Un negocio de girasol frustrado por normas sanitarias europeas

Un negocio de girasol frustrado por normas sanitarias europeas

Un negocio de exportación de girasol argentino hacia Europa enfrentó trabas sanitarias tras detectarse residuos de pesticidas por encima de los límites permitidos.

Valor Soja por Valor Soja

Buenos Aires, miércoles 25 marzo (PR/26) — En la presente campaña se abrió una gran oportunidad comercial de exportación de semilla de girasol hacia la Unión Europea, la cual, si bien en los “papeles” parecía muy conveniente, en los hechos resultó no serlo tanto.

Hasta la fecha se enviaron a Bulgaria cuatro cargamentos de girasol procedentes de la Argentina, por un total de casi 160.000 toneladas, la mayor parte de los cuales fue remitido por la Unión Agrícola de Avellaneda (UAA).

“Los análisis de laboratorio de los dos primeros cargamentos mostraron la presencia de cantidades residuales de dos pesticidas que superan entre tres y cinco veces los límites permitidos”, señaló la autoridad de sanitaria de Bulgaria por medio de un comunicado.

 

“La cantidad del insecticida deltametrina encontrada en el girasol argentino del tercer cargamento que llegó a Bulgaria duplica el nivel permitido. Se detectó malatión y deltametrina en aproximadamente tres veces el nivel superior a la cantidad permitida en el girasol argentino procedente del cuarto buque que llegó a nuestro país”, añadió.

El importador búlgaro del girasol argentino presentó una declaración escrita en la que afirma que el producto procesado se exportará a países fuera de la Unión Europea, donde se permiten niveles más elevados del insecticida en grano.

La cuestión es que existen dos cargamentos más de semilla de girasol argentino, por un total de 80.000 toneladas, que están en camino hacia Bulgaria, los que podrían experimentar la misma suerte que los anteriores.

La deltametrina, junto con la fosfina, se encuentran actualmente autorizados en la UE-27, pero con límites máximos de residuos que son muy difíciles de cumplir, razón por la cual Ciara-CEC recomienda a sus socios no realizar embarques de semilla de girasol con destino a la Unión Europea.

En el caso de la deltametrina, existe una diferencia de 20 veces entre el límite máximo establecido en la Argentina respecto del vigente en la UE-27 (1,0 ppm versus 0,05 ppm), lo que torna casi inviable la exportación de semilla hacia la Unión Europea en caso de emplear ese insecticida en postcosecha.

 

Primicias Rurales

Fuente: Valor Soja

Girasol: el INTA monitorea enfermedades en el centro del país

Girasol: el INTA monitorea enfermedades en el centro del país

Un estudio realizado por investigadores del INTA Marcos Juárez detectó alternaria, roya negra, roya blanca, escudo negro y cancro del tallo en ensayos con 13 híbridos, durante la campaña 2025/26. Aunque el impacto productivo fue bajo, recomiendan intensificar el monitoreo del cultivo frente al crecimiento del girasol en la región.

 

Buenos Aires, 25 de marzo (PR/26) .- En las últimas dos campañas, la Estación Experimental Agropecuaria Marcos Juárez del INTA puso en marcha —en Córdoba— una red de evaluación de híbridos de girasol, en respuesta al crecimiento que viene registrando el cultivo. Durante el ciclo 2025/26, los ensayos incorporaron evaluaciones para identificar las principales enfermedades presentes en la región y analizar el comportamiento sanitario de 13 materiales comerciales. El trabajo fue coordinado por Enrique Alberione, fitopatólogo del INTA Marcos Juárez junto a su equipo de Patología Vegetal y extensionistas en dos ambientes de la región: Noetinger e Inriville – Los Surgentes.

En total se detectaron cinco enfermedades. Si bien, por sus niveles de infección, en esta oportunidad, no provocaron impactos significativos sobre el rendimiento del cultivo, desde el INTA destacaron los ensayos como una oportunidad para determinar cuáles son los híbridos con mejor comportamiento, y señalaron la necesidad de aumentar el monitoreo en los próximos ciclos productivos. “Durante enero y parte de febrero no hubo condiciones de humedad favorables para el avance de las enfermedades”, explicó Alberione. Los monitoreos no evidenciaron daños en los órganos reproductivos. “Los capítulos y los aquenios estaban bien formados, por lo que el impacto productivo fue bajo”, indicó.

