“Parece que lo sabéis: hoy cumplo 70 años”, dijo el Pontífice con una sonrisa, improvisando unas palabras de agradecimiento. “Doy gracias al Señor y a mis padres, y a todos los que han tenido un recuerdo en la oración”, añadió.

El Pontífice se mostró visiblemente emocionado al escuchar las bandas de música que, desde la plaza vaticana, interpretaron el popular “Cumpleaños feliz”. Los miles de asistentes acompañaron el gesto con aplausos y vítores, agitando sus carteles con mensajes de gratitud y bendiciones.

Durante su alocución tras el rezo del Ángelus, el Pontífice recordó los 60 años de la puesta en marcha del Sínodo de los Obispos por parte de Pablo VI, a quien deseó un renovado compromiso por la sinodalidad en la misión de la Iglesia.

Ambiente en la plaza de San Pedro. Crédito: Vatican Media
Ambiente en la plaza de San Pedro. Crédito: Vatican Media

Sus reflexiones durante el Ángelus estuvieron focalizadas en la Exaltación de la Santa Cruz, que la Iglesia Católica celebró este domingo.

Al comentar el evangelio del día, el encuentro de Jesús con Nicodemo (cf. Jn 3,13-17), aseguró que el líder judío “tiene necesidad de luz, de guía, busca a Dios y pide ayuda al Maestro de Nazaret, porque en Él reconoce un profeta, un hombre que cumple signos extraordinarios

Jesús se le revela como el Hijo de Dios al decirle: “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna”. Sin embargo, Nicodemo “no comprende plenamente el sentido de estas palabras”, lo hará tras la muerte y “después de la crucifixión, ayudará a sepultar el cuerpo del Salvador”.

«Dios, para redimir a los hombres, se hizo hombre y murió en la cruz”

“Comprenderá entonces que Dios, para redimir a los hombres, se hizo hombre y murió en la cruz”, explicó el Papa.

Para el Pontífice esta es la “exaltación” de la cruz. La definió como una celebración que “hacemos por el amor inmenso con el que Dios, abrazándola para nuestra salvación, la transformó de medio de muerte a instrumento de vida, enseñándonos que nada puede separarnos de Él y que su caridad es más grande que nuestro mismo pecado”.

El Papa concluyó su reflexión previa a la oración pidiendo con María “que también en nosotros se arraigue y crezca su amor que salva, y que también nosotros sepamos donarnos los unos a los otros, como Él se ha donado enteramente a todos”.

 

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Fuente: ACI Prensa