Buenos Aires, miércoles 7 de febrero (PR/24) .- En el marco de las altas temperaturas que se registran en gran parte del país, referentes del INTA brindan una serie de recomendaciones técnicas para reducir el impacto en la actividad apícola nacional. Ubicar las colmenas a la sombra, facilitar la ventilación cruzada, disponer de agua fresca para las abejas y realizar las tareas de manejo técnico bien hidratados y en horarios de menor radiación, entre las principales pautas.
La última semana de enero y la primera de febrero se ven marcadas por una intensa ola de calor que afecta a gran parte del país. El registro de temperaturas por encima de lo normal impacta directamente en diversas actividades productivas, tales como la apicultura. En esta línea, referentes del INTA Proapi brindan una serie de recomendaciones para evitar el impacto del calor extremo en los apiarios.
Alejandra Palacio -coordinadora del programa INTA PROAPI- reconoció que en algunas regiones del país, quienes se dedican a la producción apícola, vieron dañadas algunas colmenas debido a las altas temperaturas. Ante este panorama, subrayó la importancia de aplicar estrategias de manejo adecuadas para evitar el impacto, frente a esta ola de calor.
Entre los aspectos más destacados, Palacio subrayó la importancia de “tener las colmenas bajo sombra compacta de árboles o construcciones de media sombra”. Y, en caso de que el apiario estuviese rodeado de árboles, asegurar la circulación de aire”.
En esta misma línea, Emanuel Orellano -especialista del INTA Proapi- subrayó la importancia de “ubicar los apiarios a la sombra, sobre todo en los horarios de temperaturas más altas”. Incluso, destacó que “la circulación del viento es muy importante porque facilita la ventilación de las colonias”.
Para favorecer esto, es importante “ubicar a las colmenas elevadas, al menos, a 40 centímetros del suelo con pasto corto para favorecer la circulación de aire”.
Otro aspecto clave es la disponibilidad de agua limpia, fresca y de fácil acceso para las abejas. “Por esto, en estas circunstancias, se suelen instalar bebederos comunitarios por apiarios o directamente administrar agua en el alimentador”, indicó Orellano, al tiempo que Palacio agregó: “Es clave poder abastecer a los bebederos temprano con agua limpia y mantenerlos bajo sombra compacta y a 10 metros del apiario”.
En cuanto a la infraestructura de las colmenas, el especialista del Proapi señaló que “deben tener techos de madera de, al menos, 2 centímetros de espesor y contar con entretapas que ayuden amortiguar los efectos del sol y mejoren la aislación térmica”. A su vez, el material inerte como las alzas, pisos, techos y medias alzas pintado de color blanco reflejan la luz del sol y la colmena absorbe menos radiación.
“En caso de tener núcleos es aconsejable mudarlos a un lugar sombreado y con disponibilidad de agua, no olvidarse de alimentarlos para mantenerlos con energía suficiente para su desarrollo”, agregó.
En cuanto al operador, Orellano destacó la necesidad de “planificar las visitas al apiario para evitar los horarios de mayor exposición a la radiación y el calor” y recomendó hacerlo entre las 7 y las 10 de la mañana, o bien luego de las 17 horas. Además, aconsejó “mantenerse bien hidratados y llevar al campo tres litros de agua por operario”.
A su vez, las altas temperaturas incrementan el riesgo de incendios, por lo que no dudó en recalcar la importancia de apagar el ahumador con agua. “Se debe cavar un pequeño pozo, volcar las cenizas dentro y después echar agua. Para luego, cubrirlo con tierra para evitar incendios”, explicó.
Todas estas pautas permiten reducir el impacto de las altas temperaturas y las consecuentes pérdidas que genera el calor extremo como, por ejemplo, el derretimiento de la cera, el colapso de la colmena o la fuga de las abejas, entre otras.
En el caso de contar con colmenas afectadas, si el daño es alto y no hay abeja reina, retirar los materiales dañados del apiario y acondicionar el material inerte. En cambio, si el daño es menor y está la reina, retirar el material vivo no dañado y colocarlo en otro material en un lugar con sombra
Frente a este contexto de altas temperaturas, desde el Proapi destacan la importancia de consultar con los especialistas del INTA de su localidad para realizar ajustes de acuerdo a las características de su territorio.
Buenos Aires, martes 6 de febrero (PR/24) .- Son consideradas una plaga y temen por sus efectos en la producción y la salud. Desde el INTA San Pedro lanzaron una encuesta y por parte de la Sociedad Rural local hablaron de «demonio verde».
Las cotorras provocan una clara merma productiva en el norte bonaerense y el INTA tuvo que lanzar una encuesta para conocer su impacto.
