Buenos Aires, 8 marzo (PR/19) — La cosecha de soja en la principal zona productiva sufriría el impacto negativo de lluvias que en el arranque de marzo superarán el promedio de los últimos años, según un informe privado.
La lluvia caída en la primera semana del mes en la zona núcleo productiva impediría el ingreso de maquinarias a los campos, consignó la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
El informe advirtió que «en el fin de semana largo la región núcleo acumuló 73 milímetros en promedio», y en los próximos días se podrían sumar otras precipitaciones.
«Hay alerta por la cosecha, ya que si se cumplen los pronósticos se superarían los totales mensuales de marzo en solo 10 días. En el norte del país se esperan las mayores tormentas», sostuvo el reporte.
El asesor de la Bolsa rosarina José Luis Aiello, especialista en ciencias atmosféricas, advirtió que «se pronostican lluvias por encima de lo normal para el resto de la campaña».
«El nerviosismo por los excesos de agua que suelen producirse en abril se ha adelantado casi un mes. No es para menos, en el 2016, los 20 días casi constantes de lluvias y lloviznas de abril impactaron de lleno en la franja central y se cobraron 5,7 millones de toneladas de soja», indicó el estudio.
Indicó que «tras la sequía histórica, el temporal de lluvias con altas temperaturas que se desarrolló desde el 10 de mayo produjo la germinación masiva sobre 6 millones de hectáreas de soja y una pérdida de 2 millones de toneladas».
En este 2019, las lluvias del 21 al 25 de febrero que fueron oportunas para cortar la ola de calor parecen también haber dado el puntapié inicial a una nueva etapa de precipitaciones importantes y frecuentes sobre Argentina.
«Este último fin de semana largo, entre el 2 y 4 de marzo, las lluvias volvieron a presentarse con dos características que preocupan: fueron de volúmenes muy importantes y aparte cubrieron casi todo el centro del país», afirmaron.
El 75% de Córdoba, el 23% de Buenos Aires correspondiente al norte provincial y el 78% de Santa Fe, recibieron lluvias mayores a los 50 mm.
Mientras que el registro más alto quedó en territorio cordobés, en Río Cuarto llovieron 160 mm.
Por ahora las lluvias «siguen deteniendo la cosecha de maíz y amenazan sumar enfermedades en soja», precisaron los autores del reporte para quienes «así es imposible entrar en los lotes, los suelos están saturados».
52 osos polares ingresaron al asentamiento de Belushya Guba en busca de alimento. Estado de emergencia en una población que no puede ahuyentarlos de manera efectiva. ¿Las consecuencias del cambio climático empiezan a ser evidentes?
Una manada de osos polares hambrientos y con comportamiento agresivo irrumpieron en los últimos días en la tranquila aldea de Belushya Guba, parte del archipiélago de Novaya Zemlya, un asentamiento más allá del Círculo Polar de la región rusa de Arkhangelsk.
El estado de alerta se mantiene desde diciembre aunque en esta ocasión se decretó el estado de emergencia ante la repentina llegada de 52 ejemplares que imparten temor entre los habitantes.
«He estado aquí desde 1983, pero nunca había visto algo así», dijo el jefe de la administración del archipiélago, Zhigansha Musin. «Las personas temen abandonar sus hogares y temen que sus hijos vayan a la escuela y al jardín de infantes».
Alexandre Minaiev, jefe adjunto, agregó que en algunos casos los animales tienen “comportamiento agresivo. Atacan a la gente y penetran en los edificios de vivienda y de servicios. Entre seis y diez osos están permanentemente en el territorio del pueblo”.
¿El cambio climático se esconde tras este inusual comportamiento?
Por el momento las medidas tomadas para ahuyentar a los osos han sido ineficaces. No responden a las señales de luz y ruido, ni a los intentos de las patrullas de mantenerlos alejados de la gente. Dado que se trata de una especie vulnerable, a punto de encontrarse en peligro de extinción, no está permitido dispararles a los osos polares.
Desde el Servicio Meteorlógico Nacional (SMN) explicaron una serie de fenómenos y dichos populares que comúnmente se relacionan con el clima.
Burbujas en los charcos, ¿Lluvia para rato?
En ocasiones al llover se forman burbujas en los charcos, lo que según el dicho popular, significa que a a llover por un rato. Un fenómeno que seguramente viste alguna vez.
En su recorrido hacia la superficie, las gotas se disuelven e incorporan partículas gaseosas del aire. Estos gases son liberados rápidamente formando burbujas.
