Hoy celebramos a San Nicolás de Tolentino, intercesor de las almas del purgatorio

Hoy celebramos a San Nicolás de Tolentino, intercesor de las almas del purgatorio

Buenos Aires, miércoles 10 septiembre (PR/25) — Cada 10 de septiembre la Iglesia Católica celebra a San Nicolás de Tolentino (1245-1305), fraile, sacerdote y místico italiano; el primer miembro de la Orden de San Agustín (agustinos) en ser canonizado.

Con la protección de San Nicolás de Bari

Nicolás nació en 1245, en San Angelo, Pontano (Italia). Se dice que su madre, habiendo llegado a cierta edad, no había podido concebir. Por ese motivo, junto a su esposo, salió en peregrinación al Santuario de San Nicolás de Bari, para pedir la gracia de salir encinta.

Llegado el tiempo, nacería un robusto niño al que bautizaron con el nombre de ‘Nicolás’, en honor a su santo patrono. Los años pasaron y mientras Nicolás crecía corporalmente, también iba creciendo en él una singular afinidad a las cosas de Dios y a los temas espirituales. A pesar de su juventud, el jovencito aprendería a dedicarle más tiempo a la oración del que podría esperarse de cualquier niño de su edad.

Un pequeño de corazón inmenso

A Nicolás le gustaba pasar el tiempo hablando con Jesús, algo que fue alentado siempre por sus padres. El niño escuchaba con entusiasmo la Palabra de Dios y se deleitaba con las buenas lecturas. Además, despertó en él una sensibilidad peculiar frente al que sufre. Una de las cosas que más disfrutaba era llevar a su casa a alguna persona en necesidad que encontraba en el camino y compartir la mesa familiar con ella.

Ya de adolescente, después de escuchar el sermón de un fraile ermitaño de la Orden de San Agustín, Nicolás decidió renunciar al mundo y hacerse agustino. Pronto sería aceptado en el convento de los ermitaños del pequeño pueblo de Tolentino. Realizaría su profesión religiosa antes de cumplir los 18 años; y, en 1271, sería ordenado sacerdote en el convento de Cingoli.

Tolentino

Nicolás permanecería en Tolentino los siguientes 30 años de su vida, hasta que Dios lo llamó a su presencia.

A San Nicolás se le atribuyen muchísimos milagros, tanto en vida como post mortem. Cuando por gracia de Dios obraba alguno, pedía a quienes lo habían presenciado que guardaran reserva y no comenten nada a nadie: “Denle las gracias a Dios, no a mí», solía decir.

Las almas del purgatorio

Los fieles, impresionados por las conversiones que se producían gracias al testimonio de vida del santo, le pedían constantemente que orara por las almas de quienes habían muerto sin estar listos para participar de la gloria de Dios. Esta tarea fue algo que Nicolás siempre hizo con diligencia y responsabilidad. Nicolás sabía que quienes morían sin haber purgado sus pecados no podían ingresar al cielo, y por ello necesitan la ayuda y solidaridad de quienes, permaneciendo aún en esta vida, pueden rezar e interceder por ellos.

No en vano le valió, muchos años después de su muerte, que la gente empiece a llamarlo “patrón de las santas almas” o “protector de las ánimas del purgatorio».

Según cuentan los agustinos, una noche, Nicolás estaba durmiendo en su celda cuando oyó la voz de uno de sus compañeros frailes, fallecido recientemente. El fraile le dijo a Nicolás que estaba en el purgatorio y le pidió que celebrara la Eucaristía por él y por otras almas que estaban allí, para que fueran liberadas por la misericordia de Cristo. Después de que Nicolás celebrara la santa misa por esta intención durante siete días, el fraile volvió a hablarle, esta vez para darle las gracias y asegurarle que muchas almas, incluyendo la suya, ahora estaban con Dios.

