“ ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua? ”

“ ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua? ”

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 50, 4-9a

 

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento.

Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.

El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.

El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mí?

Comparezcamos juntos, ¿quién me acusará?

Que se acerque.

Mirad, el Señor Dios me ayuda, ¿quién me condenará?

 

Salmo de hoy

Salmo 68, 8-10. 21-22. 31 y 33-34 R/. Señor, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor

 

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre.
Porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mi. R/.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre. R/.

Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
Miradlo, los humildes, y alegraos;
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 26, 14-25

 

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
«¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».

Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».

Él contestó:
«Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».

Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.

Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
«En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».

Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
«¿Soy yo acaso, Señor?».

Él respondió:
«El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».

Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
«¿Soy yo acaso, Maestro?».

Él respondió:
«Tú lo has dicho».

 

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

Un amor sin paciencia no es un auténtico amor

A lo largo de estos días leemos el tercer canto del Siervo de Yahveh del libro del profeta Isaías. En el mismo se expresa la confianza en Dios en medio de las dificultades de la vida. Cuando nos dejamos interpelar por la realidad es cuando descubrimos la necesidad de «abrir el oído» (Is 50, 5) y poder aprender como discípulo lo que el Señor nos ayuda a descubrir y profundizar.

Es desde la experiencia del amor entrañable de Dios donde se nos abre la inteligencia y el corazón. Solo entonces podemos pronunciar una palabra de aliento al abatido (cfr. Is 50, 4)

La imagen del siervo paciente nada tiene que ver con la resignación por el contrario es expresión viva de la fe. Parece oportuno recordar aquí las palabras de Tomas Halik: «La fe está aquí precisamente para esos instantes de penumbra en lo que la vida y el mundo están llenos de inseguridad, durante la fría noche del silencio de Dios. Y su función no es saciar nuestra sed de certeza y seguridad, sino más bien enseñarnos a vivir con el misterio. La fe y la esperanza son expresiones de nuestra paciencia, precisamente en esos periodos… Un amor sin paciencia no es un auténtico amor.»

Es en medio del sufrimiento es donde el siervo experimenta la ayuda de Dios y pone en el su confianza. El misterio del dolor en la vida nos abre a una nueva percepción de la realidad y del amor. El aliento se vuelve entonces presencia, cercanía, gesto y palabra.

Experimentamos nuestra vulnerabilidad que vivida desde Dios se transforma en fortaleza porque su amor nunca nos abandona.

Dejarnos transformar por la entrega

Estamos ya a las puertas del Triduo Pascual. El relato del evangelio de hoy comienza ubicándonos en los preparativos de la Ultima Cena. Jesús desea compartir esta noche tan especial con su comunidad.

Aquellos discípulos con quienes ha compartido su misión a los que llama amigos. La celebración de la cena pascual les permitirá experimentar y comprender la profundidad del amor de Dios. En esta noche de intimidad y despedida, Jesús asume la muerte como parte integrante de su misión.

Como nos recordaba la Hna Lola Munilla: «La entrega de Jesús no fue improvisada, no fue un acto valiente de un momento, fue la culminación de un camino que hizo transparente para todos el amor de Dios Padre, aunque eso le costó la vida.»

Las lecturas de este día nos abren desde lo humano a la profundidad de lo espiritual, preparándonos el corazón a lo que vamos a celebrar. En ellas están presente el sufrimiento, el drama interior y exterior, la vulnerabilidad, la traición y la redención. En una realidad marcada muchas veces por sin sentido, la violencia, el dolor y el sufrimiento el amor universal de Dios nos abre a la esperanza.

Por eso las lecturas de este día pueden ser una magnífica oportunidad de poner nuestra vida en sintonía con el misterio que vamos a celebrar, dejando que sea el amor misericordioso de Dios el que nos transforme y nos ayude a renovar nuestros compromisos con la vida.

Fray Edgardo César Quintana O.P.

Fray Edgardo César Quintana O.P.
Casa del Stmo. Cristo de la Victoria (Vigo)

Evangelio de hoy en audio

“ Volveré junto a mi Padre ”

“ Volveré junto a mi Padre ”

Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32

 

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.

El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían ¡os cerdos, pero nadie le daba nada.

