May 12, 2020 | Clima
Buenos Aires, 12 mayo (PR/20) — El Océano Pacífico Tropical permanece en un estado “neutral cálido” por lo cual su influencia en la marcha del clima es poco
notoria, ya que no se encuentran activos ni “El Niño” ni “La Niña”.
No obstante, cabe mencionar que la Costa Americana del Pacífico viene enfriándose gradualmente (Figura Superior), lo cual ha hecho que muchos medios difundan la versión que pudiera estar desarrollándose un episodio de “La Niña”.
Sin embargo, el pronóstico emitido por la NOAA de los EE. UU.sólo prevé un enfriamiento de moderada intensidad y corta duración, que posiblemente no alcance el nivel de “La Niña”, por lo que es poco probable que el mismo
pueda producir un impacto de consideración.
En cambio, el Océano Atlántico muestra alteraciones más definidas, que afectan diferencialmente a las distintas áreas agrícolas sudamericanas.
El Océano Atlántico Tropical se encuentra por encima de su temperatura normal, pero en proceso de enfriamiento que tiende a hacer desaparecer dicha anomalía.
Por su parte, el Atlántico Subtropical Sur presenta áreas frías, reduciendo moderadamente las lluvias en las zonas subtropicales de Sudamérica, que abarcan el sur de Bolivia, la mayor parte del Paraguay, La Argentina, el Uruguay y el sur del Brasil.
Este escenario apunta a una evolución dentro del rango normal, pero no exenta de algunos riesgos según se expone a continuación.
Debido a los factores mencionados en la introducción, la perspectiva para el otoño 2020 se perfila moderadamente perturbada, tanto en el espacio como en el tiempo.
• Abril mostrará precipitaciones moderadamente abundantes en la mayor parte del área, al mismo tiempo que la temperatura descenderá,
reduciendo el consumo y permitiendo la recarga del perfil de humedad. Sólo el norte y el centro de Chile, el oeste del NOA, Cuyo y el oeste de la Región Pampeana observarán registros escasos.
• Mayo observará una reducción general de las precipitaciones, de manera que sólo el extremo norte del área y la Cordillera Sur recibirán precipitaciones abundantes, al mismo tiempo que comenzarán las irrupciones de aire polar, con
moderada intensidad, provocando el riesgo de heladas.
• Junio experimentará una reactivación de las precipitaciones, aunque el NOA, el centro y el norte de Chile, Cuyo y el oeste de la Región Pampeana no serán beneficiados. Las irrupciones de aire polar se harán intensas, incrementando el
riesgo de heladas.
El invierno 2020 continuará observando moderadas perturbaciones.
• Julio mostrará precipitaciones moderadamente abundantes en la mayor parte
del área, salvo una franja seca que correrá desde el sur de Bolivia a través del centro-oeste de La Argentina, mientras que se acentuarán las entradas de aire polar. El sur y el centro de Chile recibirán precipitaciones moderadas, algo
inferiores a lo normal para la época.
• Agosto observará una reducción general de las precipitaciones sobre el oeste y el centro del área, de manera que sólo su porción nordeste recibirá precipitaciones abundantes. Se producirán irrupciones de aire polar de gran
intensidad.
• Septiembre experimentará una reactivación de las precipitaciones, mientras las irrupciones de aire polar continuarán, aunque con intensidad decreciente.
La reducción de la temperatura disminuirá los requerimientos de la vegetación, haciendo que las reservas de humedad de los suelos se mantengan adecuadas en la mayor parte del área agrícola, a excepción del Sudoeste de la Región Pampeana.
La primavera 2020 observará un régimen dentro del rango normal, aunque conservando rasgos de inestabilidad.
• Octubre experimentará precipitaciones abundantes en la mayor parte del área agrícola a excepción del oeste del NOA, partes de Cuyo, el sudoeste de la Región Pampeana y el sur y el centro de Chile. Se producirán algunas
irrupciones tardías de aire polar.
• En Noviembre continuarán las precipitaciones abundantes, aunque se
mantendrá la franja seca sobre el oeste de La Argentina. El sur y el centro de Chile observarán precipitaciones abundantes. Comenzarán a producirse fuertes tormentas sobre el centro y el este del NOA. Las tormentas cordilleranas
reducirán su intensidad, moderándose paralelamente las irrupciones de aire polar.
