A lo largo del mundo, millones de personas enfrentan una realidad alarmante: la falta de acceso a agua potable. Esta problemática afecta principalmente a comunidades en países en desarrollo, pero también existen regiones en países desarrollados donde el acceso a agua segura es limitado o insuficiente.
Buenos Aires, martes 2 de septiembre (PR/25) .- La ausencia de agua potable impacta directamente en la salud, la economía y la calidad de vida de las personas.
Las causas de esta problemática son diversas, incluyendo el crecimiento poblacional, el cambio climático, la contaminación de fuentes de agua y la mala gestión de los recursos hídricos. En muchas regiones, las infraestructuras para el suministro de agua son insuficientes o están en mal estado, dificultando el acceso a fuentes seguras. Aspectos todos ellos que se ponen sobre la mesa coincidiendo con la Semana del Agua 2025.
La realidad del acceso al agua potable a lo largo de planeta
Una de cada cuatro personas en el mundo, unos 2.100 millones, carecen de acceso al agua potable gestionada de forma segura, una década después de la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. La cifra, incluida en un informe publicado este martes por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef, incluye a 106 millones de personas que beben directamente de ríos, lagos u otras fuentes superficiales sin tratar, lo que los expone a enfermedades y a una exclusión social más profunda.
El informe del «Programa en materia de agua potable y saneamiento en los hogares 2000-2024: especial atención a las desigualdades», publicado con motivo de la Semana Mundial del Agua afirma que, aunque ha habido progresos, aún persisten las brechas y que los más afectados son quienes viven en países de bajos ingresos, contextos frágiles, comunidades rurales, niños y grupos étnicos minoritarios e indígenas.
Detalla que entre 2000 y 2024, la población mundial aumentó de 6.200 millones a 8.200 millones y que durante ese periodo, una cuarta parte (2.200 millones) obtuvo acceso a agua potable gestionada de forma segura, mientras que un tercio (2.800 millones) obtuvo servicios de saneamiento seguros. Aunque millones han tenido acceso al agua, el progreso ha sido desigual y lento.
Revela además que las personas de los países menos adelantados tienen el doble de probabilidades que otras de carecer de acceso a agua potable y más del triple de probabilidades de no tener saneamiento básico. También muestra que aunque han mejorado las condiciones para quienes viven en zonas rurales, aún están rezagados.
Tampoco acceso a infraestructuras de higiene seguras y adecuadas
Entre el 2015 y el 2024 el acceso al agua potable de forma segura subió del 50 al 60 %, y el de higiene básica del 52% al 71%. En cambio, la cobertura de agua potable e higiene en las zonas urbanas se ha estancado en ese mismo periodo.De acuerdo con el informe, 3.400 millones de personas aún carecen de acceso a instalaciones sanitarias gestionadas de forma segura, incluidos 354 millones que aún defecan al aire libre. Los servicios básicos de higiene en el hogar siguen siendo inaccesibles para 1.700 millones de personas.
Advierte que estas deficiencias tienen consecuencias directas: la propagación de enfermedades, la mortalidad prevenible y el aumento de la marginación, especialmente para las adolescentes. En el grupo de edad de 15 a 19 años, muchas de ellas dicen que abandonan la escuela, el trabajo o las actividades sociales durante su menstruación, debido a la falta de infraestructura adecuada.
En la mayoría de los países con datos disponibles, las mujeres y las niñas son las principales responsables de la recolección de agua; muchas de ellas en el África subsahariana y Asia central y meridional dedican más de 30 minutos al día a recolectarla, indica además el informe.
En conclusión, trabajar de manera conjunta entre todos por garantizar el acceso a este recurso natural imprescindible podría ser la clave para salvar a más de 2000 millones de personas que no pueden contar de manera diaria con ese acceso a agua potable ni si quiera a espacios higiénicos seguros.
Buenos Aires, martes 26 agosto (PR/25) — Las precipitaciones ocurridas la semana pasada en gran parte de la provincia de Buenos Aires, y en particular en la zona más afectada por las inundaciones —Bolívar, 25 de Mayo, Carlos Casares, Hipólito Yrigoyen y 9 de Julio como los más comprometidos, a los que ahora se suman Pehuajó, Lincoln, Viamonte y otros—, que recibieron entre 80 y 100 mm adicionales, agravaron de manera dramática un escenario que ya estaba colapsado.