Los panecillos milagrosos

A San Nicolás de Tolentino también le tocó soportar dolores y situaciones muy duras. El fraile padeció por varios años de fuertes dolores de estómago, y por algunos períodos su salud se quebró completamente. Un día, estando gravemente enfermo, se le apareció la Virgen María y le dio ciertas instrucciones, con las que al final se obraría un milagro. La Madre de Dios le dijo que se hiciera de un trozo de pan, lo mojara en agua y se lo comiera, y que si lo hacía obedientemente, ella curaría sus dolencias -existe otra versión del relato que señala que fue la misma Virgen quien le dio de comer trocitos de pan-.

Así, Dios curó a San Nicolás gracias a la intervención de la Virgen. A partir de estas experiencias, el santo empezó a bendecir trozos de pan y dárselos a los enfermos. A través de este sencillo gesto, muchos quedaron curados.

Como recuerdo de aquellos milagros, el día de la festividad de San Nicolás se preparan los “panecillos de San Nicolás” los cuales son compartidos entre los devotos.

Los brazos de San Nicolás

San Nicolás murió el 10 de septiembre de 1305 y fue enterrado en la iglesia del convento de Tolentino, su hogar por más de tres décadas.

En 1345, sus restos fueron exhumados y su cuerpo fue hallado incorrupto. Este fue expuesto públicamente y se decidió que le fueran amputados los brazos para que sirvan como reliquias. Se asegura que en el momento de la amputación los brazos del santo sangraron profusamente, tal y como si estuvieran siendo separados de una persona viva.

Un siglo después de aquel acontecimiento se produjo otro milagro con los restos del fraile: los relicarios que contenían sus brazos fueron abiertos, siendo que estos aparecían en perfecto estado de conservación y empapados en sangre.

Si deseas profundizar en la vida de San Nicolás de Tolentino, te recomendamos leer el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Nicol%C3%A1s_de_Tolentino.

Más información:

Primicias Rurales

Fuente: ACI Prensa

Hoy se celebra a San Pedro Claver, hecho “esclavo de los esclavos” por amor a Cristo

Hoy se celebra a San Pedro Claver, hecho “esclavo de los esclavos” por amor a Cristo

Ego Petrus Claver, aethiopum semper servus” (Yo, Pedro Claver, esclavo de los negros para siempre), escribió el santo en el acta de sus votos perpetuos. Así lo hizo porque su tiempo y circunstancias fueron las de la esclavitud y la trata de seres humanos provenientes de África. Pedro se consagró a ellos porque aprendió a ver a Cristo en cada uno de ellos.

De Cataluña a Cartagena de Indias

Claver fue un jesuita de origen catalán -su nombre de pila fue Pere Claver Corberó- quien, como misionero en Cartagena (Colombia), se convirtió en el protector de la población negra esclavizada y de todos los sometidos a la servidumbre injusta o a los maltratos. Vivió en el puerto de Cartagena de Indias (en ese momento el Nuevo Reino de Granada), tristemente célebre por haberse convertido en el centro negrero más grande del Nuevo Mundo.

Pedro nació en Verdú (España) el 26 de junio de 1580. A los 19 años fue aceptado en la Compañía de Jesús y años más tarde, con los estudios y la formación avanzada, fue enviado como misionero a Nueva Granada (hoy República de Colombia) y ordenado sacerdote en Cartagena en 1616.

Defensor de los derechos humanos

En América, Claver se opuso a la injusticia de la esclavitud institucionalizada, por la que se comerciaba sin escrúpulos con seres humanos, destinados al trabajo forzado. Conceptualmente rechazó las teorías que no reconocían la humanidad de los negros traídos del Africa y condenó toda forma de maltrato hacia los denominados “etíopes” (nombre genérico con el que se denominaba a los africanos). Asimismo tomó parte activa en la defensa de los indígenas, a quienes evangelizó con igual dedicación.

