Roma, martes 22 abril (PR/25) — Para él iba a ser un pontificado “breve”, de “cuatro o cinco años”. Pero el destino quiso otra cosa. Y, con una salud frágil y múltiples achaques, Francisco murió a los 88 años, como el tercer papa más longevo de la historia de la Iglesia católica.Primer papa jesuita y “del fin del mundo”, como él se había presentado en esa tarde del 13 de marzo del 2013 cuando se convirtió en el sucesor de Benedicto XVI (2005-2013), que había conmocionado al mundo con su renuncia, Francisco, el 266° Pontífice de la historia, será recordado como un papa reformista. Fue el primer papa no europeo —aunque de origen inmigrante italiano—, llegado desde la periferia y outsider, que removió las aguas e hizo “lío” —terminó acuñado por él?, al llamar a la Iglesia a abrirse al mundo de hoy, a ser misionera y a no condenar, sino a acompañar e integrar a todos. Se destacó por su estilo humilde, auténtico, sencillo, austero, cercano, sobre todo hacia los últimos, los pecadores y los “descartados”, y con el que desacralizó el papado, institución antes vista como inaccesible.
El papa Francisco pronuncia la bendición Urbi et Orbi al final de la Misa de Pascua en la Plaza de San Pedro en el Vaticano el 27 de marzo de 2016. OSSERVATORE ROMANO
Consciente de la importancia de los medios y de que las imágenes muchas veces dicen más que mil palabras, Francisco impactó desde el principio por sus gestos. Como cuando abrazó a un hombre deformado por una enfermedad en la Plaza de San Pedro o cuando, como hacía en Buenos Aires, en su primer jueves santo fue a una cárcel de menores y les lavó los pies a los presos, incluyendo mujeres o musulmanes, lo que sorprendió al mundo. Crítico acérrimo del clericalismo, de los oropeles y de una curia romana que reformó para ponerla al servicio de las demás iglesias del mundo —y que él mismo definió como “una de las últimas cortes europeas”—, Francisco fue un papa que, como hombre libre, se atrevió a hacer lo que nunca antes se había hecho, en sintonía con su tiempo. Un tiempo que solía describir como un “cambio de época”, marcado por conflictos, guerras, injusticias, una pandemia, la irrupción de las redes sociales, el movimiento Me Too, que dio voz a las víctimas de abusos y agresiones sexuales, la proliferación de noticias falsas, el avance de la Inteligencia Artificial (IA) y, últimamente, un avance de una ultraderecha nacionalista encerrada en sí misma y hostil a los migrantes. Muy querido también por no católicos, intelectuales y estudiantes universitarios, que admiraban su apertura y su aguda inteligencia jesuita, Francisco fue, en contraste, aborrecido por los sectores católicos ultraconservadores. Con una visión blanco y negro de la realidad, estos se oponían a su concepción de la Iglesia como un “hospital de campaña”, llamado a sanar las heridas del mundo actual y a acoger a todos sin excepción: divorciados vueltos a casar, personas LGBTQ+, migrantes, presos. “Todos, todos, todos”, solía repetir en sus últimos años.
El entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio de Argentina lava y besa los pies de los residentes durante una misa del Jueves Santo en el barrio Parque Patricios de Buenos Aires el 20 de marzo de 2008. STRINGER/ARGENTINA – X01488
Desde el primer momento, estos sectores no pudieron digerir su modo de ser distinto, descontracturado, acorde a la Iglesia de los orígenes y al Evangelio. No pudieron tolerar ese “buonasera” con el que se presentó ante las masas en la Plaza San Pedro tras ser electo el 13 de marzo de 2013. Entonces, en otro gesto disruptivo que marcaría una línea roja en su pontificado, antes de impartir su solemne bendición a la multitud, ese desconocido y tímido arzobispo de Buenos Aires se agachó y le pidió al pueblo allí presente —el pueblo de Dios, una categoría del Concilio Vaticano II (1962-1965)—, que le pidiera a Dios, desde el cielo, que le diera su bendición. Carrera de obstáculos Devoto de San José y de Santa Teresita, Jorge Bergoglio fue una figura singular, siempre capaz de sorprender. Su vida, una auténtica carrera de obstáculos, estuvo marcada por la llegada a cargos de gran responsabilidad en momentos turbulentos, sin haberlos buscado. Sin saberlo, cada desafío lo fue preparando para el papado. Hijo de inmigrantes italianos, el mayor de cinco hermanos en una familia de clase media, nació el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires. Su infancia transcurrió con normalidad, pero estuvo profundamente influenciada por su abuela paterna, nonna Rosa, quien le inculcó la fe en un Dios misericordioso.
Durante la década del 60, los Bergoglio en su casa de Flores. De pie: Alberto Horacio, Jorge Mario, Oscar Adrián y Marta Regina. Sentados: María Elena, Regina María Sivori y Mario José Francisco. AP
Jugaba al fútbol, al básquet y al billar, leía mucho y era buen estudiante. Aunque su madre, Regina, soñaba con que fuera médico, desde joven sintió que su verdadera vocación era la “medicina del alma”. Tuvo una adolescencia como la de cualquier otro joven: rodeado de amigos, salía a bailar e incluso tuvo una novia. Sin embargo, el llamado de Dios le llegó el 21 de septiembre de 1953, después de una confesión, cuando tenía 16 años. Aun así, decidió esperar antes de ingresar al seminario metropolitano de Buenos Aires, lo que hizo finalmente a los 20 años, en 1957. Después de una neumonía que lo dejó al borde de la muerte y le costó la ablación de la parte superior del pulmón derecho -algo que le significó una fragilidad crónica de los bronquios que lo acompañó hasta el final-, decidió convertirse en jesuita a los 21 años, con el sueño de ser misionero en Japón. Durante sus estudios humanísticos en Chile, comenzó a desarrollar la visión de una Iglesia comprometida con los más vulnerables, una perspectiva que marcaría tanto su vida como su pontificado.
Entre 1967 y 1970, Jorge Bergoglio cursó estudios de teología en la Facultad de Teología del Colegio Máximo de San José, en el Partido de San Miguel AP – EL SALVADOR SCHOOL
En 1964, aún dentro de su período de formación y ya licenciado en Filosofía, fue maestrillo en el Colegio jesuita de la Inmaculada Concepción de Santa Fe. Allí enseñaba Literatura y Psicología. Tenía 28 años y seducía por su carisma y sentido del humor. Luego de ordenarse sacerdote en 1969, en 1973, con tan solo 36 años, se convirtió en el Provincial más joven en la historia reciente de los jesuitas, con quienes tuvo una relación conflictiva. Eran tiempos de grandes expectativas y profundos conflictos, no solo dentro de la Iglesia católica, sacudida por los vientos de cambio del Concilio Vaticano II, sino también en la Argentina, al borde de una atroz guerra sucia. A pesar de su juventud, Bergoglio enfrentó con firmeza y determinación aquel primer gran desafío de gobierno, aunque no sin errores. “Mi gobierno como jesuita al comienzo tuvo defectos. Tenía 36 años: una locura. Había que afrontar situaciones difíciles, y yo tomaba mis decisiones de manera brusca y personalista”, reconoció Francisco en una entrevista con la revista jesuita Civiltà Cattolica en septiembre de 2013.
El cardenal Jorge Bergoglio ANÍBAL GRECO
Sus detractores de aquella época lo retrataron como una figura rígida, conservadora y opuesta a los sectores progresistas y a la Teología de la Liberación. Sin embargo, la acusación más grave que enfrentó durante sus años como Provincial fue la de haber sido cómplice de la dictadura militar y de haber “entregado” a los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics, desaparecidos el 23 de mayo de 1976. Una acusación totalmente falsa, que dio origen a una “leyenda negra” alimentada por sus adversarios. La historia fue muy distinta. En silencio, Bergoglio hizo todo lo posible para que los militares liberaran a Yorio y Jalics. Y también ayudó a muchísima otra gente a ocultarse o a escapar de esa Argentina enloquecida, víctima del terrorismo de Estado, como confirmó el libro La lista de Bergoglio, de Nello Scavo; y uno de los últimos libros de Francisco, Vida, mi historia a través de la Historia. Fue luego rector del Colegio Máximo de San Miguel, también jesuita, en las afueras de Buenos Aires, entre 1979 a 1985. Enseñaba allí Teología, pero no se quedaba encerrado en su oficina. Salía a embarrarse los pies, a predicar con el ejemplo. Multifacético, lavaba la ropa, cocinaba para todos, trabajaba en el campo, incluso con los chanchos. Y mantenía las puertas del Colegio Máximo abiertas para la gente de los barrios humildes que había a su alrededor. No sólo organizaba la catequesis de los niños, sino también campeonatos de fútbol y hasta campamentos de verano en la costa.