La superficie afectada en estos distritos creció en la última semana (18 al 20 de agosto) entre un 30% y un 40% respecto de la situación registrada apenas 10 días atrás. Se trata de un panorama que hacía muchísimos años no se veía en la provincia.
Esta realidad pone de manifiesto la necesidad de una acción inmediata por parte de las autoridades provinciales y nacionales, a fin de poner a disposición de los productores y municipios herramientas que permitan paliar el impacto.
En primer lugar, se requieren medidas urgentes de asistencia a los productores, ya que en muchos casos no tienen posibilidad de sacar la producción de los campos. Es indispensable que se habilite financiamiento específico, con tasas diferenciadas y razonables, ya que las actuales resultan absolutamente inviables en este contexto.
Asimismo, resulta imprescindible la puesta a disposición de maquinarias (camiones, palas, retroexcavadoras) para ayudar a recomponer caminos y limpiar canales.
Del mismo modo, debe disponerse un alivio fiscal inmediato, tanto desde ARCA (ex afip) como de ARBA y de los municipios, mediante la postergación o suspensión de pagos de impuestos nacionales, provinciales y tasas rurales. La situación es crítica y no se puede esperar a la burocracia que implica la puesta en marcha de las leyes de emergencia agropecuaria, tanto nacional como provincial.
La crisis actual no sólo expone la gravedad de las precipitaciones, sino también la inoperancia de no haber concluido en tiempo y forma el Plan Maestro del Río Salado, como así también la falta de mantenimiento de los caminos rurales. Los productores realizan aportes millonarios en concepto de tasas viales, que muchas veces se desvían hacia otros fines municipales, y hoy las consecuencias de esa desatención afloran con crudeza.
Una obra estratégica como el Salado y el mantenimiento adecuado de los caminos rurales y canales no hubiera evitado las lluvias ni la totalidad del daño ocasionado, pero sí habría permitido morigerar el impacto y facilitar el drenaje de las aguas en plazos más razonables.
Informe de CONFEDERACIONES DE ASOCIACIONES RURALES DE BUENOS AIRES Y LA PAMPA (CARBAP)
Hoy, en esta región de la provincia de Buenos Aires, se estiman más de 1.000.000
de hectáreas anegadas, y la superficie continúa en aumento. A ello se suma una gran
cantidad de tierras con acceso imposible, ya sea por estar aisladas por el agua o por la
falta de piso que permita el ingreso de maquinaria. En esta zona se produce
aproximadamente el 15% del maíz y la soja de la Argentina. Estas áreas ya se descartan
para la próxima siembra de maíz temprano —cuyo ciclo está a punto de comenzar—, y se
desconoce si podrán destinarse luego a soja, girasol o incluso a maíz tardío.
Más allá de la cuestión productiva, la emergencia también golpea de lleno la vida
social y comunitaria de la ruralidad. La falta de caminos transitables impide en muchos
casos el acceso normal a las escuelas rurales, dejando a niños y jóvenes sin clases durante
días o semanas. Asimismo, dificulta la llegada de ambulancias, transporte y provisión de
insumos básicos, profundizando el aislamiento y la vulnerabilidad de las familias que
habitan en estas zonas.
Desde CARBAP se reclama con urgencia una ayuda inmediata, integral y
coordinada por parte de las autoridades, tanto para atender la emergencia productiva y
social como para dar una señal concreta de compromiso frente a una problemática que
amenaza la próxima campaña agrícola y, con ella, la economía y la vida en toda la región.
La entidad insiste en que es momento de actuar con responsabilidad y celeridad para
no agravar aún más una situación ya crítica para miles de productores y familias
bonaerenses.
Al ser natural, no sólo las nutre de forma nativa, sino que, también ayuda a limpiar las hojas permitiendo mejor absorción de luz y nutrientes.
Muchos jardineros destacan que las plantas lucen más brillantes y con colores más intensos después de una buena tormenta. Foto: Agencia Noticias Argentinas – Freepik.
Buenos Aires, domingo 24 agosto (PR/25) — El agua de lluvia ha sido utilizada desde tiempos antiguos para regar huertas, jardines y cultivos. Hoy, la ciencia confirma que no se trata sólo de una costumbre, sino de un beneficioreal para las plantas.
