El SENASA remarca la condición de país libre de influenza aviar que sostiene la Argentina, un logro que reabre negociaciones comerciales y refuerza la vigilancia sanitaria en granjas de todo el país.

 

 

 

Buenos Aires sábado 4 julio (PR/26)–Entre Ríos y Buenos Aires concentran hoy el 80% de la producción avícola nacional, mientras que el resto de los establecimientos se reparte entre Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Río Negro.

Es un mapa productivo que no se armó de un día para el otro, y que hoy depende, más que nunca, de mantener a raya las enfermedades que pueden golpear a las aves.

 

 

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Por eso el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) pone el foco en algo que suena técnico pero que es, en el fondo, una buena noticia: la condición sanitaria que mantiene el país frente a las enfermedades aviares, sostenida gracias a un trabajo constante de vigilancia, prevención, control y erradicación de la influenza aviar altamente patógena (IAAP).

 

 

Un estatus que se recuperó a fuerza de trabajo

 

 

En febrero de 2026 apareció el primer foco del virus en aves de corral en el país. Dos meses después, en abril, la Argentina recuperó su estatus de país libre de IAAP, un logro que no es solo simbólico: permitió reactivar las negociaciones comerciales para volver a exportar productos avícolas a los países que exigen esa condición.

 

 

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Y aun en los momentos más difíciles, cuando se detectaron casos, el comercio no se frenó del todo. Los acuerdos de zonificación, regionalización y compartimentación permitieron sostener el flujo con los países y bloques que reconocen estas herramientas. Hoy la Argentina mantiene acuerdos vigentes para exportar mercancías aviares con más de 75 países.

A eso se suma otro dato que suele pasar desapercibido: el país también conserva su estatus de libre de la enfermedad de Newcastle (ENC), una afección altamente contagiosa que puede afectar tanto a aves silvestres como domésticas.

 

 

 

 

No es casual que estas noticias lleguen justo cuando se celebra en el país el Día Nacional de la Avicultura, en homenaje a los primeros inmigrantes suizos que llegaron a San José, Entre Ríos, y que encontraron en la cría de aves una forma de sostener a sus familias. Con el tiempo, esa actividad se transformó en el motor productivo de toda la región.

 

 

La vigilancia, todos los días y en todos los frentes

 

 

Mantener este estatus sanitario no es magia: requiere una vigilancia epidemiológica activa, que el SENASA lleva adelante junto con el sector privado. El organismo realiza muestreos serológicos programados que apuntan a algo fundamental: la detección temprana de la IAAP, la ENC, la salmonela y el micoplasma.

Esta tarea no discrimina el tamaño del establecimiento: alcanza a los predios de traspatio, las plantas de incubación, las granjas comerciales de pollos parrilleros y gallinas ponedoras, los establecimientos de genética aviar y los predios de aves de raza. Los veterinarios oficiales del organismo también inspeccionan los establecimientos para verificar que se cumplan las medidas de manejo, higiene y bioseguridad establecidas en la Resolución N.° 1699/2019.

 

 

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Porque, en definitiva, la bioseguridad es la primera barrera contra el ingreso de agentes patógenos como el virus de la IAAP. No solo reduce el riesgo de que la enfermedad entre a una granja, sino que también evita que se propague hacia otros establecimientos o zonas.

¿Qué implica esto en la práctica? Revisar con frecuencia el estado de las mallas antipájaros, asegurarse de que los vehículos e insumos se laven y desinfecten correctamente, limpiar y desinfectar las instalaciones de manera periódica, y eliminar las zonas de agua estancada que puedan atraer a otras aves. También hace falta controlar el ingreso de personas, vehículos y materiales, y verificar que todo el personal y quien visite la granja use correctamente los elementos de protección.

 

 

Ante la primera sospecha, avisar es clave

 

 

Toda esta estructura de prevención se completa con el sistema nacional de vigilancia pasiva del SENASA, que se nutre de algo muy simple: la notificación de sospecha. Productores, especialistas, investigadores e instituciones públicas y privadas que están en contacto con los animales pueden ser los primeros en detectar una posible enfermedad, y ahí es donde su aviso se vuelve decisivo.

 

 

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Cuando aparecen signos compatibles con la influenza aviar u otra enfermedad de notificación obligatoria, hay que informarlo de inmediato al Servicio Nacional para actuar rápido y frenar la propagación del virus. Entre las señales de alerta se destacan la mortandad elevada, la falta de apetito, los signos respiratorios, neurológicos o digestivos, el plumaje erizado y la coloración azulada en la cresta, las barbillas y las patas.

Para notificar una sospecha, se puede recurrir a la oficina del SENASA más cercana —de manera personal o telefónica—, escribir por WhatsApp al (11) 5700–5704, enviar un correo a notificaciones@senasa.gob.ar, o completar el formulario web “Avisá al SENASA”. Quienes quieran ampliar la información pueden ingresar al micrositio de influenza aviar del organismo.

 

 

 

 

 

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Fuente: SENASA