El ciclo forzoso por el que pasaban los hombres y mujeres provenientes de África implicaba una estadía en el puerto de Cartagena, a la espera de ser vendidos y trasladados. Mientras los nuevos esclavos se encontraban retenidos a la espera de su amargo destino, Claver los atendía, en especial a los que llegaban enfermos, hambrientos o heridos. Llegó incluso a organizarse en los días previos a la llegada de los barcos negreros, almacenando provisiones que él mismo recaudaba para los que habrían de arribar.

Una vez anclada alguna nave, San Pedro descendía a las cámaras inferiores de la embarcación para repartir agua y algo de comer; atendía a los que presentaban signos de enfermedad y auxiliaba a los moribundos -era muy común que al menos la mitad del “cargamento” muriera en el trayecto-.

Esclavo de los esclavos

Pedro Claver se definió como “esclavo de los esclavos”, algo que le acarreó innumerables problemas. Se ganó enemistades entre las autoridades españolas y, evidentemente, entre los comerciantes de esclavos. Al mismo tiempo, no fueron pocos los fieles que cuestionaron su conducta, ni pocas las incomprensiones entre sus superiores y hermanos jesuitas.

Cargó su propia cruz y ayudó a otros a cargar la suya. Con sus actos interpeló a toda una sociedad y su sistema perverso al devolverle el rostro humano a quienes se les había arrebatado -incluyendo a los reos de las cárceles-. A estos sirvió como se debe servir al mismo Dios: sin que el odio, el rechazo o la enfermedad pudieran detenerlo. En tiempos de prácticas inhumanas, San Pedro Claver impuso empatía y santidad.

Pedro Claver partió a la Casa del Padre el 9 de septiembre de 1654, después de haber pasado sus últimos años casi en el olvido, muy enfermo. El día de su muerte, la población de Cartagena salió a las calles conmovida para encontrarse con su santo por última vez y rendirle los honores debidos.

El santo de la libertad

Y es que San Pedro Claver es un santo que, precisamente por servir, evoca el sentido de la libertad verdadera, y se convierte en voz que denuncia todo tipo de esclavitud, incluidas las nuevas formas que se presentan en el mundo contemporáneo.

Si deseas conocer más sobre San Pedro Claver, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Pedro_Claver.

Más información:

Primicias Rurales

Fuente: ACI Prensa

Papa San Sergio I se festeja el 8 de septiembre

Papa San Sergio I se festeja el 8 de septiembre

Buenos Aires, 8 de septiembre (PR/25) .- (Reinó del 687-701), fecha de nacimiento desconocida; fue probablemente consagrado el 15 de diciembre del 687; murió el 8 de septiembre del 701.

Mientras el papa Conon yacía moribundo, Pascal —el arcediano— le ofreció al exarca una gran cantidad de dinero para ocasionar su elección como sucesor en el papado.

Por influencia del exarca, el arcediano fue, en consecuencia, elegido por un número de personas; casi al mismo tiempo, otra facción eligió al archisacerdote Teodoro.

El grueso del clero y la gente, sin embargo, los hizo a un lado a los dos y escogió a Sergio, quien fue debidamente consagrado. Sergio, el hijo de Tiberio, era nativo de Antioquía; fue educado en Sicilia, y ordenado por [san] León II. El nuevo papa tuvo numerosas relaciones con Inglaterra y los ingleses. Recibió a [san] Caedwalla, rey de los sajones del oeste, y lo bautizó (689); y, como murió en Roma, hizo que lo enterraran en la basílica de San Pedro.

Ordenó que se reinstaurara a san Wilfrido en su sede, favoreció en gran manera a san Aldhelmo, abad de Malmesbury, y se le reconoce por haber intentado conseguir a Beda el Venerable como su consejero.

Finalmente consagró obispo al inglés [san] Willibrord, y lo envió a predicar el cristianismo a los frisones.

