El Colegio de Ingenieros Agrónomos y Forestales de Buenos Aires (Ciafba) presentó en el Senado provincial una iniciativa que cosechó el rechazo de Carbap por su intervencionismo
Uno de los artículos que encendió el debate es el que declara de “interés público” la protección de los suelos y el agua agropecuaria y forestal “a efectos de mantener y/o mejorar su capacidad productiva y su funcionalidad en el ecosistema”. Desde la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) expresaron su rechazo: “Desde Carbap manifestamos nuestro rechazo al proyecto de Ley de Suelos realizado por el Ciafba, porque avanza sobre la propiedad privada, imponiendo controles, sanciones y burocracia que nada aportan al cuidado real del recurso”.
La norma también prohíbe “utilizar para la producción agropecuaria y/o forestal aquellos suelos no aptos para ello o que se encuentren en un estado de degradación que así lo requiera a efectos de procurar su recuperación”.
Entre los puntos críticos señalados por Carbap figura la “definición de ‘suelos aptos’ por el Estado”, cuyos “criterios oficiales pueden dejar tierras improductivas”. A esto se suma la obligación para “todas las personas físicas o jurídicas que realicen producción agropecuaria y/o forestal… de colaborar con el cuidado de los suelos y el agua a través de las acciones necesarias para garantizar un uso y manejo adecuado”.
Obligaciones
Carbap advirtió sobre una obligatoriedad generalizada respecto de que “todos los productores (dueños o arrendatarios) deben cumplir prácticas definidas por el Estado”.
El artículo 7 habla también de “acogerse a lo indicado por la Autoridad de Aplicación en la definición de los Distritos de Cuidado del Suelo y Agua (inciso b. del artículo 6°, Capítulo IV) respecto a las características agroambientales y la susceptibilidad y/o el grado presente de degradación a efectos de proceder según corresponda para la prevención de degradación, la conservación y/o la recuperación de los suelos de las unidades productivas bajo su responsabilidad».
En relación con los planes de manejo, el proyecto establece que “deberán estar suscriptos por un profesional matriculado…, contemplar un plazo mínimo de cuatro (4) años/campañas agrícolas” y ajustarse al catálogo oficial de prácticas. Carbap remarcó como uno de los puntos más cuestionados la exigencia de “planes de uso y manejo obligatorios: cada cuatro años, con firma profesional y aprobación estatal”, al considerar que esto representa una nueva carga operativa y económica para el sector.
En la misma línea, el diputado bonaerense Luciano Bugallo (Coalición Cívica) cuestionó que, bajo este marco, el productor “pierde autonomía: no decide libremente cómo usar su tierra, sino que está obligado a someterse a planes de manejo supervisados por burócratas y profesionales matriculados”.
Finalmente, el proyecto prevé un sistema de beneficios e infracciones: a quienes cumplan se les otorgarán deducciones impositivas, mientras que quienes incumplan podrán recibir multas, ser excluidos de programas e incluso quedar bajo intervención administrativa.
Se crea un fondo provincial que se financiará con “el cero con cero ocho (0,08) por ciento del presupuesto anual de la provincia de Buenos Aires, el producido de las multas aplicadas… y legados y donaciones». Sobre este punto, Carbap alertó de una “nueva carga fiscal indirecta: creación de un Fondo Provincial que abre otra ‘caja’ de recursos”, en un contexto de alta presión impositiva.

En esta misma línea, Abel Real, presidente de la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales (CAIR), señaló que están analizando el proyecto y que en breve darán a conocer una posición institucional. Anticipó que, desde su punto de vista, implica “un atentado a la propiedad privada”.
Desde el Ciafba explicaron que la iniciativa responde a un problema estructural y creciente en la provincia.“La utilización del suelo para la producción agropecuaria y/o forestal altera el estado estable alcanzado por los suelos como resultado del proceso evolutivo y, si no es realizada cuidadosamente, puede llevar a la reducción y hasta la pérdida de la capacidad del suelo de cumplir con el objetivo de proveer alimentos, fibras, combustibles y medicamentos en particular y su función en el ecosistema en general, lo que se da en llamar degradación”.
También alertaron que “la erosión hídrica y eólica afecta más del 40% de los suelos de la provincia” y que “las consecuencias de este proceso incluyen pérdida de productividad, mayores riesgos de inundaciones, sedimentación en cursos de agua y disminución de la biodiversidad”. Por eso, plantearon que es necesario “promover un cambio de paradigma hacia un manejo responsable y sustentable del recurso, garantizando su disponibilidad para las generaciones futuras”.


















