Beijing, diciembre de 2025 — China informó un moderado incremento en los registros de matrimonio durante los primeros tres trimestres de 2025, con 5,15 millones de uniones, unas 405.000 más que en el mismo período del año anterior. Para las autoridades, el dato representa una señal alentadora en medio de la crisis demográfica, aunque especialistas advierten que el repunte podría responder más a cambios administrativos que a una transformación profunda de las conductas sociales.
El aumento coincide con la implementación del registro matrimonial a nivel nacional, que permite casarse en cualquier ciudad del país, independientemente del domicilio. A esto se suma el auge del llamado turismo de registro civil, impulsado por gobiernos locales que buscan hacer del matrimonio un acontecimiento atractivo. Festividades tradicionales como el Qixi, conocido como el “día del amor” chino, concentraron cifras récord de enlaces, especialmente en grandes centros urbanos como Shanghái.
No obstante, en China los matrimonios religiosos no tienen reconocimiento legal. La legislación exige que toda unión válida se celebre ante el Estado, mientras que las ceremonias religiosas —cuando están permitidas— solo pueden realizarse posteriormente y dentro de comunidades oficialmente registradas. Este marco limita el peso cultural y espiritual del matrimonio en una sociedad donde la práctica religiosa permanece estrictamente regulada.
El trasfondo de la crisis se remonta a la política del hijo único, aplicada entre 1979 y 2015, que buscó frenar el crecimiento poblacional mediante severas restricciones a la natalidad. Aunque logró su objetivo inmediato, dejó como herencia un envejecimiento acelerado, una caída sostenida de la población activa y un cambio profundo en la percepción del matrimonio, la familia y la paternidad entre los jóvenes.
En ese contexto, analistas señalan que el neomarxismo impulsado por el liderazgo de Xi Jinping difícilmente ofrezca una base sólida para promover un renacimiento cultural centrado en la familia. El repunte de matrimonios puede ser un rayo de esperanza para el régimen, pero corre el riesgo de convertirse en una ilusión estadística si no se traduce en un cambio genuino de valores.
La combinación de incentivos económicos, turismo matrimonial y celebraciones simbólicas resulta insuficiente para revertir la tendencia. Para enfrentar el declive demográfico, sostienen los expertos, China deberá cambiar mentalidades, sanar las heridas del pasado y revalorizar el matrimonio y la paternidad como pilares sociales. Solo entonces el país podrá aspirar a una recuperación demográfica sostenible.
Matrimonios religiosos en China: permitidos, pero sin reconocimiento legal
En China, los matrimonios religiosos existen, aunque se desarrollan bajo estrictas restricciones y no tienen validez jurídica ante el Estado. La legislación vigente establece que el único matrimonio reconocido legalmente es el civil, celebrado ante las autoridades gubernamentales.
Las ceremonias religiosas —incluidas las católicas, protestantes, budistas o musulmanas— pueden realizarse únicamente después del casamiento civil y dentro de comunidades oficialmente registradas. Cada confesión conserva registros internos de estos matrimonios, como libros parroquiales o actas religiosas, pero dichos documentos no producen efectos legales.
En el caso de la Iglesia católica, tanto las comunidades reconocidas por el Estado como aquellas que funcionan fuera del marco oficial celebran matrimonios religiosos y los registran en su ámbito eclesial. Sin embargo, para las autoridades chinas, estos registros carecen de reconocimiento jurídico y no sustituyen en ningún caso al registro civil.
Este marco legal limita el peso público y cultural del matrimonio religioso en la sociedad china y refuerza el carácter administrativo y estatal de la institución matrimonial, en contraste con otros países donde la dimensión religiosa tiene reconocimiento legal o social más amplio.
París, sábado 13 de diciembre (PR/25) — A un año de su reapertura oficial, la catedral de Notre Dame de París no solo recuperó su esplendor arquitectónico tras el devastador incendio de 2019, sino que se consolidó como el sitio más visitado de la capital francesa, superando al Museo del Louvre y a la Torre Eiffel.