Recapacitando entonces, se dijo:
“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.

Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.

Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.

Y empezaron a celebrar el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.

Este le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.

Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.

El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

Palabra del Señor
“Contigo hablo, niña, levántate”

“Contigo hablo, niña, levántate”

Primera lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 18, 9-10. 14b. 24-25a. 31 – 19, 3

 

En aquellos días, Absalón se encontró frente a los hombres de David.

Montaba un mulo y, al pasar el mulo bajo el ramaje de una gran encina, la cabeza se le enganchó en la encina y quedó colgando entre el cielo y la tierra, mientras el mulo que montaba siguió adelante.

Alguien lo vio y avisó a Joab:
«He visto a Absalón colgado de una encina».

Cogiendo Joab tres venablos en la mano y los clavó en el corazón a Absalón.

David estaba sentado entre las dos puertas.

El vigía subió a la terraza del portón, sobre la muralla. Alzó los ojos y vio que un hombre venía corriendo en solitario.

El vigía gritó para anunciárselo al rey.

El rey dijo:
«Si es uno solo, trae buenas noticias en su boca».

Cuando llegó el cusita, dijo:
«Reciba una buena noticia el rey, mi señor: El Señor te ha hecho justicia hoy, librándote de la mano de todos los que se levantaron contra ti».

El rey preguntó:
«¿Se encuentra bien el muchacho Absalón?».

El cusita respondió:
«Que a los enemigos de mi señor, y a todos los que se han levantado contra ti para hacerte mal les ocurra como al muchacho»

Entonces el rey se estremeció. Subió a la habitación superior del portón y se puso a llorar. Decía al subir:
«¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón! ¡Quién me diera haber muerto en tu lugar !¡Absalón, hijo mío, hijo mío!».

Avisaron a Joab:
«El rey llora y hace duelo por Absalón».

Así, la victoria de aquel día se convirtió en duelo para todo el pueblo, al decir que el rey estaba apenado por su hijo.

 

Salmo de hoy

Salmo 85, 1-2. 3-4. 5-6 R/. Inclina tu oído, Señor, escúchame

 

Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti. R/.

Piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti, Señor. R/.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 21-43

 

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar.

Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:
«Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».

Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando: «Con solo tocarle el manto curaré».

Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente y preguntaba:
«¿Quién me ha tocado el manto?»

Los discípulos le contestaban:
«Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: «¿Quién me ha tocado?»»

Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad.

Él le dice:
«Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:
«Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
«No temas; basta que tengas fe».

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentran el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. y después de entrar les dijo:
«¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida».

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:
«Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).

La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor.

Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

 

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Entonces el rey se estremeció. Subió a la habitación superior del portón y se puso a llorar”

La primera lectura nos narra la muerte de Absalón, el hijo rebelde del rey David, y como, a pesar de la traición, éste se muestra inconsolable por la pérdida y, con él, todo el pueblo. Absalón ciertamente actuó en contra de su padre, el rey ungido por voluntad de Dios, pero su corazón de padre pudo más que su posición de gobierno.

Nos recuerda de alguna manera este episodio la parábola del Hijo Pródigo donde el padre, a pesar de la actitud y el comportamiento del hijo menor, sufre por él y lo perdona de todo corazón cuando vuelve pobre, triste y fracasado.

Dios nos crea libre, pero nunca deja de querernos, aunque decidamos libremente abandonarle, traicionarle, blasfemar…Somos sus hijos queridos y su corazón se inquieta y se entristece ante el pecado… Espera, confía, perdona y olvida porque, ante todo y, sobre todo, es Padre.

“Con sólo tocarle el manto curaré”

Dos milagros de Jesús se nos narran: hay uno que se presenta como el principal: la resurrección de la hija de Jairo y otro que acontece en el camino: la curación de la mujer con flujos de sangre. Para el Señor no hay milagro grande o pequeño, porque todo en Él es un signo del Amor de Dios hacia los hombres.

Nos conmueve la humildad de esta mujer que se acerca al Señor entre la multitud: no se atreve ni a hablarle, solo le toca levemente…y queda curada de una enfermedad que la atormentaba desde hacía años. Nadie salvo el Señor se dio cuenta de este encuentro, de esta comunión de amor y fe. La hija de Jairo, por otro lado, ya dormía el sueño de la muerte cuando llega Jesús y la resucita. La fe de los padres hace que Jesús obre el milagro imposible y la llame para que se levante.