• Diciembre observará precipitaciones abundantes, aunque algo irregulares. Se
acentuarán las tormentas sobre el centro y el este del NOA. Las precipitaciones sobre el sur y el centro de Chile y la Región de Cuyo serán moderadas a escasas. Se reducirán las entradas de aire polar, al mismo tiempo que se notará un marcado ascenso de la temperatura.
Las reservas de humedad de los suelos se mantendrán adecuadas en la mayor parte del área agrícola, notándose cierta mejoría en el Sudoeste de la Región Pampeana.
La primera parte del verano 2021 observará un régimen dentro del rango normal, aunque conservando rasgos de inestabilidad.
• Enero experimentará precipitaciones abundantes en la mayor parte del área agrícola a excepción de partes de Cuyo y el sudoeste de la Región Pampeana, al mismo tiempo que se producirán algunas irrupciones tardías de aire polar.
• En Febrero las zonas que son sensibles al enfriamiento del Océano Pacífico Ecuatorial, como la Región Pampeana, la Región del Chaco, el sur del Brasil y el Uruguay, podrían observar una reducción de las precipitaciones que, unida a
las elevadas temperaturas propias de la época, darán como resultado una disminución de las reservas de humedad de los suelos. El resto del área agrícola continuará recibiendo precipitaciones abundantes.
Primicias Rurales
Fuente: Informe de Perspectiva Agroclimática Estacional elaborada por Eduardo Sierra para la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.
May 11, 2020 | Clima
Buenos Aires, 11 mayo (PR/20) -. Desde el INTA analizan el escenario que deben enfrentar los establecimientos agropecuarios ante la creciente variabilidad climática interanual y dentro de una misma estación.
«En la ganadería la gestión del agua y las reservas son claves para minimizar riesgos», afirma Pablo Mercuri, Director de Recursos Naturales del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
«La variabilidad climática interanual se está incrementando y esto implica mayores riesgos para la actividad agropecuaria que produce a cielo abierto. A esto se suman cambios bruscos intraestacionales, que pueden ocurrir dentro del período de crecimiento de las pasturas, por ejemplo, algo importante porque ya hicimos la inversión y tenemos que ver cómo aminorar impactos», planteó el Ing. en Prod. Agr. Pablo Mercuri, Director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, en el primer seminario virtual organizado por el laboratorio CDV.
Y aclaró: «Esta variabilidad no es algo nuevo, pero con el cambio climático está exacerbada. Los fenómenos extremos son hoy más frecuentes, nos toca convivir con ellos y gestionar nuestros sistemas para mejorar la productividad en forma sustentable».
Qué dicen los datos
Para medir el clima, en primer lugar están los datos observados, como los que se toman con un pluviómetro en el campo. Luego, los que se recolectan en una estación meteorológica, que se traducen en series y posibilitan evaluar tendencias durante períodos prolongados. En cuanto al clima del futuro, hay modelos que permiten preverlo a muy largo plazo, contemplando distintos escenarios, aunque para muchas variables las predicciones comienzan a mostrarse ya en nuestros días.
«Todos los modelos proyectan que, en los últimos 30 años de esta centuria (2070 a 2100), habrá zonas en las que disminuirán las precipitaciones y otras en las que se incrementarán. Así, se sabe que faltará agua en la zona cordillerana, algo que hoy está ocurriendo, con impactos en la región productiva del oeste del país, semiárida y árida», explicó el investigador, pormenorizando que los datos observados en el territorio van en línea con los escenarios que anticipa el cambio climático.

Otra característica aparejada al cambio climático es que hay más días consecutivos sin precipitaciones, que llevan a situaciones de déficits prolongados de humedad para los cultivos. «El año pasado, entre agosto y abril, hubo tres períodos largos sin lluvias, en toda la región productiva. Fue titular de diarios porque es la estación de mayor crecimiento de los pastos», recordó.
En tanto, analizando series largas se observa que los ciclos secos y húmedos presentan cada vez mayor variabilidad, no sólo entre décadas sino también entre años y estaciones. A su vez, «hay certeza científica de que el cambio climático incrementa los fenómenos extremos», aseguró.
