Gestos concretos para celebrar el nacimiento de Jesús en lo cotidiano
Ciudad del Vaticano, lunes 22 diciembre (PR/25) — En la antesala de la Navidad 2025, el papa León XIV compartió una serie de recomendaciones pastorales para ayudar a los fieles a vivir estas fiestas con mayor profundidad espiritual y humana.
A pocos meses de iniciar su pontificado, el Santo Padre propuso volver a lo esencial, evitando distracciones superficiales y recuperando el verdadero sentido del nacimiento de Jesús.
Las reflexiones fueron publicadas en la revista mensual de la Basílica de San Pedro, donde el Papa mantiene un espacio titulado “Cartas al Editor”, en el que responde cada mes a preguntas enviadas por los lectores. En esta ocasión, la consulta fue realizada por Antonio, un psicólogo de la provincia italiana de Salerno, quien preguntó cómo vivir plenamente la Navidad en el contexto actual.
1. Frente al consumismo, recuperar la solidaridad
El Papa advirtió sobre el riesgo de dejarse arrastrar por el consumismo propio de estas fechas, marcado por compras compulsivas que “corren el riesgo de adueñarse de las fiestas”. Invitó a revisar los hábitos de consumo y a preguntarse si los regalos que se hacen expresan realmente la verdad y la belleza de la Navidad.
León XIV animó a optar por gestos sobrios y conscientes, que no busquen satisfacer deseos innecesarios, sino expresar cercanía, amor y sentido cristiano.
2. Abrir la mesa navideña a quien está solo o pasa necesidad
La Navidad —subrayó el Santo Padre— es una celebración para compartir. En ese sentido, propuso un gesto concreto: invitar a la propia mesa a alguien que esté atravesando un momento difícil, ya sea una persona sola, un amigo sin familia cercana o una familia en situación de pobreza.
Este acto de hospitalidad, explicó, encarna el espíritu profundo de la Navidad: acoger al otro con humildad y generosidad, del mismo modo en que Dios se hace cercano en el pesebre.
3. Reconciliarse y sanar los vínculos
Entre las invitaciones más concretas, el Papa León XIV alentó a reconstruir relaciones dañadas y aprovechar la Navidad como tiempo de reconciliación. Recordó que no se puede celebrar plenamente el nacimiento de Jesús sin abrir el corazón al perdón.
El Santo Padre animó a dar el primer paso: llamar a un amigo distanciado, escribir un mensaje sincero o retomar un diálogo interrumpido. “La Navidad es el tiempo de derribar muros y tender puentes”, señaló, destacando que la misericordia tiene más fuerza que el orgullo.
Reconciliarse no implica olvidar las heridas, sino elegir el camino del encuentro, permitiendo que la paz de Cristo vuelva a habitar en los vínculos humanos.
4. Encauzar la celebración hacia lo esencial
León XIV recordó que, año tras año, existe el riesgo de perder de vista el verdadero motivo de la fiesta. La Navidad no es solo una tradición cultural, sino la celebración del nacimiento de Jesús, llamado a renacer en los corazones.
Por ello, invitó a vivir estos días compartiendo alegría y esperanza, y a no reducir la celebración a lo externo, sino a permitir que transforme la vida cotidiana.
5. Vivir la Navidad durante todo el año
Finalmente, el Papa subrayó que la Navidad no se limita a un solo día. Es un modo de vivir que se prolonga en el tiempo y se expresa en la atención a los más vulnerables. Invitó a “escuchar el clamor de los pobres y el clamor de la tierra”, y a denunciar las dinámicas económicas que generan exclusión y aislamiento.
“La dignidad de toda persona humana debe ser respetada ahora, no mañana”, insistió el Santo Padre, expresando su deseo de que la Navidad ayude a liberar a la humanidad del nihilismo y la indiferencia.
Un llamado a mirar al otro
Como síntesis de sus mensajes, León XIV destacó la importancia de mirar al prójimo, especialmente a los más desamparados, y de caminar juntos hacia Cristo con gestos concretos de amor, justicia y reconciliación. Así, la Navidad deja de ser solo una fecha en el calendario y se convierte en una experiencia viva que transforma personas y comunidades.