En esta imagen del 24 de marzo de 2011, publicada por el equipo de fútbol San Lorenzo de Almagro el 13 de marzo de 2013, el entonces cardenal argentino Jorge Bergoglio sostiene una pequeña bandera de San Lorenzo CLUB ATLETICO SAN LORENZO DE ALMAGRO
En 1986 —enfrentado a las autoridades jesuitas locales—, pidió permiso para viajar a Alemania. Quería hacer una tesis sobre el teólogo italiano naturalizado alemán, Romano Guardini (1885-1968), que nunca llegó a terminar. De carácter decidido y a veces inescrutable —al punto de que algunos jesuitas lo apodaban “la Gioconda”—, generaba tanto adhesión como rechazo. Entre 1990 y 1992, fue enviado como confesor a la Residencia Mayor jesuita de Córdoba, en un virtual destierro. Sin embargo, su trayectoria dio un giro cuando el entonces arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Antonio Quarracino, lo rescató de ese exilio y logró que Juan Pablo II lo nombrara primero obispo auxiliar de Buenos Aires en 1992 y, más tarde, en 1997, obispo coadjutor con derecho a sucesión, lo que se convirtió en su gran trampolín hacia el papado. Al asumir en 1998 como el primer arzobispo jesuita de Buenos Aires, otra vez Bergoglio se vio obligado a capear tormentas: primero un escándalo financiero heredado de su antecesor, luego el caos económico y político de la Argentina en default. Además, tuvo que enfrentarse a una guerra llena de golpes bajos que empezó a hacerle un ala de la Iglesia argentina de derecha, vinculada a un sector conservador de la curia romana.
El presidente Fernando De la Rúa agradeció al arzobispo de Buenos Aires, cardenal primado Jorge Bergoglio, la oración por las víctimas de los atentados.
Bergoglio continuó sorprendiendo con su estilo de ser arzobispo, muy distinto al de sus predecesores. Al igual que luego, como Francisco, decidió no residir en el Palacio Apostólico del Vaticano, sino en el austero hotel de Santa Marta —un verdadero escándalo para los ultraconservadores—, en Buenos Aires rompió esquemas: optó por no vivir en la residencia reservada para el arzobispo, ubicada en Olivos, en las afueras de la ciudad. En su lugar, se instaló en un sobrio cuartito de la curia porteña, en la emblemática Plaza de Mayo. Además, siguió utilizando el colectivo y el subte para desplazarse, regaló el auto oficial y reubicó al chofer. Como arzobispo, era incansable, con una capacidad de trabajo inmensa, una aguda inteligencia política y una memoria digna de un estadista. Atendía a cualquiera que golpeara su puerta e instauraba una relación personal y paternal con cada uno de los sacerdotes a su cargo. Apoyó especialmente a los llamados curas villeros y su labor en los barrios de emergencia de Buenos Aires, trabajando con los más pobres, donde, además, rescató las manifestaciones de religiosidad popular. Un cónclave sorpresivo ¿Cómo llegó a ser Papa ese arzobispo del fin del mundo que, el 11 de febrero de 2013, al anunciar su renuncia Benedicto XVI, ya estaba a punto de jubilarse, que a los 75 años, había presentado su carta de renuncia a la sede de Buenos Aires y ya tenía lista su habitación en un hogar de sacerdotes retirados? Una combinación de factores lo catapultó al trono de Pedro. Tras ser relator del sínodo de obispos de 2001 y miembro de diversas congregaciones del Vaticano, su prestigio internacional había ido creciendo. Cultor del perfil bajo y sin jamás haber participado de lobbies o “cordate”, había sido el segundo más votado después de Joseph Ratzinger en el cónclave de 2005 que eligió al sucesor de Juan Pablo II. Además, desempeñó un rol crucial en la redacción del documento de la Conferencia General del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) de Aparecida, Brasil, en 2007.
El saludo a la multitud de Jorge Bergoglio el 13 de marzo de 2013, el día en que se convirtió en Francisco DYLAN MARTINEZ
A diferencia de 2005, en el cónclave de marzo de 2013, marcado por la renuncia del papa alemán, no había un candidato de reconocida estatura como lo había sido en su momento Joseph Ratzinger. Por otra parte, reinaba entre los cardenales un clima anti-italiano: los escándalos de los meses anteriores, con robo de documentos reservados de parte del mayordomo (el famoso Vatileaks), intrigas, venenos y denuncias de corrupción, nepotismo y hasta un lobby gay, tenían como protagonistas a prelados italianos. Se buscaba a un pastor, a un hombre de Dios, que tuviera capacidad de gobierno y que pudiera inspirar: cualidades que reunía Bergoglio, considerado por algunos fuera de juego debido a sus 76 años. Y su intervención en una de las reuniones pre-cónclave, el 9 de marzo, fulguró a los demás cardenales. El arzobispo de Buenos Aires habló de evangelización, la razón de ser de la Iglesia, que tiene que salir de sí misma e ir hacia las periferias no sólo geográficas, sino también existenciales. Criticó a la Iglesia “autorreferencial, enferma de narcisismo y mundana, que vive por sí y para sí”, que contrastó con “la Iglesia evangelizadora, que sale de sí misma”. “Esto debe iluminar los posibles cambios y las reformas por realizar para la salvación de las almas”, aseguró, sin imaginar entonces que estaba revelando el programa de su papado. La “conversión del papado” Hombre libre, que jamás estudió en Roma como sus predecesores, Jorge Bergoglio sorprendió desde el principio. Lo hizo al elegir llamarse “Francisco”, el santo de los pobres y de la naturaleza, patrono de Italia. Un nombre que nadie antes se había atrevido a utilizar y que, además, representaba un programa de gobierno, tal como lo reflejó uno de sus documentos más importantes: la exhortación apostólica La alegría del Evangelio (Evangelii Gaudium), de noviembre de 2013, en la que incluso abordó la necesidad de una “conversión del papado”. Aparte de dejar a todos boquiabiertos cuando, desde la “loggia” central de la Basílica de San Pedro, se agachó e imploró que los fieles de la plaza le pidieran a Dios que lo bendijera, algo jamás hecho por ningún Pontífice, Jorge Bergoglio era consciente de que había sido elegido no porque un papa hubiera muerto, sino porque había renunciado, lo que marcaba el inicio de una convivencia inédita con el papa “jubilado”. En ese mismo momento, también pidió una oración por él. Esa extraña cohabitación, que duró casi diez años, hasta el 31 de enero de 2022, cuando falleció Joseph Ratzinger, fue serena, según relató el propio papa Francisco en El sucesor, un libro-entrevista con el periodista español Javier Martínez Brocal, que tiró por la borda el falso mito de los dos papas enemigos. Sin embargo, el Papa Francisco confirmó que hubo sectores opuestos a su pontificado que intentaron, en vano, usar a Benedicto –un hombre sabio y valiente a quien siempre admiró– como una figura contrapuesta.
El papa emérito Benedicto XVI es recibido por el papa Francisco durante una ceremonia para conmemorar su 65° aniversario de ordenación al sacerdocio en el Vaticano, el 28 de junio de 2016
Bergoglio también impactó al rechazar los símbolos pontificios. No quiso los zapatos rojos —se quedó con sus ortopédicos negros— ni la cruz pectoral dorada —mantuvo su cruz plateada con la imagen del buen pastor—, la capa, la limusina, el departamento del Palacio Apostólico. Este se hubiera convertido en una virtual jaula dorada u embudo que lo habría alejado de la realidad y que le habría provocado “problemas psiquiátricos”, siempre explicó. Por eso, prefirió quedarse a vivir en la comunidad de Santa Marta, provocando malhumores en la curia y en la gendarmería vaticana. Ya no había un papa fácil de proteger, “controlable”, sino un papa “libre”, que seguía manejando su agenda de forma personal e independiente de la curia. Y que, al margen de la agenda oficial, organizada por la Prefectura de la Casa Pontificia, tenía una agenda paralela, por la tarde, que se armaba él, que sólo se haría pública si el invitado daba cuenta de ella. Además de comenzar a predicar el Evangelio y el amor revolucionario de Jesús, que lo perdona todo, de manera novedosa y con un lenguaje sencillo y comprensible durante las misas matutinas en la capilla de Santa Marta, Francisco pasó a la acción.