Desde el establecimiento agropecuario, «nos tenemos que enfocar en esta variabilidad exacerbada entre distintas escalas de tiempo”, anunció Mercuri, aludiendo a que los productores están acostumbrados a trabajar con datos promedio de la zona y desvíos estándar, pero estas estadísticas enmascaran los fenómenos extremos. “Tenemos que aprender a trabajar con nuevos indicadores que contemplen esta realidad”, subrayó.
En el terreno
El cambio climático también produce anomalías en los cursos de agua. «Sólo alcanza con observar el contraste entre la creciente del Paraná de enero de 2016 (pleno Niño) y la bajante registrada desde diciembre de 2019. Lo que vemos hoy no sólo es extraordinario por la disminución de caudales en los principales puertos, sino por la persistencia del fenómeno, que por el momento se prologará», advirtió.
Una cuestión clave en la planificación agropecuaria es el régimen de heladas, que igualmente se está modificando. «Los inviernos son más benignos y se acortan los períodos entre la primera y la última helada. Entonces, hay que reconsiderar el riesgo de estos eventos», manifestó Mercuri, presentando información histórica elocuente al respecto.
«En la década del ’30, en el norte de Buenos Aires, teníamos 148 días promedio libre de heladas y 42 eventos por año. En los años 2000, esos datos se ubican en 108 días y 23 sucesos anuales, respetivamente», sostuvo.
Sin embargo, prosiguió, «si recuerdan el último invierno, fue muy significativo en cuanto a cantidad de heladas y período libre de la mismas. Son sorpresas que nos da el clima, que hay que seguir de cerca porque se acorta la estación de crecimiento de los cultivos».
Algo similar ocurrió con las lluvias. «El año pasado era neutro, pero tuvimos períodos significativos sin lluvias. Hay que empezar a considerar estos cambios bruscos en la planificación forrajera», dijo el investigador, enfatizando que esta mayor incertidumbre requiere incorporar el riesgo del clima en la gestión del establecimiento agropecuario.
Frente a este escenario, desde el INTA, la FAUBA y otros organismos públicos se elaboran 27 índices agrometeorológicos para los sistemas productivos del país buscando contribuir a la toma de decisiones de los productores.
«Toda la información es pública y gratuita. Un ejemplo es el índice que nosotros llamamos de ‘noches cálidas’, relacionado con las temperaturas de confort para el ganado de distintas razas y regiones», afirmó Mercuri, pormenorizando que se trata de un indicador disponible entre diciembre y marzo, que anticipa el estrés térmico al que podría estar expuesto el ganado durante el día y estima el período de tiempo necesario para recuperarse por la noche.

Otra cuestión importante para las decisiones climáticamente inteligentes es el momento en que se toman. «A veces el productor compra la semilla cuando aún es difícil saber cómo vendrá la campaña. Pero si finalmente es un año Niño puede incrementar la densidad de siembra, si es neutro mantenerla y si es Niña disminuirla. Lo mismo se puede hacer con cada variable agronómica, hay herramientas de adaptación», aconsejó.
¿Que se prevé para la próxima campaña? «La temperatura del Océano Pacífico ecuatoriano es el gran regulador de nuestro clima, ya que marca la entrada de un evento Niño o Niña en los próximos meses. En concreto, define sequías o precipitaciones en exceso en el Cono Sur. Por lo pronto, esa temperatura se mantiene en valores normales y continuará así durante el resto del otoño y gran parte del invierno. O sea que habrá condiciones normales», aseguró. ¿Qué ocurrirá luego? “Lo que más deseamos es poder dar respuesta a esta incertidumbre pero hay una barrera técnica para ello. El momento certero, con fundamento científico, es a mitad de año”, precisó.
En la ganadería
Para Mercuri, el principal criterio de adaptación que deben contemplar los sistemas ganaderos ante la variabilidad climática es la gestión del agua. «En cada decisión hay que mirar cuánta agua tenemos en forma superficial y cuánta, en profundidad. Esto es importante no sólo para los granos forrajeros sino también en un lote de pasturas ya que nos permite conocer cuál es el rebrote esperado», indicó, citando que para ello se dispone de un informe diario sobre agua en el perfil en las principales regiones productivas.