A diferencia del agua de red, la de lluvia es más pura porque no contiene cloro ni sales añadidas. Estos componentes, aunque necesarios para potabilizar el agua, pueden resultar agresivos para las raíces sensibles de ciertas especies.
La lluvia también aporta una leve acidez natural. Ese pH ligeramente ácido ayuda a que los nutrientes del suelo se disuelvan y sean más fáciles de absorber por las raíces, mejorando la saludde las plantas. Además, cuando cae del cielo, el agua arrastra partículas de nitrógeno presentes en la atmósfera, lo cual es un elemento, un fertilizante natural clavepara el crecimiento de hojas verdes y tallos fuertes.
El agua de lluvia ayuda a limpiar las hojas del polvo y otros contaminantes. Foto: Agencia Noticias Argentinas – Freepik.
El agua de lluvia suele tener una temperatura más adecuada que la que sale de la canilla, que en algunos casos llega fría desde las cañerías. Por eso, una temperatura más suave evita el “shock térmico” en raíces y hojas.
Recolectar y aprovechar la lluvia también es una práctica ecológica porque, además permite ahorrar agua potable, un recurso cada vez más valioso, especialmente en las grandes ciudades.
Muchos jardineros destacan que las plantas lucen más brillantes y con colores más intensos después de una buena tormenta. Esto se debe a la combinación de oxigenación, humedady nutrientes.
La ciencia también señala que la lluvia ayuda a limpiar las hojas del polvo y otros contaminantes. Al quedar más limpias, las plantas realizan mejor la fotosíntesis, fundamental para su desarrollo.
Por todas estas razones, aprovechar el agua de lluvia no solo favorece a las plantas, sino también al medio ambientey al bolsillo. Es una manera sencilla y natural de cuidar nuestro entorno. En este sentido, cada vez más hogares y huertas urbanas incorporan sistemas de recolección de agua pluvial. Esta es una estrategia simple y sustentable, ya que devuelve a las plantas lo que la naturaleza les ofrece de manera gratuita.
Consejos prácticos para recolectar y usar agua de lluvia en casa
Colocar recipientes amplios en patios, balcones o terrazas para recolectar la mayor cantidad posible.
Usar tanques o barriles con tapa para evitar que se críen mosquitos y así mantener el agua limpia.
Instalar canaletas en el techo para dirigir el agua hacia contenedores más grandes.
Filtrar las hojas o impurezas con una tela o malla antes de usar el agua en las plantas.
No almacenar por mucho tiempo. Lo ideal es usarla en la semana para evitar estancamiento.
Regar a primera hora de la mañana o al atardecer para que el agua de lluvia se aproveche mejor y no se evapore rápido.
Usar también para limpiar pisos o herramientas de jardinería porque, de esta manera se ahorra agua potable en otras tareas del hogar.
Cinco zonas se encuentran oficialmente en sequía. Otras seis experimentan condiciones de sequía prolongada tras el semestre más seco hasta julio desde 1976.
La actual escasez de agua en Inglaterra fue declarada un “incidente de importancia nacional”, informó el martes la Agencia de Medio Ambiente.
Cinco zonas se encuentran oficialmente en sequía, y seis más experimentan condiciones de sequía prolongada tras el semestre más seco hasta julio desde 1976. A pesar del clima inestable de julio, el caudal de muchos ríos y los niveles de los embalses continuaron bajando desde junio, indica un informe de la agencia de noticias Xinhua.
Las cifras oficiales muestran que las reservas de los embalses disminuyeron un 2% la semana pasada, alcanzando un promedio del 67,7% de su capacidad, en comparación con el 80,5% de la primera semana de agosto y el 75,6% del mes pasado.
Los expertos advierten sobre graves impactos, como la reducción del rendimiento de los cultivos y el alimento para el ganado, daños en humedales y hábitats fluviales, así como un aumento de los incendios forestales.
El Sindicato Nacional de Agricultores indicó que la escasez de agua nterrumpió la temporada de cultivo de este año, mientras que la Agencia de Medio Ambiente señaló que julio fue el quinto mes más cálido registrado, a pesar de las tormentas locales.