El cruel emperador Justiniano quizo que firmara los decretos del llamado Concilio Trullano o Quinisexto del 692, en el cual los griegos permitieron a los sacerdotes y a los diáconos quedarse con las mujeres que habían desposado antes de su ordenación, y que tenía como objetivo colocar al patriarca de Constantinopla en el mismo nivel que el papa de Roma.

Cuando Sergio se rehusó a reconocer este sínodo, el emperador envió a un oficial para que lo trajera a Constantinopla. Mas la gente protegió al papa, y Justiniano mismo fue destronado poco después (695).

Sergio tuvo éxito en la extinción de los últimos remanentes del cisma de los Tres Capítulos en Aquileya.

Reparó y adornó muchas basílicas, añadió el Agnus Dei a la misa, e instituyó procesiones a varias iglesias. 

Primicias Rurales

Fuente. ecWiki

Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati: “En los santos siempre hay algo sorprendente”, asegura cardenal

Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati: “En los santos siempre hay algo sorprendente”, asegura cardenal

El prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos en el Vaticano, Cardenal Marcello Semeraro, comenta la canonización hoy 7 de septiembre de 2025 de los jóvenes Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati y señala en “en los santos siempre hay algo sorprendente”.

Buenos Aires, domingo 7 de septiembre (PR/25) .-  Así lo indicó el purpurado en declaraciones a los medios vaticanos, en el marco de la canonización de ambos beatos el domingo 7 de septiembre en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

“En los santos siempre hay algo sorprendente. Muchos de ellos se parecen entre sí y, por otra parte, el ejercicio de las virtudes cristianas nunca es aislado: siempre está acompañado del ejercicio de muchas otras virtudes”, dijo el purpurado sobre Acutis, fallecido a los 15 años en 2006, y Frassati, que partió a la Casa del Padre en 1925, con 24 años.

“Pier Giorgio Frassati encarna el modelo de laico ofrecido por el Concilio Vaticano II. Es aquel que, plenamente comprometido con la vida, experimenta diversas realidades del mundo; eso que el Concilio llama la índole secular del fiel laico, vivida en plena sintonía con el Evangelio e integrada en cada aspecto de la existencia”, explica el prefecto.

«Santos de la calle» al servicio de los pobres

El Cardenal Semeraro, que acaba de publicar el libro Pier Giorgio Frassati, alpinista del espíritu (Ediciones Messaggero Padova 2025), resalta la discreción y el testimonio del joven italiano, especialmente en su servicio a los más necesitados.

“Frassati se acercó a los pobres porque antes se había encontrado con Cristo”, subrayó el cardenal.

Carlo Acutis también fue despedido por personas pobres, a quienes la familia no conocía: “Acutis fue también una sorpresa para sus padres; hizo lo que hizo con las posibilidades propias de un adolescente, con los medios de un joven”, señala Semeraro.

Carlo, dijo, es la expresión de “la santidad de un muchacho, abierto a la vida y con la Eucaristía como punto de referencia: su autopista hacia el cielo”.

Ambos, continuó, son de aquellos que el Papa Francisco llamó los santos “de la puerta de al lado”, figuras que ahora el Papa León XIV ha puesto como ejemplo para los jóvenes.

“Existen santos que, como decía la mística Madeleine Delbrêl, crecen en viveros, dentro de institutos religiosos o comunidades consagradas. Pero hay otros, como Acutis y Frassati, que vivieron en medio del mundo: son los santos de la calle”, concluyó.

Carlo Acutis (1991–2006) fue un adolescente italiano que falleció con sólo 15 años, a causa de una leucemia fulminante.

Ayudó a los pobres, promovió los milagros eucarísticos y ofreció su sufrimiento por el Papa, la Iglesia y la conversión de los pecadores.

Fue beatificado el 10 de octubre de 2020 en Asís, donde reposan ahora sus restos.

Pier Giorgio Frassati nació en Turín (Italia) en 1901. Desde pequeño desarrolló un profundo amor a Cristo Eucaristía y a la Virgen.

