Nov 30, 2019 | Cambio Climático
Buenos Aires, 30 noviembre (PR/19) — El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación informó que se publicó en el Boletín Oficial la Resolución Conjunta Nº 1/2019 destinada a desarrollar el Inventario de Gases de Efecto Invernadero (GEIs) del sector agro y bosques.
La normativa, publicada el 21 de noviembre, formaliza el trabajo conjunto de las secretarías de Agricultura, Ganadería y Pesca, y de Cambio Climático y Desarrollo Sustentable de la cartera de Ambiente y Desarrollo Sustentable (SGAyDS).
El proceso se inició a comienzos de 2019 con un diálogo multisectorial sobre la «Estrategia Nacional de Desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero a largo plazo del Sector Agro y Bosques».
Tiene como objetivo proveer al Gabinete Nacional de Cambio Climático de información sobre la estrategia de desarrollo de reducción de emisiones de GEIs en el sector de la agricultura, ganadería, silvicultura y cambio del uso de la tierra.
De esta manera se avanza con el compromiso asumido internacionalmente de elaborar, actualizar, publicar y facilitar a la Conferencia de las Partes (COP) los inventarios nacionales de emisiones antropogénicas de todos los GEI no controlados por el Protocolo de Montreal.
La Dirección Nacional de Cambio Climatico de la SGAyDS es la responsable de elaborar los inventarios de gases de efecto invernadero y monitoreo de medidas de mitigación.
Por su parte, la Dirección de Producciones Sostenible de este Ministerio, dispone a su cargo la Secretaría Ejecutiva de la Comisión de Cambio Climático para la Agricultura, Ganadería, Pesca, Alimentos y Forestación creada en 2014. Esta dependencia tiene la facultad de recopilar toda la información estadística y geoespacial y sus antecedentes, datos y demás información necesaria para la elaboración del inventario de GEIs del sector agropecuario y los planes sectoriales de mitigación y adaptación de todas las áreas competentes al ministerio de agricultura y de sus organismos descentralizados.
Cabe destacar que la resolución formaliza el trabajo relativo a la estrategia a largo plazo para un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero y el seguimiento de foros y procesos internacionales sobre agro y cambio climático. Además insta a la suscripción de acuerdos con organizaciones representativas del sector agropecuario nacional de fin de establecer mesas de diálogo u otros mecanismos que permitan la participación del sector.
Primicias Rurales
Nov 21, 2019 | Cambio Climático
Buenos Aires, 21 noviembre (PR/19) — El proyecto de mitigación y adaptación al cambio climático, que tenía media sanción, se convirtió en ley.
En una sesión maratónica, donde se aprobaron casi 100 proyectos de ley, la ley de góndolas (Expte 1494-D-19) logró ser aprobada con el apoyo de oficialismo y oposición. La iniciativa para regular la competencia de marcas en las góndolas de los supermercados propone que una misma marca no podrá acaparar más del 30% de la góndola y que la partición del espacio “deberá involucrar a no menos de cinco proveedores o grupos empresarios”.
También que “deberá garantizarse un 25 por ciento del espacio disponible para la exhibición” de productos elaborados “por Micros y Pequeñas empresas nacionales inscriptas en el registro de ‘Mi Pymes” y un 5 por ciento adicional para productos originados por la agricultura familiar, campesina o indígena y los sectores de la economía popular. Los límites también alcanzan a productos importados.
Hacia el final de la sesión, los diputados también aprobaron un proyecto que establece el principio «in dubio pro-natura» e «in dubio pro-aqua», en la Ley General del Ambiente. El proyecto (Expte 4369-D-19), impulsado por la diputada Brenda Austin (UCR-Córdoba) propone que, en caso de duda, las controversias ambientales y de agua deberán ser resueltas de manera tal que favorezcan la protección y conservación del medio ambiente y de los recursos de agua.