Según los especialistas, existe una sensación de preocupación en los productores de durazno por las pérdidas productivas que arroja en la zona el efecto de la intervención de las cotorras en los diferentes campos.
En ese marco, proponen llevan a cabo diferentes métodos de prevención y control letal con la finalidad de expresar un manejo eficiente de una de las plagas que más daño produce en el sector, principalmente en la época primaveral y en el verano.
Este trabajo surge a partir de la necesidad de la Comisión de Plagas del partido de San Pedro, de generar datos sobre el impacto que la cotorra (Myiopsitta monachus) tiene sobre las distintas producciones agropecuarias del partido.
Con ese fin, se realizaron encuestas a productores agropecuarios entre los meses de agosto y septiembre de 2023. El modelo de encuesta fue de respuesta autoadministrada y en línea.
Para su confección y análisis se incluyeron diferentes actividades y sistemas productivos (ganadería, agricultura, fruticultura). Aunque es posible que no estén incluidos de manera censal todos los predios afectados, los resultados de este primer análisis del impacto de Myiopsitta monachus sobre la producción agropecuaria zonal pueden considerarse suficientes para exponer de manera explícita el impacto negativo sobre dichas producciones en la zona y la necesidad de mitigar los efectos negativos que claramente acarrea la presencia de esta plaga en el territorio bajo estudio.
Cómo controlar la población de cotorras
Según los investigadores, el control letal de las cotorras, significó en la campaña un manejo eficiente de la plaga en San Pedro, por lo cual se trata de una metodología muy óptima para emplear.
Por otra parte, también mencionaron que los métodos de ahuyentamiento fueron empleados con mayor frecuencia, independientemente de la ubicación y el tipo de establecimiento.
“Es fundamental realizar un barrido efectivo de los nidos en el territorio para obtener un adecuado impacto en el control de la plaga“, aseguran los referentes del organismo.
Tambien recomendaron adelantar la cosecha de variedades más suceptibles, podar o eliminar árboles donde frecuentan, hacer control de reproducción, entre otras alternativas.
Vale aclarar que estos nidos se encuentran en las zonas de preferencia de las cotorras, de acuerdo a la alimentación favorita de la plaga. “Los predios cercanos a lotes de durazno y arándanos son los preferidos para anidar por las cotorras”, recuerdan los especialistas del INTA San Pedro.
El pedido de la Sociedad Rural de San Pedro
La Comisión Directiva de la Sociedad Rural de San Pedro reiteró su preocupación «ante los efectos que la creciente plaga de cotorras con su potencial impacto en la salud y la economía de nuestra región».
En un comunicado, expresan que vinieron advirtiendo sobre la situación «en notas dirigidas en agosto del 2023, a los ministros de salud de Nación y Provincia que no fueron respondidas y recientemente un informe técnico realizado por el INTA a través de una encuesta de productores ha reflejado nuevamente el alerta ante la situación».
Los productores señalan que «las consecuencias no afectan sólo a duraznos sino a toda la producción de la zona, agrícola, frutícola y hortícola».
La entidad agrega que «el “demonio verde” provoca una clara merma productiva y desde el INTA se proponen diferentes métodos de prevención que requieren de una activa participación del Estado provincial y nacional».
También recomendaron adelantar la cosecha de variedades más susceptibles, podar o eliminar árboles donde frecuentan, hacer control de reproducción, entre otras alternativas.
En las notas elevadas se puntualizaba que esta plaga «no solo amenaza nuestros cultivos y la biodiversidad local, sino que también plantea un riesgo significativo para la salud pública debido a su capacidad para transmitir enfermedades, como la psitacosis (también conocida como fiebre de las cotorras)».
Ligado desde chico al mundo cárnico, creó la marca Paty y actualmente es dueño, junto a su hijo, del Frigorífico Pico. A sus 84 años dice que sigue aprendiendo y busca llevar la carne argentina a otro nivel.
Buenos Aires, lunes 5 febrero (PR/24) — Con 85 años por cumplir el próximo 24 de febrero, Ernesto Lowenstein sigue siendo de los primeros en llegar y el último en irse de las oficinas que Frigorífico Pico (ubicado en La Pampa), tiene en la provincia de Buenos Aires. Antes de comenzar la entrevista aclara que todos lo conocen como Tito, por lo que, si le dicen por su nombre, seguramente no se dará vuelta.
Con voz pausada y conceptos claros, cuenta que cuando sus amigos le preguntan por qué no se jubila así puede hacer lo que quiera, él responde: “Yo estoy haciendo lo que quiero que es trabajar.Si uno toma al trabajo como un modo de vivir, no como una obligación, no es un peso”.