En su juventud se entregó de lleno a servir a los más pobres y buscó evangelizar en la política. Escalaba montañas y llevaba a sus amigos a Misa.

Tras terminar la universidad, enfermó de poliomielitis y murió el 4 de julio de 1925 con sólo 24 años. Fue beatificado el 20 de mayo de 1990.

Fuente: Aciprensa
Hoy se celebra a San Eleuterio Papa

Hoy se celebra a San Eleuterio Papa

Papa San Eleuterio fue Papa desde aproximadamente 174 hasta el 189. El “Liber Pontificalis” dice que él era natural de Nicópolis, Grecia. De su contemporáneo Hegesipo sabemos que él era un diácono de la Iglesia Romana bajo el Papa Aniceto (c. 154-164), y evidentemente permaneció como tal bajo el San Sotero, el siguiente Papa, al cual sucedió cerca del año 174.

Buenos Aires, 6 de septiembre (PR/25) .- Mientras que la condición de los cristianos bajo Marco Aurelio era angustiosa en varias partes del Imperio, la persecución en Roma misma no parece haber sido violenta. De Rossi data el martirio de Santa Cecilia hacia finales del reinado de este emperador; esta fecha, sin embargo, no es cierta de ninguna manera. Durante el reinado de Cómodo (180-192) los cristianos disfrutaron de una paz inalterada, aunque el martirio de San Apolonio en Roma sucedió en ese tiempo (180-185).

La herejía montanista, que se originó en Asia Menor, se abrió paso hacia Roma y Galia en la segunda mitad del siglo II, más particularmente durante el papado de Eleuterio; su naturaleza peculiar hizo difícil tomar desde el principio una posición decisiva en su contra (vea MONTANISTAS. Durante la violenta persecución en Lyon en 177 los confesores locales escribieron desde la prisión sobre el nuevo movimiento a los hermanos asiáticos y frigios y también al Papa Eleuterio. El portador de su carta al Papa fue el presbítero Ireneo, muy poco después obispo de Lyon. Surge de las declaraciones de Eusebio respecto de estas cartas que los fieles de Lyon, aunque opuestos a los montanistas, abogaban por tolerancia y suplicaban que se conservara la unidad eclesiástica.

No se sabe con certeza en qué momento exacto la Iglesia Romana tomó su posición definitiva contra el montanismo. A partir de los relatos de Tertuliano (Contra Praxeas 1) que un obispo romano le dirigió alguna vez algunas cartas conciliatorias a los montanistas, pero estas cartas, dice Tertuliano, fueron revocadas. Él probablemente se refiere al Papa Eleuterio, quien vaciló mucho, pero después de un estudio cuidadoso y concienzudo de la situación, se supone que se declaró contra los montanistas. En Roma los heréticos gnósticos y marcionitas continuaron propagando sus falsas doctrinas. El “Liber Pontificalis” le atribuye al Papa Eleuterio el decreto de que los cristianos no debían despreciar ninguna clase de comida (Et hoc iterum firmavit ut nulla esca a Christianis repudiaretur, maxime fidelibus, quod Deus creavit, quæ tamen rationalis et humana est). Posiblemente él emitió este decreto contra los gnósticos y montanistas; es también posible que bajo su propia responsabilidad el escritor del “Liber Pontificalis” le atribuyera a este Papa un decreto similar en boga cerca del año 500.

El mismo escritor es responsable de una afirmación curiosa e interesante relativa a la actividad misionera temprana de la Iglesia Romana; ciertamente, el “Liber Pontificalis” no contiene otra declaración igualmente notable. El Papa Eleuterio, dice el escritor, recibió de Lucio, un rey británico, una carta en la cual este último declaraba que por su mandato él deseaba ser cristiano (Hic accepit epistula a Lucio Brittanio rege, ut Christianus efficerentur per ejus mandatum). Es imposible decir de dónde el autor del “Liber Pontificalis” obtuvo esta información. Históricamente hablando, el hecho es muy improbable, y es rechazado por todos los críticos modernos.