Navidad vuelve a llenar las iglesias en el Reino Unido
Uno de cada dos británicos planea asistir a un servicio religioso, incluso entre quienes no se identifican como cristianos.
Londres, lunes 22 de diciembre (PR/25) — En un contexto marcado por la secularización y el descenso sostenido de la práctica religiosa, la Navidad emerge una vez más como una excepción significativa en el Reino Unido. Un nuevo estudio nacional revela que las iglesias británicas recibirán este diciembre a un número creciente de personas, muchas de ellas alejadas del culto durante el resto del año.
Según una encuesta realizada por la consultora Savanta a más de 2.000 adultos, por encargo de la organización cristiana de ayuda y desarrollo Tearfund, el 45 % de los británicos afirma que planea asistir a un servicio o evento religioso vinculado con la Navidad. La cifra representa un aumento respecto de 2024, cuando la intención alcanzaba al 40 %, y cuestiona la idea de un declive uniforme e irreversible de la asistencia a la iglesia.
Tradición, memoria y búsqueda interior
Las razones que explican este renovado interés son diversas y, en muchos casos, no responden a una adhesión doctrinal. Casi cuatro de cada diez encuestados señalaron que ir a la iglesia en Navidad forma parte de una tradición familiar o cultural, profundamente arraigada en la memoria colectiva.
Otros mencionaron el atractivo del clima festivo: los villancicos, las celebraciones a la luz de las velas y la atmósfera de recogimiento propia de estas fechas. Más de una cuarta parte de los consultados afirmó, además, que la Navidad despierta una necesidad de reflexión espiritual, incluso entre quienes no participan habitualmente de la vida religiosa.
Un impacto emocional inesperado
Uno de los datos más llamativos del estudio es que el impacto emocional de la asistencia a la iglesia en Navidad resulta más intenso entre quienes no se consideran cristianos. Este grupo fue el más propenso a afirmar que salió de los servicios religiosos con sentimientos de ánimo, serenidad y esperanza.
El dato sugiere que, aun en una sociedad mayoritariamente secular, las iglesias continúan siendo espacios donde muchas personas encuentran consuelo, belleza y sentido, sin que ello implique necesariamente una adhesión de fe previa.
La otra cara de la Navidad: apoyo concreto y cercano
Más allá de la dimensión espiritual, la encuesta pone de relieve un aspecto central del rol de las iglesias en Navidad: el acompañamiento social y la ayuda práctica. Dos de cada cinco adultos afirmaron haber recibido algún tipo de apoyo por parte de una iglesia o de personas vinculadas a ella durante el período navideño.
Este respaldo incluye desde bancos de alimentos y comidas gratuitas hasta la habilitación de espacios cálidos para afrontar el invierno, una necesidad cada vez más acuciante en medio de las persistentes dificultades económicas.
Iglesias como red de contención social
Las cifras muestran la magnitud de este trabajo silencioso. Aproximadamente uno de cada diez encuestados declaró haber recurrido a un banco de alimentos, recibido comidas gratuitas o utilizado espacios calefaccionados gestionados por iglesias. Casi una cuarta parte aseguró haberse beneficiado de una comida navideña gratuita organizada por comunidades cristianas.
Lejos de ser iniciativas aisladas, estas acciones forman parte de una red local de contención que muchas comunidades consideran hoy indispensable.
Un fenómeno que se repite a escala global
Para Tearfund, los resultados del Reino Unido reflejan una realidad que la organización observa también en otros países. Stuart Lee, director de Recaudación de Fondos y Comunicaciones Globales, sostiene que los datos confirman que las iglesias siguen siendo, especialmente en Navidad, centros de atención espiritual y práctica.
Esta dinámica se vuelve aún más visible en contextos frágiles. En países como la República Centroafricana, la asistencia a las celebraciones navideñas puede duplicarse o triplicarse en regiones que emergen de conflictos armados. Allí, las iglesias organizan comidas comunitarias y celebraciones que ofrecen unidad, alivio y esperanza tras largos períodos de inestabilidad.