El papa Francisco asiste a la inauguración de la escultura que conmemora a los migrantes y refugiados titulada «Ángeles Inadvertidos» del artista canadiense Timothy Schmaltz en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el 29 de septiembre de 2019. VATICAN MEDIA – X01934
Tal como reclamaron los demás cardenales en las congregaciones generales, es decir, las reuniones pre-cónclave, lo primero que emprendió fue una reforma de las finanzas del Vaticano. Tras los escándalos que marcaron los años de Benedicto, era necesario hacer una limpieza. Había que revertir la corrupción, el nepotismo y las prácticas oscuras de negocios que se habían anidado durante siglos en la Santa Sede, además de la “suciedad” y los lobbies denunciados por Benedicto XVI, algo sumamente difícil, ya que implicaba romper el statu quo. Fue así como el Papa creó la Secretaría para la Economía (SPE), una institución que antes no existía, y nombró al cardenal australiano George Pell al frente de la misma. Al revisar las cuentas en rojo, Pell rápidamente cosechó enemigos dentro de la curia. En 2017, Pell tuvo que abandonar ese cargo clave tras ser acusado en su país natal de abusos. Paradójicamente, más allá de ser un aliado en la tarea de limpieza, fue uno de los grandes líderes de la oposición conservadora a Francisco. Murió en 2023 a los 81 años; en un artículo póstumo, definió el pontificado de Francisco como “un desastre en muchos aspectos, una catástrofe”. Más allá de esto, a través de sus sucesores en la SPE (primero el jesuita español Juan Antonio Guerrero Alves y luego el laico español Maximino Caballero Ledo), y mediante diversos “motu proprio” —decretos emitidos por voluntad propia del Pontífice—, Francisco implementó nuevos sistemas y mecanismos que incluyeron controles, presupuestos y licitaciones en lo que antes era una verdadera jungla. También nombró un auditor general, un comité de inversiones y renovó los estatutos del IOR (Instituto para las Obras de Religión).
El papa Francisco preside la Misa «In Coena Domini» de la Cena del Señor del Jueves Santo de la Semana Santa en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, el 9 de abril de 2020. EVANDRO INETTI – ZUMA WIRE
Por otro lado, en otra movida audaz, le quitó a la Secretaría de Estado el manejo de fondos reservados. Gracias a los nuevos controles, se destapó un escándalo por una inversión fallida con fondos reservados realizada por la Secretaría de Estado en Londres, que determinó un juicio por malversación de fondos en el Vaticano. Por primera vez, un tribunal vaticano condenó a un cardenal: el otrora influyente exsustituto, Angelo Becciu, un hecho sin precedentes. Al mismo tiempo, para desmantelar esa corte que tanto criticaba, la “última monarquía absoluta de Europa” —como solía decir—, trabajó en una drástica reforma de la curia romana, la administración central de la Iglesia. Para apoyarlo en este proceso y aconsejarlo en el gobierno universal de la Iglesia, lo que representó otra gran novedad, Francisco creó inmediatamente después de su elección un Consejo de Cardenales asesores de todos los continentes.
El Papa recibe a Trump en una audiencia privada en el 2017 ALESSANDRA TARANTINO – AP
Después de nueve años de trabajo, el 19 de marzo de 2022, Francisco promulgó la Constitución Apostólica “Predicad el Evangelio”, que reformó drásticamente la curia romana. Según este documento, la prioridad pasó a ser la evangelización. De hecho, el nuevo Dicasterio para la Evangelización, presidido por el Pontífice, se convirtió en el principal, reemplazando a la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Santo Oficio, que custodiaba la ortodoxia católica. En tercer lugar, se situó el Dicasterio para el Servicio de la Caridad, que antes era la Limosnería apostólica. Otro cambio importante fue la apertura a los laicos y a las mujeres en cargos directivos del Vaticano, una institución históricamente dominada por hombres. Fiel reflejo de una verdadera revolución en ese sentido, en enero de 2025 convirtió a la monja italiana Simona Brambilla en la primera mujer “prefecto” del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, el “ministerio” que se ocupa de todos los religiosos y religiosas del mundo; y a partir de marzo designó a la religiosa Raffaella Petrini como titular del Governatorato, ente que supervisa a casi 2000 empleados, así como el funcionamiento del día a día del Estado Ciudad del Vaticano.
El papa Francisco saluda a la gente en un barrio de Cartagena, Colombia, el 10 de septiembre de 2017. ARCHIVO – X90016
En paralelo a sus duras críticas al sistema económico capitalista, al que acusaba de “matar” y poner en el centro al “dios dinero” —lo que le valió ser tachado de “comunista”—, el Papa puso a los pobres y a los migrantes en el centro de su pontificado. El 19 de marzo de 2013, en su primera misa solemne, que rechazó que se llamara de “entronización” porque ya no había un papa-rey, sino de “asunción petrina”, colocó en primera fila, junto a los jefes de Estado y de Gobierno, a un cartonero: Sergio Sánchez, amigo de Bergoglio desde 2005. Poco después, hizo saber que su sueño era “una iglesia pobre para los pobres”, formada por “pastores con olor a oveja”. Y su primer viaje fue a la isla de Lampedusa, símbolo del drama de los migrantes que escapan de la miseria y las guerras, y que mueren en ese enorme cementerio llamado Mediterráneo. Pensando en los pobres, no solo instauró duchas bajo la columnata de la Basílica de San Pedro y refugios, sino que también recibió a personas sin hogar el día de su cumpleaños. Entre otros gestos, como recibir en más de una ocasión en el Vaticano a los movimientos populares —a quienes llamó “poetas sociales” e instó a seguir luchando por las tres “T” (tierra, techo y trabajo)—, instituyó en 2016 la Jornada Mundial de los Pobres. En esta misma línea, por primera vez en la historia, abrió un Jubileo fuera de Roma: el Jubileo de la Misericordia —concepto clave de su pontificado—, que inauguró a finales de 2015 en Bangui, capital de la República Centroafricana, uno de los países más pobres del mundo y asolado por una devastadora guerra civil. Con este gesto, rompió con el eurocentrismo que hasta entonces predominaba en el Vaticano.
El pueblo mapuche se encuentra con el papa Francisco durante una misa en la base aérea Maquehue Temuco, en Temuco, Chile, el 17 de enero de 2018. ALESSANDRO BIANCHI – X90015
En lo que quizás representó su mayor innovación, Francisco vinculó el grito de los pobres con el de la Tierra, cada vez más afectada por los efectos del cambio climático. Esta conexión quedó reflejada en su histórica y aclamada encíclica Laudato Sí, sobre el cuidado de la Casa Común. Publicada en junio de 2015, el documento precedió a la COP 21, la cumbre del cambio climático de París organizada por las Naciones Unidas, y logró influir en sus debates y conclusiones. Siete años después, el 4 de octubre de 2023, en vísperas de otra cumbre climática, la COP27 de Dubái, Francisco actualizó y profundizó su mensaje con una nueva exhortación apostólica titulada Laudate Deum. Antes de eso, escribió otras dos encíclicas. La primera, Lumen Fidei (“La luz de la fe”), publicada en junio de 2013, fue un trabajo realizado a cuatro manos con Benedicto XVI. En realidad, su predecesor había iniciado y casi concluido el documento, al que Francisco aportó sus propias contribuciones antes de publicarlo. La segunda, Fratelli tutti, sobre la fraternidad y la amistad social, vio la luz en 2020. La última fue Dilexit Nos, (Nos amó), sobre el amor humano y divino del corazón de Jesucristo, de octubre de 2024. Al margen de las ya mencionadas La alegría del Evangelio y Laudate Deum, Francisco dejó otras cinco exhortaciones apostólicas. Amoris Laetitia, sobre el amor en la familia, publicada en marzo de 2016, fue el documento posterior a los dos sínodos que convocó sobre este tema, cuyo capítulo octavo generó controversia en el ala conservadora de la Iglesia debido a su apertura a la comunión para los divorciados vueltos a casar en ciertos casos; Gaudete et Exsultate, de marzo de 2018, sobre el llamado a la santidad en el mundo actual; Christus Vivit, de marzo de 2019, posterior al sínodo sobre los jóvenes; Querida Amazonia, de febrero de 2020, posterior al sínodo sobre la Amazonía, un documento que dejó decepcionados a los sectores progresistas, quienes esperaban una apertura a la ordenación de hombres casados para suplir la escasez de sacerdotes en zonas remotas; y C’est la confiance, de octubre de 2023, sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios, con motivo del 150º aniversario del nacimiento de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz.