Más de 11 millones de personas cruzaron su umbral entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, una cifra inédita para un monumento religioso en Francia.
La solemne liturgia del 7 de diciembre de 2024, presidida por el arzobispo de París, Laurent Ulrich, marcó el cierre de una reconstrucción que demandó años de trabajo y una inversión cercana a los 700 millones de euros. Sin embargo, el fenómeno que siguió a la reapertura excedió toda previsión: Notre Dame volvió a convertirse en un corazón espiritual, cultural y turístico, atrayendo a un promedio diario de más de 30.000 visitantes.
Turismo religioso en alza
Lejos de tratarse únicamente de curiosidad arquitectónica, el resurgimiento de Notre Dame está estrechamente ligado al crecimiento del turismo religioso, una tendencia que gana peso en Europa. Según datos de la Arquidiócesis de París, solo en 2025 se celebraron más de 1.600 actos litúrgicos y se recibieron 650 peregrinaciones organizadas, provenientes de distintos países.
Entre los momentos más significativos del último año se destacaron la primera Misa de Gallo en la nave restaurada, las celebraciones en torno a la elección del papa León XIV y los ritos fúnebres del papa Francisco, acontecimientos que reforzaron el rol de la catedral como escenario espiritual de alcance global.
Este flujo constante de fieles convive con turistas sin afiliación religiosa, en una convivencia que se ha vuelto característica del templo: peregrinos que rezan en silencio, visitantes que observan vitrales y esculturas, y grupos que recorren el edificio como parte de los circuitos culturales de París.
La Corona de Cristo, eje espiritual de las visitas
Uno de los principales atractivos religiosos es la Corona de Espinas de Cristo, una de las reliquias más veneradas del cristianismo y custodiada históricamente por Notre Dame. Tras la reapertura, la reliquia volvió a ocupar un lugar central en la vida devocional de la catedral.
La Corona es expuesta al público en ocasiones litúrgicas específicas, especialmente durante la Semana Santa, y en fechas determinadas a lo largo del año, bajo estrictas medidas de conservación y seguridad. Su exhibición genera una fuerte afluencia de peregrinos y creyentes, muchos de los cuales planifican su viaje a París en función de estos momentos, reforzando el perfil de Notre Dame como destino de peregrinación internacional.
Para la Iglesia, la presencia visible de la reliquia simboliza que la restauración no fue solo material. “Notre Dame no es un museo, es un lugar de fe”, repiten las autoridades eclesiásticas, una postura que se reflejó en la decisión de mantener el acceso gratuito, pese a los debates políticos sobre la posibilidad de cobrar entrada.
Acceso libre y ciudad viva
Actualmente, los visitantes pueden ingresar mediante reserva horaria online o aguardando en fila en la explanada. El sistema permitió ordenar el flujo sin restringir el acceso económico, una política que resultó clave para sostener el carácter abierto y popular de la catedral.
Antes del incendio, Notre Dame recibía alrededor de 9 millones de visitantes anuales. Hoy, esa cifra no solo fue superada, sino que redefinió el lugar del templo en la vida parisina. Más que un récord turístico, el fenómeno revela la recuperación de un símbolo colectivo, donde historia, fe y cultura convergen sin necesidad de etiquetas.
Doce meses después de su reapertura, Notre Dame volvió a ser lo que fue durante siglos: un punto de encuentro, un espacio vivo y un faro espiritual que late nuevamente en el centro de París.
Buenos Aires, sábado 13 diciembre (PR/25) — Con el inicio del Adviento, la Iglesia católica inaugura un nuevo año litúrgico y propone a los fieles cuatro semanas de preparación espiritual para la Navidad. Lejos de ser sólo una antesala festiva, este tiempo litúrgico invita a la espera vigilante, la conversión interior y la esperanza activa, en torno al misterio del nacimiento de Jesús.