Una historia más compleja que el declive
En conjunto, el estudio sugiere que la Navidad continúa atravesando la indiferencia religiosa de una manera que otros momentos del año no logran. Si bien las iglesias ya no ocupan el lugar central que tuvieron en la vida pública británica, siguen siendo puntos de encuentro donde confluyen tradición, compasión y búsqueda de sentido.
Al menos por unos días, los bancos de las iglesias cuentan una historia distinta: no la de una fe desaparecida, sino la de comunidades que permanecen silenciosamente entrelazadas con el tejido social y emocional de la nación.
Ciudad del Vaticano, lunes 22 diciembre (PR/25) — En el umbral de la Navidad y en el cuarto domingo de Adviento, el papa León XIV ofreció una meditación breve, profunda y luminosa sobre la figura de san José, durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro, colmada de peregrinos y familias.
Retomando una tradición que había quedado en segundo plano en años recientes, el Santo Padre bendijo las figuras del Niño Jesús que cientos de niños llevaron consigo, un gesto sencillo que preparó el clima espiritual para una catequesis centrada en la humildad y la grandeza silenciosa del custodio de la Sagrada Familia.
Un protagonista discreto de la historia de la salvación
El Papa invitó a contemplar a san José tal como lo presenta el evangelio de Mateo: un hombre frágil y falible como todos, pero al mismo tiempo “valiente y fuerte en la fe”. Recordó que el evangelista lo define como “hombre justo”, es decir, un creyente fiel a la Ley, asiduo a la sinagoga y profundamente enraizado en la tradición de Israel.
Sin embargo —subrayó León XIV—, la justicia de José no se reduce a la observancia exterior. Se manifiesta sobre todo en su corazón misericordioso y en su modo humano de enfrentar una situación desconcertante y dolorosa.
La misericordia antes que la condena
Antes de conocer el origen divino del embarazo de María, José se encuentra ante un dilema difícil de comprender. Lejos de elegir el escándalo o la condena pública, opta por el camino discreto y compasivo del repudio en secreto.
En ese gesto silencioso, señaló el Papa, José revela haber comprendido el sentido más profundo de la fe: la misericordia. Una religiosidad auténtica que no aplasta, sino que cuida; que no juzga, sino que protege.
Navegar mar adentro: la fe que suelta seguridades
Cuando Dios le revela en sueños su misión —ser el esposo de la Virgen Madre del Mesías—, José da un paso decisivo. Con un gran acto de fe, abandona sus seguridades y se entrega por completo a un futuro que ya no controla, pero que está en manos de Dios.
Citando a san Agustín, el Papa recordó que fue de la piedad y la caridad de José que nació de María el Hijo de Dios, subrayando así la grandeza escondida de un consentimiento dado sin palabras, pero pleno de confianza.
Virtudes para preparar el corazón en Adviento
Misericordia, piedad, caridad y abandono confiado: estas son las actitudes que la liturgia propone en los últimos días de Adviento, destacó León XIV. Virtudes que no solo preparan para celebrar la Navidad, sino que educan el corazón para el encuentro con Cristo y con los hermanos.
El Papa animó a vivir este tiempo de gracia practicándolas en lo concreto: perdonando, alentando, sembrando esperanza en la vida cotidiana y renovando en la oración la confianza filial en la Providencia.
Ser pesebre para los demás
En el cierre de su alocución, el Santo Padre dejó una imagen tan sencilla como exigente: dejarnos transformar para ser, los unos para los otros, “pesebre acogedor, casa confortable, signo de la presencia de Dios”.
Encomendando este camino a la Virgen María y a san José —los primeros en acoger a Jesús con fe y amor—, el Papa León XIV invitó a entrar en la Navidad con un corazón disponible, silencioso y confiado, al estilo del justo de Nazaret.
Imagen referencial. | Crédito: Africa Studio / Shutterstock.
Por Yhonatan Luque Reyes
Lunes 22 diciembre (PR/25) — Durante el tiempo de Navidad, algunas personas difunden algunos mitos que desvirtúan el sentido original de esta celebración.
En este artículo encontrarás algunos mitos de Navidad y podrás saber qué decir cuando escuches hablar sobre ellos.
1. ¿El árbol de Navidad tiene origen pagano?