El técnico advirtió que el fuerte crecimiento del cultivo en Córdoba obliga a prestar mayor atención al aspecto sanitario. En las últimas campañas, la superficie sembrada con girasol en la provincia pasó de unas 70.000 a cerca de 250.000 hectáreas. “A medida que crece la superficie cultivada, también aumentan las posibilidades de que los patógenos se establezcan y se expandan en la región”, señaló.

Cinco enfermedades

En Noetinger e Inriville – Los Surgentes, la enfermedad más frecuente fue mancha por alternaria (Alternaria helianthi), que provoca manchas en el tejido foliar del girasol. De acuerdo con reportes internacionales, esta enfermedad puede generar pérdidas de rendimiento de hasta 70 % en situaciones severas.

En el ensayo de Inriville – Los Surgentes, la incidencia de alternaria mostró una amplia variabilidad en los órganos foliares afectados entre híbridos, con valores de entre 10 % y 90 %. La evaluación sanitaria se realizó sobre las hojas superiores de la planta, que se relacionan directamente con la definición en el llenado de granos. La severidad registrada para esta enfermedad estuvo por debajo del 1 % en algunos híbridos y alcanzó hasta 6 % en los más susceptibles. “Es decir, el número de hojas afectadas (incidencia) fue importante, pero el nivel de daño en cada hoja no fue alto”, explicó Alberione.

Otra enfermedad identificada fue roya negra del girasol (Puccinia helianthi), que también afecta al tejido foliar del cultivo y que, en situaciones de ataques severos, puede provocar pérdidas de rendimiento de hasta 80 %, según reportes internacionales. “En uno de los sitios evaluados observamos roya negra en el 100 % de los híbridos, aunque con distintos niveles de infección”, señaló el técnico del INTA. Las incidencias oscilaron entre 80 % y 100 %, mientras que la severidad fue moderada, con valores de entre 1 % y 10 %, según el híbrido.

También se detectó roya blanca del girasol (Pustula helianthicola o Albugo tragopogonis), un oomicete (pseudohongo) que se desarrolla con temperaturas más frescas, generalmente por debajo de los 20 °C, a diferencia de alternaria y roya negra, que aparecen con temperaturas más elevadas (desde 24 °C hasta 28 °C). En los ensayos, la enfermedad tuvo una expresión limitada, aunque en Inriville–Los Surgentes alcanzó una prevalencia de hasta 46 % de los híbridos evaluados.

Según Alberione, suele afectar principalmente las hojas de los estratos inferiores y medio, aunque también se detectó en hojas superiores. La incidencia osciló entre 5 % y 65 %, según el híbrido, mientras que la severidad fue baja, con valores inferiores al 1 % y máximos cercanos al 3 %.

La cuarta enfermedad detectada fue la que se conoce como mancha negra o escudo negro del tallo del girasol (Phoma macdonaldii). Se presentó como una de las patologías con mayor presencia en los ensayos, con prevalencias cercanas al 100 % de los ambientes e incidencias de entre 60 % y 100 % en los híbridos evaluados. Afecta principalmente las hojas de los estratos inferior y medio del cultivo, aunque también compromete el tallo, donde provoca manchas negras en los puntos de inserción de las hojas. Si bien su impacto suele subestimarse, reportes internacionales indican que en situaciones severas puede provocar pérdidas de rendimiento superiores al 50%.

Por último, en el sitio de evaluación de Noetinger también se detectó, en mínima expresión, la presencia del cancro del tallo del girasol, causado por el complejo Diaporthe helianthi / Phomopsis helianthi. Este patógeno puede afectar el tallo y, en situaciones severas, provocar el quiebre de las plantas. Sin embargo, durante los monitoreos realizados no se registraron niveles de daño de esa magnitud.

Aunque su presencia fue baja, Alberione advirtió que se trata de una enfermedad a la que conviene prestar atención. “En regiones donde está presente desde hace años puede provocar el quiebre de las plantas y también afectar el capítulo, donde genera cancros, afectando fuertemente al rendimiento de grano. Reportes de la enfermedad dan cuenta de pérdidas de rendimiento cercanas a 40 %”, señaló.

Híbridos y monitoreo

Uno de los principales aportes de estos ensayos conducidos por el INTA y CREA es que permiten evaluar el desempeño de los híbridos en distintos ambientes, desde el punto de vista productivo y sanitario. “Para el productor es una herramienta clave a la hora de elegir el híbrido. Además del rendimiento, ahora puede considerar, entre otros aspectos, cómo responde cada material frente a las principales enfermedades presentes en la zona”, explicó Alberione.

