El mayor está estudiando Ingeniería Civil y el pequeño quiere ingresar a Arquitectura. Este verano tenían que cambiar de casa a finales de junio, pero no encontraron dónde quedarse.

Así que decidieron emprender una aventura juntos que, además, tuviera un trasfondo espiritual. Eligieron viajar en una bicicleta tándem desde la capital británica a Dover. Allí tomaron el ferry hasta la costa francesa, en Dunquerque. Siguiendo por la costa belga pasaron por Ostende y Brujas y cruzaron la frontera holandesa: Rotterdam, La Haya, Leiden. Y desde ahí, viajaron hasta Alemania donde, camino del santuario, pasaron por Dusseldorf y Colonia.

La devoción a la Virgen de Schoenstatt no les era ajena antes de esta aventura, pues, a lo largo de su infancia, una imagen peregrina de la Virgen pasaba con frecuencia por su casa y, junto a sus padres solían viajar en coche hasta el santuario.

“Mis padres tienen un grupo y la Virgen va pasando de casa en casa y rezas con la Virgen, rezás el rosario. También se la van llevando a los que más la necesitan. Y eso lo hacíamos de muy chiquitos. Siempre, cuando venía, estábamos felices. Se queda por tres días y después se va a otra casa”, relatan a ACI Prensa.

El pasado viernes alcanzaron su meta, y tuvieron  la fortuna de asistir a una Misa en español celebrada por un sacerdote compatriota argentino.

“El mundo está lleno de tensiones, de guerra, por ejemplo en Irán, en Israel, en Palestina y también más cerca en Europa, en Ucrania, en Rusia. Así que un poco era llevar ese mensaje de paz y esperanza al mundo y contándole a la gente que nos sigue por las redes de nuestro camino, lo que íbamos haciendo. También mandando mensajes de esperanza”, explican a ACI Prensa.

Este mensaje de esperanza es especialmente relevante en este Año Jubilar: “La esperanza, todos la necesitamos para ir al cielo”, subrayan.

Así les sucedió en Dunkerque, cuando se les hizo de noche antes de lo previsto.

“Eran como las diez de la noche y no habíamos encontrado nada. Y justo por casualidad pasamos por una iglesia y estaban teniendo un festejo, ¿no? Sí, era un festejo de cumpleaños de un chico. Y había gente en la casa parroquial ahí en el hall. Y ahí les preguntamos si tenían algún lugar donde podríamos quedarnos. Y providencialmente en frente de la casa parroquial había un jardincito. Y nos dejaron ahí que podíamos poner la carpa”.

Por ahora, se quedarán unos días cerca del Santuario de Schoenstatt para realizar algún voluntariado, como ya hicieron en Santiago del Estero, Argentina, tiempo atrás.

“Me he acercado más a Dios”

El camino recorrido también les ha servido para crecer en la fe. “Me he acercado más a la fe, más a Dios. Porque, en el camino, lo encuentras en el silencio, en los paisajes, en lo que ha creado Dios. Y con eso vas meditando un poco”, reconoce Ignacio.