El milagro, todo milagro es el signo de la presencia salvadora de Dios entre los hombres. Y hay entre nosotros muchos más milagros de los que podemos suponer porque el Señor no deja de mostrar su amor a una humanidad que sufre y a veces se desespera ante el continuo influjo del mal y la oscuridad. Tengamos la fe humilde de la mujer y nos daremos cuenta de que los milagros de amor del Señor siguen dándose.

HOMILÍA DEL PAPA LEÓN XIV DE 25 JUNIO

…Alrededor de Jesús había una muchedumbre, muchas personas lo tocaban, pero a ellos no les pasó nada. En cambio, cuando esta mujer toca a Jesús, se sana. ¿Dónde está la diferencia? Comentando este punto del texto, san Agustín dice —en nombre de Jesús—: «La multitud apretuja, la fe toca» (Sermones 243, 2, 2). Y así: cada vez que realizamos un acto de fe dirigido a Jesús, se establece un contacto con Él e inmediatamente su gracia sale de Él. A veces no nos damos cuenta, pero de una forma secreta y real la gracia nos alcanza y lentamente trasforma la vida desde dentro…

Quizás también hoy tantas personas se acercan a Jesús de manera superficial, sin creer de verdad en su potencia. ¡Caminamos la superficie de nuestra Iglesia, pero quizás el corazón está en otra parte! Esta mujer, silenciosa y anónima, derrota a sus temores, tocando el Corazón de Jesús con sus manos consideradas impuras a causa de la enfermedad. Y he aquí que inmediatamente se siente curada. Jesús le dice: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz»

D. Carlos José Romero Mensaque O.P.

D. Carlos José Romero Mensaque O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos “Amigos de Dios” (Bormujos, Sevilla)

Formo parte del laicado dominicano desde 2006 motivado por el estudio y devoción al Santo Rosario y el ejemplo de dos frailes. Soy doctor en Historia y en Artes y Humanidades (Teología) y tengo estudios teológicos como profesor de Religión que continúo. Mi actividad como predicador se centra en el estudio de la Historia de la Orden, la catequesis parroquial y la dirección de un programa semanal sobre el Evangelio en YouTube.

Evangelio de hoy en audio

Cómo las mamás viven la misericordia diariamente

Cómo las mamás viven la misericordia diariamente

¿Sabías que las mamás viven, cada día, las obras de misericordia? Descubre cómo estas acciones sencillas revelan el amor de Dios.
España, martes 30 diciembre (PR/25) — ¿Has escuchado que la maternidad es un regalo? Pero no sólo es eso, es un don que recibe la mujer por esencia, que se manifiesta de distintas maneras, y una de ellas se expresa a través de las obras de misericordia.

En este artículo profundizaremos en algunos ejemplos de la vida cotidiana, ya que si prestamos atención a nuestro alrededor, podemos ver el don de la caridad en el abrazo y el ejemplo de nuestra mamá.

 

Obras de misericordia corporales:

 

1. Dar de comer al hambriento

Las mamás buscan que su familia reciba el alimento, cuidando y procurando su bienestar. Incluso en momentos en los que ellas están cansadas, priorizan que no les falte un plato en la mesa.

2. Dar de beber al sediento

¿Cuántas veces las mamás nos preguntan si hemos bebido agua en el día? Ellas están pendientes de saber que estamos hidratados. Nos recuerdan llevar esa botellita de agua, jugo o leche a donde vayamos.

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3. Vestir al desnudo
Nos ayudan a proteger nuestra dignidad vistiéndonos. No importa la edad que tengan sus hijos, ellas ven qué prenda hace falta o nos queda mejor. Compran ropa, la cosen y/o la heredan, asegurándose de que nadie esté desprotegido.

 

4. Dar posada al peregrino
Donde hay una casa, las mamás crean el hogar. Ellas le dan ese toque acogedor que no solo lo reciben los pequeños, sino también los amigos, primos y sobrinos que buscan un refugio con una gran sonrisa y corazón.