De raíces carniceras
Con apenas dos o tres años de edad, Tito ya acompañaba a su padre Luis a comprar hacienda e incluso estando en el secundario engañaban juntos a su madre Dora, quien pensaba que estaba en el colegio estudiando, para recorrer el mercado de Liniers en busca del mejor ganado. Esto, que puede pensarse como una complicidad entre padre e hijo, fue lo que le dio los primeros conocimientos para todo el camino que recorrería tiempo después. “Aprendí de mirar”, dice.
Con orgullo recuerda que su padre llegó a Argentina en 1935 escapando de la Alemania nazi, con un pasaporte que en el espacio para Profesión, decía: Carnicero. Se instaló con su esposa, quien había llegado desde Austria tras la Primera Guerra Mundial, en Basavilbaso (Entre Ríos), y si bien en los primeros tiempos hacía 25 kilómetros por día a caballo para vender lo que fuera para sobrevivir, su vida siempre estuvo relacionada con la carne. Así, en 1955 don Luis fundó junto a tres socios una empresa de carne equina y, por supuesto, Tito con sus dieciséis años también estaba allí observando todo. Hoy hace 69 años que está en esa industria que, como él mismo define, “es una industria residual que da trabajo porque el caballo es tan noble que aun después de ser útil en su actividad, lo sigue siendo por su carne”.
Más adelante incursionaría en el ámbito de la carne vacuna con Frigorífico Pico, pero antes dejaría su sello marcado en el corazón de los argentinos creando las hamburguesas Paty. De esta forma, Tito es la sexta generación de una familia carnicera que extiende su pasión desde Europa hasta Argentina. “Para mí, mi padre es una figura muy importante. Me transmitió básicamente ser honesto, aceptar al otro y aceptar que el otro también puede tener razón. Eso sí, manteniendo una línea que es trabajar, mi padre era muy trabajador”, expresa.
Con alma empresaria
Tito reconoce que tuvo cuatro oportunidades para irse del país, pero siempre eligió quedarse. “¿Por qué me quedo en Argentina? Hay algo que los argentinos no quieren entender y es que el país tiene muy buena gente, tenemos que creer más en nosotros y respetarnos más”, afirma. Uno de los momentos en los que dijo no, fue cuando viajó en 1960 con su padre a visitar una fábrica de hamburguesas en Nueva York. “Mi padre quería que me instalara allí para dedicarme a ese negocio pero yo le dije ¿por qué no lo hacemos en Argentina?”, recuerda y así fue como al regresar pasaron solo 50 días desde que se tomó la decisión y las hamburguesas se pusieron a la venta. De esta forma, el 9 de diciembre de 1960 nació Paty. Si bien cuatro años después decidió vender la empresa a su socio para volver a trabajar con su padre en el negocio de carne equina, no hay dudas que fue tiempo suficiente para que la marca se instalara en la mesa de los argentinos siendo hasta hoy el nombre de las hamburguesas.
A finales de los 70, su padre le advirtió que buscara otra actividad porque el negocio no iba bien. Fue así que estando en su casa de descanso en Bariloche se dio cuenta que le daban mucho fastidio las largas filas que se hacían en el centro de esquí para subir al cerro. Recordando los centros de esquí que había visto en un viaje a Francia, pensó que podía ser un negocio interesante. Buscó los socios y al poco tiempo, en el año 1983, inauguró uno de los principales referentes turísticos de Mendoza: el centro de esquí Las Leñas. Después de doce años, los problemas económicos hicieron que se fundiera, lo que le provoca sentimientos encontrados: “Estoy orgulloso de haberla hecho y muy triste por haberla perdido. Me fundí por apurarme, pero cada uno es responsable de sus actos”.
Las Leñas
Con ese aprendizaje, retomó la actividad cárnica junto a su hijo Alan adquiriendo Frigorífico Pico, que tiene una planta en esa localidad y otra de última generación a 22 kilómetros, en la ciudad de Trenel. Allí trabajan 850 personas, “uno de los placeres que tengo es ir a las plantas y sentarme a hablar con la gente. Lo que uno escucha de ellos es mucho más profundo que cualquier cosa que podamos escuchar en los medios”, reconoce y afirma: “Para mí una empresa tiene un valor básico, único y que no es cambiable, las personas que trabajan”.
Tito y Alan Lowenstein en el lanzamiento de Ohra Pampa en Mendoza
Cuando se le pregunta cómo se define, Tito responde sin dudar: Empresario. “Ser empresario es bastante carga. Es alguien que quiere ganar, hacer que el otro gane, tener la responsabilidad y si anda bien ayuda al país. Liderar es dar el ejemplo y es ser buena gente”. En este sentido resalta dos palabras, que considera que están en desuso, y son la clave para una relación laboral sana: Respeto y Responsabilidad.