Sanción al proyecto de Cambio climático
En la misma sesión maratónica, y con los “Jóvenes por el Clima” presentes en el recinto, los diputados le dieron media sanción al proyecto (1719-S-19) venido en revisión del Senado de la Nación que establece los presupuestos mínimos ambientales para la adaptación y mitigación al cambio climático global, que fue aprobado por 163 votos afirmativos y 8 abstenciones.
La iniciativa crea un Gabinete Nacional de Cambio Climático (hoy vigente a través de un Decreto), organismo que debe elaborar un Plan Nacional para la Adaptación y Mitigación al Cambio Climático, que deberá analizar los cambios en variables climáticas; evaluar los impactos y la capacidad de adaptación de los sistemas sociales y naturales.
Maltrato animal
Ya cerca de las 23 horas, Daniel Lipovetsky (PRO-Buenos Aires) solicitó considerar “sobre tablas” -necesita de la aprobación de los dos tercios del cuerpo-, el proyecto dictaminado por las comisiones de Legislación General y Legislación Penal que modifica la Ley de Maltrato Animal (Ley 14.346).
“Es una ley que tiene 60 años de vigencia que necesita mejorar las penas y tipos penales”, dijo Lipovetsky, uno de los principales defensores de la iniciativa. Sin embargo, la sesión se quedó sin quórum, lo que inhabilitó el tratamiento.
Dictamen para educación para el Desarrollo Sostenible
En el último día habilitado para emitir dictamen, los diputados de la Comisión de Recursos Naturales, avanzaron con la aprobación de un proyecto que (Expte 2887-D-19) que promueve la Educación para el Desarrollo Sostenible, en todos los niveles, en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de todo el país.
El proyecto, de la cordobesa Brenda Austin (UCR) entiende por desarrollo sostenible “aquel que satisface las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”.
Fuente: Barbechando
Primicias Rurales
Nov 15, 2019 | Cambio Climático
Una nueva evaluación global muestra que los impactos humanos han reducido en gran medida las simbiosis entre plantas y hongos, que juegan un papel clave en el secuestro de carbono en los suelos. Restaurar estos ecosistemas podría ser una estrategia para frenar el cambio climático.
Las transformaciones inducidas por humanos de los ecosistemas de la Tierra han afectado fuertemente los patrones de distribución de las simbiosis de plantas y hongos conocidas como micorrizas. Estos cambios han reducido en gran medida la vegetación que presenta una variedad particular de micorrizas ( ectomicorrizas) , un tipo de simbiosis fúngica y vegetal crucial para el almacenamiento de carbono en el suelo. El estudio, publicado en la revista Nature Communications, muestra que la pérdida de simbiosis ectomicorrízica ha reducido la capacidad de estos ecosistemas de secuestrar carbono en los suelos.
La mayoría de las especies de plantas forman simbiosis con varios hongos, en los cuales los hongos proporcionan nutrientes a las plantas, mientras que las plantas proporcionan carbono a los hongos. Investigaciones anteriores han demostrado que estas relaciones aumentan el potencial de la vegetación para eliminar el CO 2 de la atmósfera y secuestrarlo en los suelos. Sin embargo, debido a la complejidad de estas relaciones y las múltiples especies involucradas, ha sido difícil estimar el impacto global de tales simbiosis.
El estudio es el primero en proporcionar una contabilidad global de la distribución de la vegetación micorrízica en todo el planeta junto con estimaciones de su contribución a las reservas de carbono terrestre. Incluso con la pérdida de simbiosis micorrícicas, el estudio encuentra que los ecosistemas que abarcan la vegetación micorrízica se almacenan en el orden de 350 gigatoneladas de carbono en todo el mundo, en comparación con solo 29 gigatones almacenados en vegetación no micorrízica.
“Las actividades humanas, como las prácticas agrícolas, han alterado el 50-75% de los ecosistemas terrestres de la Tierra, transformando áreas naturales con carbono previamente fuerte secuestrando asociaciones de plantas micorrícicas en relaciones mucho más débiles. Mediante la alteración de las plantas que crecen en gran parte de la superficie de la Tierra desde los que tienen fuertes almacenamiento de carbono en el suelo para el almacenamiento de carbono potencialmente débil hemos contribuido también al aumento de la atmósfera de CO 2 “, dice el investigador Ian McCallum IIASA, un coautor del estudio.