Para fines del siglo II la administración romana estaba tan seguramente establecida en Bretaña, que no pudo haber habido en la isla ningunos reyes nativos reales. Parece bastante improbable en ese período que algún jefe tribal, conocido como rey, pudiese haber solicitado al obispo romano instrucción sobre la fe cristiana. La infundada declaración del “Liber Pontificalis”, una compilación de biografías papales que en su forma más temprana no puede ser anterior al primer cuarto del siglo VI, no es base suficiente para la aceptación de esta aseveración. Algunos lo consideran una historia destinada a demostrar el origen romano de la Iglesia británica y, en consecuencia, la sujeción natural de esta última a Roma. Para hacer esto más claro ellos localizan el origen de la leyenda en el transcurso del siglo VII, durante las disensiones entre la primitiva Iglesia Británica y la Iglesia Anglosajona recientemente establecida desde Roma. Para hacer esto más claro ellos localizan el origen de la leyenda en el transcurso del siglo VII, durante las disensiones entre la primitiva Iglesia británica y la Iglesia anglosajona recientemente establecida desde Roma.

Pero esta hipótesis carece de toda prueba. Se cae ante el simple hecho de que la primera parte del “Liber Pontificalis” fue compilada mucho antes de dichas disensiones, más probablemente (Duchesne) por un clérigo romano durante el reinado del Papa Bonifacio II (530-532), o (Waits y Mommsen) temprano en el siglo VII. Además, durante todo el conflicto, que se centró alrededor de las costumbres peculiares de la Iglesia Británica antigua, nunca se hizo referencia al alegado rey Lucio. San Beda es el primer escritor inglés (673-735) que mencionó la historia repetidamente (Hist. Eccl., I, V; V, 24, De temporum ratione, ad an. 161), y la tomó, no de fuentes nativas, sino del “Liber Pontificalis”. Harnack sugiere una teoría más plausible (Sitzungsberichte der Berliner Akademie, 1904, I, 906-916). Él afirma que en el documento del cual el compilador del “Liber Pontificalis” obtuvo su información el nombre hallado no fue Britanio, sino Britio. Ahora ése es el nombre (Birtha- Britium) de la fortaleza de Edesa. El rey en cuestión es, por lo tanto, Lucius Ælius Septimus Megas Abgar IX, de Edesa, un rey cristiano, como se sabe muy bien. La declaración original del “Liber Pontificalis” en esta hipótesis no tenía nada que ver con Bretaña. La referencia era a Abgar IX de Edesa. Pero el compilador del “Liber Pontificalis” cambió Britio a Brittanio, y de este modo convirtió al rey sirio Lucio en un rey británico.

La “Historia Brittonum” del siglo IX ve en Lucio una traducción del nombre céltico Llever Maur (Gran Luz), dice que los enviados de Lucio eran Fagan y Wervan, y nos dice que junto con este rey fueron bautizados todos los demás reyes isleños (reguli Britanniæ) (Hist. Brittonum, XVIII). Hay crónicas del siglo XIII que añaden otros detalles. El “Liber Landavensis”, por ejemplo (ed. Rees, 26,65), da a conocer los nombres de Elfan y Medwy, los enviados de Lucio ante el Papa, y transfiere los dominios del rey a Gales. Un eco de esta leyenda penetró aun hasta Suiza. En una homilía predicada en Chur y conservada en un manuscrito del siglo VIII o IX, se representa a San Timoteo como un apóstol de Galia, de donde él vino a Bretaña y bautizó allí al llamado rey Lucio, quien se convirtió en misionero, fue a Galia, y finalmente se estableció en Chur, donde predicó el Evangelio con gran éxito. De este modo Lucio, el antiguo misionero del distrito suizo de Chur, se llegó a identificar con el alegado rey británico del “Liber Pontificalis”. Esta última obra es autoridad para la declaración de que Eleuterio murió el 24 de mayo, y fue enterrado en la Colina del Vaticano (in Vaticano) cerca del cuerpo de San Pedro. Su fiesta se celebra el 26 de mayo.

