Glaciares gigantes, cascadas que caen sobre pueblos de montaña y trenes que cruzan los Alpes sin que el paisaje deje de sorprender ni un segundo: así es el recorrido por los diez rincones que resumen la postal perfecta de Suiza.
Buenos Aires domingo 5julkioi(PR/26)–Suiza es un país pequeño en superficie, pero enorme en paisajes. En pocas horas de viaje se puede pasar de un glaciar milenario a un lago color turquesa, y de ahí a un valle de cascadas que parece sacado de un cuento. No es casualidad que sea uno de los destinos favoritos de quienes buscan naturaleza y montaña en estado puro.
Estos son los diez lugares que, según los expertos en viajes, mejor representan la belleza de los Alpes suizos.
El Matterhorn, la montaña más fotografiada de Europa
El Matterhorn —o monte Cervino, como lo llaman del lado italiano— es la silueta más reconocible de los Alpes. Desde el Gornergrat, a más de 3.000 metros de altura, la vista incluye el glaciar Gorner y nada menos que 28 cumbres que superan los cuatro mil metros. Pocos miradores del mundo ofrecen tanto de una sola vez.

Aletsch, el gigante de hielo que no se olvida
El glaciar Aletsch es el más grande de todos los Alpes y uno de los paisajes de hielo más impactantes de Europa. Se lo puede admirar desde miradores como Eggishorn, Bettmerhorn o Moosfluh, donde su lengua helada aparece encajonada entre montañas. Además, forma parte del Patrimonio Mundial de la Unesco, dentro del área protegida Jungfrau-Aletsch.

Oeschinen, el lago que parece pintado
Arriba de Kandersteg, el lago Oeschinen reúne todo lo que uno imagina cuando piensa en Suiza: agua turquesa, paredes de roca, bosques y montañas nevadas de fondo. Se llega en teleférico y se puede completar la visita con senderos, paseos en bote o, simplemente, sentándose a mirar el agua.

Lauterbrunnen, el valle de las mil cascadas
El valle de Lauterbrunnen es puro espectáculo vertical. Sus paredes de roca, los prados verdes y los pueblos alpinos forman una de las postales más fuertes del Oberland bernés. La cascada de Staubbach cae justo al lado del pueblo, pero en total el valle esconde decenas de saltos de agua con el imponente macizo de la Jungfrau como telón de fondo.

Jungfraujoch, un viaje al corazón del hielo
El Jungfraujoch es una de las excursiones de alta montaña más famosas del país. Un tren sube hasta un mundo de nieve y hielo permanente, con vistas al Eiger, el Mönch y la Jungfrau. Es cara y muy turística, sí, pero sigue siendo una de las experiencias alpinas más impactantes que se pueden vivir en Suiza.
Diavolezza, la cara más salvaje de los Alpes
En el este del país, Diavolezza regala una de las mejores panorámicas de la región de Grisones. Desde su mirador se ven el Piz Bernina —el único cuatro mil de los Alpes orientales— y los glaciares Pers y Morteratsch. Es un paisaje más crudo y menos conocido que otros íconos suizos, pero no por eso menos imponente.

Las cataratas del Rin, el gran espectáculo del agua
Las cataratas del Rin, en Schaffhausen, no impresionan por su altura sino por la fuerza y el ancho del agua, sobre todo en primavera y verano. Se pueden recorrer desde miradores, pasarelas y hasta en barco, acercándose a la roca central. Un plan fácil y muy accesible desde Zúrich.

El lago de Lucerna, una Suiza más amable
El lago de Lucerna muestra una cara más tranquila del país, con barcos, pueblos históricos y montañas a las que se llega fácil en tren o teleférico. Desde el Rigi y el Pilatus se puede ver el lago desde las alturas, un paisaje de agua y cumbres que funciona incluso para quienes no están acostumbrados al trekking.

Lavaux, viñedos con vista al lago Lemán
Entre Lausana y Montreux, las terrazas de viñedo de Lavaux descienden hacia el lago Lemán con los Alpes de fondo. Es uno de los paisajes más elegantes del país y también Patrimonio Mundial de la Unesco. Se puede recorrer en tren, caminando o combinando pueblos, bodegas y miradores.

La línea del Bernina, un tren que atraviesa postales
La línea ferroviaria del Bernina es uno de los grandes viajes en tren de Europa. Cruza los Alpes entre viaductos, túneles, curvas imposibles y lagos de alta montaña como el lago Bianco. El recorrido también integra el Patrimonio Mundial de la Unesco y permite disfrutar del paisaje sin bajarse del vagón.

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Fuente: El Debate
