El papa Francisco habla con los periodistas durante una conferencia de prensa a bordo de un avión rumbo a Roma al final de su visita a Colombia el 11 de septiembre de 2017. POOL – X80003
Entrevistas y viajes Como arzobispo y cardenal primado de Buenos Aires, Bergoglio era conocido por no dar entrevistas. Sin embargo, todo cambió cuando se convirtió en Francisco: a lo largo de su pontificado concedió decenas de ellas, algo que, puertas adentro del Vaticano, no era del agrado de muchos altos prelados. Tampoco veían con buenos ojos las conferencias de prensa que ofrecía en el avión al regresar de sus viajes internacionales, ya que a menudo desataban polémicas y tempestades mediáticas. Sin filtros, Francisco contestaba las preguntas de los periodistas. “¿Quién soy yo para juzgar a un gay?”, por ejemplo, fue la frase que marcó su primera conferencia de prensa a 10.000 metros de altura, al regresar de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, en julio de 2013, el primero de sus 47 viajes internacionales a 67 países.
Francisco habla con la prensa en el avión que lo lleva de regreso de su gira por el sudeste asiático, en septiembre de 2024 GUGLIELMO MANGIAPANE – AFP
En todos estos viajes, en virtud de la cultura del diálogo y del encuentro que promovía para contrarrestar la “tercera guerra mundial en pedazos” en curso, Francisco dio pasos gigantes para superar la división entre los cristianos y fortalecer el diálogo interreligioso. Dejando de lado las diferencias teológicas, se centró en lo que une. En 2016, en el aeropuerto de La Habana, protagonizó un encuentro histórico: el primer cara a cara entre un Papa y el Patriarca Ortodoxo de Moscú, Kirill, desde el cisma de 1054. En 2017 conmemoró los 500 años de la Reforma Protestante en Lund, Suecia. Además, cultivó una estrecha amistad con el Patriarca de Constantinopla, Bartolomé, con quien compartió una firme alianza en la lucha por el medio ambiente y la defensa de los más desfavorecidos. También estrechó lazos con los anglicanos: en 2023 viajó a Sudán del Sur en un peregrinaje ecuménico por la paz junto al arzobispo de Canterbury, Justin Welby, y el Moderador de la Iglesia de Escocia, Iain Greenshields.
El papa Francisco saluda a los fieles junto al Patriarca Ecuménico de la Iglesia Ortodoxa, Bartolomé I, al llegar después de su misa en la ‘Rotonda’ en el Lungomare de Bari, para reunirse con otros líderes religiosos en la Basílica Pontificia de San Nicolás en Bari, en la región de Apulia, en el sur de Italia, el 7 de julio de 2018. ALBERTO PIZZOLI – AFP
El mismo enfoque, centrarse en lo que une en lugar de lo que divide, lo aplicó también al diálogo con las otras dos grandes religiones monoteístas: el judaísmo y, especialmente, el islam. Francisco logró recomponer el vínculo con los musulmanes, que se había visto afectado por el discurso de Ratisbona de Benedicto XVI. Visitó más de una docena de países de mayoría musulmana y entabló una estrecha amistad con el jeque Ahmad al-Tayyeb, Gran Imán de la universidad de Al-Azhar, considerada “el Vaticano” del islam sunnita, la corriente mayoritaria en el mundo (85%).
El papa Francisco reza frente al muro de la muerte en el antiguo campo de concentración nazi de Auschwitz en Oswiecim, Polonia, el viernes 29 de julio de 2016. L’OSSERVATORE ROMANO
El Papa firmó junto a este líder religioso un histórico Documento sobre la Fraternidad Humana en Abu Dhabi en febrero de 2019. Y lo consideró, junto a San Francisco de Asís, uno de los grandes inspiradores de la encíclica “Fratelli Tutti”. En otro orden, Francisco firmó en 2018 un acuerdo provisorio con China —país con el que el Vaticano no mantiene relaciones diplomáticas— sobre designaciones episcopales en la superpotencia comunista donde hay unos 12 millones de católicos. Se trata de un acuerdo cuestionado por sectores conservadores, pero considerado un hito de esa cultura del diálogo a ultranza, más allá de los problemas. El gigantesco escándalo de los abusos sexuales de menores cometidos por sacerdotes, estallado al final del pontificado de Juan Pablo II (1978-2005) y que continuó en el de su sucesor, Benedicto XVI, también le causó enormes dolores de cabeza. Aunque en marzo de 2014 creó una Pontificia Comisión para la Tutela de Menores, presidida por el cardenal Sean O’Malley, arzobispo de Boston ?diócesis de Estados Unidos especialmente golpeada por el escándalo?, el exarzobispo de Buenos Aires comprendió realmente la entidad del daño después de su viaje a Chile, en enero de 2018.
La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, da la bienvenida al papa Francisco en Chile en el aeropuerto Arturo Merino Benítez de Santiago el 15 de enero de 2018. VINCENZO PINTO – AFP
“Ahí me convertí”, admitió en una entrevista, al reconocer que se había equivocado en la percepción del problema en Chile, a cuya población le pidió públicamente perdón en una carta. Al margen de invitar a tres víctimas chilenas a convivir a su casa de Santa Marta, ocasión en la que les pidió, de nuevo, perdón y de convocar a una cumbre antiabusos a los presidentes de todos los episcopados, Francisco en su pontificado aprobó muchas leyes para que los obispos sean responsables e instruyan correctamente los casos de abusos sexuales a menores. Muchos vaticanistas creen que este tema será crucial a la hora de elegir a su sucesor, que deberá tener un currículum “limpio” en este sentido.Preparando al sucesor Hablando de sucesor, a lo largo de su pontificado y a través de nueve consistorios, es sabido que Francisco internacionalizó como nunca el Colegio Cardenalicio. Rompiendo la tradición, designó como sus máximos colaboradores no a arzobispos de diócesis grandes cuyos titulares antes automáticamente recibían el birrete color púrpura, sino que premió a esos prelados “con olor a oveja” de ciudades y países periféricos, nunca representados. Así, transformó la geografía del cónclave que elegirá a su sucesor. Ya no hay una mayoría europea, como cuando fue electo y donde más de tres cuartos de los cardenales electores (menores de 80 años), fueron designados por él. Algo que, de todos modos, no garantiza que su sucesor, el papa 267, seguirá sus pasos de gran reformador. Aunque muchos creen que, en muchas cuestiones, tampoco podrá dar marcha atrás.
Foto: El papa Francisco, saludó a cardenales durante una aparición sorpresa al final de la misa del Domingo de Ramos en la plaza de San Pedro en el Vaticano el 13 de abril de 2025 TIZIANA FABI – AFP
NUEVA YORK, martes 22 abril (PR/25)- – Con la muerte del papa Francisco, la Iglesia católica ingresa en un momento de incertidumbre para el que el papa fallecido intentó prepararla.
En horas más, los cardenales de todo el mundo serán convocados a Roma para reunirse en cónclave y elegir a su sucesor, y deberían evaluar si la visión de Francisco —una iglesia misericordiosa e inclusiva— sigue siendo la correcta, o si hace falta un abordaje totalmente diferente, tal vez más enfocado en cuestiones de la fe cristiana.
Antes del inicio del cónclave, los cardenales pasarán hasta dos semanas reunidos en Roma para evaluar qué tipo de papa hoy es necesario, tanto para la Iglesia como para el mundo. Y a medida que avancen las deliberaciones, empezarán a preguntarse: “¿Cuál de nosotros?”. Sólo entonces, los 135 cardenales con derecho a voto —los menores de 80 años— se recluirán en la Capilla Sixtina y decidirán la elección.
Los cardenales serán conscientes de la importancia del momento actual. En los últimos meses del papado de Francisco, Occidente y el orden establecido tras la Segunda Guerra Mundial parecían a punto de fracturarse. El mundo ahora parece una jungla donde la fuerza se impone a la razón, donde los centros imperialistas —Estados Unidos, China, Rusia— compiten cada vez más ferozmente por afirmar su propia soberanía mientras pisotean la soberanía de naciones más pequeñas.
