Buenos Aires, 4 marzo (NA) — La falta de agua pone en jaque la soja 2019-2020 ya que hace 10 días que no llueve y recién se esperan precipitaciones para la segunda quincena de marzo.
Así lo informó hoy la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) en base a declaraciones del especialista en ciencias atmosféricas, José Luis Aiello.
El analista explicó que la falta de lluvias produce un «impacto dramático» ya que las sojas de segunda implantación podrían perderse en su totalidad en las áreas más afectadas si no llueve en los próximos diez días.
De acuerdo al informe, el 17 de febrero fue el último día en que se desplegaron lluvias importantes sobre la región Pampeana y el norte argentino y «los primeros días de marzo presentan un nuevo giro de las condiciones climáticas que preocupa a todo el sector».
El reporte indicó que «la falta de agua ha desmejorado mucho la condición de la soja de primera, incluso en áreas de la franja oeste de la región pampeana que estaban en muy buenas condiciones».
Ocurre que el paso por el último tramo del ciclo de la oleaginosa se hace sin agua y esto afectará el peso de granos mientras que la soja de segunda está muy comprometida y la necesidad de lluvias inminentes son perentorias.
Aiello explicó a GEA que «hay un gran pulso seco por un anticiclón instalado sobre Argentina. El fenómeno está fuertemente instalado y va a ser determinante de la actividad pluvial de marzo que comenzaría a partir del 11 de marzo».
La resiliencia climática de plantas como estas flores silvestres de la meseta tibetana podría depender de la salud del banco de semillas del suelo. Foto cortesía de Scott Collins.
Las semillas ofrecen un nivel de resiliencia a los efectos nocivos del cambio climático en los ecosistemas de todo el mundo. Cuando las semillas se dejan caer en el suelo, a menudo permaneciendo inactivas durante muchos años hasta que están listas para convertirse en plantas, pasan a formar parte del almacenamiento natural de semillas en «bancos de semillas del suelo». Se ha pensado que estos bancos soportan mejor las condiciones extremas que la vegetación brotada que existe sobre la tierra.
Un nuevo estudio publicado en la revista de la Sociedad Ecológica de América «Aplicaciones Ecológicas» examina cómo el calentamiento y el aumento de las precipitaciones (lluvia y nieve) dañan las semillas en el suelo de la Meseta Tibetana y en otros lugares.
«Los bancos de semillas del suelo son esencialmente el último recurso de la resistencia natural de los ecosistemas», dice Scott Collins, profesor de la Universidad de Nuevo México y autor del artículo. «Con demasiada frecuencia nos centramos en lo que vemos sobre la tierra y basamos las decisiones de gestión sólo en la apariencia de la comunidad vegetal».
La meseta tibetana, un lugar que ha sido pastoreado durante miles de años, es un lugar ideal para estudiar los efectos climáticos directos e indirectos sobre la vegetación en un entorno frágil. El estudio afirma que como la meseta más alta del mundo, con un promedio de más de 4.000 metros de elevación, se considera el tercer polo de la Tierra. La tasa de calentamiento aquí es casi 1,5 veces mayor que la del calentamiento global debido al cambio climático y las precipitaciones anuales han aumentado en la mayoría de las zonas de la meseta.
Debido a que la temporada de crecimiento es relativamente corta en la meseta, las muestras de suelo y los estudios de las plantas se recogieron en un año. Los investigadores de la Universidad de Lanzhou, en China, visitaron 57 lugares de recogida de muestras a diferentes elevaciones y tipos de ecosistemas en la parte nororiental de la meseta. Recogieron 1026 muestras de suelo y estudiaron la comunidad de plantas de la superficie, que se compone de las plantas cultivadas que reflejan los tipos de semillas que han ido cayendo en el suelo con el tiempo. A continuación, los investigadores hicieron germinar las muestras y las cultivaron en parcelas experimentales para estudiar el crecimiento y las diferentes condiciones que afectan a los bancos de semillas del suelo del Tíbet.