«En zonas donde se prevén déficits hídricos, habría que comenzar a elegir variedades de mejor enraizamiento que puedan aprovechar el recurso en profundidad. El agua del suelo es como el banco central del campo», argumentó. Y opinó: la ganadería tiene que poner más atención en la gestión del agua y la planificación de reservas como para afrontar cambios bruscos del clima, que en variables como la temperatura o las lluvias, de menor impacto relativo».
¿Estaciones meteorológicas en los campos? «Las instituciones como el INTA, la FAUBA y el Servicio Meteorológico Nacional, hacen mediciones de datos primarios, pero hay que tomar datos in situ, en cada sistema de producción. Se puede empezar con una herramienta simple, como un pluviómetro y una probeta, hasta instalar estaciones meteorológicas automáticas, hay un enorme abanico de opciones al respecto. Para poder tomar decisiones inteligentes, tenemos que hacer agrometeorología de precisión», finalizó.
Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne
Primicias Rurales
Fuente: Valor Carne
May 10, 2020 | Clima
Universidad Norte Arizona,10 de Abril (PR/20) – Como la demanda de combustibles para el transporte se ha desplomado a un ritmo sin precedentes en el último mes debido a la pandemia de COVID-19, un científico de la Universidad del Norte de Arizona dice que la drástica disminución de la contaminación atmosférica local y de los niveles de dióxido de carbono (CO2) por encima de las ciudades es significativa, medible y podría ser histórica, dependiendo del tiempo que los viajeros y otros conductores permanezcan fuera de la carretera.
El profesor Kevin Gurney de la Escuela de Informática, Computación y Sistemas Cibernéticos de la NAU mide las emisiones de gases de efecto invernadero en las principales ciudades de los Estados Unidos. Dice que el consumo de tres importantes combustibles ha bajado en picada: la gasolina, el combustible para aviones y el destilado (diesel).
«Durante las tres primeras semanas de abril», dijo Gurney, «la gasolina ha disminuido un 43,1 por ciento, el combustible para aviones un 59,3 por ciento y los combustibles diesel un 16,7 por ciento en comparación con las mismas tres semanas de la última década». Si no lo supieras, pensarías que es un error en los datos. Nada como esto ha aparecido nunca en el registro. Nunca».
Gurney dice que los vehículos que circulan por la carretera representan aproximadamente el 20 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono cada año. «La disminución de la gasolina tiene implicaciones tanto para la calidad del aire local como para el cambio climático. Nunca podríamos haber hecho un experimento en el que el público dejara de conducir. El virus COVID-19 ha forzado esto, y nos da una idea de lo que el no conducir le hace a nuestro aire.»
Gurney dijo que los primeros datos de los monitores de satélite y de tierra están mostrando una disminución de la contaminación atmosférica local en varios lugares de los EE.UU., en consonancia con la disminución del consumo de combustible. Basándose en los datos recogidos desde mediados de marzo, Gurney ha proyectado niveles a largo plazo de gases de cambio climático en la atmósfera en caso de que las demandas de combustible para el transporte se mantengan bajas.
«Si se asumiera que la gasolina, el combustible para aviones y los destilados persistieran en los niveles actuales hasta finales de junio, esto resultaría en una disminución anual del 5 por ciento en las emisiones de CO2 de la energía total para 2020. Si los niveles actuales persistieran durante 12 meses, o hasta finales de febrero de 2021, esto resultaría en una disminución anual de las emisiones de CO2 de aproximadamente el 15 por ciento».
Como punto de referencia, Gurney compara los impactos del uso de combustible de petróleo de la pandemia del coronavirus con la crisis financiera mundial de 2008, cuando las emisiones de dióxido de carbono disminuyeron en un 3 por ciento ese año.
«Esto supera con creces ese evento en términos de datos de consumo de combustible que podemos ver, pero sólo hemos tenido unas pocas semanas para medir los resultados. No sabemos cómo va a aparecer esto a largo plazo. Una vez que la pandemia termine, podemos volver a nuestros niveles normales de emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, puede que haya resultados positivos para el clima en medio de este devastador evento social y económico. Por ejemplo, los propietarios de empresas pueden ver oportunidades para continuar el teletrabajo con una parte de la fuerza de trabajo y así aumentar la productividad y reducir los costos. Esto podría disminuir el tráfico rodado y aumentar la eficiencia del espacio comercial».
