El dilema del «metro cuadrado»: la energía y el agro traccionan las inversiones, pero el mercado interno sigue golpeado. El empleo privado formal se estanca y crecen el rebusque y el monotributo. Las profundas diferencias entre provincias.
Por Laura Caullo
Buenos Aires, miércoles 27 de mayo (PR/26) .- La economía argentina transita este 2026 con una paradoja que desconcierta a la calle: las variables macroeconómicas muestran señales de mayor estabilidad y los gráficos de los economistas empiezan a vestirse de verde, pero la reactivación sigue sin golpear a la puerta de los hogares.
La explicación detrás de este fenómeno radica en una marcada economía de dos velocidades.
Por un lado, viajan en «alta velocidad» los sectores vinculados al frente externo: la energía (Vaca Muerta a la cabeza), la minería y el agro. Son los grandes imanes de la inversión. Por el otro, en «baja velocidad», marchan las actividades que dependen del consumo interno (como el comercio o la industria pyme), asfixiadas por salarios reales debilitados y una recuperación que avanza a cuentagotas.
El gran desafío estructural es que el motor que hoy empuja a la Argentina genera pocos puestos de trabajo directos. El petróleo, la minería, el agro y las finanzas representan apenas el 3% del empleo total del país. Por eso, que a estos sectores les vaya espectacular no se traduce automáticamente en más trabajo o mejores ingresos para la mayoría.
El «vaso medio vacío»: 100 mil empleos menos y el auge del rebusque
El dato más preocupante de la coyuntura laboral es la precarización del mercado de trabajo. En el último año, cerca de 100 mil trabajadores perdieron su puesto en el sector privado formal (el empleo «en blanco», que aporta a la jubilación y ofrece estabilidad).
¿Cómo se compensó esa pérdida? No con desocupación abierta, sino con empleo más frágil: se sumaron más de 90 mil nuevos monotributistas y creció el trabajo no registrado («en negro»). Cuando el empleo crece solo en los sectores de baja productividad y menores ingresos, la recuperación social pierde solidez.
El freno de los salarios: Tras una fuerte caída en 2024, los sueldos privados formales habían recuperado un 12% a mediados de 2025 gracias a la baja de la inflación. Sin embargo, el impulso se agotó: a comienzos de este 2026, el salario real privado volvió a terreno negativo (-2,3%). La peor parte se la lleva el sector público, que acumula una pérdida del 23% real desde 2023.
La radiografía de «las dos Argentinas»
Los datos demuestran que no existe un único mercado laboral, sino realidades provinciales totalmente opuestas según su estructura productiva.
Al analizar la cantidad de empleos privados formales cada 1.000 habitantes (donde el promedio nacional es de 144), las brechas geográficas son abismales:
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El podio del desarrollo: Neuquén lidera con 219 empleos formales cada 1.000 habitantes (gracias al boom energético) y Tierra del Fuego le sigue con 198 (impulsada por el régimen industrial). Nota: La Ciudad de Buenos Aires registra 519, pero la mitad de esos trabajadores reside en el Conurbano.
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El norte rezagado: En la otra vereda, provincias como Formosa (37), Santiago del Estero (52) y Chaco (64) muestran una estructura empresarial muy débil y una alarmante dependencia del sector público o informal.
El peso del empleo estatal
Esta debilidad del sector privado se refleja de forma directa en el empleo público provincial. Mientras el promedio del país es de 50 empleados estatales cada 1.000 habitantes, solo cuatro provincias grandes logran operar por debajo de esa línea: Córdoba (33), Buenos Aires (38), Santa Fe (41) y Mendoza (45).
En el extremo opuesto, el Estado es el principal sostén del empleo: Tierra del Fuego tiene 141 empleados públicos cada 1.000 habitantes, seguida de cerca por La Rioja y Neuquén (111) y Santa Cruz (109).
El desafío de la próxima etapa
La estabilidad macroeconómica conseguida es una condición necesaria, pero está lejos de ser suficiente. Las provincias con economías diversificadas y redes empresariales sólidas están mejor paradas para absorber inversiones en esta nueva etapa de economía abierta y competitiva. Las demás corren el riesgo de quedar rezagadas.
El verdadero éxito del programa económico no se definirá en las planillas de Excel del Ministerio de Economía, sino en la capacidad de transformar los dólares de la energía y el campo en empleos de calidad. Para lo que resta de la gestión, el desafío político e histórico es uno solo: lograr que la estabilidad deje de ser un frío dato estadístico y empiece a sentirse en el «metro cuadrado» de cada familia argentina.
Primicias Rurales
Fuente: Fundación Mediterránea – Ieral


