La ley de Chatelier indica que la solublidad de los gases en los líquidos es inversamente proporcional a la temperatura, es decir que cuanto más frío es un liquido más gases puede incorporar. Los charcos están a una temperatura mayor que la lluvia y al entrar en contacto con estos gases son liberados.
“Si hay muchas burbujas indica que las gotas que caen están mucho más frías que el agua de los charcos, lo que es indicio de que continuará el proceso de condensación en las nubes y habrá más producción de lluvia”, fue la explicación del SMN.
Olor a “Tierra mojada”
¿Se puede oler la lluvia? La ciencia descubrió de dónde sale ese aroma y le puso un nombre: Petricor.
Cuando se acerca una tormenta sentimos un olor muy placentero que muchas veces asociamos a tierra mojada.
Esta fragancia se llama Petricor. Es una combinación de aceites de plantas, compuestos químicos y microorganismos del suelo que se liberan a la atmósfera.
“Cuando una gota golpea la superficie atrapa minúsculas burbujas de aire en el punto de contacto. Al igual que sucede en una copa de champán, las burbujas viajan hacia arriba a través de la gota, explotan en la superficie y liberan aerosoles y partículas del suelo que dan ese olor tan característico”, señalaron desde el SMN.
“Lo que mata es la humedad”
Si hace mucho calor nuestro cuerpo utiliza mecanismos para disminuir su temperatura.
Los días calurosos el cuerpo transpira formando en la piel una capa de agua, sales y minerales que en condiciones adecuadas de temperatura, humedad y viento van a evaporarse y así refrescarnos.
“El sudor que está en estado líquido sobre la piel pasa a la atmósfera en estado gaseoso. Para realizar el cambio de estado, le quita calor a nuestro cuerpo y lo refresca. Si el aire que nos rodea contiene mucha humedad el sudor no puede evaporarse y permanece en nuestra piel”, comentaron desde el SMN.
Esto genera que, en los días húmedos y calurosos el sudor queda sobre la piel y nuestro cuerpo no puede refrescarse, por eso tenemos esa sensación de calor agobiante o “pegote”.
París, 7 febrero (PR/19) — El derretimiento de los casquetes polares de Groenlandia y la Antártida, además de aumentar el nivel de los océanos, podría multiplicar los eventos meteorológicos extremos y desestabilizar el clima en algunas regiones en las próximas décadas, según un estudio publicado en Nature.
Los miles de millones de toneladas de agua procedentes del deshielo, en particular de Groenlandia, podrían debilitar las corrientes oceánicas que actualmente transportan el agua fría hacia el sur sumergiéndola hacia el fondo del Atlántico y empujando las aguas tropicales hacia el norte, más cerca de la superficie.
Conocido bajo el acrónimo en inglés AMOC (circulación meridiana de retorno del Atlántico), este mecanismo oceánico desempeña un papel crucial en el sistema climático y ayuda a mantener un cierto calor en el hemisferio norte.
«Según nuestros modelos, el hielo derretido provocará perturbaciones importantes en las corrientes oceánicas y cambiará los niveles de calentamiento de la Tierra», explica el autor principal, Nicholas Golledge, del Centro de Investigación Antártica de la Universidad Victoria de Wellington, en Nueva Zelanda, en el estudio publicado el miércoles.
b) Exceso de agua dulce en el Atlántico Norte y cambio en las corrientes marítimas: El agua procedente del deshielo puede reducir la salinidad y la densidad de las corrientes marinas e interrumpir la circulación Termohalina. Si la circulación Termohalina se interrumpe, el hemisferio sur se volvería más cálido y el hemisferio norte más frío
Muchos estudios previos se han concentrado en el ritmo de deshielo de los casquetes polares bajo el efecto del cambio climático así como sobre su «punto de inflexión», es decir, a partir de qué aumento de temperatura su desaparición será inevitable.
Pero menos sobre la manera en que sus aguas podrían afectar el clima en si mismo.
«Los cambios que vemos a gran escala en nuestras simulaciones son propicios a un clima más caótico, con más eventos climáticos extremos, canículas más frecuentes e intensas», indica a la AFP Natalya Gomez, de la Universidad McGill, de Canadá.
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– ¿+15 cm en 2100 ? -.
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Según los investigadores, a mediados de siglo, «el agua del deshielo de los casquetes de Groenlandia perturbará sensiblemente el AMOC», que ya muestra signos de ralentización.
Es un «lapso mucho más corto de lo previsto», comentó Helene Seroussi, del Instituto de Tecnología de California, que no participó en el estudio.
Entre las consecuencias probables de este debilitamiento, está el aumento de la temperatura del aire en el Ártico Alto, el este de Canadá y América Central, así como su descenso en Europa Occidental.