Gurney continúa archivando numerosos conjuntos de datos de emisiones de CO2 como parte de sus proyectos Vulcan y Hestia, que trazan un mapa de las emisiones a escalas finas en todo el paisaje de los Estados Unidos. «Desde el punto de vista del cambio climático, puede haber algunas ideas valiosas sobre el consumo de energía que podemos utilizar al salir de la crisis de COVID-19», dijo Gurney.
Primicias Rurales
Fuente: NAU research
May 9, 2020 | Clima
Rosario, 9 mayo (PR/20) — Por Gustavo Víctor Necco Carlomagno y José Luis Aiello – La pandemia actual COVID-19 (COronaVIrus Disease – 2019) ha despertado inquietudes sobre causas y factores que provocaron su eclosión y expansión, señalándose entre ellos. en varios medios periodísticos y redes sociales, el cambio climático.
Hemos discutido en diálogos anteriores la definición, características y peculiaridades del cambio climático (ver https://agrolinkweb.com.ar/cambio-climatico-imperdible-entrevista-del-dr-aiello-al-dr-necco-carlomagno/ y https://bcr.com.ar/es/mercados/investigacion-y-desarrollo/informativo-semanal/noticias-informativo-semanal/reunion-sobre).
Recordemos que el cambio climático comparte con la pandemia su carácter global, planetario, pero las tendencias climáticas a largo plazo se caracterizan, como hemos señalado, como abstractas, distantes, graduales y complicadas.
En tanto que los fuertes impactos socio-económicos de los eventos meteorológicos extremos o tiempo extremo (tormentas severas, sequías, inundaciones, olas de calor o frío) explican el interés del público y las autoridades en comprender sus causas subyacentes.
Luego de un evento de tiempo extremo la respuesta típica de los científicos es que el calentamiento global o el cambio climático resultante no “causa” un evento individual en un sentido determinista, pero puede hacer que algunos sean más probables o más intensos.
De la misma forma podemos admitir que no está probado que el cambio climático haya “causado” directamente la pandemia, pero pueden existir relaciones o interacciones, ya sean positivas o negativas.
Han aparecido opiniones en medios periodísticos y profesionales y redes sociales que sostienen que estos problemas no deberían dejarse a los expertos de la física o biología (meteorólogos, climatólogos, biólogos, epidemiólogos) sino exclusivamente a políticos, economistas o sociólogos.
Creemos que en estos problemas tan complejos e interactivos se hace imprescindible un enfoque inter- e intra-disciplinario entre ciencias naturales y socio/económicas si se desean resultados sólidos y realistas.
Se correría un riesgo grave si se excluyen las ciencias llamadas “duras”, que son finalmente las más objetivas, ya que con las otras disciplinas pueden aparecer sesgos subjetivos, en ocasiones interesados, de acuerdo con los grupos que se involucren (lamentablemente esto ha ocurrido en el caso del cambio climático).
Decíamos en una de las entrevistas anteriores que “En este contexto la participación pública efectiva en desafíos ambientales complejos requiere que los expertos técnicos aprendan de las partes interesadas y los tomadores de decisión a través de un auténtico diálogo bidireccional”. Estamos convencidos que en el caso del COVID-19 los enfoques post-modernos serian suicidarios.
Hablando de riesgos, el último informe del World Economic Forum (WEF), “Global Risks Report 2020” incluye al fracaso en la acción climática, la pérdida de biodiversidad, los desastres naturales y los desastres medioambientales producidos por el hombre como los factores de mayor verosimilitud e impacto, en tanto que las enfermedades infecciosas aparecen como de alto impacto y baja verosimilitud (el COVID-19 demuestra que esta evaluación fue demasiado conservadora).
También destaca la fuerte interacción entre estos factores y, particularmente, el fracaso de la gobernanza global. Sobre este último punto recordemos que habíamos expresado en una entrevista anterior, respecto a los pobres resultados de la COP25 en cuanto al cambio climático, que “Una de las serias dificultades es que el tratamiento de este problema global necesita cierta gobernanza global relativamente sólida y los esquemas actuales de la ONU son pesados, engorrosos, reactivos y altamente politizados, que toman mucho tiempo para lograr decisiones (cuando se logran).
