Investigadores argentinos analizaron 103 bosques de Santa Cruz y comprobaron que los ubicados dentro de parques y reservas presentan una estructura más saludable, mejores suelos y menor impacto humano que los de campos privados.
Santa Cruz tiene una red de protección que es modelo en el país
Buenos Aires miércoles 1 julio (PR/26)–Santa Cruz no es una provincia cualquiera cuando se habla de conservación. Es la que concentra la mayor cantidad de áreas protegidas sobre paisajes forestales de toda la Argentina, y ahora un estudio científico internacional viene a confirmar algo que muchos sospechaban: ese esfuerzo realmente vale la pena.
La investigación, publicada en la revista científica Land, comparó 103 sectores de bosques de ñire (Nothofagus antarctica) repartidos por toda la provincia, y llegó a una conclusión contundente: los bosques que están dentro de parques nacionales y reservas provinciales se encuentran en mejor estado de conservación que los que están en campos privados.
El trabajo fue desarrollado por especialistas del CONICET, el INTA, la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA), entre otras instituciones.
Los bosques analizados forman parte de los parques nacionales Los Glaciares, Patagonia y Perito Moreno, además de las reservas provinciales Lago del Desierto, Península Magallanes, Punta Gruesa, San Lorenzo y Tucu-Tucu.
Los propios autores recuerdan un dato clave: Santa Cruz tiene 52 áreas protegidas, la mayor cantidad del país dentro de paisajes forestales. Sin embargo, advierten que solo el 16% de la superficie ocupada por bosques de ñire está efectivamente protegida, lo que deja todavía un enorme margen de vulnerabilidad.
El estudio le pone, así, números y rigor científico a algo que la comunidad ambiental venía sosteniendo desde hace años: los parques y reservas son herramientas eficaces para conservar los ecosistemas, aunque su éxito depende también de lo que pasa más allá de sus límites administrativos.

Figura . Mapa del área de estudio que identifica las parcelas de muestreo (puntos) clasificadas según la tenencia de la tierra (puntos violetas: áreas protegidas; puntos naranjas: zonas de amortiguamiento en tierras privadas; puntos rojos: tierras privadas). También se muestran las áreas con bosques (verde claro: bosques de Nothofagus antarctica o ñire; verde oscuro: otros tipos de bosque), las áreas protegidas (violeta), la franja de amortiguamiento de 15 kilómetros (naranja) y los lagos (celeste). A: norte de Santa Cruz; B: centro de Santa Cruz; C: sur de Santa Cruz.
El ñire, un árbol clave para la Patagonia
El ñire es una de las especies arbóreas más representativas de la Patagonia austral, y en Santa Cruz ocupa cerca de 1.700 kilómetros cuadrados. No es solo un árbol más del paisaje: estos bosques son hábitat de numerosas especies y cumplen funciones ambientales esenciales, como proteger los suelos, almacenar carbono y regular el ciclo del agua. Además, sostienen actividades productivas, sobre todo la ganadería y el aprovechamiento forestal.

Esa doble función -ambiental y productiva- es justamente lo que vuelve tan importante saber si las áreas protegidas cumplen de verdad el objetivo para el que fueron creadas.
Bosques más altos, más sanos y con mejores suelos
Para llegar a sus conclusiones, los investigadores compararon bosques en tres situaciones distintas: dentro de áreas protegidas, en una franja de 15 kilómetros alrededor de ellas, y en campos privados alejados de los parques.
En total evaluaron 38 variables, entre ellas la estructura del bosque, la regeneración natural, la calidad del suelo, la presencia de ganado, los efectos del fuego y las intervenciones forestales.

Los resultados fueron contundentes. Los bosques dentro de áreas protegidas mostraron árboles más altos, mayor cobertura de copas, más volumen de madera y mejor vigor, con una estructura mucho más parecida a la de un bosque natural maduro.
También presentaron suelos menos compactados, con mayor humedad y mejores niveles de carbono orgánico, condiciones clave para sostener la biodiversidad y resistir mejor los efectos del cambio climático.
Como resumen, los propios investigadores señalan que las áreas protegidas fueron claramente diferentes de las tierras privadas.
Menos ganado, más posibilidades de regenerarse
Uno de los puntos que más pesa en los resultados es el impacto del uso ganadero. Dentro de parques y reservas, el estudio detectó menor presión del ganado doméstico sobre la vegetación, lo que permite un mejor desarrollo del sotobosque y de los renovales de ñire.

En los campos privados, en cambio, se registró mayor compactación del suelo y una presión más fuerte derivada del uso productivo, dos factores que terminan afectando la capacidad natural del bosque para regenerarse.
Los incendios, una amenaza que no respeta límites
Pese a los buenos resultados, los científicos son claros en una cosa: tener un parque o una reserva no elimina todos los riesgos. El estudio encontró evidencias de incendios, aprovechamiento forestal y presencia de ganado incluso dentro de algunas áreas protegidas, aunque en muchos casos esos impactos ocurrieron antes de la creación de los parques y todavía se notan en el paisaje.
A esto se suma otro dato relevante: numerosos incendios se originan fuera de los límites de las áreas protegidas, lo que demuestra que también es clave manejar bien los campos vecinos.
Proteger un bosque no termina en el cartel de entrada
La conclusión principal del trabajo es alentadora: las áreas protegidas funcionan y cumplen un papel esencial para conservar los bosques de ñire de Santa Cruz.
Pero los investigadores son enfáticos en que la protección no puede limitarse únicamente al interior de parques y reservas. Como ellos mismos sostienen, siguen siendo necesarias acciones sostenidas para excluir el ganado, regular el aprovechamiento forestal y mejorar el manejo del fuego, como parte de una planificación sustentable de todo el paisaje, dentro y fuera de los límites administrativos de cada área protegida.
Primicias Rurales
Fuente:ahoracalafate
















