El reconocido enólogo mendocino habló sin vueltas sobre la falta de previsibilidad, el exceso de regulaciones y el costo que implica exportar desde Argentina. Pese al desgaste, sigue apostando a la innovación con vinos de baja graduación alcohólica que ya conquistaron mercados internacionales.
Buenos Aires martes 14 julio(PR/26)–«Estoy experimentando una saturación». La frase de Mauricio Lorca no fue una más: fue la síntesis de un sentimiento que, según él, atraviesa a buena parte de la industria vitivinícola argentina.
Lo dijo en una entrevista en Agro Recargado, el programa de Aconcagua Radio conducido por Pablo Pérez Delgado y Marcelo Bustos Herrera. Allí, el empresario mendocino describió con crudeza el desgaste que le genera producir, invertir y exportar en un contexto de incertidumbre permanente.
Sin embargo, dejó en claro que el problema no está dentro de la bodega: «Yo agradezco a Dios todos los días ser enólogo y tener una bodega. Amo este negocio. Lo que me está cansando es todo el costo colateral que significa trabajar en Argentina», sostuvo.
Previsibilidad, la gran deuda pendiente
Para Lorca, la vitivinicultura atraviesa una situación mucho más delicada de lo que parece, y advirtió que existe un preocupante silencio sobre los problemas estructurales que enfrenta el sector.
Según explicó, después de décadas invirtiendo en calidad, desarrollando mercados internacionales y posicionando el vino argentino en países altamente competitivos, hoy los empresarios deben convivir con un escenario donde resulta prácticamente imposible planificar.
«Las reglas de juego son que no hay reglas de juego», resumió el bodeguero, quien además cuestionó las dificultades para acceder al financiamiento, la volatilidad de las tasas de interés y la falta de previsibilidad económica que impide proyectar inversiones de mediano y largo plazo.
Exportar, una fortuna
Uno de los puntos más críticos de la charla tuvo que ver con la burocracia. Lorca contó que recientemente concretó una importante exportación hacia Brasil, pero que el proceso administrativo terminó siendo tan costoso como desgastante.
Explicó que debieron realizar numerosos análisis para cada uno de los vinos exportados, además de afrontar certificaciones varietales, certificados de libre venta, libre deuda y una extensa lista de requisitos administrativos.
«Cuando terminás de hacer la cuenta, exportar cuesta una fortuna», afirmó. A ese panorama sumó la preocupación por el incremento de distintos aranceles vinculados a organismos oficiales, que según él sigue erosionando la competitividad del sector.
El espejo español
Lorca también comparó la realidad argentina con su experiencia empresarial en España. Mientras en Mendoza debe enfrentar múltiples trámites y certificaciones, en Europa el sistema resulta mucho más simple.
Allí, señaló, alcanza con cumplir los requisitos de la denominación de origen, realizar un análisis anual y superar una evaluación técnica para poder comercializar los vinos. «Nadie te pregunta nada más. No existe toda esta estructura burocrática que tenemos acá», sostuvo.
Un mensaje de esperanza, pese a todo
A pesar del cansancio que reconoció durante la entrevista, Lorca dejó una señal de esperanza: aseguró que va a seguir invirtiendo y trabajando para mejorar sus vinos.
Eso sí, pidió que quienes toman decisiones comprendan la gravedad del momento que atraviesa una industria que genera empleo, divisas y posiciona la imagen de Argentina en el mundo.
«Seguimos trabajando y mejorando, pero necesitamos que alguien se alinee y entienda qué está pasando para que esta industria pueda seguir prosperando», cerró.
La apuesta que no para de crecer: vinos de baja graduación alcohólica
Mientras cuestiona la falta de competitividad del sistema argentino, Mauricio Lorca sigue desarrollando nuevos proyectos. Uno de los más exitosos es su línea de vinos de bajo contenido alcohólico, una categoría que crece con fuerza en distintos mercados del mundo.
El proyecto arrancó con vinos dulces naturales y luego evolucionó hacia etiquetas secas elaboradas con uvas criollas de cosecha temprana, en busca de vinos frescos, con buena acidez natural, menor graduación alcohólica y gran facilidad de consumo.
Hoy la bodega produce entre 70.000 y 80.000 botellas anuales de esta línea, que prácticamente se venden en su totalidad. Además de Argentina, los vinos ya llegaron a Inglaterra, Canadá y Brasil, mientras arrancaron las primeras pruebas comerciales en Alemania.
El crecimiento de la demanda llevó a la empresa a más que duplicar la elaboración: pasó de una primera producción de 6.000 litros a partidas de 15.000 litros tanto para blancos como tintos.
Para Lorca, no se trata de seguir una moda pasajera, sino de abrir nuevos nichos de mercado sin abandonar la identidad de la bodega: «La gente quiere vinos livianos, fáciles de tomar y con mucha frescura. Hay consumidores que están buscando exactamente eso y nosotros decidimos ofrecerles una alternativa sin perder nuestra personalidad».
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Fuente: alterrados
