El papa Francisco recorrió la Plaza de San Pedro en su papamóvil tras impartir la bendición Urbi et Orbi final de la misa de Pascua Andrew Medichini – AP
Los cardenales también tendrán en cuenta el colapso social en muchos países: el creciente desmoronamiento de la convivencia cívica y el resentimiento furioso que subyace al auge del populismo nacionalista. También considerarán el aumento de la violencia y la perspectiva de más guerras, y se preguntarán qué le exige todo eso a la Iglesia en su conjunto y al papado en particular.
Aunque les preocupa la amenaza a la democracia y a las normas, es probable que la mayoría de los cardenales no lamenten la inminente desaparición del orden liberal, que muchos podrían considerar consecuencia del individualismo y la idolatría del mercado. Por el contrario, incluso podrían culpar al liberalismo occidental de lo que consideran graves desigualdades sociales, la privatización de la moral, la erosión de las instituciones y el desprecio por el bien común.
Muchos clérigos son tradicionalmente solidarios con los trabajadores, comparten la indignación de la gente común ante la forma en que la balanza se ha inclinado a favor de los ricos y los más formados, en detrimento de los trabajadores pobres.
Muchos cardenales de África, Asia y América Latina, de donde provienen casi la mitad de los electores, también están indignados por la globalización impulsada por el mercado, y creen que los valores liberales occidentales fueron impuestos al mundo, disolviendo los lazos de confianza, tradición, comunidad y familia.
El papa Francisco y Donald Trump, en 2017Alessandra Tarantino – AP
Al mismo tiempo, probablemente serán pocos los que estén impresionados por el ascenso de caudillos embanderados en las nociones de nación y de fe. Muchos tal vez consideren que Donald Trump, Elon Musk y sus secuaces son nihilistas que saben destruir pero no construir, y se horrorizarán ante el acoso a los migrantes y el temerario rechazo a las preocupaciones ambientales, ambos conceptos fundamentales para la doctrina social católica bajo el mandato de Francisco, quien durante su papado nombró al 80% de los cardenales que ahora tendrán que elegir a su sucesor.
Probablemente verán en el nuevo autoritarismo una señal de que el Estado ya no actúa como un freno a lo que San Agustín llamaba la “libido dominandi” (el deseo de dominar), sino que ahora el Estado la exalta en la figura de un autócrata.
La pregunta que enfrentan hoy los cardenales es esta: ¿cómo puede la Iglesia proteger y promover su misión en este nuevo escenario? Porque si el Estado liberal era indiferente a sus creencias, pero se conformaba con que la Iglesia hiciera caridad, los nuevos autoritarios quieren que la Iglesia bendiga su ideologías pagana, pero no que defienda al extranjero y al débil.
Como observador veterano del Vaticano y de la Iglesia, creo que es probable que los cardenales elijan a un papa que marque límites claros en defensa de la libertad de la Iglesia para proclamar sus valores, y que denuncie la tergiversación política de sus enseñanzas. Algunos podrían ver una analogía entre esta época y la de hace un siglo, cuando un papa timoneó la Iglesia a través de otra era de democracias en decadencia y autocracias en ascenso. En la época del totalitarismo que condujo a la Segunda Guerra Mundial, Pío XI (1922-1939) promovió y defendió una sociedad civil pluralista frente al poder asfixiante del Estado. Ahora, muchos cardenales pensarán que el nuevo Santo Padre debe hacer lo mismo.
El papa Francisco nombró cardenal al prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Víctor Manuel «Tucho» Fernández, durante el Consistorio Público Ordinario para la Creación de un nuevo Cardenal en la Plaza de San Pedro, el 30 de septiembre de 2023Franco Origlia – Getty Images Europe
En uno de los documentos doctrinarios más importantes del Vaticano del siglo XX, Pío XI detalló las obligaciones de la ley para proteger no solo la autonomía de la Iglesia, sino también la de todas aquellas instituciones intermedias —escuelas, organizaciones benéficas, sindicatos, organizaciones civiles— que no pertenecen ni al mercado ni al Estado, sino que surgen de grupos de personas que ponen en práctica los valores de su fe.
El impacto directo de esa doctrina quedó patente en la carta de apoyo que Francisco les envió en febrero a los obispos de Estados Unidos, quienes habían sido criticados implícitamente por el vicepresidente J.D. Vance —un católico converso que se reunió con el Papa este Domingo de Pascua— por el apoyo de la Iglesia a los migrantes.
Legado
El legado de Francisco ocupará un lugar destacado en la toma de decisiones de los cardenales: no sólo sus reformas, enseñanzas y prioridades, sino también su estilo, la forma en que encarnó y puso en práctica el Evangelio.
En marzo de 2013, tras la renuncia de Benedicto XVI y antes del cónclave que eligió a Francisco, los cardenales dejaron en claro que la prioridad era la reforma del Vaticano, tanto estructural como cultural. Francisco lo tomó como un mandato, y hoy el Vaticano prácticamente se ha liberado de los escándalos de la era de Benedicto XVI.
Uno de los grandes logros de Francisco fue la elaboración de una nueva Constitución para el Vaticano, fruto de años de consulta y revisión, y es muy probable que los cardenales deseen que el nuevo pontífice consolide y amplíe esas reformas.
Algunos cardenales querrán un nuevo papa que pueda reconciliarse con los grupos frustrados con Francisco de uno y otro lado del espectro ideológico, como los tradicionalistas y conservadores de Estados Unidos y los progresistas en Alemania. Y es posible que tras el primer papa latinoamericano de la historia, que se centró en los márgenes del mundo, quieran que el sucesor de Francisco vuelva a enfocarse en Europa. Los cardenales podrían sentir que la Iglesia y la Unión Europea, nacida del espíritu de un humanismo católico, hoy se necesitan la una a la otra más que nunca.
Una postal del anterior cónclave en la Capilla Sixtina, en 2005, cuando se eligió a Benedicto XVIArchivo
Independientemente de lo que surja de las prioridades de los cardenales para elegir a su nuevo líder, es probable que el llamado de Francisco a la “sinodalidad” sea el que más resuene en sus debates. El término “sinodalidad” refiere a la antigua costumbre de la Iglesia de reunirse, debatir, discernir y decidir. Francisco adaptó la antigua práctica de los sínodos y concilios de una manera radicalmente inclusiva, que invita a todos los fieles a participar de muchas deliberaciones. Los cardenales podrían llegar a la conclusión de que en este momento es la mayor señal de esperanza que la Iglesia puede ofrecerle al mundo.
Esa “cultura del encuentro”, como la definió Francisco, puede parecer insignificante o inofensiva para quienes ostentan el poder, pero parte de una idea que quienes se dejan llevar por la ambición de poder no pueden comprender: la dignidad innata de todos, la necesidad de escuchar a todos, incluidos los marginados, y la importancia de esperar pacientemente que se llegue a un consenso. Todo eso es crucial para reparar el desgarrado tejido cívico de la actualidad.
También puede pasar que los cardenales observen al mundo y decidan que, independientemente de lo que deseen del próximo papa, el problema más acuciante que enfrenta la humanidad es el modo en que nos tratamos los unos a los otros.
Buenos Aires y Mendoza, martes 22 abril (PR/25) — Corría el año 2013 y los primeros meses del pontificado del primer papa argentino y latinoamericano de la historia, el que fuera arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina. Jorge Bergoglio.
Yo me desempeñaba en la agencia Noticias Argentinas, a cargo de las noticias de agro y religión. Seguía con atención las noticias sobre el Papa Francisco cuando llegó la confirmación de que vendría a Brasil en su primer viaje y que presidiría la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro. La expectativa era grande. y con la agencia NA arreglamos que yo iría a cubrir la visita papal cuando una acompañante imprevista se sumó al viaje.
Se trató de mi única hija, Jimena Martínez Chaves que en ese entonces tenía 28 años y viajó a Buenos Aires desde Mendoza donde reside ya que es guardaparque en esa provincia. Desde aquí emprendimos un viaje pleno de jóvenes en ómnibus con la Acción Católica. Y vivió la jornada con intensidad y la pasión que la caracteriza. Entonces me gustaría compartir con ustedes su reflexión sobre el papa Francisco en el día de su partida a la Casa del Padre.