Este estudio identifica un mecanismo potencial que podría usarse para disminuir el CO 2 atmosférico a través del almacenamiento mejorado de carbono en el suelo. La restauración de la vegetación nativa que forma la simbiosis ectomicorrízica con hongos del suelo, especialmente en tierras agrícolas y áridas abandonadas, dicen los autores, podría ayudar a aliviar las pérdidas antropogénicas de carbono en el suelo y mejorar los aumentos en los gases de efecto invernadero atmosféricos.
“Entre las vías disponibles para que la humanidad alcance los objetivos atmosféricos de eliminación de CO 2 , la acumulación de carbono en la vegetación y el suelo es una ruta prometedora, en la que la simbiosis micorrízica juega un papel muy importante. Nuestros nuevos mapas detallados de distribución de micorrizas en todo el mundo permitirán un diseño de políticas consciente hacia la disminución del CO 2 atmosférico secuestrando carbono en el suelo y las plantas «, dice la autora principal, Nadejda Soudzilovskaia, investigadora de la Universidad de Leiden en los Países Bajos.
Referencia
Soudzilovskaia NA, van Bodegom PM, Terrer C, van’t Zelfde M, McCallum I, McCormack ML, Fisher JB, Brundrett M, de Sá NC, Tedersoo L (2019). Distribución global de plantas micorrícicas vinculada a las reservas de carbono terrestre. Nature Communications DOI: 10.1038 / s41467-019-13019-2 [ pure.iiasa.ac.at/16154 ]
Primicias Rurales
Fuente:

Nov 13, 2019 | Cambio Climático
Por una parte, la población civil suele tener un lugar en diferentes pabellones o espacios que congregan a ONGs ambientales, científicos, población indígena, empresas, emprendedores climáticos y diferentes iniciativas ciudadanas.
Se trata de un área de encuentro y debate en el que se celebran eventos paralelos a las reuniones políticas y técnicas.
En este caso se ha habilitado una «Zona Verde» para este fin, que se complementará con la organización de diferentes eventos dirigidos al público en general y la sociedad civil a lo largo de la toda la ciudad de Madrid.
Se espera desarrollar un programa denominado ‘Castellana verde’, un espacio versátil que irá desde Plaza Castilla hasta Atocha, donde diferentes edificios emblemáticos de Madrid acogerán conferencias, exposiciones o muestras específicas que aproximen la realidad del cambio climático y la necesidad de respuesta al ciudadano o al visitante en Madrid en esos días.
«No está previsto cortes de tráfico, sino una agenda de actividades. Sí se trata de utilizar esa capacidad que ofrece la arteria principal de Madrid como un espacio de participación», explicó esta mañana la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, en un encuentro con la prensa.
Por otro, en un lugar próximo, se ubicará la zona donde se llevan a cabo las negociaciones de la Conferencia de las Partes (COP) –estados miembros de la convención–, un espacio administrado por Naciones Unidas.
En Madrid, se ha denominado «Zona Azul», donde estarán los dos plenarios y las salas de reuniones para la negociación y las salas y pabellones de las delegaciones, donde España contará con una sala de delegación.
En este escenario, jefes de Estado, ministros y técnicos discuten en distintas sesiones a puerta cerrada, para alcanzar acuerdos sobre mitigación, adaptación, financiación o ambición climática.
«Desde Presidencia de Gobierno habrá una invitación a los jefes de Estado y de Gobierno, para que aquellos que lo deseen participen en la sesión inaugural y en alguna reunión específica que se celebre después», indicó Ribera. Aún no está cerrada, por tanto, la lista de mandatarios que asistirán, ni tampoco si se contará con la participación de Casa Real.
A las reuniones que se celebren a lo largo de las dos semanas en este espacio también pueden asistir como observadores ONGs, representantes de empresas y grupos de interés.