Aunque algunas plantas parecen crecer bien con el aumento de las precipitaciones y el calentamiento, estos cambios tienen efectos diferentes y perjudiciales en las pequeñas semillas que permanecen latentes y resistentes en el suelo.
«El cambio climático afecta a la capacidad de las semillas para germinar, crecer y sobrevivir», dice Collins. «Aunque el cambio climático afecta a las plantas adultas, las plántulas son delicadas y se ven sometidas a estrés por el clima: sequías, heladas, etc. – puede causar una alta mortalidad de las plántulas».
El estudio afirma que la temperatura es un factor primario para controlar la inactividad de las semillas. Con temperaturas más cálidas, las semillas pueden ser desencadenadas para brotar demasiado pronto cuando las condiciones no son ideales para un crecimiento saludable. Un período anormalmente cálido de unos pocos días – que se está volviendo más común – durante un invierno por lo demás duro puede desencadenar que esas semillas crezcan pero en última instancia hacerlas fracasar. Muchas semillas también pueden ser desencadenadas a brotar demasiado pronto por los altos niveles de humedad del suelo.
El aumento de la temperatura y la precipitación también puede afectar indirectamente a las semillas, cambiando el entorno que las rodea. Los patógenos (organismos microscópicos causantes de enfermedades) que son perjudiciales para las semillas pueden crecer más prolíficamente en condiciones de suelo más cálidas y húmedas. La acidez del suelo también puede cambiar, lo que afecta fuertemente a las comunidades microbianas y a la abundancia de esos patógenos. El exceso de nitrógeno en el suelo, también provocado por el cambio de las condiciones, permite que algunas especies de plantas dominen a otras y provoca una disminución de la diversidad general de especies, lo que se traduce en una menor diversidad de semillas en el suelo.
Collins cree que el estudio debería obligar a los administradores de los ecosistemas y a los científicos a prestar atención a los efectos directos e indirectos del cambio ambiental mundial en los sistemas subterráneos. «Incluso cuando la comunidad de la superficie parece estar muy degradada», dice, «el banco de semillas del suelo puede seguir siendo una fuente importante, pero poco apreciada, de resistencia del ecosistema después de una perturbación prolongada».
Sin embargo, con el continuo cambio de las condiciones climáticas, esa capacidad de recuperación sigue poniéndose a prueba.
Este verano fue una temporada récords en la península antártica. El pasado 6 de febrero la base argentina Esperanza anotó 18,3°C, y aunque está en investigación un valor en la región superior a los 20°C, lo cierto es que esas temperaturas quedaron para la historia meteorológica de esa región.
También otros eventos fueron relevantes, como el registrado en los alrededores de la Base de Investigación Vernadsky de Ucrania, ubicada en la isla de Galindez, frente a la costa oeste de la península antártica. Allí la nieve se entremezclaba con segmentos rojos que los investigadores llaman «nieve de frambuesa». De acuerdo a lo informado por LiveScience, el Ministerio de Educación y Ciencia de Ucrania publicó en su perfil de Facebook imágenes que muestran la escena con detalle: rayas de rojo y rosa que cortan los bordes de los glaciares y charcos en las llanuras heladas.
La explicación a lo que ocurría la dio finalmente la biología. Se trata de un tipo de alga pigmentada en rojo llamada Chlamydomonas Chlamydomonas nivalis, que se desarrolla en en campos de nieve y montañas en todo el mundo. Estas algas pueden crecer en en aguas heladas y pasan los inviernos en estado latente en la nieve y el hielo. Al llegar al verano, con el deshielo estas algas pueden hacerse visibles, florecer esparciendo sus esporas de color rojo.
Un fenómeno para nada nuevo
Pero este fenómeno que parece extraño, ya había sido descubierto por Aristóteles tres siglos antes de Cristo. Según la misma LiveScience, este colorido se lo ha conocido en la historia como nieve de sandía, nieve de sangre, o incluso de otras formas menos amables. Y su color tiene el mismo origen que otros elementos muy conocidos por todos.