Los resultados de los ensayos del INTA estarán disponibles próximamente a través de informes técnicos. “El objetivo es siempre acercar esta información a productores y técnicos o asesores, y que les sirva de orientación en las decisiones del manejo productivo del cultivo”, indicó.

El fitopatólogo también destacó la importancia del monitoreo del cultivo en cada campaña. “En casos como roya blanca, roya negra e incluso mancha por alternaria, cuando las condiciones ambientales favorecen su desarrollo, el monitoreo previo permite evaluar la necesidad de aplicar fungicidas”, concluyó.

Primicias Rurales

Fuente: INTA informa

La lana de oveja, la aliada inesperada que revoluciona la agricultura frente a la sequía

La lana de oveja, la aliada inesperada que revoluciona la agricultura frente a la sequía

Una investigación revela que la lana puede conservar humedad, estabilizar temperaturas y reducir el consumo de agua en cultivos, abriendo nuevas soluciones frente a la crisis climática.

En la foto: lana de ovejas cubriendo cultivos en Australia

Buenos Aires, martes 24 marzo (PR/26) — La innovación agrícola no siempre viene de laboratorios futuristas: a veces surge de materiales tan tradicionales como la lana de oveja.

En España, un estudio liderado por el ingeniero agrícola  Raoul Ferrer i Fernandez demostró que este recurso natural puede convertirse en un aliado clave frente a la sequía, mejorando la eficiencia hídrica y la resiliencia de cultivos como el olivar.

La investigación, centrada en el uso de lana como acolchado del suelo, comprobó dos factores fundamentales para la producción agrícola: una mayor retención de humedad y una regulación más estable de la temperatura.

Mediante sensores instalados a distintas profundidades, se compararon parcelas con y sin cobertura, evidenciando mejores condiciones en aquellas protegidas con lana.

Los ensayos incluyeron experiencias concretas. En la finca VerdCamp Fruits, con olivos jóvenes, los suelos con lana mostraron mayor estabilidad térmica y crecimiento más uniforme.

En paralelo, pruebas en Barcelona con cultivos de lechuga confirmaron resultados aún más contundentes: menor necesidad de riego, mayor peso en la cosecha y hasta 25 días sin aporte de agua en algunos casos.

Estos datos posicionan a la lana como una herramienta eficaz frente al estrés hídrico. Además de reducir el consumo de agua, protege el suelo y mejora el desarrollo de los cultivos, lo que podría extender su uso a viñedos, almendros y producciones hortícolas.

¿Qué pasa en otros países?

A nivel internacional, hay antecedentes que refuerzan esta tendencia. En Nueva Zelanda, uno de los mayores productores de lana del mundo, se han desarrollado mantas agrícolas biodegradables a base de lana para retener humedad en cultivos hortícolas.

En Reino Unido, proyectos rurales reutilizan lana descartada como cobertura en huertas y viñedos, con resultados positivos en la conservación del agua. En Estados Unidos, especialmente en zonas de California, se experimenta con mulching orgánico —incluida lana— para enfrentar sequías prolongadas.

En Argentina, aunque su uso aún no está masificado, existen experiencias y condiciones favorables para su desarrollo.

En la región de Patagonia, donde la producción ovina es clave, investigadores y productores analizan cómo reutilizar la lana de baja calidad —que muchas veces se descarta— como cobertura para suelos en sistemas agroecológicos. También en Mendoza y San Juan, zonas afectadas por la escasez hídrica, se aplican técnicas similares con restos orgánicos y coberturas vegetales que podrían integrar la lana como alternativa sustentable.

Incluso en el norte del país, en provincias como Salta o Jujuy, pequeños productores utilizan acolchados naturales para proteger cultivos del calor extremo, una práctica que podría potenciarse con este material.

El avance de estas soluciones ocurre en un contexto de creciente preocupación en el campo. Agricultores de Valencia, España, denuncian el abandono de hectáreas productivas, mientras fenómenos extremos —como animales que invaden cultivos en busca de alimento o incluso automedicación, como ocurre con elefantes en África— reflejan el impacto global del cambio climático sobre los ecosistemas.