Este es el testimonio de Jimena Martínez Chaves que en junio cumple 40 años:
Foto gentileza Jimena Martínez Chaves
«Pasó al lado nuestro. El tenía eso. De unir en el amor. Y a los jóvenes, muchos, nos devolvió la esperanza.
El mundo lo está hablando. Hay que pensar que hasta Trump va a ir a su entierro.
Ha sido muy importante a nivel social.
Ha pedido a la iglesia que salga a la calle, que la calle es el campo, y es lo que ustedes hacen (por mí y mi marido Pedro Lobos que damos de comer a la gente de la calle todos los domingos en una extensa recorrida desde la parroquia Nuestra Señora del Carmelo en Recoleta)
Francisco ha incluido a todos los excluidos. Su gran entrega fue por los pobres.
Esto es lo que me parece que tiene. Que está en todo. En la guerra, el cambio climático, en las contingencias climáticas, en mejorar la iglesia y su estructura, en mensajes de esperanza simples y amorosos.
Siento que habla desde el corazón y a través del Cielo. Siento que buscó la humildad en todos los estratos. Que luchó por mejorar el mundo y que lo hizo de manera contundente y con mucha fuerza.
Creo que se involucró en el mundo. Cómo si hubiera sido un presidente o un rey pero del mundo basado en el amor a Dios, el respeto y la esperanza.
Es un montón. Ahora él quiso que lo pongan en un solo cajón, no en tres cómo todos, en uno y simple. Y eligió su lugar a los pies de la Madre. Es muy hermoso».
El Papa Francisco con 3.5 millones de jóvenes en Río de Janeiro donde marcó su estilo al pedirle a los jóvenes:«¡Hagan lío!» y pidió una Iglesia que salga afuera.
La Jornada Mundial de la Juventud 2013 (JMJ 2013) realizada en Río de Janeiro configura la XXVIII edición de este evento multitudinario que organiza la Iglesia católica de forma periódica, y que convoca a los jóvenes de todo el mundo en torno a la figura del sumo pontífice, según Wikipedia.
En 2013, un acto cargado de emoción, el sumo pontífice se dirigió a mllones de personas reunidas en Río de Janeiro, invitándolas a un desafío que marcaría un antes y un después en su mandato papal.
Esta Jornada en particular se consideró «histórica» por haberse constituido en motivo y marco del primer viaje del papa Francisco al extranjero en el quinto mes de su pontificado y por el nivel de participación en sus actos centrales, estimado para la Vigilia de oración entre 2 millones y más de 3 millones de personas? y para la misa de cierre en aproximadamente 3 millones de personas,o más,con un informe de hasta 3,7 millones de participantes,? en una Jornada que se considera la segunda más grande luego de la Jornada Mundial de la Juventud 1995 realizada en Manila (Filipinas) presidida por San Juan Pablo II.?
Los peregrinos registrados oficialmente procedían de 175 países, siendo el 60 % de entre 19 y 35 años de edad.? El mayor número de participantes en Río de Janeiro provino de Brasil, Argentina, Estados Unidos e Italia.
El nivel de importancia global que se atribuyó al evento se reflejó, entre otros, en el hecho de que la imagen de Francisco ocupó por segunda vez en el año la portada de la edición internacional de la revista Time, en coincidencia con ese viaje papal y bajo el título: El papa de la gente (The People’s Pope),? a lo que se sumó un artículo en su interior titulado Un papa para los pobres (A Pope for the Poor).
Durante esa jornada, más de 3,5 millones de jóvenes se reunieron en diversos eventos en Río de Janeiro, en lo que sería uno de los momentos más trascendentales de su pontificado, un contacto directo con la juventud que habría de ser recordado durante años.
El discurso completo del Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud de 2013:
Gracias, gracias, por estar hoy aquí, por haber venido. Gracias a los que están adentro y muchas gracias a los que están afuera, a los 30 mil me dicen que hay afuera. Desde acá los saludo, están bajo la lluvia.
Gracias por el gesto de acercarse, gracias por haber venido a la Jornada de la Juventud, yo le sugerí al doctor Gasbarri que es el que maneja, que organiza el viaje, si hubiera un lugarcito para encontrarme con ustedes. Y en medio día tenía arreglado todo, así que quiero agradecer públicamente también al doctor Gasbparri, esto que ha logrado hoy.
Quisiera decir una cosa. ¿Qué es lo que espero como consecuencia de la Jornada de la Juventud? Espero lío. Que acá dentro va a haber lío va a haber, que acá en Río va a haber lío va a haber, pero quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos, las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir, sino salen se convierten en una ONG ¡y la Iglesia no puede ser una ONG!
Que me perdonen los obispos y los curas, si alguno después le arma lío a ustedes, pero es el consejo. Gracias por lo que puedan hacer.
Miren, yo pienso que en este momento esta civilización mundial se pasó de ‘rosca’, se pasó de ‘rosca’, porque es tal el culto que ha hecho al dios dinero, que estamos presenciando una filosofía y una praxis de exclusión de los dos polos de la vida que son las promesas de los pueblos.
Exclusión de los ancianos, por supuesto, porque uno podría pensar que podría haber una especie de eutanasia escondida, es decir, no se cuida a los ancianos, pero también está una eutanasia cultural.
No se los deja hablar, no se los deja actuar. Exclusión de los jóvenes, el porcentaje que hay de jóvenes sin trabajo y sin empleo es muy alto y es una generación que no tiene la experiencia de la dignidad ganada por el trabajo, o sea, esta civilización nos ha llevado a excluir dos puntas que son el futuro nuestro.
Entonces los jóvenes tienen que salir, tienen que hacerse valer, los jóvenes tienen que salir a luchar por los valores, a luchar por esos valores, y los viejos abran la boca, los ancianos abran la boca y enséñennos, transmítannos la sabiduría de los pueblos.
En el pueblo argentino, yo se los pido de corazón a los ancianos, no claudiquen de ser la reserva cultural de nuestro pueblo, que transmite la justicia, que transmite la historia, que trasmite los valores, que transmite la memoria de pueblo. Y ustedes, por favor, no se metan contra los viejos, déjenlos hablar, escúchenlos y lleven adelante.
Pero sepan, sepan que en este momento ustedes, los jóvenes y los ancianos están condenados al mismo destino: exclusión. No se dejen excluir, ¿está claro? Por eso creo que tienen que trabajar.
Y la fe en Jesucristo no es broma, es algo muy serio. Es un escándalo que Dios haya venido a hacerse uno de nosotros, es un escándalo, y que haya muerto en la cruz, es un escándalo, el escándalo de la cruz. La cruz sigue siendo escándalo, pero es el único camino seguro, el de la cruz, el de Jesús, la encarnación de Jesús.
Por favor, ¡no licuen la fe en Jesucristo!, hay licuado de naranja, hay licuado de manzana, hay licuado de banana, pero, por favor, ¡no tomen licuado de fe!
¡La fe es entera, no se licua, es la fe en Jesús!, es la fe en el hijo de Dios hecho hombre que me amó y murió por mí.
Entonces hagan lío, cuiden los extremos del pueblo que son los ancianos y los jóvenes, no se dejen excluir y que no excluyan a los ancianos, segundo, y no licuen la fe en Jesucristo.
Las bienaventuranzas. ¿Qué tenemos que hacer padre?, Mira lee las bienaventuranzas que te van a venir bien y si querés saber qué cosa práctica tienes que hacer, lee Mateo 25 que es el protocolo con el cual nos van a juzgar.
Con esas dos cosas tienen el programa de acción: las bienaventuranzas y Mateo 25 no necesitan leer otra cosa, se los pido de corazón.
Bueno, les agradezco ya esta cercanía. Me da pena que estén enjaulados. Pero les digo una cosa, yo por momentos siento qué feo que es estar enjaulado, se los confieso de corazón.
Los comprendo y me hubiera gustado estar más cerca de ustedes, pero comprendo que por razón de orden no se puede. Gracias por acercarse, gracias por rezar por mí.
Se los pido de corazón, necesito, necesito de la oración de ustedes, necesito mucho. Gracias por eso.
Les voy a dar la bendición y después vamos a bendecir la imagen de la Virgen que va a recorrer toda la república y la cruz de San Francisco que van a recorrer misioneramente.
Pero no se olviden: hagan lío, cuiden los dos extremos de la vida, los dos extremos de la historia de los pueblos que son los ancianos y los jóvenes, y no licuen la fe.
Entre el martes y el miércoles perdió, en el mercado doméstico oficial, casi un 6%. Nada asegura que esta tendencia se interrumpa.