A pesar de que algunas personas suelen atribuirle al árbol de Navidad un origen pagano, lo cierto que esta tradicional decoración se la debemos al gran trabajo evangelizador de San Bonifacio.
Durante uno de sus viajes de evangelización en la actual Alemania, San Bonifacio evitó que un niño fuera sacrificado a los pies de un árbol consagrado a Thor, dios del trueno, el día de Navidad.
Tras destruir el árbol, el santo benedictino señaló a un pequeño abeto y dijo: «Miren cómo las puntas están dirigidas hacia el cielo. Hay que llamarlo el árbol del Niño Jesús; reúnanse en torno a él, no en el bosque salvaje, sino en sus hogares; allí habrá refugio y no habrá actos sangrientos, sino regalos amorosos y ritos de bondad».
De esa forma comenzó la tradición del árbol de Navidad, que luego se extendió por todo el mundo.
2. ¿Existe el «espíritu» de la Navidad?
Los comerciales de televisión y centros comerciales suelen invitar a sus compradores a vivir «el espíritu de la Navidad» al final del mes de diciembre.
Al respecto, el P. Silverio Osorio, vicario parroquial de la Catedral de Maracaibo (Venezuela) explicó que ese espíritu «es una mentira».
El sacerdote venezolano recordó que «el único espíritu que celebramos es el Espíritu Santo, que recibimos en Pentecostés, el día de nuestro Bautismo y Confirmación».
En un video publicado en su cuenta de X (antes Twitter), el P. Osorio invitó a que «no pensemos en eso del ‘espíritu de la Navidad'», porque «el único espíritu que anhelamos es el Espíritu Santo. Ese que obró para que María Santísima concibiera a Jesús nuestro Salvador. Es el Espíritu Santo el que nos guía e ilumina».
3. ¿Papá Noel / Santa Claus nunca existió?
Uno de los personajes más promovidos durante la Navidad es Papá Noel, conocido también como Santa Claus o simplemente Santa.
Y aunque es cierto que no existe un habitante del Polo Norte que cada 25 de diciembre sobrevuela el planeta entero, llevando regalos a los niños que se portan bien, el personaje de Santa Claus está inspirado en San Nicolás, un obispo católico del siglo IV.
San Nicolás se conmovió de las tres criaturas y rogó a Dios para que les devolviera la vida. Dios oyó sus plegarias y desde entonces San Nicolás es considerado santo patrono de los niños.
4. ¿»Navidad eres tú»?
Existen muchos falsos mensajes atribuidos al Papa Francisco. Uno de ellos es el que asegura que el Pontífice escribió una carta titulada «Navidad eres tú«.
Según este falso mensaje, el Obispo de Roma habría dicho: «Navidad eres tú, cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios en tu alma. El pino de Navidad eres tú, cuando resistes vigoroso a los vientos y dificultades de la vida».
Por eso, en 2015, el Vaticano advirtió que «si las palabras que se atribuyen al Papa no aparecen en los medios oficiales vaticanos, especialmente en el sitio oficial de la Santa Sede, es muy posible que sean falsas».
5. ¿La Navidad dura sólo un día?
Cuando pensamos en la celebración de la Navidad, la fecha que a la mayoría se le viene a la mente es el 25 de diciembre.
Sin embargo, la Navidad es un tiempo litúrgico que abarca desde la víspera del Nacimiento de Jesucristo, la tarde del 24 de diciembre, hasta la Fiesta del Bautismo del Señor, que en 2024 se celebrará el 7 de enero.
La invitación del Papa León: vencer la tentación de considerar la paz lejana e imposible, superar la «lógica agresiva y contrapositiva» según la cual la paz se persigue con la carrera al rearme.
Foto: pesebre en Gaza
Por Andrea Tornielli
Ciudad del Vaticano, domingo 21 diciembre (PR/25) — “Nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo. Y quizá es precisamente el pensar en nuestros hijos, en los niños y también en los que son frágiles como ellos, lo que nos conmueve profundamente”. Son las palabras que el Papa León utilizó en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz.
