La interna electoral en la Sociedad Rural Argentina expone una profunda contradicción ética entre la renovación institucional prometida y la tentación de la permanencia. Por qué el respeto a las reglas y el fin de las retenciones deben ser el verdadero norte del gremialismo agropecuario.
Por Ing. Agr. Pedro Lobos, director de Primicias Rurales
Buenos Aires, jueves 11 de junio (PR/26) .- En el campo nos criamos con una máxima inquebrantable: la palabra vale más que cualquier papel firmado. En la manga, en la feria o bajo la lluvia, un apretón de manos cerraba un negocio, definía un destino y sellaba un compromiso.
Quien faltaba a su palabra, perdía lo más valioso que un hombre de la tierra puede tener: la confianza de sus pares. Por eso, asiste con profunda preocupación el espectáculo que hoy ofrece la Sociedad Rural Argentina (SRA) de cara a las próximas elecciones del 9 de septiembre.
La reciente oficialización de la candidatura de Nicolás Pino para un nuevo mandato, enfrentándose a su propio vicepresidente, Marcos Pereda, expone una fractura que va mucho más allá de una simple competencia electoral o de matices en la relación con el gobierno de Javier Milei.
Lo que está en juego en la histórica entidad de la calle Florida es, precisamente, el valor de la palabra y el respeto a las reglas de juego.

Nicolás Pino Marcos Pereda
La trampa de la interpretación
En 2023, la propia conducción de la SRA impulsó una reforma estatutaria para terminar con las reelecciones indefinidas, fijando un límite estricto de tres mandatos consecutivos.
Fue un logro celebrado como un avance hacia la transparencia y la renovación institucional.
Sin embargo, hoy nos encontramos ante una preocupante pirueta discursiva: el oficialismo argumenta que los mandatos deben contarse desde la modificación del estatuto y no desde la asunción real de la fórmula.
Como bien señala el sector que acompaña a Pereda —compuesto por decenas de socios que ven en esto un retroceso ético—, las reglas pierden toda legitimidad cuando quienes las promueven deciden no cumplirlas.
No se puede borrar con el codo lo que se escribió con la mano. Modificar una norma para perpetuarse, apelando a la letra chica, es una práctica que los productores siempre le hemos criticado a la política tradicional. Verla replicada en los pasillos de Palermo duele y desalienta.
Diálogo, tibieza y el fantasma de las retenciones
El conflicto también deja al desnudo dos visiones sobre cómo defender al sector. Por un lado, Pino exhibe un perfil marcadamente dialoguista y cercano al Poder Ejecutivo, celebrando pequeños alivios impositivos y promoviendo una «previsibilidad» que, para muchos de los que seguimos lidiando con los números en el barro, todavía parece lejana.
Por el otro, un sector importante de las bases reclama una conducción con una voz más firme, menos concesiva, que exija sin medias tintas la eliminación total y definitiva de los derechos de exportación (retenciones), ese lastre que asfixia a la producción desde hace décadas.
El puente de diálogo con el poder político es necesario, pero nunca debe construirse a costa de la firmeza gremial.
La Sociedad Rural no puede ser un apéndice de ningún gobierno de turno; debe ser el faro que guíe los reclamos legítimos del agro.
Un debate que debe volver a lo importante
Para colmo de males, la campaña ya se ha visto salpicada por chicanas que rozan lo ridículo, como los intentos de utilizar las declaraciones personales de la hija de Pereda respecto al veganismo para desgastar su figura.
El propio dirigente tuvo que salir a aclarar lo obvio: su defensa irrestricta de la ganadería argentina como pilar del país. Caer en estas bajezas electorales sólo demuestra la pobreza de la discusión actual.
El próximo 9 de septiembre, los socios de la SRA tendrán la oportunidad de elegir mediante el voto electrónico. Más allá de los balances financieros saneados, la digitalización de trámites o las sedes recuperadas —logros que nadie le niega a la actual gestión—, el verdadero debate debe ser ético.
Los productores argentinos necesitamos una Sociedad Rural fuerte, federal y, sobre todo, coherente.
Si no somos capaces de respetar las normas que nosotros mismos nos dictamos, perdemos la autoridad moral para exigirle reglas claras y previsibilidad al resto del país.
El campo necesita volver a creer en la palabra empeñada. Sin ella, no hay cosecha ni futuro posible.
(Nota del redactor: Los datos fácticos y citas integrados en este artículo corresponden a la crónica publicada por Infobae el 29 de mayo de 2026, 10:27 a.m. AR)
Ing. Agr. Pedro Lobos, director de Primicias Rurales
Primicias Rurales

