Fuente: Kirsch, Johann Peter. «Pope St. Eleutherius (Eleutheros).» The Catholic Encyclopedia. Vol. 5, págs. 378-379. New York: Robert Appleton Company, 1909. 1 sept. 2020 <http://www.newadvent.org/cathen/05378a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.

Primicias Rurales

Fuente: ECWiki

Hoy celebramos a la Santa Madre Teresa de Calcuta, Premio Nobel de la Paz

Hoy celebramos a la Santa Madre Teresa de Calcuta, Premio Nobel de la Paz

La Madre Teresa fue una inagotable defensora de la dignidad del pobre y de la vida humana en todos sus estadíos -desde la concepción hasta la muerte natural-, así como una trabajadora incansable por la paz entre los pueblos. Su mayor ambición no fue, ni remotamente, alcanzar premios o reconocimientos, sino compartir el amor de Cristo a través de la caridad y el sacrificio por los que sufren: “Amad hasta que duela. Si duele es buena señal” (Sta. Teresa de Calcuta).

La también fundadora de las Misioneras de la Caridad -orden religiosa nacida en la India- fue canonizada el 4 de septiembre de 2016 por el Papa Francisco en una Misa celebrada en la Plaza de San Pedro.

La santa nacida en Albania murió hace 27 años, el 5 de septiembre de 1997, en la ciudad de Calcuta (India), a los 87 años de edad.

La pobreza y el falso bienestar

Teresa de Calcuta dio una lección a la humanidad de cómo entender la pobreza y cuál debe ser la forma de enfrentarla si se quiere acabar con esta: con caridad y solidaridad; tal y como Cristo lo hizo en su paso por la tierra. Teresa, por su entusiasmo y constancia, puede ser considerada como un auténtico don para la Iglesia de hoy: ella nos recuerda que el cristiano está obligado a amar Cristo en el que sufre (ver: Mt 25), es decir, en los pobres, los tristes, los abandonados, los enfermos, los que son marginados o desechados por la sociedad.

Para ella, la pobreza más grande no fue necesariamente la que se encuentra en los barrios o zonas signadas por la precariedad -como, por ejemplo, la Calcuta en la que vivió-, sino más bien es esa que caracteriza a todos aquellos lugares donde el amor está ausente, donde la miseria moral corroe a las comunidades humanas, aún habiendo comodidades u opulencia.

El caso típico de esto -y el más dramático- es el de las sociedades en las que el aborto está permitido, o donde se ‘cosifica’ de una u otra manera a los seres humanos.

Misionera, sí, y de la caridad

Fue formada en un hogar católico: bautizada un día después de nacer, recibió la Primera Comunión a los cinco años y la Confirmación un año más tarde.

Teresa ingresó a la Congregación de las Hermanas de Loreto en 1928; y al año siguiente se embarcó hacia la India, donde hizo sus primeros votos en 1937. Permaneció 20 años como miembro de dicha congregación, hasta que Dios le mostró que su camino debía ser otro . Así, el 7 de octubre de 1950 Teresa fundaría a las Misioneras de la Caridad, congregación poseedora de un carisma muy especial: entregarse a “los más pobres entre los pobres” con una radicalidad sin precedentes.

Premio Nobel de la Paz

En 1979, la Madre Teresa recibió el Premio Nobel de la Paz por su labor tendiendo puentes para acercar a pueblos y culturas. Ella, una mujer católica residente en un país de mayoría hindú y musulmana, había logrado unir a los pobladores de la India en torno a una causa común: la defensa del ser humano y su dignidad incondicional. La Madre impulsaba esta tarea con tal fuerza que logró conmover al mundo entero. Hizo visible al desamparado, al desprotegido, olvidado o rechazado, pero al mismo tiempo generó cadenas de solidaridad de dimensiones globales. Demostró que el discurso pierde valor si no se pasa a la acción, y que esa acción solo es posible si está sustentada en la oración, porque solo esta mantiene encendido el fuego del amor.

