En el Pueblo del Millón de Árboles, cada hoja caída tiene un destino: no la hoguera, sino la huerta. Cazón avanza hacia un modelo de comunidad sustentable que combina educación, energía solar y producción agroecológica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires Jueves 25 junio(PR/26)–Cuando llega el otoño en Cazón, las calles se cubren de hojas. Durante años, el ritual era siempre el mismo: barrer, juntar y quemar. Pero algo cambió en este pequeño pueblo del partido de Saladillo, a 180 kilómetros de Buenos Aires. Hoy, esas hojas tienen otro destino.

 

 

 

 

Cazón no es un pueblo cualquiera. Se lo conoce como el Pueblo del Millón de Árboles, y esa identidad verde dejó de ser solo un apodo para convertirse en una filosofía de vida. Hoy, sus vecinos e instituciones trabajan juntos para demostrar que una comunidad pequeña puede liderar un proceso de transformación ambiental real, con impacto concreto en el presente y en las generaciones que vienen.

 

Las hojas no son basura: el compostaje que nació en las aulas

 

 

El programa «Las hojas no son basura» es quizás la iniciativa más sencilla y, al mismo tiempo, la más poderosa. Su lógica es simple: lo que se genera en la naturaleza puede volver a ella.

En los comedores escolares de Cazón, el personal auxiliar separa los residuos orgánicos de cocina, y los propios estudiantes los trasladan a las composteras institucionales. El resultado es compost maduro que luego alimenta las huertas, la producción de plantines y las tareas de forestación.

No es un proyecto piloto ni una experiencia aislada: es una decisión colectiva de cambiar la mirada sobre los residuos. Porque cuando una comunidad entera aprende que las hojas caídas no son un problema sino un recurso, algo más profundo que el compost está cambiando.

 

 

Del sol al plato: energía limpia y lácteos agroecológicos

 

 

La apuesta por la sustentabilidad en Cazón no se detiene en el compostaje. El pueblo cuenta ya con un Parque de Energía Solar en pleno funcionamiento, que continuará creciendo con una nueva etapa de construcción.

Esta inversión en energías renovables es una señal clara: la comunidad eligió una matriz energética más limpia y quiere seguir por ese camino.

 

 

 

 

Pero quizás el proyecto más ambicioso es Pasturas de Cazón, un emprendimiento agroindustrial lácteo que integra producción primaria, industrialización y turismo rural bajo principios agroecológicos.

Se construyeron un tambo modelo y una fábrica con tecnología de punta que cubre todo el ciclo productivo, desde la vaca hasta el producto terminado.

El compromiso ambiental se ve en cada detalle: paneles y termotanques solares, sistemas de recuperación de agua de lluvia y tratamiento responsable de efluentes. Un modelo productivo que demuestra que es posible generar valor económico sin sacrificar el entorno natural.

 

 

Una comunidad que decidió ser diferente

 

 

Lo que hace especial a Cazón no es tener un proyecto estrella, sino la suma de iniciativas que nacen desde adentro, con fuerte participación ciudadana y visión de futuro. Vecinos, escuelas, instituciones y emprendedores trabajan en la misma dirección, construyendo día a día una forma diferente de habitar el territorio.

 

 

 

 

En un tiempo en que la tecnología parece avanzar más rápido que la conciencia, Cazón recuerda que también hay otra velocidad posible: la de una comunidad que se organiza, que educa a sus hijos en el respeto por la naturaleza y que convierte las hojas del otoño en símbolo de un cambio más profundo.

La sustentabilidad, aquí, no es una consigna: es una decisión compartida.

 

 

Primicias Rurales

 

 

Fuente: Cicaré &  Kan