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Tras una década de gestiones de CAME, la AFIP y las distribuidoras eléctricas formalizan la reducción impositiva que mejora la liquidez de las pymes agroindustriales.
Buenos Aires, sábado 25 de abril (PR/26) .- La espera terminó para los regantes electrodependientes. Lo que comenzó como un reclamo histórico de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) se transformó en una realidad operativa: la reducción de la alícuota del IVA del 27% al 10,5% para el consumo de energía eléctrica destinada al riego agrícola.
La medida, cristalizada bajo la Ley de Modernización Laboral N° 27.802, no es un dato menor para las economías regionales. En sectores donde el bombeo de agua es vital, la energía eléctrica representa uno de los gastos más asfixiantes.
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Impacto directo: En la olivicultura, la energía incide en un 25% de los costos fijos.
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Sectores beneficiados: Productores de frutas de pepita, vid, frutos secos y hortalizas que dependen del riego artificial para subsistir.
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Ahorro financiero: Al reducir la carga impositiva en 16,5 puntos porcentuales, las empresas ganan liquidez inmediata, algo crítico en producciones con ciclos biológicos anuales o bianuales donde la inversión se recupera a largo plazo.

Implementación y trámites
Aunque la ley ya rige, la aplicación efectiva depende de la actualización en los sistemas de facturación de las prestatarias. En diversas provincias, las distribuidoras ya han comenzado a solicitar a los usuarios los formularios correspondientes para acreditar la condición de productor agropecuario y acceder al beneficio de forma automática en sus boletas.
“Este logro es fruto de más de una década de gestión comprometida. El próximo paso será obtener incentivos para reconvertir la matriz hacia energías renovables”, señaló Eduardo Rodríguez, director de Economías Regionales de CAME.
Competitividad en la mira
Para las pymes agropecuarias, este recorte impositivo funciona como un «balón de oxígeno» en un contexto de alta inflación y costos logísticos crecientes. La unificación de la alícuota con el resto de los insumos agropecuarios (que ya tributaban al 10,5%) elimina una distorsión que castigaba específicamente a quienes necesitaban tecnología de riego para producir en zonas áridas o semiáridas.
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Fuente: CAME


