Dios, el Todopoderoso, al hacerse hombre, acepta convertirse en un niño totalmente dependiente de los cuidados de una madre y un padre, según la lógica de la pequeñez, y elige venir al mundo en la pobreza de un establo y en el ocultamiento de una periferia del Imperio Romano.
“Es un Dios sin defensas, del que la humanidad puede descubrirse amada solo cuidándolo”. Contemplar a ese Niño, protagonista de nuestros belenes, no puede dejarnos indiferentes ante el drama de tantos niños víctimas de la guerra, de aquellos fallecidos bajo las bombas en Ucrania; de aquellos asesinados en Gaza, primero por la lluvia de misiles y hoy por el frío debido a las dificultades para acceder a la ayuda humanitaria; de aquellos que han muerto en los tantos conflictos olvidados en tantas otras partes del mundo.
La invitación que el Sucesor de Pedro dirige a creyentes y no creyentes es a acoger y reconocer la paz, venciendo la tentación de considerarla lejana e imposible. La paz y la no violencia tienen para los cristianos una raíz profundamente evangélica en las palabras y en la actitud de Jesús, que ordenó a Pedro, que quería defenderlo, que volviera a envainar la espada.
La paz que Cristo resucitado anuncia al mundo es desarmada y desarmante, es una realidad que debemos custodiar y cultivar en nuestro corazón, en nuestras relaciones, en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros países. La historia nos enseña cuántas veces, incluso como cristianos, lo hemos olvidado, convirtiéndonos en cómplices de trágicas guerras y violencias.
Palestina: Nacimiento entre escombros
Hoy, nos recuerda León XIV, también nosotros corremos el riesgo de considerar la paz como un ideal lejano, llegando a justificar que se haga la guerra para alcanzarla.
En el debate público y en los medios de comunicación parece prevalecer una lógica agresiva y contradictoria según la cual se convierte en una culpa el hecho de «no prepararse lo suficiente para la guerra».
Es una lógica desestabilizadora y peligrosísima que va mucho más allá del principio de legítima defensa y nos lleva al abismo de un nuevo conflicto mundial con consecuencias imprevisibles y devastadoras.
“Hoy más que nunca – escribe el Papa – es necesario mostrar que la paz no es una utopía, mediante una creatividad pastoral atenta y generativa”.
En lugar de seguir recorriendo el camino del aumento constante del gasto en armamento, que ha alcanzado el 2,5 % del PIB mundial, en lugar de invertir miles de millones en instrumentos de muerte y destrucción destinados —lo hemos visto— a arrasar escuelas y hospitales, en lugar de hacer creer que nuestra seguridad consiste en el rearme y la disuasión, es necesario tener el valor de la paz.
Es necesario reactivar la vía de la diplomacia, la negociación, la mediación y el derecho internacional, reforzando también las instituciones internacionales.
No dejemos que la voz del Papa León sea una voz que grita en el desierto, no dejemos solo al Obispo de Roma, creamos en sus palabras y miremos a la historia para comprender cuánto realismo hay en sus intervenciones, como lo había en las de sus predecesores, con demasiada frecuencia ignorados.
Estamos llamados a «motivar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y política que mantenga viva la esperanza, contrarrestando la difusión de actitudes fatalistas, como si las dinámicas que la producen procedieran de fuerzas anónimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana».
Histórica tregua en la Primera Guerra Mundial en 1914
La paz es posible y la loca carrera al rearme no es el camino para defenderla.
Para los cristianos, la paz tiene el rostro indefenso del Niño Dios, frágil como cualquier niño: dejémonos traspasar el corazón por ese rostro y por el anuncio de paz que resonó la noche de la primera Navidad.
El rito de clausura del Año Santo en la Basílica Liberiana se celebrará la tarde del 25 de diciembre. Le seguirán, el sábado 27, la Basílica de San Juan de Letrán y, el domingo 28, San Pablo Extramuros.
Ciudad del Vaticano, domingo 21 diciembre (PR/25) — La Puerta Santa de la Basílica de Santa María la Mayor será la primera del Jubileo 2025 en ser cerrada. La ceremonia tendrá lugar el día de Navidad a las 17:00 horas y estará presidida por el cardenal arcipreste de la Basílica Liberiana, Rolandas Makrickas (foto)
A continuación, el sábado 27 de diciembre, se llevará a cabo el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Juan de Letrán. El rito está previsto para las 11:00 horas y será presidido por el cardenal arcipreste Baldo Reina, Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma.
