Abarca a la Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay.
Es intenso el intercambio comercial entre China y países de América Latina. Fotografía: Agencia Noticias Argentinas/Xinhua
Buenos Aires, lunes 2 junio (PR/25) — El acceso a China sin visa entró en vigencia este domingo para los ciudadanos de la Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay.
Podrán permanecer en China por un máximo de 30 días para negocios, turismo, intercambio cultural o tránsito.
La política, que se ejecutará a título experimental hasta el 31 de mayo de 2026, fue anunciada recientemente por el Ministerio de Relaciones Exteriores de China.
Dada a conocer durante la cuarta reunión ministerial del Foro China-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) en Pekín a comienzos de este mes, esta política se alinea con la iniciativa más amplia de China para extender las exenciones de visados ??y fomentar intercambios amistosos con más países de América Latina y del Caribe (ALC).
Para las empresas chinas con lazos comerciales en la región, la medida es vista como un paso largamente esperado hacia una cooperación significativa. «Resuelve un verdadero cuello de botella en nuestras operaciones comerciales», afirma Ryan Yang, gerente general de Sinogas, una firma de tecnología energética con sede en Tianjin que exporta a Brasil, Colombia, Chile, México y Perú.
Enseguida añadió: «Los clientes ahora pueden venir para realizar inspecciones de fábrica, demostraciones de productos y sesiones de entrenamiento sin semanas o meses de demoras esperando visas».
El comercio entre China y ALC se duplicó en la última década, alcanzando los 518.400 millones de dólares en 2024, informó la agencia de noticias Xinhua.
Los productos chinos, incluidos sus vehículos eléctricos, se exportan ampliamente a la región, mientras que los productos originarios de allí también gozan de una popularidad creciente en China.
Las cerezas chilenas y la carne de res argentina se convertieron ya en alimentos básicos en la dieta de los hogares chinos.
China también es un lugar elegido por los turistas latinoamericanos.
Barcelona, lunes 2 junio (PR/25) — ¿Buscas una luna de miel que combine paisajes de postal, aventura exótica, templos milenarios y playas paradisíacas? Bienvenue a Tailandia, el destino que convierte cualquier viaje en un souvenir inoubliable.
¿Por qué Tailandia es el destino ideal para una luna de miel?
Tailandia no es solo un lugar donde ir. Es un lugar donde quedarse. Donde parar el tiempo y dejarse llevar. Su magia está en la mezcla: ciudades vibrantes como Bangkok, templos que susurran historia como los de Chiang Mai, selvas frondosas, playas que parecen de otro planeta y hoteles donde cada detalle está pensado para el amor. Un viaje de novios a Tailandia no es solo una escapada romántica. Es una promesa de recuerdos eternos.
Según el portal Statista, más del 10% de las lunas de miel internacionales desde Europa se dirigen a destinos del Sudeste Asiático. ¿El país favorito? Tailandia, claro.
¿Qué combinaciones de viaje son las más recomendadas?
Hay muchas formas de vivir Tailandia, pero aquí te mostramos tres propuestas que enamoran a nuestras parejas viajeras:
Bangkok + Krabi (11 días): una mezcla perfecta entre cultura y relax. Comienza en Bangkok, una ciudad que nunca duerme, donde los templos dorados como Wat Pho o el Palacio Real se mezclan con mercados flotantes, cenas en rooftops y paseos por el río Chao Phraya. Después, volad juntos a Krabi: playas de arena blanca, formaciones rocosas que se alzan sobre el mar como esculturas naturales, y atardeceres que parecen pintados a mano. Comme un rêve.
Chiang Mai + Krabi (14 días): si queréis un viaje más íntimo y espiritual, esta es vuestra ruta. Chiang Mai, al norte del país, ofrece naturaleza, templos antiguos y experiencias únicas como conocer elefantes en santuarios responsables o recibir una bendición budista. Después, rumbo al sur para dejaros mimar por la costa de Krabi. Ideal para quienes buscan equilibrio entre aventura, cultura y playa.