Se calcula que los costes de todo el montaje de la COP25, tomando como referencia cumbres anteriores, será de unos 60 millones de euros, con un retorno a la ciudad de Madrid de unos 100 millones de euros. «Hay que ver posteriormente cómo se puede hacer esa estimación. Estamos hablando de primeras cifras muy abiertas», dijo la ministra.
25.000 personas de 200 países en Madrid
Su organización en una nueva ubicación, en la capital de España, a poco más de un mes del comienzo es un reto. De hecho, es la primera vez que una cumbre climática de esta magnitud se tiene que organizar en tan poco tiempo.
La ubicación se suele anunciar en la cumbre climática anterior, por lo que los países anfitriones tienen al menos un año para prepararla. Para su celebración se han reservado 100.000 metros cuadrados en IFEMA – Feria de Madrid.
Desde que se anunció que Chile mantenía la presidencia de la COP25 pero renunciaba a ser la sede, las 25.000 personas de 200 países que se esperaba que acudieran a esta cita deben reubicarse en la capital española, lo que supone un desafío logístico y de seguridad.

“Se está haciendo todo lo posible para permitir una gran participación y para mantener la dimensión de los espacios de exhibición y eventos según lo planeado. La lista final de eventos paralelos y exhibiciones se ajustará al espacio disponible en el lugar de celebración”, anuncian desde la ONU.
Por otra parte, la asistencia de la población civil que se había organizado para acudir al a cita en Chile también supone un problema de patrocinios y logística para poder hacer frente a este cambio. Además, la llegada de activistas, como la mediática Greta Thunberg, está también en duda.

“Hemos estado en contacto con las personas próximas con Greta Thunberg. El problema que tiene esta activista no es de financiación, sino de modos de transporte».
«Parece ser que el Atlántico Norte en esta época del año no es fácilmente transitable. Le hemos ofrecido en todo caso que si no pudiera trasladarse le facilitaríamos una participación en alguna de las sesiones en remoto. Se están evaluando distintas opciones todavía”, explicó Ribera.
A esto se suma que, al celebrarse del 2 al 13 de diciembre, coincidirá con varias festividades en el momento central de la cumbre, con el consiguiente problema de alojamiento.
«Estamos dándole una vuelta a cómo facilitar esa presencia de la sociedad civil que ha quedado varadas en América Latina y que en muy poco tiempo tienen que organizar un sistema diferente. Habitualmente son organizaciones que cuentan con sistemas de patrocinio propios».
«Estamos en contacto con las grandes filantropias y fundaciones para ver quiénes han ido facilitando ese acompañamiento y estamos trabajando con la búsqueda de patrocinadores adicionales que nos permita facilitar un contingente de billetes de avión para permitirles trasladarse a España», añadió la ministra.
¿Qué va a pasar en la COP25?
La que se celebrará en la capital española será la cumbre del clima número 25. La primera se celebró en Berlín en 1995 y desde entonces se ha realizado de forma anual.
La de este año tendrá lugar dentro de un marco de urgencia: implementar los objetivos del Acuerdo de París y mejorar la ambición en reducción de emisiones de los países firmantes.
Este acuerdo, aprobado en 2015, sentó las bases para una transformación hacia modelos de desarrollo bajos en emisiones, con el compromiso de los 195 países firmantes.

El 4 de noviembre de 2016 entró en vigor, al depositar los instrumentos de ratificación unos 55 países que representan por lo menos el 55 % de las emisiones mundiales. Tres años después, el 4 de noviembre de 2018, EE UU anunció que se retiraba del acuerdo.
En 2019 finaliza la vigencia del Protocolo de Kioto, por lo que en de enero de 2020 se tendría que implementar el Acuerdo de París.
Esta COP25 tiene el reto de poner en marcha los mecanismos para limitar el calentamiento global muy por debajo de los 2 °C de media respecto a los niveles preindustriales a partir del año próximo.
