Cuatro años de transición, menos litros de leche y más carbono en el suelo. Un asesor ganadero presentó en TodoLáctea el caso de un establecimiento que apostó por la producción regenerativa y está a punto de cobrar sus primeros bonos de carbono.
Del confinamiento al pasto: una decisión que cambia las reglas del juego
Buenos Aires, jueves 27 de mayo (PR/26) — Martín Favre, asesor de establecimientos lecheros, detalló el proceso de transición de un tambo que decidió abandonar el sistema tradicional y apostar por un modelo regenerativo.
La meta era ambiciosa: lograr un balance negativo de carbono, es decir, capturar más dióxido de carbono del que se emite.
Presentado en una jornada para tambos con bajos costos de producción, el caso fue exhibido como modelo de una nueva manera de pensar la actividad: no solo producir leche o carne, sino también gestionar servicios ambientales.

Los números de la transición: ¿cuánto cuesta ponerse verde?
La transformación no fue gratuita. El campo amplió su superficie de 1.022 a 1.475 hectáreas mediante compra y alquiler de nuevas tierras. Pero la producción global de leche cayó un 24%, pasando de 7,7 a 5,7 millones de litros anuales, y la rentabilidad también retrocedió.
Sin embargo, Favre subrayó que «en los indicadores económicos, si bien los datos reflejaron que la producción en general bajó un 10%, esto va a ser compensado por los servicios ambientales». La producción de carne, en tanto, se sostuvo.
Hoy, el campo opera al 80% de su potencial ambiental y captura entre 0,3 y 0,7 kilos de carbono por litro equivalente de leche producida.

La recompensa: U$S 40 por hectárea en bonos de carbono
El hito más esperado está a punto de concretarse. «Este campo, el año en curso, va a cobrar los primeros bonos de carbono con unos 40 dólares por hectárea como valor estimado», afirmó Favre. Es la primera vez que el establecimiento accede a este tipo de ingreso, producto directo de haber regenerado el ambiente.


Para el asesor, este ingreso extra no es solo un premio: es el inicio de un nuevo modelo de negocio. «No solo estamos mirando la producción y la renta, sino que el ambiente se esté regenerando, y vamos en ese camino», sostuvo.
2030: la fecha límite que el sector no puede ignorar
Favre lanzó una advertencia al sector: a 2030, la mayoría de las empresas lácteas comprarán leche «carbono cero». Eso significa que quien no empiece a medir su balance hoy podría quedar afuera del mercado en pocos años.
El mensaje es claro: el desafío productivo ya debería estar en marcha. Conocer qué pasa en cada tambo, medir el carbono capturado y prepararse para vender no solo leche, sino también servicios ambientales, es la ecuación del futuro.

La comparación entre sistemas productivos —confinados, pastoriles intensivos y regenerativos— mostrada por Favre en la jornada dejó en claro que los resultados ambientales mejoran significativamente en el modelo regenerativo, y que ese diferencial tiene cada vez más valor económico.
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Fuente: Lechería – TodoAgro


