Tailandia es un país muy fácil de combinar con otros destinos del Sudeste Asiático. Desde GrandVoyage te ayudamos a personalizar tu luna de miel: ¿Te gustaría añadir unos días en Camboya para descubrir Angkor Wat? ¿O prefieres acabar en una villa sobre el agua en Maldivas? Pourquoi pas? Cuéntanos tu sueño y lo convertimos en plan.
¿Cuándo es la mejor época para viajar a Tailandia de luna de miel?
La mejor época es de noviembre a abril, cuando el clima es más seco y soleado, especialmente en las zonas de playa como Krabi o Phuket. Si viajas en verano, hay alternativas perfectas en la costa este (como Koh Samui), donde el clima es más favorable. Aquí tienes un artículo con los mejores meses para viajar a Tailandia.
¿Qué incluye un viaje de novios con GrandVoyage?
Cuando eliges viajar con nosotros, eliges tranquilidad. Estos son algunos de los servicios que ofrecemos en todos nuestros viajes de novios:
Búsqueda del mejor precio de vuelos (¡hay grandes diferencias según el día!)
Hoteles seleccionados por su encanto, ubicación y valoraciones de antiguos viajeros
Traslados entre aeropuertos y alojamientos
Gestión de vuelos internos y entradas
Asistencia personalizada antes y durante el viaje
Guías locales con experiencia (la mayoría habla castellano)
Actividades y excursiones románticas opcionales (consultad cuáles están incluidas en vuestro itinerario).
Todo para que no tengáis que preocuparos por nada más que disfrutar.
¿Hay algo que debáis tener en cuenta antes de viajar?
Tailandia no exige visado para estancias inferiores a 30 días a ciudadanos de la mayoría de países europeos. Pero los requisitos para viajar a Tailandia pueden cambiar en cualquier momento, por lo que te recomendamos consultar con tu embajada o con nosotros antes de reservar. También es importante tener precaución con el agua: sólo agua embotellada, incluso para lavar los dientes.
¿Estás planeando un viaje a Tailandia desde Argentina? ¡Qué emoción! Pero antes de armar la valija, es importante estar bien informado sobre los requisitos de entrada, trámites y consejos de salud para que tu experiencia en el Sudeste Asiático sea inolvidable y sin sorpresas. Comme un rêve, ¿no?
¿Necesito visa para entrar a Tailandia siendo argentino?
No. Si tenés pasaporte argentino, podés ingresar a Tailandia como turista sin necesidad de visa, siempre que tu estadía no supere los 90 días. Este beneficio se debe a un acuerdo entre ambos países. Eso sí, tu pasaporte debe tener al menos seis meses de vigencia desde el momento del ingreso al país. Consultá los detalles en la web oficial de la Cancillería Argentina para conocer la última actualización.
¿Qué requisitos sanitarios hay que cumplir?
Desde Argentina, se exige el certificado de vacunación contra la fiebre amarilla, especialmente si venís de zonas de riesgo. El certificado debe estar en formato original y actualizado.
Además, Tailandia implementó un formulario digital de salud (Health Declaration Form – T.8 Form), que deberás completar online dentro de los tres días previos a tu arribo.
¿Qué es la Tarjeta de Llegada Digital (TDAC)?
A partir de mayo de 2025, todos los viajeros deben completar la nueva Tarjeta Digital de Llegada a Tailandia (TDAC). Este formulario reemplaza al famoso TM6 en papel y agiliza los trámites migratorios. Se completa online en los tres días anteriores a la llegada.
¿Qué documentación conviene llevar encima?
Además del pasaporte y los formularios mencionados, es buena idea tener:
Pasaje de salida de Tailandia.
Comprobante de reserva de alojamiento.
Prueba de fondos suficientes para tu estadía.
Seguro médico internacional (recomendado, aunque no obligatorio).
Son lugares que deleitan a los visitantes con paisajes de ensueño y con una particularidad de su flora y fauna que responde a su ubicación entre dos ecosistemas muy distintos.
Lago Puelo, el destino al que se lo conoce como un«laboratorio genético natural». (Foto: La Ruta Natural)
Lago Puelo, lunes 2 junio (PR/25) — La Patagonia cordillerana es un verdadero tesoro del turismo argentino. Esta región cubierta por lagos de aguas verdes y cristalinas y por frondosos bosques que se extienden a lo largo y a lo ancho de una imponente cadena montañosa rebosa de impactantes destinos dignos de ser visitados.