La tradición carnicera continúa
Desde hace varios años la séptima generación cárnica de la familia Lowenstein se encuentra al frente de Frigorífico Pico. Se trata de Alan, el único hijo de Tito, quien además creó la línea de productos Premium envasados al vacío Ohra Pampa, que en 2023 obtuvo el reconocimiento Marca País. “Hoy en día me siento orgulloso de lo que está haciendo mi hijo que quiere elevar la vara de la carne para que podamos ser líderes en el mundo, porque liderar es tomar la responsabilidad e ir para adelante”, reconoce su padre.
Entre sus ideas innovadoras, se encuentra el sistema de tipificación y selección de cortes para certificar la calidad de cada pieza. Además, el año pasado lanzaron “La Ruta de la Carne”, un programa impulsado en conjunto con la secretaría de Turismo de La Pampa para poner en valor la riqueza ganadera y frigorífica pampeana; y Meatology, un nuevo paradigma para resignificar el lugar de la carne en los servicios de catering. Pero, adelanta Tito sin dar más detalle, aún queda más por hacer. “Lo que mi hijo tiene en mente para hacer es de un futuro inesperado, yo me siento muy orgulloso de que vaya en ese camino”.
Tito Lowenstein en el lanzamiento de Meatology
Como dato de color, Frigorífico Pico se encuentra en el libro Guinness por haber alcanzado el récord en el año 2011 de haber hecho el asado a la estaca más grande del mundo, en General Pico, La Pampa. Fueron 13.713 kilos de carne que permitieron degustar a miles de personas 50 mil raciones y lo recaudado fue donado para obras de bien.
En busca de la mejor carne argentina
Junto a su hijo, Tito fue uno de los gestores de la Cadena de las Carnes Sustentables. Crítico de las demoras y trabas burocráticas estériles, asegura que “los mercados no se ganan por precio, se ganan por calidad y por servicio”. Por eso insiste en que “si no comemos buena carne nosotros, ¿cómo vamos a exportar buena carne?”.
Carne Ohra Pampa
Para el empresario decir que la carne Argentina es una de las mejores del mundo, es una historia, “todavía tenemos que conseguir la mejor carne”. De esta forma, visualiza que en unos años pueda suceder lo mismo que con el vino, que de elegir entre unas pocas opciones la gente pueda optar por una variedad específica. “La carne no es solamente lo que gusta, es lo que representa. Para mí representa ser honesto, ser responsable y ser trabajador”, asegura.
Siempre se sigue aprendiendo
Tito asegura que la vida es aprender y así queda demostrado en cada desafío que emprendió y los que le quedan por emprender, como el libro que está escribiendo desde hace un tiempo. “Estoy tratando de terminarlo pero no puedo porque siempre le agrego algo, tiene que ver con lo que viví, quiero dejar un legado”, adelanta.
Sin olvidar que nació en un lugar muy humilde, una casa de chapa, y en una familia que le dio sangre judía, comparte un dicho que siempre recuerda: “El que no conoce su origen, no conoce su futuro”. Al escucharlo, claro, me obliga a preguntarle ¿Cuál es su futuro? Y Tito, con su sonrisa apacible, me deja el último aprendizaje que me llevo de esta charla, al decirme: “Me lo estoy haciendo, todavía hoy en día”.
Por Gabriel Joga director y arquitecto de Grupo 8.66
Buenos Aires, lunes 5 febrero (PR/24) — El cambio climático va a transformar no sólo nuestra forma de vida, sino que también nuestras ciudades. ¿Cómo está cambiando la arquitectura, el urbanismo y el paisajismo?
Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, una cifra que está en rápido aumento. La expansión urbana, la contaminación y la escasa movilidad son solo algunas de las consecuencias. El urbanismo verde asume estos retos, promoviendo soluciones que contrastan los efectos negativos del desarrollo urbano y, al mismo tiempo, generan numerosos beneficios:
Mitigar el cambio climático.
Innovación y sostenibilidad.
Ayudar a promover el bienestar y la buena salud.
Reducir el estrés mejorando, además, la salud de las personas.
Reducir las emisiones del transporte.
Promover la inclusión social creando espacios para que la gente se reúna, socialice y se divierta.
Mejorar los valores inmobiliarios.
Reducir los residuos y promover las energías limpias.
En un contexto urbano en constante evolución, la presencia y valor de los espacios verdes se ha convertido en un elemento crucial para el bienestar de la sociedad. En los últimos años, se ha observado una tendencia en alza hacia la integración de áreas verdes en entornos urbanos, siendo estos un componente fundamental en las nuevas construcciones.