Buenos Aires, sábado 19 abril (PR/25) — Sobre los precios agrícolas pende una alerta.
El dólar sigue en baja.
Entre el martes y el miércoles perdió, en el mercado doméstico oficial, casi un 6%.
Nada asegura que esta tendencia se interrumpa.
Lo más probable es que se mantenga en este nivel (venta $1.160) o que continúe la baja.
Las razones para que así sea son varias.
1. El superávit fiscal es una regla de oro.
2. El fuerte desembolso inicial, por parte del FMI, de USD 12.000 millones que recibió el BCRA este martes.
3. Las reservas brutas aumentaron en u$s1.813 millones hasta los u$s38.612 millones, luego de concretarse el desembolso de u$s1.500 millones por parte del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), una de las cinco instituciones que integran el Grupo del Banco Mundial.
4. Los dos reclamos de EE.UU. para avanzar en el acuerdo a fin de reducir el nivel de aranceles del 10% se cumplieron: la flexibilización del cepo cambiario y la apertura a la importación de bienes de capital usados.
5. La visita del secretario del Tesoro de EE.UU. con el consecuente apoyo muy explícito.
6. La suba de la tasa de interés interna que incentiva la demanda de pesos, en un contexto de cierre en la emisión de dinero.
7. La estacionalidad, bajo la amenaza de terminar con la reducción de los DEX, de la oferta de los principales granos, con la cosecha avanzando.
8. El carry trade en acción, al menos por unos meses.
9. La credibilidad en el programa económico que no se ha debilitado visiblemente.
Con este cuadro, los precios no deberían mejorar, demasiado.
En todo caso, la mejora podría provenir de los precios internacionales.
El dólar con relación a las demás monedas en el mundo volvió a caer, víctima de la confianza tras la agitación comercial de la Administración Trump.
La guerra comercial sacude la confianza de los inversores en la moneda de reserva mundial.
Ello ayuda como sostén de los precios internacionales de los granos.
Buenos Aires 18 de abril, (PR/25).- El lanzamiento de la fase 3 del programa de gobierno, con la virtual liberación de las regulaciones cambiarias, y el caos originado en los mercados mundiales por el inicio de una guerra arancelaria de alcances imprevisibles son dos fenómenos independientes y simultáneos que, no obstante, impactan en el sector de la carne. Por Miguel Gorelik.
Miguel Gorelik.
El lunes se abrió un nuevo capítulo en la economía argentina en su camino hacia cierta normalidad.
A caballo del crédito del FMI, el gobierno abandonó la regulación del tipo de cambio y dejó la cotización del peso a los impulsos del mercado, en la medida de que se mantenga entre dos bandas, definidas en $1.000 y $1.400 por dólar, las que se irán ajustando al 1% mensual.
A partir del lunes, las personas tienen acceso ilimitado al mercado cambiario, así como las empresas para el comercio exterior. Siguen las restricciones para los giros de dividendos pasados.
Fue una jugada de gran riesgo que salió muy bien, a juzgar por el funcionamiento del mercado en estos primeros tres días hábiles.
Dada la multiplicidad de tipos de cambio vigentes hasta el viernes, no se puede resumir en un solo número el efecto causado.
Mientras el tipo de cambio mayorista cerró el lunes 10% más alto que el viernes, con pleno impacto en el comercio de importación, el tipo de cambio blend, que es el que usaban todas las exportaciones, experimentó un aumento del 6%. Por su parte, los tipos de cambio financieros e informal, cayeron 6%.
Los cierres de martes y miércoles mostraron variaciones de 1 ó 2 puntos, hacia arriba y hacia abajo.
Hasta ahora, todo muy bien.
Como dijimos, vemos este paso en la dirección correcta, con la ansiedad de que se vayan corrigiendo otras anomalías, apareciendo los impuestos a la exportación y otros impuestos distorsivos, como el que grava créditos y débitos bancarios, en primerísimo lugar.
El caos mundial
El inicio de una guerra arancelaria lanzada por el presidente Trump el 2 de abril, que denominó Día de la Liberación, como no se veía desde la pasada década del ’30, que dio inicio a una generalizada recesión internacional y, entre otras consecuencias, la Segunda Guerra Mundial, es el punto de partida de este análisis.
La patada inicial consistió en aplicar un arancel base de 10% a la gran mayoría de los países, adicional a los existentes, y aranceles retaliatorios a numerosos países que muestran superávit en el comercio con su país, que van del 15 al 50%. Convirtió el arancel promedio que se aplicaba hasta el 1º de mes de 2,5% en otro de 24%.
La UE recibió un 20%, China el 34, Vietnam el 46, Japón el 24. Las mayores tasas se aplicaron a países asiáticos.
Esto provocó un derrumbe de las bolsas, que perdieron el 12%, en promedio.
A los pocos días, anunció una postergación de la medida por 90 días, con lo que las bolsas recuperaron hasta hoy la mitad de lo perdido.
La única excepción a la postergación fue el tratamiento a China, que fue escalando entre ambos, siendo hoy que EE.UU. aplica un arancel del 145% para los productos chinos y recibe como contrapartida un 125%. Esto y la virtual interrupción del comercio son sinónimos, en un mundo que ha desarrollado cadenas de suministro en que tal paralización parece impensable y que acarrearía problemas de aumentos de precios, pérdida de empleos y resultados malos para las empresas.
Una inflación creciente, recesión y más desempleo están dentro del panorama razonable como también mayores tasas de interés.
De subsistir, también habrá un golpe al liderazgo político de los EE.UU. y al valor del dólar, cambiando el escenario que existió por más de 80 años.
Es muy temerario tratar de hacer un pronóstico con todo esto, en especial si se le agregan todas las marchas y contramarchas habidas en una quincena.
Sin embargo, vemos con enorme preocupación todo este desarrollo, así como pensar qué medidas reales se van a adoptar cuando venza el plazo de la postergación.
El impacto en el comercio de carnes
Mientras tanto, las carnes mexicanas y canadienses siguen entrando a EE.UU. sin gravámenes y las de los restantes proveedores, en orden de importancia, Australia, Nueva Zelandia, Brasil, Uruguay, Argentina, Paraguay, tienen 10 puntos más. Es decir, lo que entra dentro de la cuota de cada uno paga apenas más de 10% y lo que va fuera de cuota ahora llega a poco más de 36%.
Dada la situación del mercado estadounidense, creemos que estos extracostos serán finalmente pagados por el consumidor que, entre paréntesis, está atravesando una coyuntura de precios históricamente altos y sin perspectivas de que una mayor oferta lo tranquilice ni que pueda aflojar en su demanda de carne magra, básicamente importada.
Pero una nueva ola de aumentos podría lastimar la demanda, que también verá aumentar los precios de la mayor parte de los productos que consume.
Y esto sí puede terminar impactando en el nivel de precios con que se opera.
En términos relativos, la carne del Mercosur no sufrió un cambio en su posición competitiva, salvo con la de origen mexicano y canadiense, pero se enfrenta a un mercado que se puede enfriar.
En la contrapartida, su oportunidad puede mejorar un poco en China. Pero hay que tener presente que EE.UU. ocupaba el 5% de las compras chinas, unas 10-11 mil t por mes, que se concentraban en el segmento de los cortes más caros. Australia tiene muchas más chances de reemplazar al producto norteamericano que Sudamérica.
Todo lo demás resulta muy prematuro como para ir analizando.
El daño de cualquier guerra es tan grande que da cosa pensar en la parte favorable.
Sin embargo, como resultado de este desquicio se podría acelerar la finalización del Acuerdo Mercosur-UE, se podría avanzar en algún tipo de acuerdo entre el Mercosur con los EE.UU., aunque hoy suene raro, y con otros mercados y bloques.
Es vital que comprendamos, después de años de intervencionismo estatal y de políticas inflacionarias, que de nada sirven las regulaciones sectoriales si el conjunto se cae a pedazos
Foto: Protestas de los guías de turismo en El Calafate por la desregulación de la actividad profesional
Buenos Aires, viernes 18 abril (PR/25) — No es función del Estado jerarquizar profesiones, ni asegurarles un ingreso digno, ni impedir la irrupción de improvisados, ni evitar la competencia entre sus miembros. El Estado debe velar por el bien común aun cuando distintos sectores, desde su óptica, tengan razones para pedir tutelas particulares. Pues, al fin y al cabo, también están compuestos por familias quienes, despojados de sus “camisetas” laborales, tampoco deberían pagar ventajas ajenas. El beneficio de unos es siempre el costo de otros.