Agosto comenzó con condiciones más secas y la cuarta ola de calor del verano, lo que aumentó la presión sobre el suministro de agua y las rutas de navegación.
El Servicio Meteorológico Nacional (MET) informó que la alta presión y una corriente de aire del sur elevarán las temperaturas en gran parte de Inglaterra y Gales a principios de esta semana.
Los expertos también advirtieron sobre los riesgos para la salud relacionados con el calor, como insolación, deshidratación y problemas respiratorios.
“La situación actual es de importancia nacional, y hacemos un llamado a todos para que contribuyan y ayuden a reducir la presión sobre nuestro entorno hídrico”, declaró Helen Wakeham, directora de agua de la agencia y presidenta del Grupo Nacional de Sequía.
En junio, la agencia advirtió que, sin medidas urgentes de conservación, el suministro público de agua de Inglaterra podría enfrentar un déficit diario de 5 mil millones de litros para 2055, con un déficit adicional de mil millones de litros para cubrir necesidades económicas más amplias.
En Bolívar hay entre 300 y 400 productores afectados directamente
Buenos Aires, martes 5 agosto (PR/25) — Las imágenes que el productor agropecuario Leandro Lanzinetti tomó desde el aire, en un vuelo realizado el sábado sobre el partido de Bolívar, dejan en evidencia la magnitud del desastre que atraviesa este distrito: kilómetros y kilómetros de parcelas anegadas como si formaran una red de lagunas que cubren campos agrícolas y ganaderos.
Hay problemas para los cultivos ya sembrados de la campaña fina [trigo], para los tamberos que deben sacar la leche de los tambos y dudas para la nueva campaña de soja y maíz.
La última lluvia, registrada la semana pasada, fue de 30 milímetros. El productor explicó que, aunque no parece un valor elevado, el problema es que en la primera mitad del año ya cayó el volumen de agua que normalmente se registra en todo un año. Por esta razón, en la zona crece la preocupación ante la llegada de la primavera, la estación más lluviosa, y la incertidumbre sobre qué ocurrirá cuando lleguen las precipitaciones más intensas.
No se trata sólo de los campos bajo agua: con la parición de las vacas en marcha, el ganado tiene dificultades para encontrar lugares secos y el mal estado de los caminos rurales impide que los productores puedan mover hacienda o sacar los granos. A esto se suma la inquietud por la próxima campaña de granos gruesos [soja y maíz], que comenzará en dos meses, y la situación de los tamberos, que en muchos casos no pueden sacar la leche por la imposibilidad de que ingresen los camiones a los establecimientos.
Campos bajo el agua en la zona de Bolívar
José Gabriel Erreca, presidente de la Sociedad Rural de Bolívar, proporcionó más datos para dimensionar el impacto. Según detalló, el sector más afectado es el noroeste del partido, la zona más productiva, que limita con Carlos Casares y 9 de Julio, y que incluye la cuenca lechera por excelencia. Calcula que “el 80% de esa franja está bajo agua y con muy poco escurrimiento, lo que impide cualquier trabajo de mantenimiento o mejora”.
Erreca advirtió que la cosecha fina [trigo] será mínima, con muy poco trigo y cebada sembrados, y que el inicio de la campaña gruesa dependerá del clima. “Cada lluvia, aunque sea de 30 o 40 milímetros, en estas condiciones es un montón. Estamos a dos meses de preparar la gruesa y, si el clima no mejora, será muy difícil encarar la campaña”, indica. Según sus estimaciones, entre 300 y 400 productores están directamente afectados.
Lanzinetti señaló que los problemas comenzaron a principios de año. El primer evento fuerte fue el segundo fin de semana de marzo, en coincidencia con la inundación en Bahía Blanca. “En ese momento acá no llovió lo suficiente como para que el arroyo se desbordara e inundara todo, pero con el agua que vino de las Lagunas Encadenadas y lo que llovió en las sierras, la cuenca se saturó por completo. Hubo tres muertes”, recordó.
Los campos anegados de Bolívar
Por Bolívar pasa el arroyo Vallimanca, que recibe el caudal del Canal Aliviador, una obra construida para que, cuando las Lagunas Encadenadas del partido de Guaminí superan cierto nivel, drenen por ese cauce. Ese sistema hizo que llegara a Bolívar un enorme caudal de agua de otras zonas. Aunque la situación mejoró levemente, las lluvias posteriores impidieron que se normalizara.