El concepto de espacios verdes en las ciudades no solo se limita a parques y jardines, sino que se expande a incluir terrazas verdes, muros vegetales y áreas naturales dentro de las edificaciones. Esta tendencia responde a una creciente conciencia sobre la importancia de la naturaleza dentro del entorno urbano, tanto para la salud mental y física de los habitantes como para el medio ambiente en general.
La importancia de los espacios verdes en las nuevas construcciones no sólo ofrecen áreas de esparcimiento y recreación para los habitantes, sino que desempeñan un papel crucial en la mitigación del efecto isla de calor urbano, mejoran la calidad del aire, absorben el dióxido de carbono y promueven la biodiversidad en entornos urbanos.
La presencia de estos espacios en los desarrollos inmobiliarios ha impactado positivamente en la revalorización de las propiedades, convirtiéndose en un elemento atractivo para los compradores. La integración de espacios verdes en las nuevas construcciones no solo responde a una demanda estética, sino que refleja un compromiso con la sostenibilidad y el bienestar de la comunidad.
En concordancia con esta perspectiva constructiva se apunta cada vez más a las terrazas verdes, jardines internos y entrega de unidades con maceteros con una variedad de flora en los balcones para promover activamente una ciudad más verde.
El análisis sensorial es toda una especialidad en la tecnología de alimentos y el control de calidad. Beatriz Coste, graduada de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ), se destaca a nivel internacional en la cata de quesos.
Buenos Aires, miércoles 31 enero (PR/24) — Cada año Beatriz Coste recorre decenas de miles de kilómetros en todo el mundo para hacer lo que más le gusta, comer queso y probar distintas variedades, algunas realmente exóticas. Pero no es sólo placer, es parte de su trabajo como jueza internacional de quesos, una especialidad a la que llegó luego de estudiar ingeniería zootecnista en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Lomas de Zamora (FCA-UNLZ) y aprobar un doctorado en Tecnología de Alimentos en una universidad española.
Coste cuenta para Cosecha Propia, el ciclo de entrevistas con graduados de la FCA-UNLZ, cómo es participar de esas catas, el trabajo con colegas del exterior, por qué considera que la UNLZ le dio una “formación muy sólida” y cuáles son los quesos más raros que probó en su vida.
¿Cómo llegás a ser jueza de quesos?
Empecé convocada como jueza de concursos de queso de Argentina y desde hace unos años también de concursos internacionales. El queso es un producto importante y fuente de ingresos tanto acá como en muchos países. Lo que hago es ir donde me invitan, probar los quesos y dar una valoración de ellos. Depende del concurso somos muchos jueces, pueden ser entre 50 y 250.
El más conocido es el World Cheese Award, es un concurso inglés pero todos los años se hace en un país distinto. Este año le tocó a Noruega, el año pasado fue en Gales, y en 2021 en Asturias. Para este año se está hablando de Suiza, aunque todavía no se sabe bien.
Es un certamen itinerante, hay un país receptor y ahí se presentan unos 4.500 quesos con 250 jurados aproximadamente. Es un evento muy grande, pero muy bien organizado. Trabajamos en mesas donde ponen unos 50 quesos para probar en un día y con otros dos jurados de otros países ponemos una valoración a cada uno. De acuerdo a las puntuaciones de los quesos salen las medallas de oro, de plata, de bronce y el queso del año. Es bastante importante comercialmente.
Y cada industria quiere obtener la medalla, algo así como la estrella Michelin.
Exacto, en Europa lo usan muchísimo. Desde 2021 se presentan productores de Argentina. Primero fue uno, después cinco, este año fueron más de 10. Está bueno estar ya lo hace Brasil y México. Son eventos muy lindos, uno conoce gente, siempre dan algún curso. Este año estuve en Ecuador, en Francia, en Noruega.
¿Por qué me llaman a mí como juez? Bueno, soy ingeniera zootecnista, pero no trabajo en producción primaria sino con el queso, que es producción final, y en un área de calidad que se llama análisis sensorial de quesos. La cata, es toda un área técnica. Desde hace 20 años trabajo en la Facultad de Agronomía de la UBA en análisis sensorial de queso, que está muy relacionada con la Ingeniería de Alimentos.
Vamos un poco a tus comienzos. ¿Por qué te acercaste a esta temática y te decidiste estudiar en la UNLZ?
Quería estudiar algo relacionado con la producción animal, mi papá tiene un campo muy chiquito en Las Flores y toda mi vida estuve yendo ahí. Así que sabía que me quería dedicar a algo del campo. En 1988 estaba buscando qué estudiar, iba por agronomía o veterinaria pero no me convencían. Buscando en la Guía del Estudiante me puse a leer sobre las carreras agropecuarias y encontré ingeniería zootecnista.
