Por décadas, el éxito agrícola se ha medido bajo una métrica engañosa: el rendimiento por hectárea. Sin embargo, autores como Santiago Sarandón y pioneros como Bill Mollison o Alwin Seifert nos invitan a mirar debajo de la alfombra de los récords de cosecha. Lo que encontramos no es una industria eficiente, sino una minería de suelo que opera bajo una quiebra energética y biológica inminente.

 

Buenos Aires, lunes 27 de abril (PR26) .-  El agronegocio actual celebra los «kilos por hectárea» mientras ignora una verdad termodinámica: un sistema que consume más energía de la que produce es, por definición, insostenible. Para sostener esos volúmenes, se requiere una inyección masiva de energía externa en forma de combustibles, fertilizantes de síntesis y pesticidas. La Falacia del Rendimiento: Un Sistema en Quiebra Energética

En contraste, la agroecología propone un cambio de paradigma: pasar del insumo al diseño de procesos. Al aprovechar la fotosíntesis, la fijación natural de nitrógeno y los ciclos minerales, se produce biomasa sin dependencia externa. Como señala Sarandón, cuando el modelo es agroecológico, los alimentos sobran, porque el diseño aprovecha el nicho ecológico de forma tridimensional y no lineal.

 

1. El Diálogo de Saberes: Contra la Ciencia de Laboratorio

Uno de los errores más costosos del modelo extractivista ha sido intentar que el campo se adapte a la parcela de ensayo mediante la química. La crítica es profunda: no se puede entender la vitalidad de la tierra en el vacío de un laboratorio aislado.

La agroecología no es un retorno romántico al pasado; es ciencia de vanguardia que incorpora el conocimiento local y los saberes campesinos. Estos actores poseen la «información de sitio» —ese contexto histórico y biológico— que un paper académico jamás podrá replicar. La verdadera ciencia es la que se adapta a la realidad del productor, no la que intenta dominar la naturaleza con fórmulas estandarizadas.

2. La Contabilidad Real: El Mito de la Rentabilidad

Si aplicáramos una contabilidad real que incluya las externalidades, el agronegocio se revelaría como la actividad más deficitaria del planeta. Los costos ocultos —erosión de suelos, contaminación de napas, pérdida de polinizadores y crisis de salud pública— son subsidiados por la sociedad y las generaciones futuras.

La ventaja de la agroecología reside en su resiliencia. Mientras que un monocultivo de millones de hectáreas es una bomba de tiempo biológica, la diversificación mediante policultivos crea un sistema capaz de resistir plagas y crisis climáticas. La resiliencia no es un lujo; es la póliza de seguro de nuestra seguridad alimentaria.

3. De la Minoría al Estándar: La Transición es Obligatoria

Es hora de abandonar la idea de que la agroecología es un nicho para minorías o un mercado de «comida sana para ricos». No es una opción ética; es la única estrategia de supervivencia. El objetivo final es que la etiqueta «orgánico» o «agroecológico» desaparezca, simplemente porque lo natural y lógico sea producir sin venenos.

Hoy vemos cómo el «Círculo Rojo» del agronegocio empieza a adoptar términos como «cultivos de servicios» o «biológicos». No lo hacen por una epifanía moral, sino por el colapso del propio sistema: las malezas ya no mueren con glifosato y el costo de los fertilizantes químicos es hoy prohibitivo.

Diagnóstico y Horizonte

No existe la coexistencia posible entre un suelo sano y un territorio inundado de biocidas. La agroecología es la evolución lógica de la agronomía, mientras que el agronegocio quedará registrado en la historia como una etapa prehistórica, ruidosa y costosa que alcanzó su límite biológico.

El futuro no es una opción que podamos elegir en una góndola; es una necesidad biofísica para garantizar que el diseño permanente de la vida continúe sobre la tierra

Primicias Rurales
Fuente: Santiago Sarandón: «La agroecología siempre avanza»  Ingeniero agrónomo y profesor titular de la cátedra de Agroecología en la Universidad de La Plata, Santiago Sarandón desarma el relato del agronegocio y muestra las ventajas de producir alimentos sin venenos ni transgénicos. La importancia de la mirada social, integral y el rol campesino e indígena.  y otros