Respecto de la zona filmada el sábado pasado Lanzinetti calculó que ya se acumularon 1300 milímetros en lo que va del año. “Es un disparate, sobre todo porque falta la primavera, que es el período más lluvioso. La media anual aquí está entre 900 y 1000 mm, pero recibimos 1300 en apenas cuatro meses. Es un exceso. Cuando tanta agua cae en tan poco tiempo, el suelo no alcanza a absorberla y pasa lo que se ve en las imágenes”, explicó.
El invierno agravó la situación. “En esta época no hay evaporación y el agua queda en superficie. En julio cayó 100 mm —en algunas zonas, 120— y la semana pasada, otras 30, que empeoraron todo”, dice.
Lanzinetti también cuestiona la falta de obras de infraestructura. “Acá el agua se va o por evaporación o por la napa, pero hoy la napa, en vez de absorbente, está largando agua hacia afuera. La situación es muy crítica”.
Su empresa se dedica a la agronomía y el acopio de granos, con campos propios y arrendados para ganadería. “Este es un momento muy crítico porque estamos en plena parición, naciendo los terneros, y aunque tengas reservas forrajeras la situación se complica. Por ahora, si no empeora, las vacas están en buen estado y podrán aguantar, pero habrá que moverlas a potreros más secos y racionar. El problema es que, con los caminos destruidos, es muy difícil llegar. Hay cereal sin cosechar y bolsos listos que no se pueden sacar. Eso genera un problema económico gravísimo: el productor necesita vender y hoy no tiene salida”.
La mayor parte del hemisferio norte enfrenta una reducción acelerada de sus reservas subterráneas y superficiales, según una investigación basada en datos satelitales. El fenómeno, impulsado por el calentamiento global y largas temporadas sin lluvias, impacta regiones agrícolas y ciudades en distintos continentes
PorCamila Caruso
El agua dulce almacenada en los continentes desaparece a un ritmo sin precedentes, según un estudio basado en datos satelitales de 22 años (DREW BENNETT)
El agua dulce almacenada en los continentes desaparece a un ritmo sin precedentes, según un nuevo estudio. Esta tendencia, provocada por el cambio climático, la sobreexplotación de aguas subterráneas y la intensificación de las sequías pone en peligro la seguridad hídrica global. La investigación advierte que este proceso está afectando a vastas regiones del hemisferio norte del planeta, donde se identificaron cuatro zonas interconectadas de “mega-sequía continental”.
Las conclusiones surgen de un análisis liderado por Arizona State University (ASU) y publicado en la revista científica Science Advances. Con más de dos décadas de observaciones satelitales, el trabajo muestra que el secado de los continentes supera en magnitud a la pérdida de agua de los polos.
Cuatro zonas críticas y pérdida de acuíferos
Los investigadores detectaron que los territorios que se secan se expandenal doble del ritmo que los que se humedecen, una señal de que se revirtieron patrones hidrológicos de larga data. Esto, en parte, es debido a la extracción excesiva de aguas subterráneas y la falta de reposición. El fenómeno afecta especialmente al hemisferio norte y se concentra en cuatro grandes regiones:
El suroeste de América del Norte y Centroamérica
Alaska y el norte de Canadá
El norte de Rusia
Una franja que abarca Medio Oriente, el norte de África y gran parte de Eurasia
Las zonas que pierden agua se expanden al doble del ritmo que aquellas que ganan humedad, revirtiendo patrones hidrológicos históricos (PICKPIK.COM)
Estas zonas incluyen regiones agrícolas clave como el norte de la India, Ucrania o la llanura del norte de China, además de grandes ciudades como Los Ángeles, Ciudad de México, Berlín, Teherán o Beijing. Según el estudio, el 75% de la población mundial vive en países que han perdido agua dulce de forma sostenida en los últimos 22 años.
Se estimó que aproximadamente el 68% de la pérdida de agua desde el 2002 corresponde a aguas subterráneas, mientras que el resto proviene de fuentes superficiales como ríos, lagos y nieve. De acuerdo con el trabajo, desde 2015, la pérdida total de agua dulce en los continentes contribuyó más al aumento del nivel del mar que la de los hielos de Groenlandia o de la Antártida por separado.