Soy de Lomas de Zamora y resulta que la carrera se daba en la Universidad de la región que, por supuesto, no conocía para nada, o en Tucumán; eran las dos opciones. Si bien la UNLZ me quedaba a una hora y media, dije vamos con esto porque cuadra justo para mí.
¿Y se cumplieron tus expectativas?
Sí, tengo muy buenos recuerdos, en todo sentido. A la distancia veo que si bien teníamos materias como matemáticas, química, biología que son básicas, había una materia que se llamaba ICA, (Introducción al Conocimiento Agropecuario), que era un resumen de lo que íbamos a ver en la carrera. Te hablaban un poco de apicultura, de producción de carne, de varios temas. Me parece que es súper importante para estimular a los alumnos tener alguna materia que sea genérica de lo que después vas a terminar sabiendo más en profundidad.
¿Qué pensás que te aportó la facultad para el trabajo profesional?
Me dio toda la base, fundamental, porque me dedico a los quesos, que es un producto que empieza en el campo. Todo el conocimiento que tengo de producción de leche, el peso de los animales, de las razas, lo que tiene que ver con la producción primaria. A veces pasa cuando hay un defecto del queso y un experto me dice “es por tal cosa de la leche”, yo sabía perfectamente lo que me estaba diciendo, no tenía que indagar o leer. O si me hablan de una enfermedad en los animales, sé si se puede transmitir a la leche. No necesito que me expliquen porque yo sé qué test hay que hacer para esa enfermedad, o el plan de vacunación.
Parece que no, pero con los años, dije es un backup que me dio una base sólida. En la carrera hay una materia fundamental, que es Bromatología, donde se ve más el alimento. En esa materia fue cuando pensé creo que los quesos son lo mío. Fui ayudante de esa materia por dos años y realmente me gustó mucho. Ahí empecé a hacer cursos de quesos. Después fui a España a especializarme en lo que a me gustaba, la elaboración de quesos.
Es interesante lo que planteas porque muchos definen el perfil profesional terminada la carrera. En tu cosa fue durante, y te fuiste capacitando con cursos y demás.
Sí, y una cosa que tiene la UNLZ, que hace que la carrera sea muy amena y eso continúa aún hoy, es que somos menos alumnos que por ahí en otras universidades. Yo trabajo en la UBA y el número de alumnos es mucho mayor. En Lomas siempre tuvimos mucha cercanía con los docentes, con los profesores, la mayoría trabajaba en el medio agropecuario, entonces nos transferían todas sus experiencias. Tuvimos muchas prácticas en campos y eso lo valoro mucho. Venían expertos, nos contaban sus experiencias. A mí me sirvió mucho todo esto.
Argentina y el mundo del queso
¿Cómo está posicionada Argentina en este mundo del queso y hacia dónde va la industria local?
Argentina es el noveno productor mundial de queso, no es poco. Estamos novenos o décimos, depende mucho del año, la coyuntura, pero estamos ahí. Y es el más importante en volumen de Latinoamérica, sobre todo en quesos de vaca. Se hacen quesos por todos lados, principalmente en la Pampa Húmeda, pero también en el norte, en el sur. El queso de vaca es nuestra especialidad, pero también hay de cabra, de oveja y búfala. Tenemos los cuatro tipos de queso.
Hay cuestiones de coyuntura que por ahí no nos hacen estar más arriba en cuanto a calidad de quesos o aportaciones. Argentina exporta quesos, pero más industriales. Aunque en los últimos años tenemos cada vez más productores de quesos especiales, quesos que no son los típicos que hacen muchas empresas, que son necesarios, porque los consumimos, pero también hay mucho productor de queso con nombre propio en distintas localidades: Esto cada vez está más en crecimiento e incluso algunos de ellos han ganado premios afuera.
Hay que tener en cuenta que cuando son premiados afuera enseguida viene alguien a querer comprar ese queso. La situación es que a veces porque no tienen escala, se complica bastante y también hay que sacar los números para ver si conviene exportar o no.
¿Existe en el queso algo así como la denominación de origen en los vinos?
En Europa hay muchísimas denominaciones de origen de quesos. De hecho, Roquefort, Manchego, puedo nombrar muchísimas porque la verdad que son más de 200 denominaciones de origen entre todos los países.
¿Argentina no tiene ninguno?