“El Adviento es un tiempo de vigilancia, de esperanza y de conversión interior”, señalaba san Juan Pablo II, sintetizando el sentido profundo de este período. En la misma línea, san Agustín advertía: “Temamos que el Señor pase y no lo reconozcamos. El Adviento es el tiempo de despertar el corazón”.
Un tiempo que abre el año litúrgico
El Adviento comienza con las primeras vísperas del domingo más próximo al 30 de noviembre y se extiende hasta las primeras vísperas del 25 de diciembre. Comprende cuatro domingos y marca el inicio del año litúrgico, en el que la Iglesia recorre los principales acontecimientos de la vida de Jesucristo y de la historia de la salvación.
Durante estas cuatro semanas, el calendario litúrgico se divide en dos momentos. El primero, hasta el 16 de diciembre, orienta la mirada hacia la segunda venida de Cristo. El segundo, del 17 al 24 de diciembre, prepara de manera más inmediata la celebración de la Navidad.
“El Adviento es el tiempo que se nos da para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro”, explicó el papa Francisco. “Él viene dentro de nosotros cada vez que estamos dispuestos a recibirlo, y vendrá de nuevo al final de los tiempos”.
San Bernardo de Claraval profundizó esta idea al hablar de las distintas formas de la presencia de Cristo: “Hay tres venidas del Señor: en la carne, en el alma y en la gloria. En el Adviento nos preparamos para acogerlo en el corazón”.
Esperar también es convertirse
La espera que propone el Adviento no es pasiva. Se trata de un tiempo de conversión personal, en el que la liturgia invita a revisar la propia vida y a renovar la relación con Dios. La figura de san Juan Bautista ocupa aquí un lugar central, como voz que llama a preparar el camino del Señor.
“Si queremos celebrar dignamente la Navidad, debemos purificar primero nuestra conciencia”, advertía san Carlos Borromeo, subrayando que la preparación espiritual es inseparable del sentido auténtico de la fiesta.
El papa Francisco retomó esta enseñanza al recordar que la conversión implica “el dolor de los pecados cometidos, el deseo de liberarse de ellos y el propósito de excluirlos para siempre de la propia vida”.
María, modelo de espera y humildad
En el Adviento, la Iglesia contempla de modo especial a la Virgen María, figura central de este tiempo litúrgico. Su actitud de escucha, humildad y disponibilidad ante el anuncio del ángel se presenta como modelo para los creyentes.
San Josemaría Escrivá lo expresó al inicio del año litúrgico: “Pedimos al Señor que nos guíe, que nos muestre sus pisadas, para que podamos dirigirnos a la plenitud de sus mandamientos, que es la caridad”. Al meditar el misterio de la Visitación, subrayaba además cómo la humildad de María se derrama en el Magníficat y se convierte en una invitación concreta para la vida cristiana.
La Navidad, un Dios que se hace cercano
La espera del Adviento culmina en la Navidad, celebración del nacimiento de Jesús en la humildad de un pesebre. A lo largo de la historia, los santos han insistido en el profundo significado de este misterio.
“Cristiano, reconoce tu dignidad: Dios ha nacido hombre para que el hombre vuelva a Dios”, proclamaba san León Magno. San Francisco de Asís, impulsor de la tradición del pesebre, lo expresaba con sencillez: “Dios se hizo pequeño para que nadie tenga miedo de acercarse a Él”.
Santa Teresa de Calcuta recordaba que el sentido de esta fiesta no es sólo exterior: “La Navidad no es un acontecimiento exterior, sino algo que sucede en el interior del corazón”. En la misma línea, san Josemaría Escrivá afirmaba: “Dios ha querido hacerse niño para enseñarnos a amar sin condiciones”.
El Niño Jesús y la lógica de la humildad
El nacimiento de Jesús revela una lógica distinta a la del poder y la grandeza. En el pesebre, Dios se manifiesta en la fragilidad y la pobreza.