Asimismo, los países firmantes del acuerdo se comprometieron a entregar nuevos planes generales nacionales de acción contra el cambio climático (NDCs, por sus siglas en inglés) cada 5 años, por lo que será en 2020 cuando tengan que aportar las siguientes, que tienen que ser más ambiciosas para cumplir con el objetivo del acuerdo.
La cumbre, que comenzará el 2 de diciembre, espera celebrar el día de apertura una ceremonia en presencia de los jefes de Estado y de Gobierno.
La segunda semana de la COP será el momento de las reuniones de alto nivel ministerial en la que se unen a la cumbre los ministros responsables de la política climática.
¿A qué se comprometieron en el Acuerdo de París?
El Acuerdo de París establece un plan de acción para limitar las emisiones de efecto invernadero y afrontar la crisis climática. «Una causa común para emprender esfuerzos ambiciosos para combatir el cambio climático y adaptarse a sus efectos, con un mayor apoyo para ayudar a los países en desarrollo a hacerlo».
Los 195 países firmantes se comprometieron a reunirse cada cinco años para fijar objetivos más ambiciosos basándose en criterios científicos, informar a los demás gobiernos y a la ciudadanía sobre sus avances, y evaluar los avances hacia el objetivo a largo plazo a través de un mecanismo sólido de transparencia y rendición de cuentas.
Asimismo, incluye compromisos de mitigación, adaptación y financiación. El acuerdo reconoce también “la importancia de evitar, reducir al mínimo y atender a los daños y perjuicios debidos a los efectos adversos del cambio climático”.
Por otro lado, “reconoce la importancia de las partes interesadas no signatarias: las ciudades y otras administraciones subnacionales, la sociedad civil o el sector privado”.
El papel de los científicos en las negociaciones
La interacción científica y política ha cobrado especial relevancia en las últimas cumbres del clima.
“La Convención llama a las Partes a promover y cooperar con la investigación científica, incluso mediante el intercambio de información y el apoyo a programas, redes y organizaciones internacionales y la mejora de las capacidades de investigación de los países en desarrollo”, explican.
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que evalúa la información científica, técnica y socioeconómica para comprender el riesgo del cambio climático inducido por el hombre, también colabora con la ONU y ha definido y fortalecido varias decisiones de la COP.
Para adoptar el Acuerdo de París, por ejemplo, la COP invitó al IPCC a proporcionar un informe especial en 2018 sobre los impactos del calentamiento global con un aumento de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales y las rutas de emisión de gases de efecto invernadero globales relacionadas.
Fuente: SINC
Primicias Rurales
Oct 18, 2019 | Cambio Climático
Esta historia es parte de Covering Climate Now, una colaboración global de más de 250 medios de comunicación para fortalecer la cobertura de la historia climática.
El logotipo de Covering Climate NowHugh Hammond Bennett, el padre del moderno movimiento de conservación que se convirtió en el actual Servicio de Conservación de Recursos Naturales (NRCS), escribió una vez: «Cuida la tierra y la tierra cuidará de ti». Tal vez hubiera sido más exacto decir: «Cuida el suelo y el suelo cuidará de ti».
No es sólo una cuestión de semántica, sino de comprensión
El arado profundo de pastizales nativos para la conversión de tierras de cultivo, destruyó el ecosistema del suelo y preparó el escenario para el Dust Bowl. Foto cortesía de USDA Soil Conservation Service.
Cuando Bennett se convirtió en jefe del Servicio de Erosión del Suelo en 1933, la nación estaba en medio de uno de los desastres ambientales más devastadores de nuestra historia: El Dust Bowl. Este desastre fue causado por dos factores principales.
Uno era climatológico: Un período seco prolongado (pero históricamente normal) siguió a un período inusual de precipitaciones por encima del promedio en las Grandes Llanuras. El tramo más húmedo impulsó a muchos propietarios a convertir los pastizales en tierras de cultivo porque el clima, durante un puñado de años, parecía perfecto para la producción de granos. La recompensa resultante fue, de hecho, abundante. La combinación de la precipitación y los suelos ricos en carbono (proporcionados por miles de años de vegetación perenne que viven simbióticamente con rebaños de bisontes errantes) preparó el terreno para una bendecida producción.