Uno de los más importantes de la zona es Lago Puelo, que se destaca por sus paisajes que parecen sacados de un cuento de hadas y por su cercanía con otros lugares icónicos del sur, como Bariloche y El Bolsón.
Ubicado al noroeste de Chubut, este pueblito forma parte del Parque Nacional Lago Puelo, fundado en 1971. Es un área natural que protege una porción de territorio única por su valor ecológico, su belleza escénica y su enorme riqueza biológica.
Con poco más de 10.000 habitantes, esta localidad patagónica experimentó un importante crecimiento demográfico en los últimos años a raíz de su intensa actividad turística, su principal fuente de ingresos.
Lago Puelo, un laboratorio genético a cielo abierto
Ubicado en la ladera del Cerro Currumahuida y a escasos kilómetros de la frontera con Chile, el parque tiene la particularidad de estar en medio de un área de transición entre los ecosistemas del bosque andino patagónico y la selva valdiviana. Esta singular característica geográfica le valió el mote de “laboratorio genético natural”, ya que una gran cantidad de especímenes de plantas de uno de esos dos ecosistemas deben mutar para adaptarse y sobrevivir en el otro.
Lago Puelo se encuentra en una zona de transición entre dos ecosistemas muy distintos. (Foto: La Ruta Natural)
Por ese motivo, en esta región suelen observarse ejemplares únicos que sería imposible hallar en cualquier otro lugar del país. Si bien no es común que se corrobore la misma situación con integrantes del mundo animal, en 1999 se descubrió allí un espécimen de anfibio único en el mundo, una rana de hábitos nocturnos y terrestres, endémica de esa zona húmeda y fría del país.
En este parque de 27.600 hectáreas de extensión coexisten árboles como el ciprés de la cordillera o el notro con especies más propias de climas húmedos, como el alerce o el ulmo. De la misma manera, mamíferos y aves exhiben comportamientos adaptativos que no se observan en ninguna otra parte de Argentina.
Un pueblito salido de un cuento de hadas
Además de su innegable valor biológico, Lago Puelo sobresale por tratarse de un destino ideal para los amantes del ecoturismo, de la aventura y de la contemplación de la naturaleza. Sus calles pintorescas, rodeadas de paisajes montañosos, invitan a desconectarse completamente del ritmo urbano y a vivir un hermoso momento con familia y amigos en la playita que está frente al lago.
El lago es el gran protagonista del parque. (Foto: La Ruta Natural)
Al estar en una zona repleta de espejos de agua de color verde azulado, este destino sobresale por sus actividades náuticas, como paseos en catamarán, recorridas en kayak y salidas de pesca. En el verano, el lago alcanza temperaturas agradables que lo convierten en un espacio apto para nadar y refrescarse. También se pueden realizar cabalgatas y senderismo por caminos como el de Los Hitos, que invitan a descubrir paisajes impresionantes.
A su vez, este entorno natural inigualable permite participar de jornadas de observación de flora y fauna, ya que el parque alberga más de 150 especies de aves, pudúes, zorros, gatos monteses y una extensa comunidad de anfibios y reptiles.
Cómo llegar a Lago Puelo
La manera más rápida y cómoda de llegar a Lago Puelo es vía avión desde el Aeroparque Jorge Newbery con una escala intermedia en San Carlos de Bariloche. Desde allí se debe tomar algún ómnibus que viaje hasta el pueblo. Hay varios servicios regulares que parten desde la terminal de Bariloche con dirección a El Bolsón, desde donde se puede abordar otro colectivo o directamente un taxi.
Bosques, montañas, lagos y ríos confluyen en el Parque Nacional Lago Puelo. (Foto: La Ruta Natural)
El alquiler de auto es otra opción interesante, ya que brinda independencia para explorar el camino al ritmo de cada uno, mientras que algunas empresas ofrecen salidas de traslados privados desde el aeropuerto de Bariloche hasta Lago Puelo.