“El amor de Dios se hizo visible en un pesebre”, escribió san Alfonso María de Ligorio. San Vicente de Paúl añadía que “el Hijo de Dios eligió la pobreza para enseñarnos dónde está la verdadera riqueza”.
Santa Teresita del Niño Jesús resumió esta espiritualidad con una frase que atraviesa generaciones: “Amar es hacerse pequeño, es confiar como un niño en los brazos del Padre”.
Un mensaje vigente para el presente
Más allá de las tradiciones y costumbres propias de estas semanas, el Adviento y la Navidad siguen interpelando al mundo actual.
“La Navidad nos recuerda que Dios no permanece lejano: entra en la historia y camina con nosotros”, señaló Benedicto XVI.
San Pablo VI lo definió como “el misterio de un Dios que se hace cercano y nos invita a la esperanza”.
Así, el Adviento se presenta como una oportunidad para detenerse, mirar hacia adentro y preparar el corazón para una Navidad que no sea sólo un recuerdo del pasado, sino una experiencia viva de fe, esperanza y renovación espiritual.
Imagen referencial del Papa León XIV en la plaza de San Pedro esta Navidad | Crédito: Vatican Media
Por Almudena Martínez-Bordiú
Ciudad del Vaticano, sábado 13 diciembre (PR/25) — El Papa León XIV ha respondido a la carta de un psicólogo italiano en la que reflexiona sobre el significado de la Navidad, una ocasión para saciar la sed que los jóvenes tienen de Cristo y hacer frente a la fatiga de cotidianidad.
Para Antonio, un psicólogo de 40 años de la provincia de Salerno, su trabajo no es sólo una profesión, sino también una vocación. Así se lo explicó al Santo Padre en una sincera carta publicada en la revista Piazza San Pietro ante la llegada de la Navidad.
El italiano reflexiona en la misiva sobre el “cansancio existencial” que ve en los adolescentes y jóvenes a los que atiende, manifestada muchas veces “en una búsqueda febril de ser reconocidos”. Sin embargo, afirma que en ellos ha sabido reconocer “la infinidad de Dios”.
Para Antonio, la Navidad es sobre todo “hogar, buscar la belleza, la luz, retomar el aliento” ante los rostros cansados y el “ritmo antinatural y deshumano que hace que jóvenes y adultos estén siempre cansados y nunca saciados”.
Asegura con esperanza que en situaciones dramáticas “el amor salva siempre” y que la Navidad “puede enseñarnos a atravesar el corazón de todos y de cada uno”.
En su respuesta el Papa León XIV coincide con el psicólogo sobre la necesidad de encontrar a Cristo que tienen los jóvenes, lo que puede reforzarse con la “simplicidad y la alegría” del testimonio.
El Papa anima al italiano a no cansarse nunca de ser luz durante esta Navidad, evitando el “shopping dopante” que no busca la verdad y la belleza, que es el nacimiento de Jesús, quien puede inspirarnos “en su pequeñez, humildad y solidaridad”.
Para el Santo Padre, el regalo “más bello” es acoger la pobreza, y por eso exhorta al italiano a invitar a la cena de Navidad a una familia con necesidades o a una persona que está atravesando alguna dificultad en soledad.
El Papa León XIV anima también a escuchar “el grito de los pobres” no solamente en Navidad, y propone el ejemplo de San John Henry Newman, Doctor de la Iglesia, para ser luz y orientación para los jóvenes y transformar cada realidad educativa en escuelas de diálogo y de paz.
En su homilía durante la Santa Misa con ocasión de la Fiesta de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe, que presidió ayer a la tarde en la Basílica de San Pedro, el Pontífice elevó una súplica a la Virgen, encomendándole las naciones, los gobernantes, los jóvenes, los que se han alejado de la Iglesia y las familias.