Frente a este escenario, la combinación de ciencia y prácticas naturales aparece como una de las respuestas más prometedoras. La lana de oveja, un recurso abundante y muchas veces desaprovechado, podría convertirse en una pieza clave para una agricultura más sostenible.

Primicias Rurales

Fuentes: Varias

El arte del olivo en la Patagonia

El arte del olivo en la Patagonia

Olivar en la provincia de Neuquén, Patagonia. Foto: Florencia Salto.

En Centenario, Praderas Neuquinas combina sensibilidad artística y gestión empresarial para producir aceites de oliva premium y experiencias que revalorizan el producto desde su origen hasta el consumidor.

Neuquén, lunes 23 marzo (PR/26) — Centenario es una localidad de la provincia de Neuquén, ubicada en el departamento Confluencia. Allí, un emprendimiento olivícola logró algo poco frecuente: conjugar sensibilidad artística con lógica empresarial.

Praderas Neuquinas, liderada por Mariana Mauad, no sólo produce aceite de oliva virgen extra de alta calidad, sino que construyó una identidad donde el producto, la experiencia y la historia personal se entrelazan.

Mauad, exbailarina y hoy CEO del proyecto, no duda en definirse primero como artista. Esa mirada atraviesa toda la propuesta. Desde la elección del cultivo hasta el desarrollo del oleoturismo, pasando por el cuidado del proceso productivo, cada decisión parece responder tanto a la búsqueda estética como a la eficiencia. Y es precisamente la calidad del aceite (validada en mercados exigentes) la que permite sostener ese delicado equilibrio entre arte y negocio.
El arte de producir (y percibir) aceite de oliva en la Patagonia

 La historia de Praderas Neuquinas comienza lejos del olivo. El campo, de 120 hectáreas, había sido pensado originalmente para la producción de alfalfa. Sin embargo, los estudios de suelo descartaron esa posibilidad y señalaron al olivo como una alternativa viable. Así, casi por azar, comenzó en 2005 una aventura que con el tiempo se transformaría en un proyecto productivo y cultural.

Matiana Mauad, productora olivícola de la Patagonia, durante una cata de aceite de oliva. Foto: gentileza Mariana Mauad.

Desde el inicio, apostaron por la diversidad. Plantaron seis variedades (Arbequina, Arbosana, Hojiblanca, Picual, Koroneiki y Coratina) para evaluar su adaptación. El resultado sorprendió: todas respondieron de manera óptima a las condiciones de la región. Esa diversidad hoy es una de las claves del proyecto, ya que permite obtener aceites con perfiles sensoriales distintos, desde suaves y frutados hasta intensos y complejos.

La cosecha de aceitunas en el olivar ubicado en Neuquén se realiza de manera manual. Foto: gentileza Mariana Mauad.

En ese contexto, el oleoturismo emerge como la expresión más clara del costado artístico del emprendimiento. Praderas Neuquinas no sólo vende aceite: propone una experiencia. Los visitantes recorren el olivar, participan de catas, degustaciones y actividades sensoriales que buscan conectar al consumidor con el producto desde otro lugar. Como en un atelier, el aceite deja de ser un simple alimento para convertirse en una obra que se aprecia con todos los sentidos.

Escala, inversión y posicionamiento: el lado del negocio

Detrás de esa impronta artística hay una estructura empresarial sólida. Praderas Neuquinas forma parte del grupo Mauad SRL, una empresa especializada en movimientos de suelos a través del uso de explosivos y otras herramientas.

Esa base permitió encarar un desarrollo que hoy alcanza las 70 hectáreas implantadas y una producción cercana a los 40.000 litros anuales de aceite de oliva virgen extra, que crece año a año.

El crecimiento no fue casual. Requirió inversiones significativas, especialmente en infraestructura. Uno de los hitos fue la construcción de un acueducto de 16 kilómetros para garantizar el riego del olivar, una obra clave en una zona donde el acceso al agua es determinante.

Ese desarrollo, además, benefició a otros actores del Parque Industrial de Centenario, generando un impacto que trasciende el propio emprendimiento.

Plantaron seis variedades (Arbequina, Arbosana, Hojiblanca, Picual, Koroneiki y Coratina) para evaluar su adaptación. El resultado sorprendió: todas respondieron de manera óptima a las condiciones del norte de la Patagonia. Foto: Florencia Salto.