Existen variedades para todos los gustos: rubia, negra, roja y la lista podría continuar distinguiéndolas por sus procesos de elaboración, aromas, notas y sabores especiales.
Buenos Aires, domingo 1 junio (PR/25) — Lo cierto es que en los últimos años el auge de las cervezas artesanales es indiscutible. Cada versión está pensada para maridar propuestas gastronómicas.
Ayer, 31 de mayo, Día de la Cerveza en Argentina, homenajeamos a la cerveza orientada a los consumidores que quieren darse un gusto, enriquecer un momento, rescatar el momento de relax que signa el final de una jornada o el encuentro con amigos.
GROWLERS
Growlers es un bar cervecero de impronta urbana, donde el espíritu relajado convive con una estética inspirada en el arte callejero. Con varias sedes distribuidas estratégicamente por la ciudad y más de 150 canillas activas, se ha convertido en un referente dentro del panorama cervecero local. Su propuesta gira en torno a una selección curada de cervezas, elegidas por sommeliers, lo que asegura una rotación dinámica de estilos. En su amplia oferta conviven desde variedades suaves como Lager y Honey, hasta estilos intensos como Imperial Stout y Barley Wine. Entre las etiquetas destacadas figuran la Cercano Oeste American IPA de MUR, con un perfil aromático complejo que incluye notas de naranja, lima, pimienta negra, maracuyá y damasco; la Honey, con dulzor delicado; la Irish Red de Postanak, con matices tostados y acento a caramelo, y la Blonde Ale de MESTA, ligera y refrescante, con sutiles notas a pan. Uno de los sellos distintivos de este bar cervecero es que cada sede destina una canilla a cerveceros caseros, impulsando a nuevas generaciones de productores.
La experiencia se completa con una carta variada que incluye hamburguesas, pizzas, sándwiches, tapas, así como opciones vegetarianas y plant based.
Dirección: Gurruchaga 1450, Palermo; Olleros 3750, Chacarita; Cuba 2202, Belgrano; Doblas 857, Caballito; Av. Santa Fe 1430, Recoleta.
Con sedes en Retiro, Palermo y San Telmo, Saigón Noodle Bar trae a Buenos Aires lo mejor del street food vietnamita. En su carta se distingue la cerveza de elaboración propia, llamada La Viet Kong, disponible en tres variedades: Session IPA, de amargor suave; APA con hibiscus, de aroma afrutado y tropical, y Zero, una golden sin alcohol. Además de otras opciones de cerveza tirada, el equipo de cocina sugiere maridajes ideales con sus especialidades más representativas de la gastronomía asiática: la tradicional Pho Bo, los spring rolls de langostinos con salsa Nuoc Mam Cham y el popular Saigón Bo Lu Lac. Un verdadero viaje al corazón de Vietnam, sin salir de Buenos Aires.
Dirección: Marcelo T. de Alvear 818, Retiro; Soler 4388, Palermo; Bolívar 986, San Telmo.
En el corazón de Palermo, Pasillito fusiona el pulso del tardeo español con una impronta local que la distingue. Su creador, Ramiro Suárez Plata, combina tapas, vinos y también cervezas con una marca propia: Hopson Brewing. Desde allí llegan las opciones tiradas del bar, entre ellas la Premium Lager, liviana y fácil de tomar, y la West Coast IPA, con notas cítricas, resina y un amargor sostenido. La rubia clásica es la más pedida y funciona como punto de partida para un maridaje directo con la bocata de calamar. La experiencia arranca con una cortesía: caña de lager y tortilla de papa. Un plan que propone reinterpretar la hora del encuentro bajo una estética simple, pero pensada hasta el más mínimo detalle.