5. Visitar al enfermo
¿Quién es la primera en preocuparse ante una gripe o un problema estomacal? Así es, las mamás. Ellas acompañan durante la enfermedad, dan el medicamento y se quedan vigilando los síntomas.

 

6. Visitar a los presos
Aunque no podemos darle un sentido literal a esta frase, también se puede atribuir a que las mamás ayudan a sus hijos cuando se sienten limitados o atrapados en algunos errores y etapas difíciles. Ellas acompañan y corrigen en esos momentos.

 

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7. Enterrar a los muertos
Ante una pérdida familiar, uno de los bastiones más fuertes en ese momento es la mamá. Ella enseña a despedirse con amor y da su mano para recibir consuelo en medio de la tristeza.

Obras de misericordia espirituales:

 

8. Enseñar al que no sabe

Nuestras primeras maestras son las mamás. Ellas nos enseñan con su ejemplo cómo vivir la vida; cómo hablar, caminar y saber cómo reaccionar ante ciertas situaciones. Y todo lo hacen con una hermosa paciencia.

 

9. Dar buen consejo al que lo necesita

Nada como un buen consejo de madre. Ellas nos escuchan y saben qué decirnos en momentos en los que nos hemos sentido mal o no sabemos qué decisión tomar.

10. Corregir al que se equivoca

¿Cuántas veces no nos hemos equivocado en el camino? Es inevitable, pero las mamás, al notarlo, nos corrigen desde el cariño, procurando nuestro bien. Incluso en momentos en los que sentimos que son injustas, ellas saben lo que es mejor a través de la experiencia.

 

11. Perdonar las ofensas

Las mamás nos enseñan a pedir disculpas cuando nos ofenden. Pero los hijos también pueden haber ofendido a mamá sin haberse dado cuenta, y ellas ejercen esa obra de perdón.

 

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12. Consolar al triste
Cuando estamos tristes, las mamás lo notan. En algunas ocasiones no es necesario decirles, porque ellas saben que algo no está bien con nuestro actuar. Escuchan, dan un abrazo y rezan por nuestros sufrimientos.

 

13. Sufrir con paciencia los defectos del prójimo

Los hijos no somos perfectos, aunque a veces pensamos lo contrario. Tenemos defectos o hacemos acciones que cansan a las mamás. Y ellas, con todo el amor y paciencia, los soportan.

 

14. Orar por vivos y difuntos

¿Quién crees que menciona tu nombre continuamente con un rosario en mano? Las mamás encomiendan la vida de sus hijos a Dios. Piden por sus alegrías, sus preocupaciones, sus aspiraciones.

Como podemos ver, las mamás son una presencia del amor de Dios en nuestras vidas. En ellas se refleja ese rostro femenino del Creador que nos hace sentir acompañados y amados.

Por eso, cada día es una oportunidad para agradecer por nuestras mamás y por todo lo que hacen.

Oración por las mamás

Primicias Rurales
Fuente: Aleteia

 

“Luz para alumbrar a las naciones»

“Luz para alumbrar a las naciones»

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2,3-11:

 

Queridos hermanos:
En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos.

Quien dice: «Yo le conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud.

En esto conocemos que estamos en él.

Quien dice que permanece en él debe caminar como él caminó.

Queridos míos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado.

Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo —y esto es verdadero en él y en vosotros—, pues las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya.

Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

 

Salmo de hoy

Salmo 95,1-2a.2b-3.5b-6 R/. Alégrese el cielo, goce la tierra

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

El Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor están en su templo. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,22-35

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos “han visto a tu Salvador”,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
“luz para alumbrar a las naciones”
y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre:
«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

 

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

«La luz verdadera brilla ya»

Al leer las lecturas de este día V de la Octava de Navidad me siento impactado por el tema de la luz:  la luz nueva con la que el acontecimiento del Nacimiento del Hijo de Dios en Belén inunda el mundo, la vida y la historia humanas.

Durante siglos, los profetas describían la situación del pueblo con palabras sombrías: “habitaba en tinieblas,… en sombras de muerte…” Y, realmente, la sucesión de invasiones imperiales, yugos opresores, destierros, impuestos asfixiantes y, sobre todo, la sensación de orfandad y reprobación religiosa que se filtraba en esos sufrimientos, tenía al Pueblo de Israel cercado en la oscuridad total.