El manejo agronómico también es intensivo y planificado. Incluye podas regulares, uso de fertilizantes orgánicos y riego por goteo. La pendiente del terreno evita la acumulación de aire frío, ayudando a reducir riesgos de heladas, un factor crítico en la región.

Durante la cosecha, la almazara opera las 24 horas para procesar rápidamente la fruta y preservar su calidad. En ese período, el equipo se amplía a entre 30 y 40 personas, en su mayoría mano de obra local, lo que refuerza el vínculo con la comunidad.

El riego es por goteo y se usan fertilizantes orgánicos en el olivar. Foto: Florencia Salto.

Ese nivel de cuidado y profesionalización se traduce en un producto premium, con stock limitado y fuerte posicionamiento. Los aceites de Praderas Neuquinas llegan a restaurantes y hoteles de alto nivel en la Patagonia y en Buenos Aires, incluyendo cadenas internacionales. Estar presentes en esos espacios no solo implica un canal comercial, sino también una validación de calidad.

En un contexto donde los aceites patagónicos gozan de reconocimiento por sus características diferenciales (fruto del clima, el suelo y el manejo), la empresa logró consolidarse en un segmento donde el precio no es la variable principal, sino el valor percibido.

Mirada a futuro: exportación y diversificación

Con una base productiva consolidada y un posicionamiento logrado en el mercado interno, el próximo paso parece claro: la exportación. Si bien actualmente no venden al exterior, el proyecto ya cuenta con certificaciones internacionales y avales que abren esa posibilidad. La validación obtenida en concursos internacionales, con medallas de oro, refuerza esa expectativa.

En paralelo, la empresa avanza en la diversificación. Al aceite de oliva se suman otros productos que amplían la propuesta: miel, girgolas, cosmética natural elaborada a partir de aceite de oliva y cera de abejas, e incluso desarrollos innovadores como briquetas gourmet para ahumar a base de orujo. También incursionan en la elaboración de un gin de autor.

Los aceites de oliva patagónicos gozan de un reconocimiento por su calidad, lo que permite su inserción en los más exigentes mercados. Foto: gentileza Mariana Mauad.

El oleoturismo, por su parte, sigue creciendo. A las visitas guiadas y catas se suman almuerzos y experiencias al aire libre, con el objetivo de profundizar el vínculo entre el consumidor y el producto.

En esa línea, el desarrollo de un restaurante dentro del olivar aparece como el próximo paso lógico: cerrar el círculo entre producción, gastronomía y experiencia.

Así, Praderas Neuquinas proyecta su crecimiento sobre una base clara: la calidad del aceite como punto de partida. Es esa calidad la que permite acceder a mercados exigentes, sostener precios premium y, al mismo tiempo, construir una propuesta que trasciende lo estrictamente productivo.

En definitiva, en Centenario, el olivo encontró algo más que un nuevo territorio. Encontró una forma distinta de producir, donde el arte no es un adorno, sino una parte esencial del negocio.
Primicias Rurales
Crédito: Río Negro Rural

 

El algarrobo blanco como aliado estratégico para la ganadería chaqueña

El algarrobo blanco como aliado estratégico para la ganadería chaqueña

Investigadores del INTA presentaron avances en el XIII Congreso Internacional de Sistemas Silvopastoriles sobre el potencial forrajero de Neltuma alba, algarrobo blanco,  en sistemas silvopastoriles juveniles.

Buenos Aires, lunes 23 marzo (PR/26) — Un estudio, realizado por Lorena Pernochi, Marcos Atanasio y Raúl Lértora, del INTA Sáenz Peña y Luis Colcombet, de INTA Montecarlo, analizó la producción, calidad forrajera y variabilidad morfológica de los frutos del algarrobo blanco en un sistema silvopastoril de ocho años de edad.

Los resultados muestran que las chauchas producidas por árboles de origen “Campo Durán” presentan altos niveles de proteína bruta (8–12%), buena digestibilidad y una producción estimada de hasta 821 kg/ha, lo que las convierte en un suplemento valioso para la alimentación bovina, especialmente en épocas críticas.

En el marco del XIII Congreso Internacional de Sistemas Silvopastoriles (SILVOPAT 2025), realizado del 20 al 24 de octubre en Varadero, Matanzas, Cuba, se presentó la investigación sobre el aporte forrajero del algarrobo blanco (Neltuma alba), desarrollada por los especialistas del INTA Sáenz Peña (Chaco) y Montecarlo (Misiones).