“Estos hallazgos tal vez representen el mensaje más alarmante hasta ahora sobre el impacto del cambio climático en nuestros recursos hídricos”, declaró Jay Famiglietti, autor principal del estudio, profesor en la Escuela de Sostenibilidad de ASU.
El secado de los continentes supera en magnitud a la pérdida de agua registrada en los polos, advierte una investigación liderada por ASU (REUTERS/Leonhard Foeger)
“Los continentes se están secando, la disponibilidad de agua dulce está disminuyendo y el aumento del nivel del mar se está acelerando. Las consecuencias de continuar con la sobreexplotación del agua subterránea podrían socavar la seguridad alimentaria y del agua para miles de millones de personas en todo el mundo. Este es un momento de ‘todas las manos a la obra’: necesitamos una acción inmediata en materia de seguridad hídrica global”, agregó en el comunicado oficial de la universidad.
Cómo se hizo el estudio
El equipo científico utilizó los datos de las misiones satelitales GRACE y GRACE-FO, desarrolladas en conjunto por Estados Unidos y Alemania. Estos satélites detectan cambios en el campo gravitacional terrestre, lo que permite medir las variaciones en el almacenamiento de agua en el planeta. Esto incluye agua superficial, humedad del suelo, nieve, glaciares y agua subterránea.
El estudio documenta un punto de inflexión en 2014–2015, coincidente con un evento climático extremo de El Niño. Desde ese momento, los eventos hidrológicos extremos comenzaron a intensificarse y el uso y extracción de agua subterránea aumentó drásticamente. En consecuencia, la pérdida de agua terrestre superó a la que producen los glaciares y capas de hielo.
La pérdida total de agua dulce en los continentes desde 2015 contribuyó más al nivel del mar que los hielos de Groenlandia o Antártida (Imagen Ilustrativa Infobae)
Además, se detectó una oscilación inédita: las zonas secas, que solían localizarse en el hemisferio sur, pasaron al norte. En tanto, según el estudio, desde 2002 las únicas zonas que muestran un aumento sostenido de humedad, en promedio por latitud, son las regiones tropicales. La investigación señala que esta reconfiguración no fue anticipada por los modelos climáticos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC).
“Es impactante cuánta agua no renovable estamos perdiendo”, explicó Hrishikesh A. Chandanpurkar, primer autor del estudio e investigador de ASU. “Los glaciares y las aguas subterráneas profundas son como fondos fiduciarios ancestrales. En lugar de usarlos solo en momentos de necesidad, como durante una sequía prolongada, los estamos dando por sentados. Además, no intentamos reponer los acuíferos durante los años húmedos y, por lo tanto, nos estamos acercando a una quiebra hídrica inminente”, advirtió.
Por qué importan los resultados: gestión, riesgos y acciones necesarias
El impacto de este proceso no es solo ambiental. Las zonas afectadas incluyen regiones agrícolas de alta productividad, ciudades densamente pobladas y ecosistemas sensibles. El agotamiento de los acuíferos profundos no solo reduce la disponibilidad inmediata de agua, sino que también intensifica los riesgos de inseguridad alimentaria, desplazamientos humanos y conflictos geopolíticos vinculados al agua.
Desde el evento climático de El Niño 2014-2015, los eventos hidrológicos extremos y la extracción subterránea se intensificaron (Imagen Ilustrativa Infobae)
Los investigadores remarcan que contar con registros continuos de almacenamiento de agua terrestre es clave para distinguir entre la variabilidad climática natural y los efectos del cambio climático. “Los registros de GRACE ya alcanzan una duración que nos permite ver de forma robusta las tendencias a largo plazo”, sostuvo Chandanpurkar en el comunicado de ASU.
“Este estudio importa. Muestra con claridad que necesitamos con urgencia nuevas políticas y estrategias de gestión del agua subterránea a escala global”, afirmó Famiglietti. “Aunque los esfuerzos para mitigar el cambio climático enfrentan desafíos, podemos abordar el secado continental implementando nuevas políticas sobre sostenibilidad regional e internacional del agua subterránea. Esto, a su vez, ralentizará el aumento del nivel del mar y ayudará a preservar el agua para las generaciones futuras”, concluyó.