Dado que vivimos en un mundo secularista, vuelto en contra del ser humano porque no conoce ni la fe ni la esperanza, Teresa de Calcuta se abocó de manera particular a ayudar a bien morir a muchas personas que habían quedado a su suerte en las calles, no solo carentes de los mínimos recursos materiales, sino abandonados en todo sentido. La muerte es un hecho inevitable y doloroso, pero duele más si se está en soledad, sin Dios, sin trascendencia, sin alguien que te recuerde que los seres humanos no estamos hechos para la muerte sino para la vida -la vida eterna-.

Uno de los momentos más significativos, en los que la Madre Teresa pudo mostrar al mundo esta “lógica evangélica” e interpelar a la cultura (o anticultura) imperante, se produjo en la ceremonia de aceptación del premio Nobel. A continuación se citan algunos fragmentos de aquel célebre discurso.

Sobre eso de lo que todos hablan: la paz

“… El mayor destructor de la paz hoy en día es el llanto de un niño inocente no nacido. Si una madre puede matar a su propio hijo en su seno, ¿qué peor crimen puede haber que matarse el uno al otro?”

Una cultura de muerte: ni niños, ni ancianos

“Nunca me olvido de la oportunidad que tuve cuando visité un hogar de ancianos en el que habían sido dejados por sus hijos e hijas, y tal vez olvidados… en ese hogar tenían de todo, cosas hermosas, pero todos miraban hacia la puerta. Y no vi una pobre sonrisa en sus rostros. Y me di la vuelta hacia la hermana y le pregunté ¿cómo puede ser?, ¿cómo puede ser que estas personas que tienen todo, miran hacia la puerta?, ¿por qué no sonríen? … incluso los moribundos sonríen, y ella [la hermana] me contestó: Ellos están a la espera de que un hijo o hija vengan a visitarlos… Esa pobreza es la que se vive en nuestros propios hogares, es ahí donde se da la negligencia del amor”.

La santidad es posible porque amar lo es

Cuando fue llamada a la Casa del Padre el 5 de septiembre de 1997, la congregación que fundó contaba con 3,842 religiosas en 594 casas repartidas en todo el globo.

La Madre Teresa fue beatificada por su gran amigo San Juan Pablo II el 19 de octubre de 2003, quién la recordó de la siguiente manera: “Saciar la sed de amor y de almas de Jesús en unión con María, la Madre de Jesús, se convirtió en el único objetivo de la existencia de la Madre Teresa, y en la fuerza interior que la impulsaba y la hacía superarse a sí misma e ‘ir deprisa’ a través del mundo para trabajar por la salvación y la santificación de los más pobres de entre los pobres”.

La canonización llegó 13 años después, y fue realizada por el Papa Francisco con ocasión de la celebración del “Jubileo de los voluntarios y operarios de la misericordia”. En esa oportunidad el Pontífice señaló que la «Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que el ‘no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre’».

Por si no sabes qué hacer con tu vida: aquí un consejo de la Madre Teresa

En una célebre entrevista, concedida poco tiempo antes de morir, Santa Teresa de Calcuta dejó este mensaje 1997: “Ámense los unos a los otros, como Jesús los ama. No tengo nada que añadir al mensaje que Jesús nos dejó. Para poder amar hay que tener un corazón puro y rezar. El fruto de la oración es la profundización en la fe. El fruto de la fe es el amor. Y el fruto del amor es el servicio al prójimo. Esto nos trae la paz” (Entrevista a la revista brasileña misionera “Sem Fronteiras” [Sin fronteras]).

¡Feliz Fiesta de Santa Teresa de Calcuta!

Primicias Rurales

Fuente: Aciprensa