Durante un corto periodo, los tiempos fueron buenos. Realmente buenos.
El segundo factor importante fue causado por el hombre: La conversión de pastizales en tierras de cultivo tuvo un impacto negativo a largo plazo en el suelo mismo. El arado que rompió las llanuras también rompió la capacidad del suelo de las llanuras para funcionar como la naturaleza lo deseaba. El arado profundo y los monocultivos de granos destruyeron la estructura del suelo; colapsaron los poros esenciales del aire y del agua en el perfil del suelo y lo hicieron menos capaz de soportar la vida microbiológica y de almacenar agua. Los agricultores dejaron el suelo desnudo entre los cultivos, en lugar de mantener las raíces en el suelo para mantenerlo cubierto.
El proceso de arar los pastizales para convertirlos en tierras de cultivo también agotó la materia orgánica del suelo y redujo la diversidad microbiológica, de modo que el suelo, una vez sano, vivo y vivificante, quedó incapacitado para resistir el inevitable período seco que se avecinaba. Las cosechas sedientas se marchitaron, el viento azotó el paisaje al descubierto, y se produjo el Dust Bowl. Como las cosechas fallaron, granja tras granja se fue a la bancarrota. Las tormentas de polvo envolvieron a la nación y a sus habitantes desde Washington, D.C. Lo que siguió, como sugiere el título del libro de Timothy Eagan, fue realmente el «peor y más difícil momento» para aquellos que lo vivieron.
Los agricultores sacrificaban el ganado para reducir la oferta y subir los precios o vendían, con pérdidas, el ganado que quedaba en las granjas que estaban a punto de abandonar. Para 1934, los agricultores habían vendido el 10 por ciento de todas sus fincas, y para 1937, más de uno de cada cinco agricultores recibía ayuda federal de emergencia. Los que entraban y salían de la granja sufrían y morían de neumonía por polvo, llamada la «peste marrón», causada por un número cada vez mayor de tormentas de polvo de la «Ventisca Negra».
Lo que sabemos en retrospectiva es que los agricultores del Dust Bowl minaron sin saberlo la vida del suelo y, al hacerlo, socavaron su resistencia. Las cosechas abundantes pero a corto plazo llegaron a un costo que nadie en ese momento podría haber imaginado.
No ha cambiado mucho.
Durante el siglo pasado, a través de un modelo de negocio industrial dependiente de los insumos, nosotros también hemos extraído la vida y la resistencia de nuestro suelo. Nos ha llevado más tiempo hacerlo, pero como el cambio climático es el catalizador de extremos climáticos más frecuentes, estamos viendo cada vez más el impacto de la degradación de nuestros recursos de suelo en nuestras granjas y en nuestras vidas.
En general, nuestros suelos son menos capaces de almacenar agua o absorber fuertes lluvias y, como resultado, son más susceptibles a los períodos de sequía o inundaciones. (Este video de un minuto del USDA explica por qué.) Nuestros suelos también dependen cada vez más de los fertilizantes y pesticidas sintéticos sólo para mantener los niveles actuales de productividad. Durante las fuertes lluvias, muchos de esos productos químicos son transportados a nuestros ríos, lagos y océanos, donde causan estragos en nuestras pesquerías y estuarios.
Según los investigadores del Centro Común de Investigación de la Unión Europea, las pérdidas económicas mundiales debidas a la erosión del suelo por el agua se estiman en 8.000 millones de dólares anuales. Como resultado, la producción agrícola anual se reduce en 33,7 millones de toneladas de alimentos. Aunque el USDA informa que las tasas de erosión de las tierras de cultivo en los EE.UU. disminuyeron 34 por ciento entre 1982 y 2015, la pérdida promedio de suelo por acre en 2015 fue todavía de 4.62 toneladas.
Los extremos climáticos están exacerbando lo que es el problema central subyacente: la mayoría de nuestros suelos están enfermos, carecen de vida microbiana diversa y son incapaces de funcionar en cualquier lugar cerca de su capacidad prevista. Estamos viendo las consecuencias desgarradoras de lo que eso significa cada día, especialmente en el campo.