Por Alvaro Vargas Martino –
Papa
Ciudad del Vaticano, sábado 13 diciembre (PR/25) — “En medio de conflictos que no cesan, injusticias y dolores que buscan alivio, María de Guadalupe proclama el núcleo de su mensaje: «¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre?». Es la voz que hace resonar la promesa de la fidelidad divina, la presencia que sostiene cuando la vida se vuelve insoportable”, recalcó el Papa León XIV en su homilía durante la Santa Misa con ocasión de la Fiesta de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe, que presidió esta tarde en la Basílica de San Pedro.
El Papa subrayó que la maternidad que María declara nos hace descubrirnos hijos, pues quien escucha “yo soy tu madre” recuerda que, desde la cruz, al «aquí tienes a tu madre» corresponde el «aquí tienes a tu hijo». “Y como hijos, nos dirigiremos a ella para preguntarle: ‘Madre, ¿qué debemos hacer para ser los hijos que tu corazón desea?’”, dijo el Santo Padre, recordando que ella, fiel a su misión, con ternura nos dirá: «Hagan lo que Él les diga».
Papa
“Sí, Madre, queremos ser auténticos hijos tuyos: dinos cómo avanzar en la fe cuando las fuerzas decaen y crecen las sombras. Haznos comprender que contigo, incluso el invierno se convierte en tiempo de rosas”, pidió el Pontífice, quien elevó una súplica a la Virgen, encomendándole las naciones, los gobernantes, los jóvenes, los que se han alejado de la Iglesia y las familias.
“Como hijo te pido: Madre, enseña a las naciones que quieren ser hijas tuyas a no dividir el mundo en bandos irreconciliables, a no permitir que el odio marque su historia ni que la mentira escriba su memoria”, dijo el Papa, pidiéndole que les muestre que la autoridad “ha de ser ejercida como servicio y no como dominio”, que instruya a sus gobernantes en su “deber de custodiar la dignidad de cada persona en todas las fases de su vida” y que haga de esos pueblos “lugares donde cada persona pueda sentirse bienvenida”.
El Santo Padre también le pidió a María que acompañe a los más jóvenes, para que obtengan de Cristo la fuerza para elegir el bien y el valor para mantenerse firmes en la fe, “aunque el mundo los empuje en otra dirección”, mostrándoles que su Hijo camina a su lado, para que nada aflija su corazón y “puedan acoger sin miedo los planes de Dios”, y le rogó que aparte de ellos “las amenazas del crimen, de las adicciones y del peligro de una vida sin sentido”.
Elevando oraciones por los que se han alejado de la Iglesia, el Pontífice le pidió a la Virgen que su mirada “los alcance donde no llega la nuestra”, que derribe “los muros que nos separan” y los traiga “de vuelta a casa” con la fuerza de su amor. Y también le suplicó que incline el corazón de “quienes siembran discordia” hacia el deseo de su Hijo de que «todos sean uno» y los restaure en la caridad que hace posible la comunión: “Dentro de la Iglesia, Madre, tus hijos no podemos estar divididos”.
El Papa le rogó a María que fortalezca a las familias para que, siguiendo su ejemplo, los padres “eduquen con ternura y firmeza, de modo que cada hogar sea escuela de fe”, que inspire a quienes forman mentes y corazones para que “transmitan la verdad con la dulzura, precisión, y claridad que nace del Evangelio”, y que aliente a los que su Hijo “ha llamado a seguirlo más de cerca: “Sostén al clero y a la vida consagrada en la fidelidad diaria y renueva su amor primero. Guarda su interioridad en la oración, protégelos en la tentación, anímalos en el cansancio y socorre a los abatidos”.
“Virgen Santa, que, como tú, conservemos el Evangelio en nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que, aunque destinatarios, no somos dueños de este mensaje, sino que, como san Juan Diego, somos sus simples servidores”, le pidió León XIV, quien concluyó su homilía encomendándole su ministerio, para que “confirme en el único camino que conduce al Fruto bendito” de su vientre, a cuantos le fueron confiados: “Recuerda a este hijo tuyo, «a quien Cristo confió las llaves del Reino de los cielos para el bien de todos», que esas llaves sirvan «para atar y desatar y para redimir toda miseria humana»”.