Argentina tiene la Ley de denominaciones de origen, el Ministerio de Agricultura es el organismo de promoción, a través del área de Agregado de Valor (no sé cómo queda ahora el nombre). En Argentina está la ley, es muy parecida a la europea y tenemos productos con denominación de origen, pero no en quesos. Hay en salame, cordero, chivito, melones, membrillo, alcauciles, unas 15 o 16, no es mucho para un país como Argentina. Y en quesos, a punto de salir está el de Tandil. El nombre correcto es “banquete de Tandil”, que está a un 90% de la Denominación de Origen, le falta una cuestión de papeles.
¿Qué permite la denominación de origen?
Es agregado de valor, es un sello donde garantizas la calidad del producto, entre ellas la calidad dada por la región. Eso en Europa gusta muchísimo, todo el tema de lo que es lo regional. En Argentina por ahí no hay tantas denominaciones de origen porque como quizás no están dadas las condiciones para exportar y tal vez lo vas a seguir vendiendo en tu localidad, no se termina monetizando el diferencial de calidad.
¿Argentina puede desarrollar una marca país en quesos?
Argentina es un país que se ve desde afuera como un país productor de alimentos, no sólo producción primaria. Se relaciona mucho con lo que a ellos les gusta, el animal en el campo, muchas variedades de mieles porque tenemos muchos climas. Me parece que, pensando en exportación, la marca país Argentina, región pampeana o Patagonia son productos que se venden solos.
En Salta, por ejemplo, hay en un lugar que se llama Amblayo, un pueblito camino a Cachi, donde típicamente se hacen quesos de cabra caseros. Para mí es una región para decir: “Vamos a mejorar las condiciones de la gente, a capacitarlos y a tener un queso con denominación de origen”. Eso generaría ingresos para la gente del lugar, después vemos si se exporta o no. Argentina tiene muchos casos así, cosas que en Europa están totalmente aprovechadas para beneficio del que lo produce y beneficio de la región.
¿Qué es lo más raro que te pasó en un concurso de quesos?
Este año tuve una situación bastante reveladora, que es la producción de quesos en los fiordos en Noruega. Tenía una determinada concepción de los fiordos, toda mi vida me imaginé montañas, acantilados, mar y no más que eso. No sabía que ahí vivía gente que son productores de queso y de sidra, porque también hay mucha manzana.
Tuve la posibilidad de visitar unos 8 o 9 productores muy chiquitos antes de ir al concurso. Estoy hablando de productores que viven con 10 vacas, el que más tenía 60 vacas que era como un súper productor. En los fiordos hay mucha humedad, mucho pasto verde, y se produce leche y quesos, con valor agregado por ser artesanales. Fue revelador porque dije si acá se pueden hacer esto, qué se podrá en otras condiciones, porque Noruega es un país hostil en el clima.
Pero por ahí lo que más me llamó la atención es que los noruegos tienen un queso marrón. Uno se queda pensando ¿será queso o no, tendrá colorante? Para los argentinos es como un dulce de leche sólido, para ellos es un queso. Es un queso marrón, entre dulce y salado es algo muy raro. Desayunan con eso y a mí me resultó muy raro. De hecho, no me gustó mucho porque no es ni dulce de leche, ni queso.
¿Cómo ves los quesos de lo que por ahí es el primer mundo del queso, Italia, España o Francia?
Hay muchos quesos buenos. En Inglaterra he probado unos quesos de una calidad espectacular, pero quizás, Francia o Italia sean los referentes por variedades de queso. En el norte de Italia, por ejemplo, el parmesano Reggiano es un emblema para los italianos, para mí no hay que dejar de probar eso. En Europa se da mucha difusión, te das a conocer y es sinónimo de ventas, todo tiene que ver con el mercado porque tienen que vender esos quesos.
En el sur de Italia está el queso pecorino, es un queso de oveja. Acá en Argentina hay varios productores de queso oveja que hacen esta receta. Y en Francia como conocido está el roquefort, pero también hay quesos de cabra.
¿Qué recomendás para la picada?
Por ahí animarse a una tabla de quesos solos, no con los fiambres. Poner cuatro o cinco quesos, bien distintos, poner uno de cabra, un queso azul, no todo de vaca. Hay que pensar en 120 gramos de queso por persona en total, es decir si tenés 10 personas vas a necesitar 1,2 kilo de queso. Lo bueno es que da mucha sensación de saciedad. Cuando comés varios quesos enseguida es como que te llenas.
Ponerle frutas, uvas, manzanas, frutas secas, pasas de uva, higos. El queso va muy bien con las frutas, es muy agradable con fruta fresca, fruta seca, en almíbar o fruta desecada. En esta época los dátiles son carísimos, entonces ir con pasas de uva, que igual da bien. Y a esa tabla le pones 7, 8 mitades de nueces, y está muy bueno para acompañar el queso con algún vino. El vino rosado va muy bien con todos los quesos.