Afortunadamente, hay una esperanza genuina en un suelo sano.
Sabemos que podemos sanar nuestros suelos de manera relativamente rápida y rentable, con prácticas que han existido durante años. Las prácticas agrícolas regenerativas que mejoran la salud del suelo, incluyendo la siembra sin labranza, el uso de cultivos de cobertura, la integración de animales e insectos benéficos, y las diversas rotaciones de cultivos, alimentan y protegen a los microbios del suelo, que a su vez, alimentan y protegen los cultivos que nos alimentan y nutren.
En todo el país hemos visto los impactos positivos de la agricultura regenerativa en un número creciente de granjas como la de Gabe. Por ejemplo, en sólo unos pocos años de implementar prácticas de mejora de la salud del suelo en su granja, triplicó la materia orgánica del suelo, lo que resultó en un mejor funcionamiento y fertilidad del suelo. Su suelo contiene más agua, lo que le permite cultivar abundantes cosechas, alimentar a su ganado y proporcionar una vida silvestre diversa y un hábitat polinizador, incluso en años de sequía. Al nutrir la vida bajo tierra, Gabe ha permitido una vida abundante y diversa en la superficie. Es importante destacar que estas prácticas agrícolas regenerativas están produciendo una operación agrícola familiar más productiva y rentable.
También hay razones para el optimismo en el hecho de que un número creciente de agricultores, legisladores y otros líderes de pensamiento en todo el país reconocen el potencial de la agricultura regenerativa para sanar la tierra, aumentar los beneficios agrícolas, mejorar la nutrición de los alimentos y mejorar el impacto del cambio climático y los eventos climáticos extremos.
Una vez que hayamos reconocido el hecho de que nuestro suelo está degradado, debemos trabajar juntos para abordar este problema sistémico con un sentido renovado de urgencia y propósito. Nuestro futuro depende literalmente de nuestra capacidad para abordar esta cuestión crítica. Sólo aumentando la adopción de la agricultura regenerativa en todo el mundo podremos hacer frente a este desafío apremiante y existencial que tenemos ante nosotros.
Si cuidamos el suelo, el suelo nos cuidará a nosotros.
Primicias Rurales
Fuente: Civil Eats
Sep 29, 2019 | Cambio Climático
Por Rebecca Hersher
Los salmones nadan río arriba en Seattle en 2017. Una masa de agua anormalmente caliente en la costa oeste de los EE. UU. Contribuyó ese año a un desastre pesquero federal. El calentamiento de los océanos y el aumento del nivel del mar amenazan las economías costeras a medida que cambia el clima mundial.
Elaine Thompson / AP
A medida que cambia el clima mundial, el calentamiento de los océanos se acelera y los niveles del mar aumentan más rápidamente, advierte un nuevo informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU.
El informe es una síntesis de la ciencia climática más actualizada sobre los océanos y el hielo, y presenta una cruda realidad: las temperaturas de la superficie del océano se han estado calentando constantemente desde 1970, y durante los últimos 25 años más o menos, han estado calentándose el doble de rápido
Los niveles del mar también están aumentando cada vez más rápidamente «debido a las crecientes tasas de pérdida de hielo de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida», indica el informe.
«Para mí, la imagen completa es sorprendente y, francamente, preocupante», dice Ko Barrett , vicepresidente del panel de la ONU y subdirector adjunto de investigación de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos. , de alguna manera, un informe sobre el agua. El agua es el elemento vital del planeta «.
El informe también analiza un fenómeno relativamente nuevo en los océanos: las olas de calor marinas.
«Es notable que antes de 2012 [o] 2013, nadie había pensado en las olas de calor en el océano», dice Andrew Pershing , director científico del Instituto de Investigación del Golfo de Maine en Portland, Maine. «Y luego, en 2012 tuvimos un gran evento aquí en el Atlántico noroccidental, y el Golfo de Maine estaba justo en el centro. Fue una verdadera sorpresa».