Pero –como canta un Himno– “la noche es tiempo de salvación” y la Nochebuena confirma que cuando más cerrada parece la noche más cerca está el amanecer. Y así, a partir de la Navidad, los cristianos se convencieron de que Jesús es la luz del mundo y que con Él nos visitaba el Sol nacido de lo alto…

¿Por qué estaban tan convencidos? Por el amor experimentado. La cercanía amorosa de Jesús que experimentaron los pobres, afligidos, y enfermos… y la certeza de ser, en Él, amados y no olvidados por Dios, les iluminó la vida, les devolvió la luz al rostro, la alegría… Pues, ¿acaso no se llena de luz el rostro cuando se alegra, cuando sonríe? Y …¿qué más razón hay para la alegría que la experiencia del Amor?

Como en la Vigilia Pascual, cuando compartimos la luz que tenemos, quien experimenta que “el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud”, vive y realiza para los demás obras de luz, esto es, obras de amor. En nuestro mundo, hoy tan oscurecido por guerras e injusticias, por desplazamientos e indiferencias… ¡cuánta luz habría si los cristianos nos arriesgáramos más en el amor! Entonces, ¿cómo animarnos a realizar más gestos de amor, pequeños, simples, pero proféticos y arriesgados?

“Su Amor está corriendo ya… y ¡tú eres quien lo hará correr!” cantábamos cuando niños en la Parroquia… ¡qué hermoso desafío, y tan actual!

«Mis ojos han visto a tu Salvador»

El texto evangélico de hoy se mueve en un ambiente litúrgico. No solamente por el rito que desean realizar José y María con el Niño Jesús en el Templo, sino porque todo concurre para poner en el centro el Himno que canta Simeón en medio del Templo: el conocido como el “Nunc Dimittis”, por las dos primeras palabras de la versión latina.

Simeón expresa, así, toda la expectativa de un Pueblo y de un mundo “que aguardaba el consuelo de Israel” y canta, por fin, el cumplimiento de la Promesa. Es muy significativo que utilice el lenguaje visual y lumínico: canta y celebra como un ciego que ahora puede ver porque le ha llegado la luz al rostro.

En realidad, el mundo era el que estaba ciego porque no le había llegado la luz, y los ojos de Simeón, al ver la luz del Salvador, ahora la reflejan, la anuncian y la proyectan… Como el espejo de un faro que, concentrado en la luz que tiene delante, gira para iluminar en todas las direcciones, Simeón y el mismo Templo ofrecen a todos la “luz para alumbrar a las naciones”, escondida en el cuerpecillo frágil del Niño.

En nuestros días, mirando a nuestro alrededor, vemos cómo la Navidad enciende luces de colores que adornan las calles y avenidas, invitando a la alegría y a la esperanza… ¡es realmente bello! Pero… con nuestros gestos de amor, pequeños, sinceros y audaces, ¿no ofreceríamos más alegría y esperanza a nuestros pueblos que esas luces?

Si, como espejos, reflejamos la luz que vemos, e inundados por ese Amor que experimentamos, lo compartimos en solidaridad, en ternura, en paciencia, en acogida y hospitalidad…  nuestra vida podrá ofrecer la real alegría de la Navidad y sembrarla eficazmente en quienes nos rodean.

¿Te animas a ser el “nuevo Simeón” de esta época y cantar la luz que llegaste a ver?

 

Fray Germán Pravia O.P.

Fray Germán Pravia O.P.
Real Convento de Predicadores (Valencia)

Nací en Montevideo en 1968 y fui ordenado sacerdote en Argentina en 1993, tras una etapa misionera en barrios populares de la periferia de Buenos Aires. Desde 2011 viví en Paraguay, y conocí a los dominicos en el trabajo pastoral de sus barrios inundables, ingresando en la Orden de Predicadores en 2018. Tras el noviciado me licencié en Teología Espiritual en Comillas y me doctoré en Teología en San Esteban de Salamanca.

Primicias Rurales

Fuente: Dominicos.Org