En una antigua casona de 1926, en Olivos, se encuentra un distintivo bar de la escena cervecera local: BABA House. Detrás del proyecto están tres amigos que decidieron mezclar tradición y modernidad en un espacio relajado, con jardín y rincones al aire libre perfectos para compartir buena comida y mejor cerveza. Con 16 canillas activas, BABA House sirve creaciones propias elaboradas por su fábrica, Baba Mística Cerveza, especializada en IPAs lupuladas y cervezas experimentales con ingredientes fuera de lo común como curry, palo santo, sal marina o ají picante. Entre sus variedades más populares se destacan la Mystic NEIPA, de amargor bajo y final suave, con notas tropicales como maracuyá, mango y durazno; la Ritual Red IPA, con notas a caramelo tostado y lúpulos cítricos; la Moon IPA, fresca y de tomabilidad alta, con notas herbales y cítricas, y la Trippin IPA, una West Coast de amargor firme y perfil seco con aromas a pino y frutas tropicales.
En una de las esquinas más emblemáticas de la ciudad, Tagle y Libertador, Pizza Cero sigue escribiendo historia a lo largo de sus 40 años de vida. Con una identidad forjada en la excelencia gastronómica, el restaurante también apuesta fuerte por el mundo cervecero. Bajo la curaduría de sus bartenders, Anita y Mauro, la carta incluye desde clásicos nacionales como Quilmes Cristal, Bock y Stout, hasta opciones internacionales como Corona, Stella Artois y su versión Noir. También hay espacio para las cervezas artesanales de Patagonia, con variedades como Amber Lager, Bohemian Pilsener, Weisse y Pale Ale Kune. La diversidad de estilos —de los más ligeros a los más robustos— asegura un maridaje ideal con su inconfundible pizza a la piedra: base fina, mozzarella especial y toppings que van de lo tradicional a lo gourmet. El ambiente elegante, inspirado en los bares neoyorquinos, con arte en las paredes y sectores cómodos para cada ocasión, convierte a Pizza Cero en un punto de encuentro perfecto para disfrutar de buena comida, bebida y compañía.
Dirección: Av. del Libertador 1800, Recoleta. CABA
Una ínfima localidad ubicada en el corazón serrano fue galardonada por la Organización Mundial del Turismo a raíz de su belleza natural, su identidad arquitectónica y sus políticas ambientales.
La Carolina, el pueblito de San Luis que fue elegido entre los más lindos del mundo. (Foto: Turismo Nación)
La diversidad turística de Argentina es tan grande que se pueden encontrar atractivos y destinos totalmente desconocidos hasta en los lugares más recónditos del país. En un enclave a 1600 metros sobre el nivel del mar, en plenas sierras puntanas, se encuentra La Carolina, una pintoresca localidad de SanLuis que muy pocos visitaron, pero que la Organización Mundial del Turismo (OMT) reconoció como uno de los pueblos turísticos más lindos de Sudamérica en su clásico concurso Best Tourism Villages.
El reconocimiento fue anunciado en Uzbekistán durante una de las asambleas de la OMT.
La competencia incluyó a más de 60 países y a siete destinos argentinos, como Villa Traful (Neuquén), Yavi (Jujuy), Los Antiguos (Santa Cruz), Laguna Blanca (Catamarca), Gaiman (Chubut), Tolhuin (Tierra del Fuego) y La Carolina, que se ubicó en el puesto 12° a nivel regional y como primera en el ámbito nacional.
Según la organización, el criterio de selección se rigió por la capacidad de cada localidad de integrar el turismo con la preservación de su entorno natural y tradiciones.
La Carolina, el pueblito turístico más lindo de Argentina, según la OMT
Ubicado a 330 kilómetros de Mendoza, a 80 kilómetros de la Ciudad de San Luis y con apenas 377 habitantes, La Carolina fue fundada en el siglo XVIII, más precisamente en 1792 por el virrey Marqués de Sobremonte, tras el descubrimiento de grandes yacimientos de oro en la zona.
Pese al innegable paso del tiempo y a las marcadas transformaciones sociales y avances tecnológicos, el pueblito mantiene hasta hoy su encanto colonial. Sus calles son empedradas y angostas, ladeadas por casitas de piedra con tejados antiguos.
La Carolina se fundó en 1792 y aún hoy mantiene su encanto colonial. (Foto: Turismo Nación)
El entorno natural se complementa a la perfección con el pequeño trazado urbano de la localidad y la convierten en una especie de museo a cielo abierto. Se encuentra a los pies del cerro Tomolasta y está rodeada por la majestuosidad de las sierras puntanas y atravesada por los ríos Amarillo y Las Invernadas. Allí se obtienen vistas increíbles de un paisaje único, signado por su belleza y tranquilidad.