Lamentablemente hay una urgencia climática y el sistema político no está respondiendo con el compromiso y la premura que el caso merece. Más aún, en los últimos años se observa una “desglobalizacion”, donde los distintos países dan prioridad a sus intereses nacionales (en criollo, un “tute cabrero”). Queda poco lugar para el optimismo”. Podríamos aplicar este párrafo mutatis mutandis al caso del COVID-19.
Volviendo al tema que titula esta nota analizaremos y comentaremos una serie de preguntas sobre el COVID-19 y el cambio climático guiándonos e inspirándonos en opiniones recientes de expertos de centros de investigación reconocidos (principalmente Harvard, Yale, Cumbria y Scripps – ver referencias).
José Luis Aiello: ¿Afecta el cambio climático la transmisión del COVID19?
Gustavo Víctor Necco Carlomagno: Aunque es demasiado pronto para saber qué impactos directos ha tenido el cambio climático en la propagación del coronavirus, la evidencia respalda que el cambio climático podría afectar indirectamente la propagación de la enfermedad, las enfermedades infecciosas y otros virus con síntomas similares a la gripe en todo el mundo. Con el calentamiento global los animales -grandes o pequeños, terrestres o marinos- se dirigen a las regiones más frías alejándose del calor, toman contacto con otros animales que normalmente no encontraban, creando oportunidades para que los patógenos entren en nuevos huéspedes.

Varios de los factores primarios que provocan el cambio climático también aumentan el riesgo a pandemias. Por ejemplo, la deforestación, que es una de las causas principales de la pérdida de hábitats a nivel mundial, causando que los animales migren, tomen contacto con otros animales o el hombre y compartan gérmenes.
JLA: ¿Puede el calentamiento retrasar la expansión del COVID-19?
GVNC: Todavía no se tiene una idea clara de lo que significará el clima cambiante para el COVID-19 y no se debería confiar en que un clima más cálido pueda reducir las transmisiones. Tenemos que hacer todo lo posible en este momento para frenar la propagación de esta enfermedad, y eso significa que debemos seguir los consejos que los expertos en salud pública nos dicen y practicar el distanciamiento social, la buena higiene de manos con jabón y el uso de barbijos, entre otras acciones.
JLA: ¿Qué posibilidades hay de que se propaguen las enfermedades infecciosas como resultado del cambio climático?
GVNC: El cambio climático ya ha hecho que las condiciones sean más favorables a la propagación de algunas enfermedades infecciosas, incluida la enfermedad de Lyme, enfermedades transmitidas por el agua -como la que produce la bacteria Vibrio parahaemolyticus que causa vómitos y diarrea- y enfermedades transmitidas por mosquitos como la malaria y el dengue.
Los riesgos futuros no son fáciles de predecir, pero el cambio climático ya golpea con fuerza en varios frentes, incluidos los patrones de temperatura y lluvia, que afectan cuándo y dónde aparecen los patógenos. Para ayudar a limitar el riesgo de enfermedades infecciosas, debemos hacer todo lo que podamos para reducir seriamente los efectos futuros del cambio climático y global.
JLA: ¿Aumenta la contaminación del aire el riesgo de COVID-19 o empeora sus síntomas?
GVNC: Por lo que se conoce, es probable que las personas que están expuestas a más contaminación del aire y a los fumadores les irá peor si están infectados con COVID-19 que a quienes respiran aire más limpio y no fuman. La contaminación del aire está fuertemente asociada con el riesgo de las personas de contraer neumonía y otras infecciones respiratorias y de enfermarse cuando contraen neumonía.

Un estudio realizado sobre el SARS (Severe Acute Respiratory Syndrome), que es provocado por un virus estrechamente relacionado con el COVID, descubrió que las personas que respiraban aire más contaminado tenían el doble de probabilidades de morir por la infección.
JLA: El cambio climático y la política de salud global son tratados en gran medida como asuntos separados por el público y los medios de comunicación. ¿Es correcto?
GVNC: La separación de la política sanitaria y ambiental es una ilusión peligrosa y nuestra salud depende completamente del clima y de los otros organismos con los que compartimos el planeta, por lo que es necesario unir a estas comunidades. Se han hecho algunos progresos en abordar el riesgo de propagación de patógenos de animales a personas, pero en gran medida todavía se ve el medio ambiente y la vida en la tierra como algo separado.