El agua anormalmente caliente afectó a los animales que viven en la costa de Maine, incluida la langosta y otras criaturas que son cruciales para la economía pesquera local. Además, rápidamente se hizo evidente que el estado no estaba solo.
«Posteriormente, este tipo de eventos de olas de calor han surgido en todo el océano», dice Pershing. «De hecho, hemos tenido tres olas de calor importantes en el Golfo de Maine (2012, 2016 y 2018 ) y ahora estamos viendo olas de calor repetidas en el Pacífico norte; Australia ha tenido algunas olas de calor repetidas. Así que realmente se está convirtiendo en una parte de la conversación en oceanografía «.
«Es una especie de problema emergente», dice Barrett . «El informe encuentra que estas ondas de calor han duplicado su frecuencia desde la década de 1980 y están aumentando en intensidad».
Eso es un gran problema para las comunidades costeras cuyas economías dependen del pescado y otros mariscos. Las olas de calor marinas en los últimos años provocaron una cascada de cambios en la vida marina frente a la costa del noroeste del Pacífico, lo que a su vez condujo a estaciones desastrosas para los pescadores comerciales.
«Tuvimos dos temporadas de desastre pesquero declaradas por el gobierno federal en 2016 y 2017», dice Noah Oppenheim, director ejecutivo de la Federación de Asociaciones de Pescadores de la Costa del Pacífico. «Las temporadas de desastres que hemos experimentado últimamente pusieron a muchos pescadores al borde».
El agua anormalmente caliente apoyó la proliferación de algas que contaminaron la pesquería de cangrejo Dungeness en la costa oeste, cerrándola durante meses. Mientras tanto, la llamada gota de agua caliente de la costa se asoció con la sequía en la tierra, que diezmó los salmones, aumentó el riesgo de incendios forestales y agotó los recursos hídricos del interior.
«Ciertamente, este es un fenómeno en el que deberíamos poner mayor atención porque creo que hay conexiones entre las olas de calor marinas y, por ejemplo, el clima, ya que afecta incluso el interior de los continentes», dice Barrett.
El aumento de las temperaturas del agua en el Golfo de México también ha afectado el clima en esa región. Cuando las temperaturas de la superficie del mar son inusualmente altas, ayuda a alimentar tormentas tropicales más grandes y húmedas. Por ejemplo, el huracán Harvey y la depresión tropical Imelda llegaron tierra adentro y arrojaron cantidades increíbles de lluvia en Texas en los últimos dos años.
El informe del panel de la ONU sugiere múltiples acciones que los líderes locales, estatales y nacionales pueden tomar para frenar el calentamiento y el aumento de los océanos, y para adaptarse a sus impactos. En primer lugar, los autores refuerzan lo que se conoce desde hace décadas: las emisiones de gases de efecto invernadero de la quema de combustibles fósiles son el principal impulsor de los cambios en los océanos del mundo, y la economía mundial debe experimentar una transformación dramática para reducir esas emisiones.
El informe señala que los océanos se están volviendo más ácidos, lo que podría conducir a la extinción masiva de organismos marinos, especialmente animales con conchas , como las ostras y las almejas.
Sin embargo, el informe también señala que si las emisiones de gases de efecto invernadero se reducen inmediata y dramáticamente, algunos impactos de la acidificación de los océanos podrían evitarse este siglo.
Algunos impactos marinos del cambio climático se desarrollarán en los próximos años, pase lo que pase. Acelerar el aumento del nivel del mar, por ejemplo, amenazará a miles de millones de personas y representará una amenaza existencial para millones de personas que viven en comunidades costeras indígenas que son propensas a las inundaciones y dependen de la pesca.
«Incluso si reducimos las emisiones de carbono en este momento, todavía estamos viendo cambios de 20 a 30 años», explica Pershing. «Eso significa que, no importa lo que hagamos, tenemos que descubrir cómo nos vamos a adaptar a estos cambios».
Fuente: npr
Primicias Rurales