La actividad económica más importante de La Carolina fue siempre la minería, que aún hoy sigue presente de forma artesanal, aunque en los últimos años el turismo rural y cultural la fue desplazando de aquel lugar de preponderancia. Hoy el pueblo combina esa historia minera con naturaleza y decenas de emprendimientos turísticos locales que permitieron que muchos habitantes encuentren un ingreso estable en la industria de los viajes.
Qué hacer en La Carolina
Las antiguas minas de oro son los principales atractivos turísticos del lugar y se pueden visitar a través de recorridos guiados. En estos paseos los turistas tienen la posibilidad de experimentar el proceso de extracción del metal precioso directamente desde el río Amarillo.
Los amantes de la escritura y la literatura pueden conocer el Museo de la Poesía que funciona en la casa natal del poeta Juan Crisóstomo Lafinur, tatarabuelo de Jorge Luis Borges. Por su parte, la Gruta Inti Huasi es una imperdible caverna natural que atesora vestigios arqueológicos de pueblos originarios y es considerada uno de los sitios prehistóricos más importantes de la provincia.
Los turistas pueden experimentar el proceso de extracción de oro en el río Amarillo. (Foto: Turismo Nación)
Por último, aquellos que busquen actividades al aire libre pueden aprovechar todo lo que las sierras tienen para ofrecer, con senderismo, rappel, cabalgatas y observación de aves.
Cómo llegar a La Carolina
La forma más rápida y cómoda para llegar a La Carolina desde la Ciudad de Buenos Aires es en auto a través de la Ruta Nacional 7 hacia San Luis en un tramo de aproximadamente 800 kilómetros. Una vez en la capital provincial hay que empalmar con la Ruta Provincial 9 hacia el norte y pasar las localidades de El Volcán, El Trapiche y Valle de Pancanta hasta llegar al destino premiado por la OMT.
Madrid, domingo 1 junio (PR/25) — Saber qué ver en Riviera Maya me parece imprescindible. Si hay un rincón del mundo que me ha robado el aliento más de una vez, ese es la Riviera Maya en México
No importa cuántas veces vaya: siempre descubro algo nuevo, un rincón escondido, una historia que contar. Esta franja del Caribe mexicano es mucho más que playas paradisíacas y hoteles todo incluido (aunque, sí, también los hay y son espectaculares).
Hoy quiero llevarte conmigo, como si estuviéramos planeando juntas tu próximo viaje, por los imprescindibles de la Riviera Maya… pero también por esos secretos del Yucatán que muchas veces quedan fuera de los itinerarios clásicos. Porque viajar no es solo ver lugares bonitos: es sentirlos, saborearlos, perderse un poco… y volver distinta.
¿Te vienes?
Riviera Maya: El corazón turístico del Caribe mexicano
La primera vez que escuché «Riviera Maya«, pensé automáticamente en playas de agua turquesa, cócteles con sombrillita y resorts infinitos. Y sí, todo eso está ahí, pero lo que no te dicen es que esta región tiene alma.
Oficialmente, la Riviera Maya recorre la costa del estado de Quintana Roo, en la península de Yucatán, desde Puerto Morelos hasta Punta Allen. En el camino, se alinean destinos como Playa del Carmen, Tulum, Akumal, Xcaret, y tantos otros nombres que quizás hayas visto en postales.
Es un lugar donde la selva se encuentra con el océano, donde las ruinas mayas vigilan desde los acantilados y los cenotes esconden mundos subterráneos llenos de magia.
Pero más allá del brillo caribeño, hay un mundo que late tierra adentro: el estado de Yucatán. Y ahí es donde la experiencia se transforma. Ahí es donde te encuentras con pueblos coloniales como Valladolid o Izamal, con mercados donde el achiote y la cochinita pibil te hacen salivar sin aviso, con cenotes solitarios que parecen espejos sagrados. Ahí es donde el turismo baja de volumen y la vida local se hace protagonista.
