Roque Cassini dejó la abogacía y la radio para construir, junto al veterinario Baltasar Beltrán, una cabaña que hoy vende 800 reproductores por año. La apuesta no fue buscar un campeón, sino mejorar una población entera capaz de rendir en cualquier campo.
Buenos Aires domingo 12 julio(PR/26)–El camino que llevó a Roque Cassini a la ganadería no fue el habitual. Abogado de profesión, pasó buenas décadas repartido entre su estudio jurídico y unas empresas de medios que había comprado en los años 80.
A mediados de los noventa, con el dinero de la venta de las radios Splendid, FM Latina y FM Tango, decidió resguardar ese capital invirtiendo en un campo de Bonifacio, Buenos Aires. No imaginaba que ese resguardo se transformaría en un proyecto de vida.

Roque Cassini.
Hoy conduce una empresa familiar integrada que combina agricultura, producción de carne y genética a través de la cabaña La Cassina. Trabaja unas 10 mil hectáreas entre campos propios y arrendados, y emplea a 35 personas.
El rodeo ronda las 3.200 madres Angus, Hereford, Braford y Brangus, entre pedigree y puros por cruza, y de allí salen unos 800 reproductores por año. A eso se suma la terminación de novillos pesados en un corral propio.
En total, la cabaña produce más de 1,3 millones de kilos de carne al año, entre animales para faena y reproductores. Pero para Cassini, la diferencia no pasa por la escala.
El verdadero diferencial nació de una pregunta que se hizo junto al veterinario y asesor Baltasar Beltrán cuando pensaron cómo meterse en el mercado de reproductores: “¿Cómo podíamos competir con establecimientos que llevaban cien años haciendo genética?”

Baltasar Beltrán.
La respuesta fue no esperar sentados. En lugar de concentrar la venta en la propia cabaña, empezaron a organizar remates itinerantes en distintas regiones ganaderas del país.
Con el tiempo, esa red de remates se extendió por Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, San Luis, Entre Ríos, Corrientes y el norte argentino, llevando la genética de La Cassina hasta el productor, en vez de esperar que él viniera.
Para Cassini, esa expansión también tuvo un objetivo técnico muy concreto: comprobar que una misma genética podía funcionar con eficiencia en sistemas productivos muy distintos, desde campos de alto potencial hasta los más restrictivos.
Poblaciones antes que individuos
Beltrán resume la filosofía de trabajo con una frase simple: “Hay cabañas que buscan producir un gran campeón. Nosotros buscamos mejorar una población. De ahí surge el biotipo seguro y confiable, con el sello de La Cassina”.
Desde el inicio, el programa genético apuntó a construir rodeos uniformes: animales moderados, fértiles, precoces y funcionales, pensados para el ganadero comercial de todos los días.
“Cuanto mayor es la población, mayor presión de selección se puede ejercer”, explica Beltrán. Esa lógica es la que después se traduce en el aspecto parejo de los rodeos.
La uniformidad es, según el propio Beltrán, uno de los sellos más reconocidos de La Cassina. Pero detrás hay años de trabajo sobre atributos muy puntuales: facilidad de parto, crecimiento, fertilidad, capacidad de terminación y adaptación a distintos ambientes.

Más recientemente, se sumaron la calidad de carne y la eficiencia de conversión como ejes centrales de la selección, en sintonía con lo que hoy pide el mercado.
Para sostener ese trabajo, la empresa participa en programas de medición de consumo residual (RFI) en el INTA Naredo y en el CENAB, de Biofarma, y presta especial atención al marmoreo, cada vez más determinante para exportar carne vacuna.
El núcleo genético Angus, negro y colorado, se desarrolló con fuerte influencia de la cabaña estadounidense OCC. Para la campaña 2026, los principales padres son Double Wide, Decreto, Kyoto y Kundo.
En Hereford, el trabajo parte de líneas de origen estadounidense, con reproductores como Alabama y Felton 480, mientras que Fundamentalista, Bandolero y Funcional aportan área de ojo de bife, crecimiento y funcionalidad.
Para el norte del país, la propuesta se completa con Brangus colorado y Braford. El primero nació de la genética de la cabaña Tres Cruces y se multiplicó por trasplante embrionario, con Viamonte, Cañonazo y Midas entre los padres destacados de 2026.
El rodeo Braford, por su parte, surgió del cruzamiento sistemático de vacas Hereford puras registradas con padres Brahman de la línea Houston, alcanzando distintas categorías, con Midas como principal padre para la próxima campaña.
La mejora no se detiene en la genética: la cabaña trabaja con asesoramiento permanente en nutrición, reproducción y manejo, capacita a su personal y suma tecnología cada vez que encuentra una herramienta que “nos puede hacer mejores”, en palabras de Cassini.
El mercado internacional cambió las reglas
Durante décadas, la ganadería argentina miró casi exclusivamente al mercado interno. Hoy, con una mayor inserción exportadora, Cassini considera que ya no alcanza con producir más kilos.
“La carne argentina siempre fue reconocida, pero el mundo también paga por marmoreo, terneza y consistencia. Eso obliga a empezar la mejora mucho antes del frigorífico”, sostiene.
En ese contexto, la genética dejó de ser una herramienta exclusiva de las cabañas de elite para convertirse en una decisión económica de cualquier productor comercial.
Cassini nota ese cambio en los propios remates: “Antes la gente miraba el toro. Ahora primero mira la información genética”, afirma. El creciente interés por vientres puros controlados y registrados va en la misma dirección.

El año pasado, esa demanda quedó reflejada en los números: la cabaña alcanzó un 98% de colocación promedio en los siete remates realizados en distintas regiones del país, con ventas en 9 de Julio, Cacharí, Daireaux y Trenque Lauquen.
Un 2026 con ocho remates y una meta de mil reproductores
Con ese impulso, el próximo 16 de julio, en Bonifacio, La Cassina abre su ciclo de remates 2026 con la venta de reproductores Angus y Hereford de pedigree, puros controlados y puros registrados.
Será el primero de ocho encuentros en las principales plazas ganaderas de Buenos Aires, Córdoba y Entre Ríos, con un objetivo ambicioso: llegar a los mil reproductores vendidos en total.
Lo que empezó hace tres décadas como un resguardo del patrimonio familiar terminó siendo una empresa pujante. Hoy la conducción la encabeza Roque, junto a su esposa Patricia, a cargo de la gestión de la cabaña, y a ellos se suma su hijo Ernesto.

Patricia Cassini, con uno de los toros Hereford representativos de la genética de la cabaña.
“Uno trabaja para dejar una empresa, no solamente un campo”, resume Cassini. Y agrega: “Se trata de un proyecto que encontró en la genética una forma de agregar valor, pero también de construir un legado”.
Primicias Rurales
Fuente: Valor Carne