Si se desea prevenir la próxima pandemia infecciosa habría que mejorar esta situación haciendo mucho más para reducir los efectos del cambio climático y para salvaguardar la diversidad de la vida en la tierra, que se está perdiendo a un ritmo no visto desde que los dinosaurios —y más de la mitad de la vida en la tierra— se extinguieran hace 65 millones de años.
JLA: La escala de las acciones para tratar el COVID-19 y el cambio climático son muy diferentes ¿Por qué?
GVNC: Ya hemos tratado el tema en la introducción. Las enfermedades infecciosas dan miedo porque son inmediatas y personales. Cambian radical y rápidamente cómo llevamos nuestras vidas y también son una amenaza inmediata para nuestros amigos y familias. Golpean de la misma forma que los fenómenos extremos de tiempo severo.
El cambio climático parece a muchos un Armagedón en cámara lenta y sus peligros se sienten como impersonales y sus causas difusas. Es fácil pensar «No causé esto» o que «no me afecta directamente».
Pero hay otra forma de verlo. En el grupo de investigación Harvard C-CHANGE muestran que las acciones personales que necesitamos para enfrentar el cambio climático son las mismas que se necesitan para que las personas estén más saludables en este momento, especialmente para enfermedades que causan grandes cargas en la salud, como obesidad, enfermedades del corazón, cáncer o, inclusive, el cisne negro COVID-19.

JLA: ¿Qué implicancias tiene el cambio climático para la salud humana, hoy y en el futuro?
GVNC: El grupo interdisciplinario Yale Center on Climate Change and Health (CCCH) sostiene que: i) los efectos del cambio climático se están sintiendo hoy, y las proyecciones futuras representan un riesgo inaceptablemente alto y potencialmente catastrófico para la salud humana, ii) abordar el cambio climático podría ser la mayor oportunidad de salud mundial del siglo XXI y iii) la comunidad de la salud tiene un papel vital que desempeñar para acelerar el progreso para abordar el cambio climático.
También sostienen que los efectos del cambio climático en la salud actuales o proyectados incluyen:
* aumento de la morbilidad y mortalidad por olas de calor, sequías, inundaciones, incendios forestales y otros desastres naturales;
* aumento de la incidencia de enfermedades transmitidas por los alimentos, el agua y los vectores;
* aumento de la desnutrición y la inseguridad alimentaria;
* aumento de la incidencia y gravedad del asma y otras enfermedades respiratorias;
* conflictos violentos resultantes de la competencia entre naciones por recursos más escasos;
* refugiados climáticos desplazados por conflictos violentos, aumento del nivel del mar o escasez económica, con problemas asociados a los refugiados sanitarios.
Y que la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero dará como resultado importantes beneficios colaterales para la salud:
* La disminución de la quema de combustibles fósiles reducirá los contaminantes nocivos del aire.
* Un cambio de la agricultura animal hacia la agricultura vegetal dará como resultado una dieta más saludable.
* Una infraestructura mejorada para caminar, andar en bicicleta y el transporte público aumentará la actividad física.
* La disminución de la extracción de combustibles fósiles reducirá los riesgos laborales y ambientales.
JLA: La visión catastrófica… ¿es el fin de los tiempos?
GVNC: Un conocido profesor en ciencias sociales británico expresó recientemente en una entrevista: “En las sociedades industriales modernas, las consecuencias de COVID-19 se sienten como un ensayo general sobre el tipo de colapso que amenaza el cambio climático » …»Esta crisis revela cuán frágil se ha convertido nuestra actual forma de vida «.
Este académico, ex-consultor de NNUU y del Partido Laborista británico, es bien conocido entre los ambientalistas por su teoría de la «adaptación profunda». En un artículo de 2018, expresa que “había llegado el momento de tomar medidas graduales para combatir el calentamiento global. Sin una transformación brusca de la sociedad, los cambios en el clima del planeta traerían hambre, destrucción, migración, enfermedades y la guerra – el colapso de la civilización – en una década”.