Los casquetes de la Antártida y Groenlandia, que pueden alcanzar los 3 km de espesor, contienen más de dos tercios de agua dulce del planeta, suficientes para provocar un alza de los océanos respectivamente de 58 y 7 metros, si se fundieran completamente.
En otro estudio publicado el miércoles en Nature, algunos de estos mismos científicos desvelan las nuevas proyecciones sobre la contribución del deshielo de la Antártida al aumento del nivel del mar en 2100, un asunto muy debatido en la comunidad científica.
Un controvertido informe de 2016 sugería que los acantilados de hielo del continente podrían desmoronarse y provocar un alza de un metro de los océanos a fines de siglo, forzando el desplazamiento de decenas de millones de personas en el mundo.
«Hemos reexaminado los datos y concluido que no es el caso», indicó la autora principal, Tamsin Edwards, del Kings College de Londres.
Según ella, los dos nuevos estudios prevén que la Antártida contribuirá «más probablemente» a un aumento de 15 cm hasta 2100, con un máximo de unos 40 cm.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de la ONU publicará en septiembre un informe muy esperado sobre el alza del nivel de los océanos.
AFP-NA
Buenos Aires, 7 febrero (PR/19) — La perspectiva agroclimática de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires prevé para los próximos siete días calor acompañado por precipitaciones sobre el norte del área agrícola para finalizar con un moderado descenso térmico.
Al comienzo del ciclo, se registrará la entrada de vientos del sector norte, que aportarán abundante humedad atmosférica y nubosidad, «incrementando la temperatura en toda el área agrícola», indicó el autor del informe, el especialista en agro clima, Eduardo Sierra.
«El aporte de calor y humedad producido por los vientos del norte causará precipitaciones abundantes sobre el norte del área agrícola mientras que la mayor parte de la Mesopotamia, gran parte de la Región Pampeana y la República Oriental del Uruguay observará precipitaciones escasas y sólo el interior de la Provincia de Buenos Aires experimentará registros moderados», dijo.
Agregó que «el paso del frente de tormenta traerá vientos del sud/sudeste que provocarán un descenso de la temperatura, sobre la mayor parte del área agrícola, mientras que el norte seguirá bajo la influencia de los vientos del trópico».
Noventa kilogramos por persona al año es la cantidad de comida que se desperdicia en Europa, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, conocida como FAO.
En un estudio publicado por la institución en 2011, se calcula que en el mundo un tercio de los alimentos producidos acaba en un contenedor de basura. Esto, además de generar un importante impacto social, tiene como consecuencia un elevado nivel de emisiones de CO2 y, por tanto, efectos negativos sobre el medio ambiente.
Para mitigar este problema, el centro tecnológico vasco IK4-TEKNIKER coordina Biosmart, una iniciativa para desarrollar una nueva generación de envases inteligentes que optimicen la conservación de la calidad de los alimentos y prolonguen su vida útil, lo que reducirá su desperdicio y las emisiones de dióxido de carbono.
Los envases estarán fabricados a partir de materias primas orgánicas naturales, lo que dará lugar a envases biodegradables y compostables que puedan transformarse en biomasa, CO2 y agua tras su uso; o bien en envases reciclables para simplificar su posterior tratamiento y reutilización. “Serán ‘inteligentes’, es decir, tendrán funcionalidades que permitirán monitorizar los gases presentes y alargar la vida media de los alimentos que contengan”, explica a Sinc Amaya Igartua, Coordinadora de la Acción Europea en Materiales de IK4-TEKNIKER.
Propiedades de los recipientes
Una de estas utilidades se basará en sensores que informarán del estado de conservación del interior basándose en los gases de los envases mantenidos en atmósfera controlada. “De esta manera será más fácil garantizar una correcta conservación de los alimentos”, añade Amaya Igartua.
En un estudio publicado por la institución en 2011, se calcula que en el mundo un tercio de los alimentos producidos acaba en un contenedor de basura.
Los envases contarán también con buenas propiedades de efecto barrera para controlar la permeabilidad al agua, oxígeno y CO2, así como para bloquear las radiaciones ultravioleta responsables de la oxidación de las grasas, pérdida de vitaminas y color, y efectos adversos en el sabor de algunos tipos de alimentos.
“Se evitará la adhesión y proliferación de microorganismos como bacterias, hongos y levaduras con el fin de alargar el buen estado de los alimentos”, apunta Igartua. “Y, por último, el coste de producción será competitivo respecto a los envases actuales para facilitar su penetración en el mercado”, concluye.