Muchas veces, cuando organizo viajes por esta zona, me gusta combinar lo mejor de ambos mundos: la Riviera Maya para desconectar y maravillarse con la belleza natural, y el Yucatán profundo para conectar con la historia, la cultura y la gente.
Es un destino que no se agota, uno de los mejores para una luna de miel en América. Y si me dejas, te lo muestro paso a paso, como lo he vivido yo, entre ruinas, selva, playa y tortillas recién hechas.
Imprescindibles que no puedes perderte
Cuando alguien me pregunta qué no puede faltar en un viaje a la Riviera Maya, me cuesta elegir. Hay tanto por ver, y cada lugar tiene su propio carácter. Pero si tuviera que armar una lista con los grandes favoritos —esos que sigo visitando, aunque ya me los sepa de memoria— serían estos:
Chichén Itzá
Sí, ya sé que está un poco más hacia el interior, en el estado de Yucatán, pero es una de esas maravillas del mundo que hay que ver al menos una vez en la vida. Caminar entre sus templos mayas, ver de cerca el imponente castillo de Kukulkán, y sentir el peso de siglos de historia… es algo que siempre emociona. Chichén Itzá es un imprescindible no solo de México, sino de todo el planeta. Un consejo: si puedes, llega temprano y con guía, para evitar las multitudes y entender mejor todo lo que ves.
Tulum y sus ruinas frente al mar
Tulum es puro encanto: una ciudad maya construida sobre un acantilado que mira directo al mar Caribe. Las vistas son de película, y no importa cuántas veces lo visite, siempre me deja con la boca abierta.
Y ya que estás ahí, aprovecha para darte un chapuzón en la playa que está justo debajo de las ruinas… es una experiencia inolvidable. La playa es fantástica y tener las ruinas sobre ti le da otro toque a la experiencia.
Playa del Carmen
Playa del Carmen es mi base preferida cuando quiero un poco de todo: movimiento, buena comida, opciones para salir por la noche y excursiones cercanas.
La Quinta Avenida es un clásico para pasear (aunque a veces algo ruidosa), pero también hay rincones más tranquilos si te alejas un poco del centro. Y desde aquí puedes tomar ferris hacia Cozumel o colectivos a otros pueblos de la costa.
Se trata de un destino para quién le guste el ambiente. Para salir de fiesta y para conocer gente.
Los cenotes
Esto no es negociable: tienes que meterte en al menos un cenote. Son pozos de agua cristalina formados de manera natural, y muchos eran sagrados para los mayas. Algunos de mis favoritos son el Gran Cenote cerca de Tulum, Cenote Dos Ojos, que parece un escenario de película submarina, o el Cenote Azul, perfecto para nadar en calma.
Hay opciones para todos los gustos: abiertos, cerrados, de fácil acceso o escondidos en medio de la selva. Dependiendo de tu ruta, te puedo recomendar mejor una opción u otra. Por ejemplo, el cenote Ik-Kil se encuentra junto a las ruinas de Chichén Itzá.
Cozumel
La isla de Cozumel, frente a Playa del Carmen, es un paraíso para los que aman el buceo o el snorkel. El arrecife mesoamericano que la rodea es uno de los más grandes del mundo y está lleno de vida.
La última vez que fui, vi rayas, tortugas y bancos de peces de colores que parecían coreografías acuáticas. También es un buen lugar para alquilar una moto y recorrer la costa por tu cuenta.
Holbox: Donde el tiempo se detiene
Hay lugares que no se explican, se sienten. Y Holbox es uno de ellos. La primera vez que puse un pie en esta isla, supe que estaba en un sitio especial. No hay calles asfaltadas, los coches se cambian por carritos de golf y la vida avanza al ritmo del mar y del viento.
Ubicada al norte de la península de Yucatán, Holbox es una joya que, por suerte, todavía conserva su aire bohemio y tranquilo. Para llegar hay que hacer un pequeño viaje: coche o transporte hasta Chiquilá, y desde ahí un ferry corto hasta la isla. Pero te aseguro que vale cada minuto.
Además, Holbox es famosa por sus atardeceres dorados, sus murales coloridos, sus ceviches frescos y por un fenómeno increíble llamado bioluminiscencia, que ocurre en algunas noches cuando el mar se enciende con destellos azules al moverse.