Sostiene también que los efectos primarios del cambio climático son desastres como los incendios forestales en Australia y California, los huracanes africanos, los tifones del sur de Asia y los colapsos de cosechas en el Medio Oriente y cómo estos factores pueden interrumpir la migración de la vida silvestre; los efectos secundarios del cambio climático son las pandemias. Mas aún, que mantener a flote las industrias más contaminantes aumentará la probabilidad de futuras pandemias y que los responsables políticos y los líderes empresariales deben reconocer que el cambio climático será incluso más disruptivo que el coronavirus.
No todos sus colegas académicos concuerdan con su visión apocalíptica. Un experto estadounidense opina que sus trabajos son ejemplos clásicos de catastrofismo climático, donde la ciencia es exagerada a favor de una narrativa apocalíptica.

JLA: La visión conspirativa… ¿es una manipulación genética?
GVNC: Varios rumores en las redes sociales sugieren que el brote fue de origen humano. Algunos dicen que el virus se filtró de un laboratorio chino que estudiaba los coronavirus. Otros sugieren que el virus fue diseñado para propagarse entre los humanos. Incluso los laboratorios más seguros a veces tienen accidentes, y una pandemia de ingeniería humana podría ser identificada como un posible riesgo para nuestra civilización, pero, hasta el momento, no hay evidencia cierta de que esto haya sucedido.
En un trabajo reciente un grupo de investigadores de Scripps sostiene que «al comparar los datos disponibles de la secuencia del genoma para las cepas conocidas de coronavirus, podemos determinar firmemente que el SARS-CoV-2 se originó a través de procesos naturales». Los científicos analizaron la plantilla genética para las proteínas espiga, armaduras en el exterior del virus que utiliza para atrapar y penetrar las paredes externas de las células humanas y animales. Concluyen que el virus es producto de la evolución natural, poniendo fin a cualquier especulación sobre ingeniería genética deliberada.
Comentarios finales
En esta nota hemos tratado de describir y discutir en la forma más compacta y amplia posible las eventuales relaciones entre el COVID-19, otras infecciones y la salud en general, con el cambio climático, basándonos en trabajos recientes de centros de investigaciones acreditados.
Pero esta pandemia excepcional, de tan rápida progresión, excede en mucho el ámbito climático y está sacudiendo todo el espectro socioeconómico planetario, desde las altas esferas político-financieras hasta el ciudadano de a pie. Inclusive hay grupos muy ideologizados que celebran esta pesadilla sanitaria porque estiman que destruirá un esquema social injusto. Una visión de muy cortas miras porque, de ocurrir, sería una victoria pírrica, donde solo habría perdedores.
Esta crisis está mostrando que el ser humano, aunque a veces reacciona en forma individual, cínica y aún desagradable o irracional, también puede llegar a mostrar actitudes solidarias y generosas. Esperemos que esta últimas primen por sobre las anteriores y que los timoneles políticos puedan encontrar un rumbo que nos lleve a puerto minimizando los inevitables daños.
En una sociedad tan compleja y globalizada las incertidumbres son tantas que no es posible saber en qué terminará, pero es un lugar común decir que el mundo no será el mismo, luego de superada. ¡Es difícil aceptar que una minúscula y microscópica bola de ácidos, rodeada de proteínas, pueda producir tal crisis planetaria!
Referencias
WEF Global Risks Report 2020
https://www.weforum.org/reports/the-global-risks-report-2020
Coronavirus, Climate Change, and the Environment, Harvard C-CHANGE, 20 marzo 2020.
https://www.hsph.harvard.edu/c-change/news/coronavirus-climate-change-and-the-environment/
Professor Sees Climate Mayhem Lurking Behind Covid-19
Outbreak, 28 marzo 2020
https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-03-28/professor-sees-climate-mayhem-lurking-behind-covid-19-outbreak
Professor Jem Bendell, University of Cumbria UK
https://jembendell.com/
No Evidence COVID-19 Coronavirus Was Genetically Engineered in a Lab – Epidemic Has a Natural Origin, 18 marzo 2020
https://scitechdaily.com/no-evidence-covid-19-coronavirus-was-genetically-engineered-in-a-lab-epidemic-has-a-natural-origin/
Yale Center on Climate Change and Health (CCCH)
https://publichealth.yale.edu/climate/
Primicias Rurales
Fuente: Informativo Semanal de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)