Las resoluciones 61/25 y 62/25 de la Administración de Parques Nacionales, modificatorias del Reglamento de Permisos Turísticos, al desregular los servicios turísticos en los 39 parques nacionales facilitando con menores exigencias la actividad de nuevos prestadores, ha provocado críticas pues “no son parques de diversiones, sino áreas naturales protegidas, que debemos preservar”, advirtiendo que la irrupción de permisionarios de forma descontrolada afectará su cuidado.
Parece razonable facilitar el desarrollo turístico en ellos pues su existencia y preservación no son para contemplarlos en fotografías o como mausoleos para generaciones futuras, sino para disfrute de las actuales, de forma respetuosa y sostenible. Su aplicación práctica debe ser muy estricta para evitar daños irreparables, pues el descuido por lo público es un grave síntoma de nuestra enfermedad colectiva.
Desde 1930, en la Argentina se cree posible mejorar la situación del conjunto a través de regulaciones particulares como si el progreso colectivo fuese la suma de beneficios sectoriales
Lo más ruidoso de la nueva normativa han sido los cambios al trabajo de los guías habilitados. Por un lado, ya no será obligatorio que las empresas de turismo los contraten cuando no esté en riesgo la seguridad de los visitantes ni la protección de los parques. Y por otro, se han flexibilizado los requisitos para ejercer como tales en áreas protegidas. Hasta ahora se requería título terciario o universitario; con las reformas esa exigencia se limitará a los «guías de turismo especializado», mientras que los «guías de sitio», para caminatas y excursiones básicas no necesitarán formación académica. Las exigencias eran tan altas como si fueran para dictar cátedra en Salamanca o para hacer caminatas lunares. Más bien, parecían restricciones gremiales al ingreso de nuevos postulantes y para blindar un mercado cautivo. “Piensa mal y acertarás” es una frase atribuida a Maquiavelo, quizás aplicable al caso.
Según la coordinación nacional de ATE Parques Nacionales “la desregulación traerá precarización laboral pues las agencias van a pagar lo que quieran o contratarán a personas que van a oficiar de guías, pero sin título”. A su vez, los guías agrupados de Río Negro alegan que “se desprofesionaliza y quita jerarquía a la actividad turística, permitiendo que personas sin formación específica, realicen labores especializadas” previendo una oferta de servicios “de baja calidad, en competencia desleal y con pérdida de empleos”. Por su parte, la Cámara Argentina de Turismo alega que la contratación de guías debe ser libre y en reconocimiento de su labor, y no una obligación gravosa aun cuando sea una excursión pequeña.
Hay un tema silenciado por detrás de este debate. La “motosierra” del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, no puede entrar al núcleo del problema por tratarse de competencias locales: la colegiación obligatoria vigente en varias provincias, con sus aranceles irrenunciables, que hacen costoso contratar a los guías. Ello ocurre en Río Negro, Jujuy, Tucumán, Entre Ríos, Misiones, San Juan, La Rioja, Neuquén y, por supuesto, Buenos Aires. En las demás hay asociaciones voluntarias que aspiran convertirse, también, en colegios oficiales.
Al imponerse costos de los agremiados al resto de los argentinos solo se consigue alentar reclamos para lograr conquistas similares y desalentar las actividades que se quiere promover
Todas las actividades productivas tienen una inclinación natural por crear mercados cautivos para mejorar los ingresos de sus miembros. Esto ya lo sabían los revolucionarios franceses que dictaron la Ley Chapelier (1791), eliminando los gremios medievales. En la órbita industrial, además de los aranceles de importación se han utilizado las aprobaciones técnicas o las medidas antidumping para evitar el ingreso de mercaderías del exterior. Las constructoras han limitado la competencia mediante registros de constructores e impuesto la regla de “nunca competir por precio, sino por calidad”. En la provincia de Buenos Aires, los farmacéuticos impidieron la instalación de cadenas de farmacias comerciales. En el nuevo Código Civil y Comercial se impone la contratación de calígrafos para reconocer las firmas en los testamentos, quienes cobran aranceles basados en el acervo hereditario.
En cuanto a las profesiones universitarias, normas locales han creado colegios o consejos que administran las matrículas, haciendo obligatoria la afiliación para obtenerlas. De igual forma, otras especializaciones han logrado convencer a sus legislaturas mediante el dictado de leyes semejantes. Más allá de los frondosos articulados, hay cuatro disposiciones que nunca faltan: la creación de un colegio oficial, la obligación de afiliarse para ejercer la actividad, la aplicación de aranceles mínimos irrenunciables y las cuotas sociales para aquel organismo.
Para muestra, basta un botón (o un chaleco completo). En la provincia de Buenos Aires existen colegios oficiales de asistentes sociales, bioquímicos, dietistas, farmacéuticos, fonoaudiólogos, kinesiólogos, nutricionistas, obstétricas, odontólogos, profesionales en turismo (¡nuestros guías!), psicólogos, ópticos, sociólogos, técnicos y terapistas, sin olvidar los tradicionales colegios de abogados, escribanos, ingenieros (en sus distintas especialidades), agrónomos, martilleros, médicos, traductores públicos y veterinarios. Además de consejos profesionales de agrimensura, arquitectura, ciencias económicas, informáticas, naturales (geólogos, biólogos, zoólogos, botánicos, ecólogos, geoquímicos y paleontólogos); química y de seguridad e higiene.
Toda la sociedad está parcelada en sindicatos profesionales que intentan imponer sus servicios y honorarios sobre los demás, tan necesitados como ellos. Impiden el ejercicio libre por parte de quienes tienen título, forzándolos a agremiarse, haciendo ilegal cobrar por debajo del arancel oficial e igualando así a todos sus afiliados. Con los aportes, mayores cuando más altos son los aranceles, alimentan la tesorería de sus organizaciones. En las más populosas (no es el caso de los guías, cuya modestia es reconocida) la administración de los dineros recaudados –sumados a las cajas jubilatorias, cuando existen- suele ser un negocio jugoso para gestores de fondos amigos. Y con todo ello, la politización de sus cargos suele ser inevitable.
El bienestar general depende del crecimiento mediante inversiones que mejoren la productividad y aumenten los empleos
Durante el gobierno de Carlos Menem se dictaron los decretos 2284/91 y 2293/92 para desregular esas actividades en todo el país, eliminando las agremiaciones compulsivas y los aranceles obligatorios. Pero ocho años después el decreto 240/99 reconoció su fracaso pues esos sanos principios no pueden imponerse sin la aquiescencia de los estados locales, conforme a la Constitución Nacional. Lamentablemente, en las provincias existe un estrecho connubio entre quienes se dedican a la política y quienes dirigen los consejos profesionales, imposible de quebrar desde afuera, pues suelen ser los mismos. El gobierno federal solo puede actuar en los ámbitos minúsculos de los parques nacionales, el puerto de Buenos Aires y las bases antárticas. Sin ironía.
Desde 1930, en la Argentina se cree posible mejorar la situación del conjunto a través de regulaciones particulares como si el progreso colectivo fuese la suma algebraica de beneficios sectoriales. Al imponerse costos de los agremiados al resto de los argentinos solo se consigue alentar reclamos para lograr conquistas similares y desalentar las actividades que se quiere promover. El bienestar general depende del crecimiento del país mediante inversiones que mejoren la productividad del trabajo, aumenten los empleos regulares y permitan un mayor consumo. En el caso concreto de los guías turísticos en los parques nacionales, siempre apreciados por los visitantes y recordados por los viajeros, sus funciones son imprescindibles y deben hacerlas valer por méritos propios. La participación en asociaciones voluntarias cuya seriedad sea reconocida debería ser la mejor carta de presentación ante las empresas de turismo como garantía del mejor servicio.
Es increíble que, a pesar de años de inflación, falta de empleo estable y pobreza obscena, persista la creencia de que progresaremos con regulaciones sectoriales, mientras el conjunto se cae a pedazos. El síndrome del mejor camarote en el Titanic.
La Unión Europea, agobiada por un lastre semejante, se apresura a desregular pues sus jóvenes emprendedores se mudan a los Estados Unidos, donde las iniciativas no se bloquean. Es otra deuda pendiente de nuestra política, como parte de las reformas necesarias para salir adelante.