El urólogo Enric Trilla explica cómo detectar las principales patologías prostáticas, cuándo consultar al especialista y por qué no hay que normalizar ciertos síntomas solo por la edad

 

 

 

Buenos Aires, martes 26 de mayo (PR/26)La salud prostática forma parte de la salud general del hombre y cuidarla puede mejorar enormemente la calidad de vida. Entre las patologías prostáticas más comunes asociadas al envejecimiento se encuentran la hiperplasia prostática benigna, el cáncer de próstata y la prostatitis. A pesar de que todas ellas impactan de manera directa en el sistema urinario, su origen y tratamiento varían significativamente.

«La clave está en detectar cualquier alteración a tiempo y realizar revisiones periódicas, especialmente cuando existen antecedentes familiares o síntomas persistentes — Enric Trilla, jefe del Servicio de Urología y Trasplante Renal del Hospital Vall d’Hebron»

¿A partir de qué edad aparecen las patologías prostáticas más frecuentes?

La patología más frecuente es la hiperplasia benigna de próstata, un crecimiento progresivo y fisiológico de la glándula asociado al envejecimiento. No se trata de un cáncer ni de una enfermedad maligna, sino de un aumento del tamaño prostático que aparece de forma natural con los años. A partir de los 50 años es muy habitual comenzar a detectar síntomas urinarios relacionados con este crecimiento.

Otra patología importante es el cáncer de próstata, cuya incidencia aumenta especialmente a partir de los 60 años. Por eso se recomienda iniciar las revisiones preventivas antes de que aparezcan síntomas.

 

 

 

Primeras señales de alerta: síntomas obstructivos e irritativos

Muchos pacientes empiezan notando pequeños cambios urinarios: dificultad para iniciar la micción, pérdida de fuerza en el chorro o necesidad de levantarse durante la noche para orinar. Son procesos benignos en la mayoría de los casos, pero es importante controlarlos porque algunas enfermedades pueden evolucionar y afectar significativamente la calidad de vida.

Por un lado, están los síntomas obstructivos: la próstata rodea la uretra y, al aumentar de tamaño, comprime ese conducto y dificulta la salida de la orina. El paciente nota un chorro urinario más débil, retraso al comenzar a orinar o interrupciones durante la micción. También aumenta la frecuencia urinaria, tanto de día como de noche. Cuando una persona necesita levantarse más de una vez cada noche para orinar, ya es recomendable realizar una valoración médica.

Por otro lado, con el tiempo pueden aparecer síntomas irritativos o de almacenamiento vesical: urgencia urinaria, sensación de vaciado incompleto o necesidad de orinar muchas veces con poca cantidad. Son síntomas especialmente molestos que condicionan la vida diaria.

 

 

 

Impacto en el sueño y la energía diaria

El impacto puede ser muy importante. Hay hombres que se despiertan tres, cuatro o incluso cinco veces cada noche. Aunque vuelvan a dormirse, el descanso queda fragmentado y eso afecta directamente a la calidad del sueño. Como consecuencia, durante el día se sienten más cansados, con menos energía y con dificultades para mantener la concentración. Dormir mal de forma continuada también repercute en el estado de ánimo y en la calidad de vida general.

A veces los pacientes normalizan estos síntomas porque piensan que forman parte inevitable del envejecimiento, pero no debería asumirse como algo normal cuando altera de forma tan clara el descanso y la rutina diaria.

¿Cómo diferenciar la hiperplasia benigna del cáncer de próstata?

La hiperplasia benigna consiste en un crecimiento no maligno de las células prostáticas: la próstata aumenta de tamaño y provoca obstrucción urinaria, pero no es un tumor canceroso. En cambio, el cáncer de próstata es una neoplasia maligna que aparece en la glándula. La gran diferencia es que suele dar muy pocos síntomas en las fases iniciales, y en muchas ocasiones se detecta gracias a las revisiones preventivas.

Por eso es tan importante el control periódico mediante el análisis de PSA (antígeno prostático específico), un marcador que se solicita habitualmente en revisiones a partir de los 50 años. Aunque algunos síntomas urinarios pueden coincidir entre ambas patologías, el cáncer de próstata suele ser mucho más silencioso, lo que refuerza la importancia de los controles preventivos.