El evento, que reunió también al III Congreso de la Red Global de Sistemas Silvopastoriles y al VIII Congreso Internacional de Producción Animal Tropical, se centró en la innovación tecnológica para la sostenibilidad, resiliencia y equidad de los sistemas ganaderos en América Latina y el Caribe.

Recurso estratégico para la ganadería regional

Además de su reconocida calidad maderera y servicios ecosistémicos, el algarrobo blanco emerge como un recurso estratégico para la ganadería regional.

Su incorporación en sistemas silvopastoriles juveniles permite diversificar la oferta forrajera, mejorar la productividad animal y avanzar hacia modelos más sostenibles e integrados, donde los árboles ocupan un rol central en la provisión de sombra, alimento y resiliencia productiva.

 

El algarrobo blanco (Neltuma alba) se presenta como una especie clave en el desarrollo de sistemas silvopastoriles, especialmente en estadios juveniles donde comienza a definirse su interacción con el componente forrajero. Su adaptación a condiciones áridas y semiáridas lo convierte en un recurso estratégico para diversificar la producción.

Además, esta especie aporta beneficios ecológicos significativos: contribuye a la fijación de nitrógeno y mejora la estructura del suelo. Estas características generan un entorno más favorable para el crecimiento de pasturas, potenciando la productividad general del sistema.

En términos forrajeros, el potencial de Neltuma alba radica tanto en su follaje como en sus frutos, que pueden ser aprovechados como suplemento energético en la alimentación animal. Incluso en etapas tempranas de desarrollo, su aporte resulta relevante dentro del esquema productivo.

Sin embargo, en sistemas juveniles es fundamental un manejo adecuado. La densidad de plantación, el control de la competencia y el uso de pastoreo rotativo son claves para equilibrar la producción arbórea y herbácea, permitiendo aprovechar al máximo los beneficios productivos y ambientales del algarrobo blanco.

 

 

 

Primicias Rurales

Fuente: Gob.ar / Otras

Carinata, camelina y colza: su rol en la intensificación de los sistemas agrícolas

Carinata, camelina y colza: su rol en la intensificación de los sistemas agrícolas

Por Giuliana Dellamaggiore – Bruno Ferrari – Emilce Terré – Julio Calzada de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
Carinata, camelina y colza ganan protagonismo como oleaginosas invernales integradas a rotaciones agrícolas, con creciente inserción a mercados de bioenergía y sistemas agrícolas más sustentables.

 

Rosario, domingo 22 marzo (PR/26) — La colza, la camelina y la carinata integran un conjunto de oleaginosas con creciente inserción en mercados vinculados a la bioenergía —especialmente en el caso de la camelina y la carinata—, bajo esquemas productivos y comerciales diferenciados del complejo oleaginoso tradicional.

El objetivo de este informe es analizar las características productivas y el panorama actual de estos cultivos en la Argentina. El abordaje se presenta en dos entregas: esta primera nota se enfoca en las características generales, el contexto productivo y de mercado, y las principales ventajas de estas oleaginosas; en una segunda publicación se profundizará en su dinámica de comercialización y en los mecanismos de formación de precios.

El avance de estas oleaginosas responde, en parte, a la convergencia entre la necesidad de intensificar los sistemas productivos, los aportes ambientales y agronómicos de estos cultivos y la expansión de los mercados energéticos sustentables. A continuación, se analizan estos factores.

Intensificación agrícola y aprovechamiento del barbecho invernal

La intensificación de los sistemas agrícolas, orientada a mejorar la eficiencia productiva, encuentra en estos cultivos una alternativa para sumar etapas productivas a las rotaciones, generar una renta adicional y reemplazar el barbecho por períodos activos de fotosíntesis y fijación de carbono. Según el caso específico, actúan como “cultivos de servicio con renta” o puentes verdes, al ocupar ventanas productivas asociadas a períodos de descanso del suelo.

Dado que en Argentina existen amplias superficies en barbecho invernal —especialmente en regiones alejadas de la influencia marítima—, estas especies encuentran su nicho productivo: la colza1 y la carinata se adaptan preferentemente a barbechos más largos, mientras que la camelina, por su ciclo más corto, se ajusta mejor a ventanas productivas más acotadas.