Al día siguiente, domingo 28 de diciembre, el cardenal arcipreste de la Basílica de San Pablo Extramuros, James Michael Harvey, presidirá el rito análogo de clausura de la Puerta Santa.
El rito en Santa María la Mayor
Abierta el 1 de enero de 2025, la Puerta Santa de la Basílica Liberiana ha visto cruzar sus batientes a más de veinte millones de peregrinos y fieles. La fecha de cierre no ha sido elegida al azar: Santa María la Mayor, de hecho, es la Basílica de la Santa Navidad, custodia de las reliquias de la Sagrada Cuna donde fue colocado el Niño Jesús recién nacido.
La ceremonia comenzará con el canto de las Segundas Vísperas y, seguidamente, a las 18:00 horas, tendrá lugar el rito del cierre de la Puerta Santa, acompañado por el sonido de la Sperduta, la antigua campana de la Basílica.
Para permitir la preparación de los ritos, la Basílica cerrará al público a las 15:00 horas. El acceso se reanudará a las 16:00 horas y se permitirá, hasta completar el aforo, única y exclusivamente para participar en las celebraciones programadas. No obstante, se garantizará su transmisión en una pantalla gigante situada en la Plaza de Santa María la Mayor para beneficio de quienes se encuentren en el exterior.
El Año Santo 2025 ha representado para toda la Iglesia un evento providencial, invitando a todos los creyentes a una renovada conversión del corazón bajo el signo de la virtud de una esperanza que nunca defrauda.
Se trata de un Jubileo particular que, convocado por el Papa Francisco con la Bula Spes non confundit, fue inaugurado por el mismo Pontífice con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro el 24 de diciembre de 2024, pero será concluido por el Papa León XIV, elegido Sumo Pontífice el 8 de mayo de 2025, tras el fallecimiento del Papa argentino el 21 de abril de 2025.
El hecho extraordinario de que el rito de apertura y cierre del Año Santo ocurra bajo dos pontificados distintos sólo tiene un precedente: el Jubileo de 1700, abierto por Inocencio XII y cerrado por Clemente XI, como recuerda la Basílica liberiana en un comunicado.
Para la Basílica Papal de Santa María la Mayor, esta circunstancia ha cobrado un significado adicional, considerando que el Papa Francisco la eligió como su lugar de sepultura terrenal. La peregrinación jubilar, realizada piadosamente por millones de personas, se ha convertido así en un conmovedor y duradero homenaje a la memoria del Papa Francisco, que aún continúa.
La sencilla tumba del Papa Francisco en la Basílica de Santa María la Mayor
Las largas colas de acceso que se extienden ordenadamente por todo su perímetro se han vuelto una imagen habitual y han transmitido, de la manera más sencilla pero eficaz posible, el afecto que lo unía al pueblo de Dios.
Asimismo, cabe recordar las cerca de ochenta visitas realizadas por delegaciones oficiales de todos los países del mundo que han querido rezar ante su tumba en nombre de los pueblos y naciones de la Tierra.
El rito de cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Juan de Letrán irá seguido de la celebración eucarística, animada por el coro de la Diócesis de Roma dirigido por monseñor Marco Frisina.
Durante el Año Santo, la Puerta Santa de San Juan de Letrán ha sido cruzada por fieles de muchísimas parroquias romanas: las comunidades parroquiales, de hecho, por sí solas o integradas en prefecturas, han optado mayoritariamente por organizar su propio Jubileo en la catedral de Roma.
Los fieles podrán acceder a la basílica con entrada gratuita, de 8:00 a 10:00 horas.
Por el contrario, en el cierre de la Puerta Santa de la Basílica Papal de San Pablo Extramuros se podrá participar libremente sin necesidad de entrada.
Por último, la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro será clausurada el 6 de enero de 2026, en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, por el Papa León XIV. De este modo, concluirá oficialmente el Jubileo Ordinario de 2025.