Se trata de los carotenoides, los mismos pigmentos que hacen anaranjadas a las zanahorias (aunque las hay de otros variados colores), o las calabazas y las zanahorias sean anaranjadas). Estos pigmentos están presentes en los cloroplastos de las algas. Otro dato menos relacionados con su color es que estos pigmentos absorben el calor y protegen a las algas de la luz ultravioleta. De esa manera evitan mutaciones genéticas.
Este proceso no es para nada bueno para el hielo, ya que al iniciarse el ciclo de calentamiento propio del ciclo de las algas, el proceso de descongelamiento se acelera. La longitud de onda de las algas también favorecen esa tendencia. Al ser más oscuras la nieve refleja menos luz, se derrite más rápido y ayuda a que más algas se reproduzcan, en un ciclo creciente.
Las algas aceleran el calentamiento
El ciclo parece perfecto: a más calor absorbido por las algas, más rápido se derrite el hielo circundante. Cuanto más hielo se derrite, más veloz se pueden extender las algas. Eso ayuda a un mayor calentamiento, más derretimiento y más floraciónde algas. Y vuelta a empezar el ciclo. Y este tipo de eventos pueden estar relacionados con el aumento de temperatura de los océanos.
El cálido verano austral multiplica la ‘nieve de sangre’ en la Antártida https://bit.ly/2HWzF26
Aunque de morfología totalmente diferente, la invasión de espuma en las costas de Cataluña durante un gran temporal estaba asociada al aumento en la producción de ciertas algas por mayores temperaturas. La acción del oleaje y los vientos completaron esa imagen que dieron la vuelta al mundo.
Si bien la nieve de sangre es un fenómeno que siempre ha existido, que se reporte tan al sur puede ser un claro indicio de que las temperaturas de mar están elevándose más de lo que se suponía. La gran duda es cómo este proceso puede progresar en el tiempo, y de qué manera ayude a una pérdida de hielo en la península antártica.
Buenos Aires, 27 febrero (PR/20) — La perspectiva agroclimática de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires prevé para los próximos siete días tiempo fresco y seco, seguido de un marcado ascenso térmico, para finalizar con precipitaciones moderadas sobre el oeste del área agrícola y valores escasos sobre el resto.
El ciclo comenzará con vientos cambiantes, con predominancia de aire fresco proveniente del Sur, que provocará temperaturas mínimas por debajo de lo normal en la mayor parte del área agrícola.
A continuación, retornarán los vientos del trópico causando un marcado ascenso térmico, con registros elevados en la mayor parte del área agrícola.
Paralelamente, se producirá el paso de un frente, con escasa actividad, que sólo producirá precipitaciones moderadas sobre
el oeste y el sur del área agrícola, mientras que gran parte de su extensión recibirá aportes escasos.
Buenos Aires, 20 febrero (PR/20) — La perspectiva agroclimática de
la Bolsa de Cereales de Buenos Aires prevé para los próximos siete
días entrada de vientos frescos, seguidos de un moderado ascenso
térmico, acompañado por precipitaciones sobre el norte y el centro
este del área agrícola y registros escasos sobre el resto.
Al comienzo del ciclo continuará la irrupción de vientos del
sur, iniciada en los días precedentes, «causando un descenso
térmico por debajo de lo normal en la mayor parte del área
agrícola», sostuvo el informe.
Posteriormente, retornarán los vientos del trópico que
provocarán un moderado ascenso de la temperatura en la mayor parte
del área agrícola.
Paralelamente, se producirán precipitaciones con sus mayores
intensidades sobre el norte y el centro-este del área agrícola y
registros moderados a escasos en el resto de su extensión.
Buenos Aires, 19 febrero (PR/20) — Después de un desarrollo irregular la campaña agrícola 2019-2020 continúa su curso climático en condiciones cercanas a lo normal, pero la campaña 2020-2021 podría ser afectada por un episodio de «La Niña» que trae episodios de sequía.