Ventajas productivas y ambientales 

De acuerdo con investigaciones de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), el desarrollo de raíces profundas y pivotantes en este grupo de cultivos favorece la descompactación biológica, mejora la aireación del suelo y aumenta la infiltración de agua, contribuyendo a un funcionamiento más eficiente del perfil edáfico.

Asimismo, estos cultivos presentan una elevada producción de biomasa, con un aporte significativo al balance de carbono del sistema, ya que parte de esa biomasa se incorpora al suelo y promueve el incremento del carbono orgánico y la disponibilidad de nutrientes.

A ello se suma el efecto alelopático de estos cultivos —especialmente en la camelina—, que contribuye al control de malezas y permite entregar el lote en mejores condiciones para el cultivo siguiente. Este atributo resulta clave en zonas con presencia de malezas resistentes, donde los barbechos prolongados son costosos, y refuerza el valor de la diversificación de rotaciones como herramienta central del manejo integrado de malezas, en línea con los enfoques promovidos por la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid2.

Demanda específica y destino energético

El desarrollo de estas oleaginosas invernales está impulsado por la creciente demanda de la industria energética de aceites certificados con baja huella ambiental, destinados tanto a biodiésel convencional como a biocombustibles avanzados, como el Aceite Vegetal Hidrotratado (HVO) y el Combustible Sostenible de Aviación (SAF).

Dentro de estos mercados, el SAF se posiciona como una de las principales alternativas para la descarbonización del transporte aéreo, permitiendo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta en un 80% respecto de los combustibles fósiles tradicionales.

Actualmente existen más de 300 proyectos de desarrollo de SAF en 40 países  con Estados Unidos concentrando aproximadamente el 35% de la capacidad proyectada. En ese marco, en agosto de 2025, YPF y Essential Energy firmaron un acuerdo para la creación de Santa Fe Bio, una biorrefinería destinada a la producción de HVO y SAF en Argentina.

No obstante, el fuerte impulso que cobró la demanda de SAF en base a los últimos compromisos regulatorios y objetivos de descarbonización, incluidos mandatos de mezcla y metas de reducción de emisiones, en Europa, Estados Unidos y economías de Asia hacen prever una necesidad estructural de ampliar la capacidad instalada en el mediano plazo.  Este escenario abre nuevas oportunidades para cultivos oleaginosos alternativos capaces de abastecer materias primas sostenibles para la industria energética.

Localización, superficie implantada y rindes

En términos generales, según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), la colza presenta mayor concentración en Tucumán, Chaco y Santiago del Estero, con presencia adicional en Santa Fe y Córdoba.

En la provincia de Buenos Aires conviven la colza y la camelina en las zonas centro, norte y sudeste, mientras que en el sudoeste bonaerense la camelina adquiere mayor relevancia. Entre Ríos es la provincia con mayor superficie implantada con oleaginosas invernales del país: según estimaciones de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, alcanzó 31.200 ha y una producción total de 48.620 t la campaña 2025/26.

Según comentó el experto Jorge Bassi en el podcast “Levantando la perdiz” de AAPRESID del 3 de junio de 20253, la superficie total implantada con oleaginosas invernales en Argentina se ubicó en torno a las 170.000 ha en 2025, lo que representa un crecimiento significativo respecto de tres años atrás, cuando las estimaciones rondaban las 30.000 ha.

 

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), para la campaña 2024/25, la colza alcanzó una superficie sembrada de 35.147 ha y una producción de 58.379 t. Los rendimientos promedio de la colza son cercanos a 2 t/ha, con marcadas diferencias regionales: desde 1,6 t/ha en Córdoba hasta valores próximos a 3,5 t/ha en el sudeste bonaerense.

En el caso de la camelina y la carinata, si bien no existen aún estadísticas oficiales consolidadas, estimaciones basadas en información de empresas y acopios indican superficies superiores a las 35.000 ha en cada cultivo para la campaña 2025/26. Los rendimientos actuales se ubican entre 0,6 y 1,2 t/ha en camelina y en torno a 1,4 t/ha en carinata.

Desafíos y oportunidades

El principal desafío de la cadena a nivel global es desarrollar nuevas fuentes de energía renovable que atiendan el incremento exponencial de la demanda proyectada. A nivel local, voces del sector coinciden en que el desafío central consiste en traducir los beneficios ambientales de estos cultivos en valor económico concreto para el productor, lo que exige avanzar en esquemas de certificación que vinculen la producción primaria con las cadenas industriales de aceites y biocombustibles.