«El cáncer de próstata suele dar muy pocos síntomas en las fases iniciales; en muchas ocasiones lo detectamos gracias a las revisiones preventivas — Enric Trilla»

 

 

La prostatitis: inflamación con síntomas propios

La prostatitis es una inflamación de la glándula prostática, en muchos casos relacionada con una infección bacteriana. Puede compartir síntomas con la hiperplasia benigna, pero suele acompañarse además de dolor, escozor al orinar, molestias pélvicas e incluso fiebre. El origen del problema y el tratamiento son completamente diferentes, por lo que es fundamental una valoración médica adecuada.

Próstata y salud sexual masculina

Los problemas prostáticos pueden influir en la salud sexual, aunque muchas veces el impacto no viene de la enfermedad en sí sino de los tratamientos utilizados. En el caso de la hiperplasia benigna, algunos medicamentos pueden producir alteraciones de la eyaculación, especialmente la llamada eyaculación retrógrada: el semen pasa hacia la vejiga en lugar de salir al exterior.

Cuando el tratamiento farmacológico no es suficiente y se recurre a cirugía, algunas técnicas también pueden afectar a la eyaculación. En el caso del cáncer de próstata, ciertas cirugías radicales pueden afectar a la función eréctil, dependiendo de la extensión del tumor y de la preservación de los nervios responsables de la erección. Por eso el tratamiento siempre debe individualizarse y valorarse de forma muy cuidadosa.

¿Se pueden prevenir la hiperplasia o el cáncer de próstata?

No es posible prevenir completamente ninguna de las dos patologías. La hiperplasia benigna forma parte del envejecimiento natural masculino. Como señala el especialista, es parecido a la presbicia: igual que llega un momento en que muchas personas necesitan gafas para leer, también llega una etapa en la que la próstata tiende a crecer. Con el cáncer de próstata ocurre algo similar: no existe una medida concreta que garantice evitarlo. Lo que sí se puede hacer es detectarlo precozmente mediante revisiones periódicas.

«Igual que llega un momento en el que muchas personas necesitan gafas para leer, también llega una etapa en la que la próstata tiende a crecer — Enric Trilla»

¿Con qué frecuencia hacerse revisiones y en qué grupos de riesgo?

En general se recomienda empezar los controles a partir de los 50 años, aunque en ciertos grupos de riesgo se adelantan a los 45 años: hombres con antecedentes familiares de cáncer de próstata o población afrodescendiente, donde la incidencia es mayor.

«La clave no está tanto en prevenir como en vigilar, controlar y diagnosticar a tiempo cualquier alteración — Enric Trilla»

Hábitos que ayudan a controlar los síntomas

Existen recomendaciones que pueden ayudar a controlar mejor los síntomas urinarios:

  • Moderar el consumo de café, alcohol y comidas picantes, ya que son sustancias irritantes para la vejiga.
  • Mantener una buena hidratación y realizar ejercicio físico regular, evitando el sedentarismo.
  • Llevar hábitos saludables generales que contribuyan a mejorar el estado del organismo y la salud urinaria.

Respecto a alimentos o suplementos populares, muchas afirmaciones no cuentan con evidencia científica sólida. Lo más importante sigue siendo mantener un estilo de vida equilibrado y acudir a las revisiones médicas cuando corresponde.

Vencer el miedo al urólogo: las revisiones salvan vidas

Todavía existe en algunos casos vergüenza o reticencia para acudir al especialista. Hay pacientes que retrasan las revisiones por miedo o porque piensan que ciertos síntomas son normales con la edad. También existe cierto temor al tacto rectal, aunque actualmente se dispone de más herramientas diagnósticas y no siempre es imprescindible en todas las revisiones: análisis de PSA, ecografías y resonancias ayudan enormemente en la evaluación prostática.

Lo importante es transmitir que las revisiones son rápidas, sencillas y fundamentales para detectar problemas de forma precoz. Cuanto antes se diagnostique una alteración, más posibilidades hay de tratarla con éxito y con menos complicaciones.

 

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Fuente: Anna Calpe, Diario La Vanguardia- Enric Trilla, jefe del Servicio de Urología y Trasplante Renal del Hospital Vall d’Hebron