Es el lugar perfecto para desconectar, dejar el reloj de lado y simplemente estar. Siempre digo que Holbox no se visita, se vive. Y cada vez que vuelvo, siento que me reencuentro con una versión más simple y feliz de mí misma.
Estos son sólo algunos de los grandes clásicos que ver en Riviera Maya, pero créeme: por más turísticos que sean, valen totalmente la pena. Y lo mejor es que muchos se pueden combinar en un mismo viaje, con un poco de planificación y muchas ganas de explorar.
Secretos y rincones poco conocidos del Yucatán
Después de unos días en Holbox, siempre me pasa lo mismo: me cuesta volver al ruido, a las prisas, al mundo «normal». Pero también me deja con ganas de seguir explorando esa otra cara de la península de Yucatán, la que no siempre sale en las guías, pero guarda algunos de los recuerdos más auténticos de mis viajes por México.
Porque si bien la Riviera Maya tiene todo para enamorar a primera vista, el corazón profundo del Yucatán —ese que late en sus pueblos coloniales, en sus cenotes escondidos y en las historias que se cuentan al calor de una cocina— se conquista despacito, sin prisa… y para siempre.
En mis viajes suelo buscar el equilibrio entre lo popular y lo inesperado. Yucatán es ese mapa lleno de sorpresas que me hace salir del camino turístico y perderme con gusto. Aquí te comparto algunos de mis lugares favoritos, de esos que no siempre están en los folletos, pero que guardan magia real:
Valladolid, el alma tranquila del oriente yucateco
Valladolid, el mexicano, es uno de mis pueblos mágicos preferidos. Colorido, cálido y con esa mezcla perfecta entre tradición y modernidad.
Tiene una plaza central ideal para sentarte con una marquesita en mano (una delicia local), y desde ahí puedes explorar el Cenote Zací —que está literalmente dentro del pueblo— o usarlo como base para visitar Chichén Itzá y otros sitios arqueológicos cercanos.
Izamal, la ciudad amarilla
Todo en Izamal está pintado de amarillo, y no es una exageración. Caminar por sus calles es como entrar en un sueño cálido y dorado. Un pueblo colonial diferente a cualquier otro que puedas visitar en toda Latinoamérica.
Encima de eso, el convento de San Antonio de Padua es impresionante, construido sobre una antigua pirámide maya. Aquí el tiempo parece haberse detenido y la vida se siente pausada, en el mejor de los sentidos.
Cenotes escondidos
Si ya te enamoraste de los cenotes turísticos, prepárate para los secretos. Uno de mis favoritos es el Cenote Oxmán, cerca de Valladolid, con una soga para lanzarse al agua como en las películas.
También hay joyitas como el Cenote X’kekén o Samulá, en cuevas subterráneas con luz que se cuela por grietas en el techo. Preguntando a los locales, siempre salen más.
Ruta de los conventos y pueblos olvidados
Una vez alquilé coche y me lancé por esta ruta desde Mérida, pasando por pueblos como Maní, Teabo y Oxkutzcab. Mérida, la capital del estado de Yucatán, es una ciudad grande, pero por la que también merece la pena pasar.
En mi ruta encontré iglesias del siglo XVI, mercados con encanto y una gastronomía tan auténtica que aún la sueño: panuchos, salbutes, poc chuc… Si buscas experiencias reales, esta ruta te lo da todo.
Playas vírgenes como Xcacel o Punta Allen
Lejos de las grandes cadenas hoteleras, hay playas casi secretas donde la naturaleza manda.
Xcacel, por ejemplo, es una reserva natural donde también desovan tortugas, y Punta Allen es una joya dentro de la Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an, a la que se llega tras un buen rato de camino… pero la recompensa es absoluta paz.
Estos rincones son los que me recuerdan por qué amo viajar: porque el mundo está lleno de tesoros escondidos esperando a ser descubiertos por quien se anime a mirar más allá.
Espero haberte ayudado a descubrir qué ver en Riviera Maya. Recuerda que puedo prepararte un viaje totalmente a tu medida.