Un grupo de 14 productoras que desarrolla la cadena de valor del cuero de cabrito busca potenciar la independencia económica de las mujeres dentro del territorio. Con el acompañamiento del INTA Catamarca, trabajan para la obtención del sello orgánico con el fin de certificar y exportar sus productos.
Catamarca, 30 enero (PR/24) — La emergencia sanitaria a causa de la pandemia puso al descubierto la vulnerabilidad que viven las mujeres en los ámbitos rurales, esto impulsó a un grupo de dulceras de Catamarca a buscar alternativas productivas que brinden oportunidades económicas para afrontar contextos adversos.
Con el acompañamiento del INTA, comenzaron una reconversión de su actividad y viraron hacia la curtiembre de cueros, confección de prendas y accesorios artesanales en busca de mayores ingresos económicos e incentivar el rol de la trabajadora rural en la cadena productiva de la provincia. Actualmente proponen una normativa nacional para la Ley de Orgánicos, pionera a nivel mundial, para certificar y exportar cuero de pequeños productores.
Erica Guzman –técnica de la Agencia de Extensión Rural Capayán, Catamarca– explicó: “Recurrieron a sus saberes ancestrales y vínculos con el territorio para conformar una cooperativa, esto las llevó a aprender y mejorar un proceso que aprovecha los residuos de la actividad ganadera, como el cuero, para confeccionar accesorios y vender la materia prima a artesanos locales, estudiantes y agrupaciones gauchas de forma amigable con el medioambiente y con el beneficio de potenciar la producción artesanal en la provincia”.
Las productoras –de diferentes departamentos del Valle Central de Catamarca, en Capayán, Capital y Valle Viejo– se identifican como “Curtiendo nuestras raíces”, el grupo se conforma por 14 mujeres y actualmente sumaron 6 hombres. Gracias al trabajo en conjunto con el equipo del INTA se encuentran próximas a recibir su matrícula como cooperativa y su comercialización anual sumó más de 1300 cueros de diferentes curtidos en forma artesanal en un proceso que dura 40 días.
La actividad del grupo sirvió para que se desarrolle una cadena de valor del cuero de cabrito que potencia el trabajo de las mujeres del territorio. Para ello, compran la mayor cantidad de cueros a mujeres, actualmente 40 productoras, repartidas en los departamentos Capayán, La Paz –cuero de cabritos–, Tinogasta –cuero de cabras– y Antofagasta de la Sierra –cuero de llama–.
Estas productoras se destacan en su labor por apoyar y brindar oportunidades a muchas mujeres del territorio en la búsqueda de su independencia económica. Guzman indicó que “la actividad del cuero no la realizaban las mujeres, era cosa de hombres y una actividad que estaba casi perdida en el Valle Central”.
“Estas mujeres con problemáticas vinculadas a cuestiones de género se acercaron al INTA para solicitar acompañamiento ante la situación de vulnerabilidad potenciada por la pandemia”, detalló Guzman.
El INTA trabajó en la conformación del grupo para fortalecer sus vínculos y formar una cooperativa. Se capacitaron en el uso de herramientas de comercialización, elaboración de reglamento interno de trabajo y construcción de una identidad visual que las identifique, entre otras.
“Han logrado mejorar su técnica, adquirir capacidades en la confección de artesanías y prendas para damas, y trabajar en forma amigable con el medio ambiente, a partir del aprendizaje de una técnica de curtido que no utiliza cromo y sulfitos en el proceso”, puntualizó Guzman.
El INTA acompañó la gestión de fondos externos ante otras instituciones, así se logró la aprobación del financiamiento de maquinarias e insumos, como también en la comercialización además de la vinculación con diferentes Instituciones y productoras locales quienes proveen la materia prima.
Un punto importante en su labor es que, a partir de la demanda de venta de cuero a Europa, trabajan en forma conjunta con la Mesa de Orgánicos de la provincia y la Cámara Argentina de Certificadores en una propuesta de normativa nacional para la Ley de Orgánicos que será pionera a nivel mundial, la cual brindará la oportunidad de certificar y exportar cuero de los pequeños productores.
Guzman destacó: “Uno de los próximos pasos a seguir es lograr el teñido natural del cuero. Para ello, se investiga en la sabiduría de las tejedoras del oeste y en sus recetas de teñido de lanas. Esta será una experiencia innovadora porque no hay antecedentes con el uso de tintes naturales”.
El contexto laboral de este grupo de mujeres rurales, con problemáticas de género, fue difícil en sus inicios. Hoy con el acompañamiento del INTA y la apertura de otras instituciones trabajan para consolidar su emprendimiento que les reditúa económicamente, y les permite recuperar saberes ancestrales de manera sustentable.