Dios llama a cada uno por su nombre y cuando toca el corazón de la persona, la única respuesta posible es la irremediable conversión a Él. ¡Cuánto nos ama!
Buenos Aires, lunes 22 septiembre (PR/25) — Hemos sido llamados por Dios desde que fuimos concebidos en el vientre de nuestra madre. Pero al crecer, correspondió a nuestros padres enseñarnos el camino correcto para llegar al cielo. A veces eso no ocurre y el corazón sabe que algo le falta.
Dios nos llama por caminos sorprendentes
Actualmente, nos preocupa cómo se pierden los jóvenes entre vicios y distracciones que les desvía del plan original de Dios para sus vidas: aprovechar sus talentos para ponerlos al servicio de sus semejantes, conocer sus mandamientos y hacer su voluntad.
Pero muchos crecen heridos, llenos de desconfianza y abandonados por quienes debían protegerlos. Por eso, cuando se encuentran de frente con el Señor y descubren cuánto los ama, irremediablemente se rinden a Él.
Quienes estuvieron presentes participaron por espacio de dos horas de la alabanza a Dios en las diversas voces y estilos que se unieron para abogar por la paz de mundo. Y notaron la emoción de todos los artistas que agradecieron al papa León XIV por la invitación para compartir tan memorable evento que se vio embellecido por un espectáculo de luces y drones que representaron imágenes inspiradas en frescos de la capilla Sixtina.
La voz de Dios
Pero más allá de las apariencias, hay que ver con esperanza que cada vez más, los seres humanos desean unirse para buscar el bien de sus hermanos, y que Dios tiene caminos inescrutables para hacernos volver a Él. Y que, indudablemente, quien lo conoce se siente tocado en el fondo de su corazón y le es imposible no convertirse a Él.
Ojalá que todos los hombres y mujeres del mundo nos veamos y nos tratemos con caridad y nos unamos para gloria de Dios.
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Fuente: Aleteia


