Así lo informó hoy el especialista en agro clima Eduardo Sierra en un informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires quien destacó que «la campaña agrícola 2019-2020 apunta a completar su ciclo en condiciones cercanas a lo normal, aunque
sin lograr completar las reservas de humedad de los suelos en el centro-oeste y el sudoeste del área agrícola.
Este proceso deja a esa gran área vulnerable al posible desarrollo de un episodio de “La Niña” durante la
temporada 2020-2021″.
El reporte:
Durante el invierno y gran parte de la primavera de 2019, Sudamérica fue inundada por una masa de aire seco y frío, proveniente del Polo Sur, que impidió la entrada de los vientos cálidos y húmedos del trópico, produciendo una intensa sequía continental y un régimen térmico riguroso.
Recién a fines de dIciembre de 2019, los vientos polares se moderaron, permitiendo una reactivación de las precipitaciones y
llevando la temperatura a un nivel cercano al promedio estacional, incluyendo algunos episodios de calor intenso de moderada duración.
Este cambio abre la posibilidad de que la campaña agrícola 2019/2020, en marcha actualmente, complete su curso en
condiciones cercanas a las normales, tanto en lo hídrico como en lo térmico.
No obstante, el lento pero progresivo enfriamiento observado por la superficie de los océanos que rodean al Cono durante las últimas semanas genera el riesgo de que la campaña 2020/2021 sea afectada por un episodio de “La Niña”, que podría deprimir las precipitaciones sobre gran parte del área agrícola del Cono Sur, a partir del inicio de la primavera.
El mes de Enero experimentó precipitaciones abundantes en la mayor parte del área agrícola del Cono Sur, a excepción de algunas áreas, como Cuyo, el oeste de la Región del Chaco y el Sudeste de Buenos Aires.
Esto permitió una cierta reposición de las reservas de humedad de los suelos, aunque sin lograr llevarlas a su estado normal.
Lo que resta del verano continuará exhibiendo una evolución similar, mejorando las reservas de humedad en gran parte del área agrícola, aunque subsistirán áreas de sequía en Cuyo, el sudoeste de la Región Pampeana, el noroeste de la Región del Chaco y el oeste del Paraguay.
La temperatura continuará observando fuertes oscilaciones, alternándose lapsos calurosos con irrupciones de aire polar.
Las altas cuencas de los grandes ríos recibirán precipitaciones moderadas a abundantes, que activarán el ascenso de los grandes ríos, aunque sin recuperar sus niveles medios.
El comienzo del otoño traerá un incremento de las precipitaciones sobre el norte y el centro este del área agrícola, mientras que sus porciones centro-oeste y la mayor parte del sur observará valores moderados a escasos, generándose fuertes contrastes entre ambas áreas.
Las tormentas cordilleranas se activarán con fuerza provocando vigorosas entradas de aire polar.
No obstante, no se prevén heladas tempranas, siendo probable que su comienzo se produzca en el entorno de su fecha media, a comienzos de Mayo.
La recuperación del nivel de los grandes ríos será lenta, siendo probable que, recién hacia el final del otoño, logren alcanzar sus caudales normales.
El comienzo del invierno 2020 podría evidenciar los primeros síntomas del episodio de “La Niña” que está comenzando su
desarrollo.
Las precipitaciones irán en disminución en la mayor parte del área agrícola, con la paralela reducción de las reservas de humedad de los suelos.
Sólo el este del Paraguay, el Litoral Fluvial Argentino, el sur del Brasil, el este de la Región Pampeana y el Uruguay continuarán observando precipitaciones abundantes, aunque sus intensidades irán en gradual disminución.
El resto del área agrícola observará precipitaciones escasas, que determinará un ambiente seco.
Las tormentas cordilleranas mantendrán un elevado nivel, provocando irrupciones de aire polar, con riesgo de heladas locales y generales.
Hacia el final de la estación se notará un comienzo temprano de la entrada de aire cálido y húmedo desde Bolivia hacia el NOA, que es uno de los signos que suele dar el desarrollo de un episodio de “La Niña”.