Esto implica, a su vez, generar las bases para un crecimiento orgánico: seleccionar los mejores materiales de semilla, garantizar el acompañamiento técnico durante el cultivo y desarrollar la infraestructura industrial para ofrecer soluciones logísticas adecuadas a los productores.

En materia de mejoramiento genético, persiste el reto de acompañar la expansión territorial de estas oleaginosas mediante una mayor adaptación genética a la diversidad de ambientes productivos del país.

Según INASE, más del 50% de los cultivares disponibles de estos tres cultivos se inscribió en los últimos dos años y, en colza, más de un tercio de los registros de la última década corresponde a 2025, lo que evidencia una fase de aceleración en el desarrollo genético.

En los últimos diez años, las inscripciones de cultivares combinan participación pública y privada, aunque con predominio empresarial. En camelina, la mayoría de los registros desde 2016 fueron solicitados4 por firmas extranjeras con representación local.

En carinata, el 75% de los cultivares fue inscripto por una empresa nacional radicada en Santa Fe, la cual cuenta con un programa de investigación de carinata radicado en Venado Tuerto con ensayos a campo en todo el territorio agrícola.

En colza, de los 54 cultivares registrados, 46 corresponden a empresas extranjeras, 6 a una firma nacional y 2 fueron solicitados por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. En términos territoriales, la representación se concentra principalmente en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

 

Desde la perspectiva agronómica, los principales desafíos se concentran en el manejo, especialmente en la etapa de implantación; en tanto que el desarrollo comercial de estos cultivos enfrenta, además, desafíos vinculados a la escala y continuidad de la oferta, la articulación entre los distintos eslabones de la cadena y el cumplimiento de certificaciones y estándares de sostenibilidad exigidos por los mercados de bioenergía.

Al respecto, el especialista Rubén Dicún5 subraya que la carinata se desarrolla bajo un esquema de producción trazado y certificado, y que su valor no debe medirse únicamente por el margen directo: integrada como alternativa invernal en la rotación, mejora las condiciones del suelo y contribuye al desempeño del cultivo siguiente, por lo que su verdadero rendimiento solo se comprende al analizarlo dentro del sistema productivo.

En este contexto, diversos expertos coinciden en que Argentina cuenta con una ventaja comparativa real: la disponibilidad de superficie libre en invierno y las buenas prácticas de labranza de sus productores la posicionan como un actor estratégico en el desarrollo de biocombustibles y en la inserción de su complejo agroindustrial en la transición energética global.

Desarrollo e investigación

La consolidación de estos cultivos en Argentina se sustenta en un trabajo sostenido de investigación orientado a su adecuada inserción en las rotaciones agrícolas. La FAUBA desarrolla en ese sentido líneas de estudio centradas en la caracterización genética y la zonificación ambiental, con una trayectoria consolidada en colza y carinata a la que se suma, más recientemente, investigación específica sobre camelina.

La combinación de herramientas de modelización y ensayos a campo, articulada con inversiones privadas en investigación y desarrollo y con el apoyo de organismos públicos, permite acelerar la transferencia de resultados.

Este esquema de cooperación público-privada constituye un ejemplo a seguir para acortar la curva de adopción de estos cultivos y consolidar su inserción en el sistema agrícola argentino.

 

 

Los autores agradecen la colaboración de Jorge Bassi, Rubén Dicún y Luciana Huergo por su revisión del documento y sus aportes durante la elaboración de esta nota.

La colza presenta cultivares de hábito invernal y primaveral, cuya adecuada adaptación al ambiente y a la fecha de siembra resulta clave para optimizar los rendimientos.
2 Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID). (2017, 25 de septiembre). Rotación de cultivos: primera herramienta para luchar contra las “malezas resistentes”.
3 Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=91iwc5WUPfQ&list=PLMiwxgAFUG9eDnVJww_zVlj3eUjFVtunO&index=25 
4 El solicitante es quien presenta formalmente el cultivar para su inscripción en INASE, ya sea quien desarrolló genéticamente el material, o el titular de los derechos comerciales en el país. El representante es quien actúa en nombre del solicitante, generalmente cuando el desarrollador es extranjero.
5 Licenciado en Administración de Empresas (UBA), Country Head Argentina de Nufarm Argentina (ex Nuseed), empresa multinacional de semillas especializada en tecnología para cultivos agrícolas.

Fuente: BCR Informativo Semanal

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