, es quien sabe de qué se trata.
Si logramos una aceptación de la reciente propuesta o de otra mejor endulzada, seguramente vamos a sentir que como sociedad hemos ganado, que hemos logrado que los acreedores sean solidarios con nosotros.
Esta posible situación puede llevarnos como sociedad a creer que el problema radica en nuestros acreedores únicamente. Que solucionado eso, el camino del desarrollo nuevamente está liberado.
Nuestro problema de fondo es el recurrente déficit primario estructural, que no logramos bajar de manera sostenida y que, mientras se aplica la receta de cada gobierno, se van generando cada vez más y más distorsiones, que profundizan el deterioro y el mal funcionamiento de nuestras relaciones económicas.
Lamentablemente, la irrupción del Covid-19 ha puesto en evidencia lo que implica tener un alto grado de la población en la informalidad y al consecuente uso de efectivo como única alternativa para sus transacciones.
La deuda de hoy es la consecuencia del déficit primario de ayer y la deuda de mañana la del déficit primario de hoy. Si no aceptamos esta lógica tan básica, en pocos años habrá que estar presentando una nueva propuesta de reestructuración de la deuda.
Y esperando que los acreedores sean solidarios una vez más.
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El 2020 había arrancado con déficit primario
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Resulta interesante describir la evolución de las cuentas públicas nacionales durante el primer trimestre del año, identificando el efecto que sobre las mismas tuvo el aumento de gastos y la caída de recursos de los últimos días de marzo, situación derivada del Covid-19.
Desde enero, el IVA neto de reintegros, mostró en cada mes, variaciones interanuales reales negativas de entre 15% y 19%.
Débitos y Créditos mostró la mayor caída de recaudación en términos reales en marzo.
Cuando se analiza el Gasto primario, se observa que el corriente mostró variaciones positivas en los tres meses.
Este comportamiento estuvo determinado principalmente por el gasto en Prestaciones sociales (aumento real de 7,9%) y Subsidios económicos (suba real de 30,7%), ya que representan el 70% del Gasto primario.
Contrariamente, el rubro Gastos en funcionamiento y otros, que representa el 16,5% del Gasto primario, mostró una variación real negativa del 7,7%.
A la hora de analizar el comportamiento de Prestaciones sociales, debe tenerse en cuenta que el crecimiento en términos reales obedece en parte al bono otorgado a jubilados ($11.175 millones) y a beneficiarios de AUH ($13.531 millones), en el marco de la emergencia sanitaria desatada por el Covid-19.
Podrían mencionarse también otras erogaciones en el marco de la Ley de emergencia sanitaria, como el refuerzo alimentario ($2.000 millones).
El déficit primario del trimestre fue equivalente al 0,48% del PIB.
Si se quiere separar el efecto del Covid-19 y del aislamiento obligatorio, se necesita corregir tanto al gasto como a los ingresos.
Por el lado del gasto se extraen los bonos y refuerzo alimentario y por el lado de los ingresos se sostiene que la recaudación hubiese tenido una menor caída en términos reales (8,9% en lugar del 11,9%).
Así, el resultado primario negativo de marzo hubiese sido menor, siendo el acumulado trimestral de $131.000 millones, habiendo representado un 0,40% del PIB.
Es decir que, restado el efecto de la pandemia, el trimestre hubiese registrado igualmente un déficit primario del 0,40% del PIB, explicado tanto por caída de recaudación como por un aumento del gasto.
En este análisis es clave destacar que el gasto de capital (básicamente obra pública), tuvo una caída real del 17,8% en el trimestre.
Sin este ajuste de la obra pública, el déficit sin covid-19 hubiese sido un 0,11% del PIB más elevado, es decir de 0,51% del PIB.
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El déficit primario.
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El déficit primario va a registrar un sustancial aumento tanto por caída de recaudación como por aumento del gasto a raíz de la pandemia.
Sobre un déficit primario base para 2020 del orden del 2% del PIB, se sumará casi con seguridad uno del orden de 4 a 5 porcentuales del PIB solamente a nivel nacional.
A esto hay que sumarle el aumento del déficit primario de las provincias y de los municipios.
Durante abril, la recaudación de los principales impuestos habría caído 25% real.
Si a eso se suma el gasto extra realizado a raíz de la pandemia, se tiene un déficit primario con un piso del 1% del PIB.
De esta manera, abril sería el primer mes que reflejaría de manera significativa el impacto fiscal del virus.
En mayo la recaudación va a reflejar la menor facturación de abril, mes con completo aislamiento obligatorio para la mayoría de las actividades.
Esto anticipa una caída mayor de ingresos. Dada la falta de ahorros y de acceso al crédito, la emisión de pesos será el instrumento casi exclusivo disponible para financiar el déficit fiscal tanto de la nación como de las provincias.
(*) Economista del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF).


