El año está por concluir y la mejor manera de cerrarlo es con una buena actitud ante las actividades cotidianas que durante el año nos generaron estrés y ansiedad –
España, sábado 13 diciembre (PR/25) — Diciembre llega siempre con brillo… pero también con prisas. Entre compromisos, cierres y expectativas, muchas personas terminan el año sintiéndose más cansadas. Sin embargo, este tiempo puede convertirse en una invitación a bajar el ritmo y volver a lo esencial. En este artículo veremos prácticas sencillas para manejar el estrés y cerrar el año con más paz.
Reconocer las situaciones de agotamiento
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Antes de que concluya el año, puedes detenerte unos minutos para reflexionar sobre aquellas situaciones que te mantienen en estado de alerta y que te producen cansancio.
Algunas señales prácticas que puedes notar son: irritabilidad, dispersión, sensación de correr sin avanzar, rezar mecanicamente. Realiza este pequeño ejercicio de pausa: 1 minuto para identificar dónde se siente el cansancio (cuerpo, mente, corazón).
También detecta lo siguiente: ¿Qué tipo de agotamiento te parece más común hoy: físico, mental o emocional? (Elige uno para priorizarlo.) Aquí te mostramos algunas maneras en las que puedes cerrar el año librarte del estrés y de cualquier otro mal
1Reducir ruido y carga interior
Principalmente puedes comenzar a identificar aquello que te atormenta, pero que puedes delegar o incluso tomar con calma. Ya que también es necesario tomar un descanso de todo para poder pasar estas últimas semanas del año con tus seres queridos.
Al ser un mes muy ocupado, también podemos saturarnos de muchas cosas, posadas, eventos, apostolados, trabajo, etc. Por lo que es una buena oportunidad para saber decir «no» sin culpa y con libertad si sientes que algo te satura de más.
2Crea un espacio de silencio
Estamos tan acostumbrados al ruido en todos los sentidos, desde el ruido de la ciudad, hasta el ruido de la televisión, música, etc. Sin olvidar el ruido mental, por lo que nos cuesta tanto apagar esos ruidos externos para poder también apagar nuestro ruido mental y darle un descanso a nuestra vida. Dedica por lo menos un «mini- silencio» diario de 2 a 3 minutos y dale calma a tu mente, alma y cuerpo.
3Micro-prácticas de descanso y oración
Esto te ayudará a tranquilizar tu día y a su vez encomendarte a Dios, puedes aprovechar y repetir alguna jaculatoria que te ayude a centrarte y evitar que tu mente siga dispersa, puedes repetir: «Jesús, en ti descanso», «Señor, dame tu paz», «Jesús, en ti confío». Puedes repetir estas jaculatorias mientras caminas y respiras profundamente.
4Haz un cierre de año
Comienza preguntándote:¿qué quieres llevar contigo el próximo año? Luego puedes anotarlo en una libreta, de modo que lo tengas presente durante tu próximo año y esforzarse por lograrlo. Así como estrategias que puedes seguir para lograr tus objetivos.
Si quieres aumentar tu fe, puedes comenzar buscando a un guía espiritual que te ayude a mantener tu espiritualidad. Así sucesivamente con cada meta.
5Agradece a Dios por el año vivido
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Haz un espacio para visitar al Santísimo y da gracias a Dios por todo lo que consideres importante, desde los logros, hasta los momentos de retos que dejaron aprendizajes.
Puedes empezar así tu oración: «Gracias, Señor, por este año, por lo que me enseñaste y por la esperanza que haz sembrado en mí».
Si te sirve, puedes anotarlo y dejarlo plasmado en tu diario espiritual, escribiendo así una carta a Dios.
A pesar de la rutina, aprovecha esta oportunidad de cerrar el año con gestos de gratitud y esperanza, abrimos el corazón a un nuevo comienzo, confiando en que cada día es una oportunidad para crecer en bienestar y en fe.